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Corsarios o reyes 4-2: La barca de Pedro Mansilla

4.2.- Sobre andaluces que pasaban “allende”, pills a Berbería, en los años de la guerra de las Alpujarras, con relación de los bienes secuestrados que dejaban y el episodio de la barca de Pedro Mansilla.        Sin el telón de fondo del problema morisco español es imposible comprender la desmesura de lo que sucedía en Berbería, en particular con los cristianos y con los españoles. La situación de los musulmanes españoles, a pesar de que en teoría fueran cristianos nuevos o por eso mismo, su elevado número –tal vez comparable a los habitantes de toda la Berbería central—y la proximidad geográfica de España y Berbería –unas horas de navegación– magnificaban el problema. El paso al Magreb de muchos de estos moriscos, con parientes y conocidos allí, fue frecuente. A veces, como en la expedición de Cachidiablo de 1529, un elevado número lo hacían a la vez, cargados con sus más o menos pobres bienes muebles. En las negociaciones secretas de Carlos V con Barbarroja se incluía todo un capítulo sobre ello, tal vez aquel en el que el rey español se mostraba más intransigente a toda negociación razonable, sin duda uno de los puntos que Barbarroja debió ver menos viable si de verdad quería ser rey de toda Berbería. El problema se agudizó en los años sesenta, culminando en la guerra de las Alpujarra. Hay abundante documentación de esos momentos. Algunas catas –muy pocas, sólo para despertar la imaginación– pueden servir para aproximarnos a la dimensión real de lo sucedido.        Huebro (Nixar, Almería), 16 de junio de 1559. “…Testigo Lorenzo Lazraque, alguacil en el dicho lugar… Si sabe de algunos del lugar de Hynox, de los nuevamente convertidos, se son pasados allende de dos años a esta parte… Ha más de dos años… que se pasó Diego el Gaitero, vecino del dicho lugar, hombre casado. Faltaron otros dos que son el Malo, hijo del Gaitero, vecino del dicho lugar, y… Alonso Suasera… Dicen públicamente que están en allende…        “Lorenzo de la Cueva, vecino…, que los dichos se pasaron a Berbería…        “Francisco Herir, vecino…: dijo que muy bien conoció a Pedro el Gaitero y Martín el Gaitero y Alonso Suasera, vecinos que fueron de este dicho lugar; y que Diego el Gaitero los moros lo llevaron y que los otros faltaron y no saben si se fueron o los llevaron los moros…        (Francisco El-Herir): “yo los conocí los tres… y oí decir que se fueron allende de su voluntad, aunque primero decían que los moros los habían llevado…        “Esto dicho, día y año, se hizo el secuestro de la casa y hacienda de Diego el Gaitero.        “Primeramente: una saona de lino nueva, de dos piernas. Item, otra de dos piernas. Una camisa de mujer, labrada los pechos y mangas, de seda de colores. Unos çaraoles de mujer nuevos, de lienzo casero. Unas mangas de mujer de paño, una colorada y otra morada. Un festul de seda. Una toca de lino amarillo. Una libra de lino. Una almohada traída. Una arca de madera blanca. Siete libras de capullos. Una siera grande sin armar. Y otra chica armada. Una plana de hierro de albañil. Un hareno grande y otro chico. Un colón de lana. Dos esteras de junco, el una grande con sus çalefas. Otra de junco chica con sus çalefas. Una estera de esparto buena. Una cuna para niños. Otra estera de junca traída. Un telar de tejer lienzo. Dos orones de esparto. Una sartena y trévedes. Item, una casa nueva, linderos calle real, con cargo de censo perpetuo al señor licenciado escribano Jacobo, los cuales dichos bienes secuestró el dicho señor Hernando de Sierra, por virtud del poder y comisión del dicho ilustre señor conde de Tendilla”.        Notáez, 1559: “Martín el Pandi, vecino de Notáez, bienes que dejó cuando se pasó allende. Secuestrados por Hernando de Sierra en 29 de junio 1559…        “Una casa en el dicho lugar de Notáez, donde moraba el dicho Martín el Pandi, linderos con Juan de Blanca y el camino. Dos colchones pintados, con tascos. Una colcha traída. Ocho almohadas pintadas traídas. Dos sábanas buenas. Cinco sarzos de seda para criar. Una camisa de mujer de lienzo, labrada. Un mandil labrado. Un panezuelo de hombre muy labrado, a colores. Una marlota morada y colorada con terciopelo, traída. Dos sábanas viejas y rotas. Un colchón con lana. Un cabezal de cama con lana. Una caldera. Un poyal pintado, traído. Un telar de tejer lienzo.        “Parece que el dicho secuestro que el dicho Martín el Pandi tenía, lo tomó Aladrí cuando se pasó allende”.        En algunas series se apunta toda una historia real de trasfondo dramático, como la que debió ser la aventura de la barca de un armador, Pedro Mansilla, que una noche pasó a Berbería con familias enteras, un 11 de agosto, el del año 1568. A mediados de abril se habían iniciado los sucesos violentos en el Albaicín de Granada que desembocarían en una cruel guerra. El temor provocado por la tensión debió ser grande.        Alquián, 12 de agosto de 1568.  “Andrés de Ampuero, alguacil mayor… ante mí, Juan de Baena, escribano…, secuestró los bienes… de Diego Hanfat Caguer, vecino del dicho lugar de Alquián, que se fue a Berbería en la barca de Mansilla, los cuales son los siguientes.      “Vendido. Iten…, 38 ovejas y dos carneros. Vendido. Iten…, 27 hanegas de cevada. Iten, media hanega de linaza. Vendido. Iten, 50 çarcos de carrizo para criar seda. Iten, 10 orones de esparto. Iten, dos esteras de esparto, la una de 16 pleitas en ancho y tres varas en largo, y otra de 15 pleitas enancho y otras tres varas en largo. Vendido. Iten, 57 paneras de pleita. Iten, un arca de madera de pino mediana. Otro orón de esparto. Iten, dos vancos de cama y un çarzo de cama. Otros cuatro çarzos de carrizo. Otro banco de madera. Una mesilla baja para comer. Una criva. Otra criva vieja. Otras 20 paneras de esparto. Un barril de madera viejo. Tres espuertas. Una capacha de esparto vieja. Una tinaja de agua pequeña. Un  alcuzcuçero. Un librillo mediano. Dos albornías y una caçuela. Una tabla mediana para pan. Una orça pequeña. Otra panera. Un çedaço viejo, roto. Una calabaça mediana. Otro librillo mediano, desportillado un poco. Otro orón viejo. Un molinillo de mano. Una pala de ablentar. Un hierro de açadón. Una tinaja vieja de aceite, que cabrá cinco o seis arrobas. Dos vaquillas viejas. Un colchón de tascos, listado, viejo. Otro orón de esparto nuevo. Cuatro cargas de paja. Cien manadas de lino majado”.        Almería, 13 de agosto, 1568. “Andrés de Ampuero, alguacil mayor…, ante mí, Juan de Baena, escribano…, secuestró los bienes… de Diego el Lauxi, vecino de esta ciudad, a la colación de Santa María, que se fue a Berbería en la barca de Pedro Mansilla… (enumeración de bienes)      “Los cuales dichos bienes el dicho Andrés de Ampuero depositó en poder de Luis de Ordóñez, cristiano nuevo vecino de Almería, en el entretanto que se nombrase depositario abonado. El cual se obligó en forma de acudir con ellos y con frutos y rentas de las dichas casas y beneficiarles, cada y cuando le sea mandado por el… marqués de Mondéjar… y de dar cuenta en pago de ellos… No lo firmó porque dijo que no sabía, siendo presentes por testigos…      “En 23 del dicho mes de agosto se le secuestró al susodicho Diego de Lauxi por bienes suyos una cuarta parte de una hacienda que tiene en compañía de Pedro Chacón, vecino de esta ciudad… Andrés de Ampuero, alguacil mayor, depositó en poder del dicho Pedro Chacón. El cual se obligó a tenerla en depósito y acudir con los frutos y rentas de lo que con la dicha cuarta parte de la dicha hacienda se pagare y con lo principal della…”        Almería, 13 de agosto, 1568. “Andrés de Ampuero…, ante mí, Juan de Baena Muñoz…, secuestró los bienes de… Rodrigo Genni y Francisco el Moqueden, vecinos desta dicha ciudad… Unas casas grandes con otras accesorias, linde con casas de Rubma y con casas de Lorenzo de Guzmán, en la colación de Santiago. Bienes muebles. Una burra ruçia vieja. Una arca pequeña de madera… (sigue enumeración).        Almería, 15 de agosto, 1568. “Andrés de Ampuero… dijo que a su noticia es venido que Bartolomé Vázquez, soldado vecino de esta dicha ciudad, tomó cierta cantidad de bienes que dejaron los moriscos vecinos de esta ciudad y de las huertas que se fueron a Berbería  en la barca de pedro de Mansilla, armador, en 11 de agosto del dicho año.      “Y para que conste… qué bienes son y se secuestren por bienes de su majestad, fue a la casa del dicho Bartolomé Vázquez y le mandó que… manifieste los dichos bienes… Fuéle preguntado qué bienes muebles, ropa, seda, dineros u otra cosa… tomó de los dichos moriscos… Dijo que… yendo éste que declara desde Trafalma, donde se embarcaron los dichos moriscos, la vuelta del río, halló un rastro de una mujer y un hombre; yendo adelante por él, halló un almohada de lienço cosida y dentro della lo siguiente: Dos almohadas de çarçanan, de seda, moriscas. Cuatro pedaços de paño de muchas colores, para hacer cobertor de colcha morisca. Tres cojines de guadameçil dorado, pequeños. Dos almohadas blancas con fajas de red. Dos camisas moriscas traídas, labradas de sedas de colores. Una sábana de lienzo con los cabas amarillos. Una delantera de cama de lienzo con unas fajas coloradas. Una almohada de lienzo listada. Una capa negra, llana, grande. Un pedazo de paño pardo, que tiene tres varas…      “Bartolomé Vázquez dijo… no halló ni tomó más bienes… Andrés Ampuero, alguacil mayor, secuestró los dichos bienes y los tomó y depositó en Juan de Morales Quadrado…”        Almería, 13 de agosto, 1568. “Andrés de Ampuero…, ante mí, Juan de Baena… secuestró los bienes muebles… de García de Toledo Caxoirari, vecino de esta ciudad, que se fue a Berbería en la barca de Mansilla… (enumeración de bienes). Los cuales depositó en poder de Luis Nazari y Francisco Arraquiquí, tenderos, vecinos de esta ciudad…”         Campo de Almería, 16 de agosto, 1568. “Andrés de Ampuero…, ante mí, Juan de Baena Muñoz… secuestró los bienes… de Juan Moxacary y su madre, vecinos del campo de esta ciudad, que se pasaron… a Berbería en la barca de Pedro Mansilla, que son los siguientes:      “Primeramente, unas casas en el campo de Almería, linde con casas de Melchior Pérez y de Diego Ramírez y de Francisco el Bacho. Una arca de madera con su çerraja mediana. 10 çarços de heneas y carrizo. 66 paneras para criar seda. Unos vancos de cama. Un telar de madera nuevo. Cuatro orças pequeñas, la una quebrada. Dos tablas de madera viejas. Una tinaja para agua, pequeña. Una sartén. Una estera pequeña de junco. Ocho fanegas de cal, poco más o menos.      “Los cuales dichos bienes… depositó en poder de Diego de Rojas, el Zadi, y Francisco López Coraisa y Luis de la Torre, el Hudri, vecinos del dicho campo de Almería”.        Almería, 16 de agosto, 1568. El alguacil de Ampuero, ante el escribano de Baena, “secuestró los bienes… de Juan Navarro y de su mujer Beatriz, vecino de Almería, a la colación de Santiago, que se fue a Berbería en la dicha barca del dicho Pedro Mansilla, armador, los cuales son los siguientes:      “Primeramente, una casa que tiene en esta ciudad, en la colación de Santiago, linde con la sierra, enfrente de unas casas de Alvaro de Barrán, armador. Iten, una tienda que tiene en esta dicha ciudad, en la colación de Santiago, linde de tiendas de Diego de Poi y tienda de García Alcaide. Otras tres tiendas que tiene en la dicha calle, todas tres juntas. Bienes muebles: 26 pares de suelas de alpargates de cáñamo. Un ovillo de guita en que habrá libra y media… (enumeración larga).      “Dichos bienes… por depositarios Pedro de Alcorquí y Line Rodríguez, vecino del río, cuñado de… Julián Joly y juntamente de mancomún. No lo firmaron porque no sabían, siendo testigos Rodrigo de Andrada y Pedro Rodríguez, estantes en Almería.      “En Almería 14… septiembre… se alquilaron tres tiendas que el dicho Juan Navarro tenía… a Luis Alhachen del Pino y a García Alhachen de Flores y a Martín Arévalo, vecinos… por precio cada una de ellas de tres reales cada mes a pagar en fin de cada mes a Diego Pérez Rubina, vecino…, depositario en nombre de su majestad…”        Pechina, 1568. “Juan de Vaena, escribano… secuestró los bienes… de Lorenzo Caxali, vecino del dicho lugar de Pechina, que se pasó a Berbería en la barca de Pedro Mansilla…      “Raices: …una haça que tiene en este dicho lugar, con nueve pies de olivos y diez higueras, que tendrá cinco tahúllas poco más o menos, linde con un bancal de Sebastián de Carcaga y con Pedro de Belbia,  vecino de Almería, y con Martín Moxarca, vecino del dicho lugar, y con la rambla. Iten…, una burra con un pollino, que está en Almería en poder de Serrano, soldado. Bienes muebles: (breve enumeración)”. (8).       —————-   NOTAS:   (8).- J. Martínez Ruíz, Inventarios de bienes moriscos de Granada (siglo XVI), Madrid, 1971, CSIC, pp. 249 a 266; los textos corresponden a los documentos número 24, 26 y 30 a 37.      

Emilio Sola 26 enero, 2012 26 enero, 2012 Alpujarras, exiliados, huidos, moriscos, pasados allende, secuestro de bienes
Corsarios o reyes 4-1: leyenda negra africana clásica

4.- La Berbería cervantina, de Euch Ali a Hasán Veneciano, aproximación final a la figura del converso/renegado y la “leyenda negra” –sexo y violencia– berberisca.    4.1.- África infame e inquietante, bestial y ponzoñosa.        A la hora de ordenar este libro de maravillas, que tiende demasiado naturalmente al desborde y a la desmesura, he dejado para el final los capítulos más arriesgados, dentro de un todo ya de por sí bastante azaroso, que girarán en torno a tres asuntos troncales; un telón de fondo morisco, que creo que hay que resaltar en especial, y una aproximación a la “leyenda negra” sobre Berbería en la que se abordarán las dos cuestiones más desencajadas de ella: la crueldad y la “libertad” sexual; el tabú de la homosexualidad o bujarronería, mejor, ante todo. En el conjunto, la figura del “renegado/converso”, verdadero “hombre de frontera”, aparecerá con especial nitidez. Espero.        Si hasta aquí la figura de Antonio de Sosa había sido importante, a partir de ahora se convierte en imprescindible y casi única. Un Antonio de Sosa que, como Cervantes con sus múltiples discursos, parece ser al menos dos: el taimado y objetivo del “Epítome de los reyes de Argel” y el enloquecido o enloquecedor del diálogo de la cautividad. Entre ambos, el Antonio de Sosa del diálogo de los mártires, esos treinta relatos cortos de ambiente berberisco sobre los que hemos de volver muchas veces, pequeña obra maestra de la narrativa española del Siglo de Oro (1).        La recreación de acciones sádicas que se da en los textos de Sosa no ha sido igualada en la literatura española –si se prescinde de los martirologios al uso, con los que está emparentado alguno de sus textos–, y la enumeración inacabable de horrores y reiteraciones obsesivas consigue un climax difícil de superar. El solo, con este libro que alcanzó bastante difusión dentro y fuera de España, hubiera bastado para apuntalar la leyenda de una Berbería enfermizamente cruel y entregada a todos los vicios y demasías. En sus relatos enfebrecidos, en los que cuenta y vuelve a contar un mismo suplicio repetidas veces, Sosa llega a afirmar que aquella densidad de mal allí concentrada y que él capta y transmite con fruición puede ser debida a la misma esencia profunda Áfricana.        “En todos los tiempos pasados fue muy notada de infame esta tercera parte del mundo llamada África… Y la causa desto es porque la misma propiedad del cielo de toda esta parte del mundo, y la naturaleza y calidad della, fue siempre de tal suerte que parece no tener otra virtud ni ser para más que para producir espantosos monstruos, fieros animales, pestilentes serpientes y mortíferos venenos. Y, por tanto, ser un aire y suelo tan nocivo y tan  malo, de la misma naturaleza condenado –como decía Lucano–, y que la misma naturaleza quería que estuviesen los hombres ausentes y muy apartado de tal tierra.        “Aquí se crían los soñolientos áspides, las escamosas emorrois, la inconstante quersidros, que habita unas veces en el agua y otras en la tierra. Los quelydros que corriendo levantan el polvo; la ceneris de muchos y varios colores; la anmodites arenosa; la cerastes desconjuntada y que a todas partes se revuelve; la seytala, que en el invierno se despoja; la seca dipfas, la pesada anfisibena de dos cabezas, la natrix, gran nadadora; los iaculos, grandes bogadores, las foreas de la cola levantada, el goloso prester, la ponzoñosa seps, el basilisco, matador con sola vista, y, finalmente, dos grandes y muy dañosos dragones y otras infinitas ponzoñas y pestilencias, que no son para otra cosa que para daño y ruina de la naturaleza humana…        “Por ser esta parte del mundo tan fértil para criar muertes, fingieron los poetas que volviendo Perseo, hermano de Palas, de la muerte de Medusa –que mató con la espada corva de Mercurio, llamada Harpen, y con el favor del escudo reluciente de metal de la misma Palas–, y trayendo colgada de la mano la cabeza de la dicha Medusa –cuyos cabellos eran muy ponzoñosas culebras y cuya corrupción que della goteaba todo lo que tocaba volvía en muy terrible ponzoña–, por ninguna otra parte del mundo quiso pasar sino por África, que era tierra arenosa y adonde menos sería el daño que aquella cabeza haría. Pero que fue tanta la ponzoña que, goteando de aquella sucia cabeza, recibió esta tierra, y el rocío de la sangre cruel de Medusa fue de tanta fuerza, que –recocido después por el calor de la región— produjo infinitas y venenosas serpientes.        “Y, sin duda ninguna, de la constelación, naturaleza y propiedad tan mala del aire y tierra de África todas las regiones y partes della fueron siempre, y son hoy día, muy abundantes de monstruos y fieros animales. En tal manera que por proverbio muy común se dijo siempre: `África produce algún monstruo’. Por tanto, los romanos, cuando querían hacer algún grande y maravilloso espectáculo en las fiestas que celebraban con grandísimo aparato y costa, en las cuales era costumbre, entre otras cosas, mostrar al pueblo en público algunos animales espantosos y nunca vistos –como era en los juegos circenses,  locubres (o lúgubres) memorias fúnebres y otros extraordinarios–, de África los procuraban haber –como dice Estrabón– y de allí llevaban las panteras, las onzas, los leopardos, las lyenaes, los camelopardos, los rinocerontes, las cebras y otros animales de extraña naturaleza y figura…        “Hasta los hombres nacidos en esta tierra y debajo (de) sus constelaciones participan de su calidad y propiedades naturales. Porque siempre fueron gente monstruosa, mal proporcionadas, bárbaros, rudos, incultos, agrestes, ferinos, inhumanos. Y siendo las otras dos partes del mundo, Asia y Europa, pobladas casi todas de gentes, ciudades y pueblos que viven en toda buen orden, gobierno y policía, sola África, al contrario, por la mayor parte siempre tuvo habitadores que en su vida no fueron ni son menos que animales, bestiales y sin razón. Buen testigo desto fueron los numedios, los marmaridos, los mazas, los nasamones, los garamantas, los andróginas, los asbestas, los trogloditas, los erembos, los macrobios, los espibos, los bracobios, los antomelos y otras infinitas y muy bárbaras naciones, de las cuales los autores hacen mención como de gentes que no tenían más que el nombre” (2).        La tradición antigua, llena de fabulaciones, de una África misteriosa y llena de peligros, habría atravesado la Edad Media y, con indudables matices medievales, llegaba hasta finales del siglo XVI. Mármol Carvajal, aunque con menor virulencia que Sosa, también se hacía eco de estas tradiciones: “Otros dicen que cuando los romanos conquistaron la África llamaron a esta parte de la tierra Berbería porque hallaron la gente de ella tan bestial que aún en la palabra no formaban más acento que animales” (3). El amplio “bestiario” africano de Mármol, sin duda con innumerables deudas –sobre todo sigue a  León el Africano en todo su texto–, habría hecho las delicias de Borges, por ejemplo (4).        Pero es el libro V de Los seis libros de la república de Jean Bodin el que mejor puede acercarnos a la idea que en el momento un europeo podía tener de África, y en concreto su capítulo 1, “Procedimientos para adaptar la forma de república a la diversidad de los hombres y el modo de conocer el natural de los pueblos”. “Uno de los mayores, y quizá el principal, fundamento de las repúblicas consiste en adaptar el estado al natural de los ciudadanos, así como los edictos y ordenanzas a las naturaleza de lugar, tiempo y persona”; con esta base, establece la división “entre los pueblos del norte y del sur” y los clasifica en tres grupos, el de “las regiones ardientes y…  los pueblos meridionales”, el de “los pueblos centrales y regiones templadas” y el de “los pueblos septentrionales y… las regiones frías” (5). Y es con este esquema con el que intenta elaborar una teoría sobre la influencia de los climas en el temperamento de los pueblos que llegará hasta el mismo Montesquieu, con afirmaciones de alguna manera proverbiales. “Los pueblos nórdicos son superiores en fuerza y los del mediodía en astucia, los habitantes  de las regiones centrales participan de ambas cualidades”. “Los meridionales… son más ingeniosos que los pueblos centrales” y otras del mismo tenor, en las que los españoles son presentados como pueblo meridional y con frecuencia  comparados a los franceses. De Galeno toma las teorías sobre temperamentos –“la flema hace al hombre pesado y torpe; la sangre, alegre y robusto; la cólera, activo y dispuesto; la melancolía, constante y reposado”–, y así los más norteños “son flemáticos y los meridionales melancólicos”, los norteños “son más sanguíneos y los que están más cerca de la región central son sanguíneos y coléricos. Hacia el mediodía son más coléricos y melancólicos, según son más negros o amarillos, que son los colores de la melancolía y la cólera”.          Con ese bagaje teórico determinista, movedizo y globalizador, Bodino intenta dar firmeza a sus reflexiones. “Cada uno de estos tres pueblos usa para el gobierno de los recursos que les son propios.  El pueblo de septentrión de la fuerza, el pueblo central de la justicia, el meridional de la religión”. “Los pueblos nórdicos se valen de la fuerza para todo, como los leones. Los pueblos centrales, de las leyes y de la razón. Los pueblos del mediodía se valen de engaños y astucias, como los zorros, o bien de la religión”. “No debe asombrarnos que los pueblos meridionales sean mejor gobernados mediante la religión que mediante la fuerza o la razón… cuanto más se desciende hacia el mediodía, los hombres son más devotos, más firmes y constantes en su religión, como en España y aún más en África”.        Su análisis se detiene en las dos cuestiones que habrán de ser de particular importancia en la “leyenda negra” sobre Berbería –y sobre España también para otros europeos–, la crueldad y la lujuria. “Los antiguos atribuyen a los pueblos nórdicos crueldad y barbarie… Por el contrario, el pueblo meridional es cruel y vengativo por su natural melancólico… Se trata, pues, de dos crueldades diferentes; la de los   pueblos septentrionales consiste en un ímpetu brutal, propio de animales; los meridionales son como zorros que aplican todo su ingenio a satisfacer su venganza”. Si era “pérfida y cruel” la guerra narrada por Polibio entre “espandianos y cartagineses”, “parece cosa de juego si se compara a las carnicerías descritas por León el Africano”; otros actos de crueldad –en Indias, Persia o Egipto– relata Bodino antes de concluir que “los pueblos de las regiones centrales no podrían ver ni siquiera oír tales crueldades sin horrorizarse”. El temperamento melancólico hace que haya “mayor número de locos furiosos en las regiones meridionales que en las septentrionales” y que “aunque por doquier hay locos de todas clases, sin embargo los de la región meridional suelen tener visiones terribles, predican, hablan muchas lenguas sin haberlas aprendido y, a veces, son poseídos por espíritus malignos”.        “Otra diferencia notable entre el pueblo meridional y el septentrional es que éste es más casto y púdico y el meridional más lujurioso,  lo que se debe a la melancolía espumosa. Por ello, los monstruos proceden ordinariamente de África, a la que Ptolomeo coloca bajo Escorpión y Venus, añadiendo que toda África adoraba a Venus… También sabemos que los reyes de África y Persia tenían siempre harenes de mujeres, hecho que no se puede imputar a costumbres depravadas… A escitas y alemanes les basta y les sobra con una sola mujer y César, en sus Comentarios, dice que los ingleses en su tiempo compartían una mujer entre diez o doce. Muchos septentrionales, conocedores de su impotencia, se castraban cortándose las venas parótidas debajo de las orejas, como dice Hipócrates, quien atribuye la causa de la impotencia a la frialdad del vientre y a montar mucho a caballo… Por eso los pueblos nórdicos son tan poco celosos que, según Altomer de Alemania e Irenicus que escriben elogios de su país, hombres y mujeres se bañan juntos… Por el contrario, los meridionales son tan apasionados que, a veces, mueren de celos… Los romanos condenaron, sin distinción de razas, a pena de infamia a quien tuviese más de una mujer; después, en este reino, la pena de infamia se transformó en pena capital. Esta ley romana no ha perdurado en África por los inconvenientes a que daba lugar… De lo dicho puede deducirse que el pueblo meridional está sujeto, en cuanto al cuerpo, a las mayores enfermedades y, en cuanto al espíritu, a los mayores vicios…” (6).        Aunque Bodino advierte que no hay temperamentos puros sino tantos como “mezclas” de los cuatro humores, y que en cuanto “a las inclinaciones naturales de los pueblos debe advertirse que no tienen carácter necesario”, sus apreciaciones son valiosas para intentar una aproximación a esa manera de juzgar del hombre de la época, del contemporáneo de Sosa y Cervantes. En concreto, en lo referente a África, a Berbería. Si el esfuerzo de ecuanimidad y análisis frío de Bodino permite exposiciones que hoy nos parecerían hasta ingenuas en su desmesura, las de Sosa se nos aparecerán mucho más comprensibles; sus duras circunstancias personales de humillante cautiverio y en un ambiente popular y orientalizado tan provocador para su condición de clérigo post-tridentino debieron conducirle casi a la locura; eso es lo que aparece en tantos fragmentos de su obra literaria, como el citado sobre África con esa enumeración enfermiza de serpientes ponzoñosas, una de las imágenes clásicas del demonio. Eso podía suceder en mentes –como la de Sosa– disciplinadas de alguna manera. Más complejo sería acercarse a lo que pudiera suceder en medios más populares de “vértigos colectivos”, “delirios mentales” y “trances masivos” o “sueños hiperbólicos” de “sociedad visionaria” (7).       —————-   NOTAS:   (1).- Una aproximación al Antonio de Sosa narrador, E. Sola, “Miguel de Cervantes, Antonio de Sosa y África”, en Actas del I encuentro de historiadores del valle del Henares, Guadalajara, 1988, y “Antonio de Sosa, un clásico inédito amigo de Cervantes”, en el I coloquio internacional de la Asociación de Cervantistas, Alcalá de Henares, 1988, así como la introducción de J.M. Parreño y E. Sola a la edición del Diálogo de los mártires de Argel, Madrid, 1989, Hiperión. (2).- Haedo, II, pp. 127-130. (3).- Mármol, I, III, fol. 2. (4).- Ib., I, XXII, fol. 22 vto. y ss. (5).- Bodino, V, I, pp.  213 ss.  de la edic. citada de Tecnos. “Ya he explicado estas divisiones en mi libro Método de la historia y aquí no me detendré en ellas” (p. 215), dice Bodino al referirse a las clasificaciones climáticas. (6).- Todos los textos de Bodino citados son del mismo libro V, capítulo I. (7).- Son todas expresiones de P. Camporesi, op.  cit., c. 12, p. 8 y c. 13.      

Emilio Sola 25 enero, 2012 25 enero, 2012 barbarie, Berbería, Bodino, climas, crueldad, determinismos, Leyenda Negra, Perseo y la Gorgona, sexualidad, Sosa, temperamentos
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