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The Lace Wars, un ejemplo de buen material de estudio operacional

Como primer ejemplo de los materiales con los que estoy trabajando, he preparado en castellano esta presentación de los estudios operacionales Lace Wars de Red Sash. Los propios autores dudan entre lamar a su obra “juego” o “estudio operacional”. Es imposible prácticamente conseguirlos físicamente, en Europa solemos utilizar las versiones Print and Play, confiando en el arte de nuestra imprenta favotita. O utilizamos los módulos de Vassal. Iré subiendo materiales y referencias sobre el uso de estas herramientas para el aprendizaje de varias áreas del conocimiento. Sirva como introducción, a la espera del permiso del traductor al castellano de la “parte naval” de Red Sash para compartir aquí su trabajo, disponible en abierto de todas formas en su trabajo de La BSK Archivos Adjuntos Lace Wars presentación traducida (451 kB)

Aitor Saiz Lasheras 15 febrero, 2022 16 febrero, 2022
Materiales “navales” de Red Sash, traducidos por Fernando Latorre

Fernando Latorre, un activo veterano del mundo del wargame, nos ha dado permiso expreso para enlazar a sus trabajos. ¡Muchas gracias por todo! Hay que valorar muy positivamente su trabajo por acercar la serie Sea Lords de Red Sahs Games al público castellanoparlante. Con este material disponible, las campañas navales en el Mediterraneo Occidental durante la Guerra de Sucesión Austríaca quedan en nuestras manos para ser simuladas y estudiadas en profundidad. Aunque estos eventos no cubren la época de referencia de Archivo de la Frontera, sirvan como contrapunto y referencia de lo sucedido posteriormente en el mismo ámbito geopolítico. Para comprobar la profundidad y seriedad de la propuesta original, enlazo al comentario histórico que da contexto a este material, creado por los autores del mismo. (ENG) El trabajo de Fernado Latorre, está disponible para descarga aquí: Mistral y Sea Lords, Reglamentos. El documento adjunto es una muestra significativa de ese pack. En breve traduciré el comentario histórico, para completar en lo posible el esfuerzo de Fernando. Seguimos. Archivos Adjuntos 02_Mistral_Reglas Exclusivas_Actualizado a 2.0_ES (2 MB)

Aitor Saiz Lasheras 16 febrero, 2022 16 febrero, 2022
“España en los años 70 y 80. Una visión crítica: I- Sociedad y Cultura”

“España en los años 70 y 80. Una visión crítica: I- Sociedad y Cultura” Las décadas de los setenta y ochenta del pasado siglo, en España tuvieron gran trascendencia político-social, ya que en ellas transcurrió la etapa final del franquismo y el convulso período de la Transición hacia una monarquía parlamentaria. Fueron años de explosión creativa y riesgo para una generación juvenil inconformista, que modelaron una dinámica cultural que ampliase las limitadas opciones permitidas. Al ejercer como periodista free-lance o colaborador para numerosas publicaciones que mantenían una línea critica (Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, Sábado Gráfico, Cambio 16, Diario 16, Hermano Lobo, Qué, Reseña, Criba), que al soportar una férrea censura política tenían como único espacio para manifestar disconformidad los temas culturales, traté de abordarlos como vehículo para planteamientos opositores. Así me especialicé en antropología (fiestas populares y tradiciones), espectáculos teatrales (especialmente por los grupos independientes), arte de vanguardia, medios de comunicación, antipsiquiatría y fotomontajes. En 2020 los digitalicé, estructurados en 3 bloques, que presentaré sucesivamente.

Demetrio E. Brisset 26 marzo, 2021 26 marzo, 2021 Contemporánea, cultura, España, franquismo, periodismo, sociedad, Transición
“España en los años 70 y 80. Una visión crítica: II- Artes”

“España en los años 70 y 80. Una visión crítica: II- Artes” 2º bloque de la recopilación de mis artículos.

Demetrio E. Brisset 26 marzo, 2021 26 marzo, 2021
“España en los años 70 y 80. Una visión crítica: III- Rutas y Fiestas”

“España en los años 70 y 80. Una visión crítica: III-  Rutas y Fiestas” 3º y último bloque de la recopilación de mis artículos publicados.

Demetrio E. Brisset 26 marzo, 2021 28 marzo, 2021
La campaña otomana del verano de 1537

He realizado una visualización cartográfica a partir de la información proporcionada por Álvaro Casillas Pérez en su tesis de doctorado (aún por presentar..), y en connivencia con él, para presentar los movimientos de armadas, flotas, flotillas y navíos sueltos en el Mediterráneo y, más concretamente, en el Tirreno, a partir de la información obtenida tras el análisis de la documentación seleccionada y extraída del Archivo General de Simancas a efectos de su investigación en curso. El archivo que se presenta aquí es una versión alterada sólo en lo estético de la presentada en dicho trabajo de máster. La carta general del Mediterráneo ha sido elaborada a partir de la copia digital del Atlas de Battista Agnese, de 1544, como se puede consultar en la Biblioteca Digital Hispánica, cuyo original se encuentra en la Sala Goya de la Biblioteca Nacional de España, Sede Recoletos, bajo las signaturas GMM/2141 y GMM/2142. Las cartas de aproximación a las costas orientales del Mar Tirreno y al Canal de Otranto han sido elaboradas a partir de la copia digital de una versión de finales del s. XVII o principios del s. XVIII del Kitab-i Bahriye de Piri Reis, de 1525, como se puede consultar en la David Rumsey Map Collection de las Stanford University Libraries, cuyo original se encuentra en el Walters Art Museum, de Baltimore, bajo la signatura W.658. La presente obra se ofrece bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. Para cualquier comentario sobre los materiales originales, la técnica de digitalización por vectorialización u otros procesos técnicos involucrados en la elaboración de este objeto digital, la elaboración de otros objetos similares, su uso legal, o la formación en humanidades digitales, por favor, contactar a su autor a la dirección de correo electrónico asociada a esta cuenta, o por mensaje directo a la cuenta de Twitter @herdado. Archivos Adjuntos mapa Meditrráneo 1537 (2 MB)

David Domínguez Herbón 5 octubre, 2020 5 octubre, 2020 campaña otromana de 1537, mapa, visualización cartográfica
banquetes cervantinos I

UN BANQUETE SERVIDO A DON QUIJOTE Y A SANCHO EN BARCELONA El caballero don Antonio Moreno alojó en su casa de Barcelona a don Quijote y a su escudero Sancho, dándoles de comer espléndidamente. Entre otros manjares, el generoso caballero hizo servir a la mesa dos exquisitas muestras de la gastronomía española del Siglo de Oro: albondiguillas y manjar blanco, y pudo comprobar lo repulido que el otrora tosco y grosero Sancho Panza se había vuelto en la mesa, merced a los provechosos consejos que su señor le había dado. En el Capítulo LXII de la Segunda Parte de la gran novela cervantina leemos: “Comieron aquel día con don Antonio algunos de sus amigos, honrando todos y tratando a don Quijote como a caballero andante, de lo cual, hueco y pomposo, no cabía en sí de contento. Los donaires de Sancho fueron tantos, que de su boca andaban como colgados todos los criados de casa y cuantos le oían. Estando a la mesa, dijo don Antonio a Sancho: – Acá tenemos noticia, buen Sancho, que sois tan amigos de manjar blanco y de albondiguillas, que si os sobran las guardáis en el seno para otro día. – No, señor, no es así –respondió Sancho-, porque tengo más de limpio que de goloso, y mi señor don Quijote, que está delante, sabe bien que con un puño de bellotas o de nueces nos solemos pasar entrambos ocho días (…) – Por cierto –dijo don Quijote- que la parsimonia y la limpieza con que Sancho come se puede escribir y grabar en láminas de bronce, para que quede en memoria eterna en los siglos venideros. Verdad es que cuando él tiene hambre parece algo tragón, porque come apriesa y masca a dos carrillos, pero la limpieza siempre la tiene en su punto, y en el tiempo que fue gobernador aprendió a comer a lo melindroso: tanto, que comía con tenedor las uvas, y aun los granos de granada”. Interesa saber en qué consistían exactamente las famosas albondiguillas y el manjar blanco, tan apreciados por Sancho, con los que don Antonio Moreno quiso obsequiar a sus invitados. Las albondiguillas, como la cazuela de berenjenas o la alboronía, era plato de origen morisco. Parece ser que la mención de este preparado junto con el exquisito manjar blanco en el fragmento que hemos reproducido, es una referencia a cierto pasaje del “Quijote de Avellaneda”. En todo caso, Cervantes nos habla a las claras de la consideración de bocado apetitoso de la que gozaban los esféricos bodoques de carne picada y huevo, pasados por harina, fritos en aceite, y finalmente guisados en salsa. Reproducimos para el curioso la receta de las albondiguillas fritas que nos ofrece el cocinero mayor de Palacio de Felipe III y luego de Felipe IV, Francisco Martínez Montiño, en su magna obra “Arte de cocina”: “Tomarás cuatro libras de pierna de ternera, las dos harás carbonilladas muy delgadas, y golpeadas con la vuelta del cuchillo, y mecharlas muy bien, y echarlas en adobo. Luego picarás las otras dos libras, y sazonarás como para albondiguillas con sus especias, huevos, y tocino, y harás albondiguillas enharinadas con harina, e iráslas poniendo sobre un tablero. Luego pondrás a asar las carbonilladas sobre las parrillas: y entre tanto que se asan freirás las albondiguillas, así enharinadas como están, en buena manteca de puerco, y luego freirás picatostes de pan blanco angostos: y de todo esto irás armando el plato con picatostes, y albondiguillas, y carbonadillas, entremetiendo uno con otro; y luego echarle por encima zumo de limón, o naranja, y adornar el plato con algunos higadillos fritos”. En cuanto al manjar blanco, diremos que no había en los días de Cervantes otro postre que gozara de mayor aprecio y general estima que esta especie de natillas, de supuesto origen francés, en el que se conjugan maravillosamente la suculencia de la gallina, la fécula de la harina de arroz y la dulzura de la leche azucarada. No por casualidad el manjar blanco fue el postre preferido de los gastrónomos de la época, y nos atreveríamos a aventurar que también de don Miguel de Cervantes. Variedades del manjar blanco eran las «tortas» rellenas del mismo. «¡Oh cuántas veces vi llevar y llevé tortas de manjar blanco!» -dice Guzmán de Alfarache-; así como otros postres de parecida confección, aunque más dulzones y menos interesantes a nuestro parecer que el manjar blanco, como por ejemplo el exquisito manjar imperial, en cuya elaboración no se utilizaba pechuga de gallina, pero si aparecían yemas de huevo y canela; o la cuajada real, plato igualmente de pomposo nombre, que no es sino el antecedente cercano de las natillas hechas con nata, leche y cuajo.

Pedro Plasencia Fernández 18 abril, 2017 18 abril, 2017
Banquetes cervantinos II

UN BANQUETE EN CASA DE MONIPODIO Concluida la jornada laboral, la flor y nata de la picaresca sevillana se reúne en el patio de la casa de Monipodio en pleno corazón del barrio marinero de Triana, muy cerca de donde se hallaba la fábrica de bizcochos, o mazamorra, que era el pan de los embarcados, porque al estar cocido dos veces aguantaba más tiempo sin echarse a perder. Allí cuentan y reparten los truhanes el producto de los hurtos cometidos esa mañana, y acto seguido se disponen a almorzar en franca camaradería, luego de sacar para el común una bota de cuero con hasta dos arrobas de vino de Guadalcanal: Lo leemos en la novela ejemplar cervantina Rinconete y Cortadillo: “Ida la vieja, se sentaron todos alrededor de la estera, y la Gananciosa tendió la sábana por manteles; y lo primero que sacó de la cesta fue un grande haz de rábanos y hasta dos docenas de naranjas y limones, y luego una cazuela grande llena de tajadas de bacallao frito. Manifestó luego medio queso de Flandes, y una olla de famosas aceitunas, y un plato de camarones, y gran cantidad de cangrejos, con su llamativo de alcaparrones ahogados en pimientos, y tres hogazas blanquísimas de Gandul. Serían los del almuerzo hasta catorce, y ninguno de ellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas, si no fue Rinconete, que sacó su media espada…” La relación de viandas que aparecen en el fragmento cervantino, a falta del pernil de tocino curado (el jamón), constituye un elenco de lo que fue la dieta andaluza, tan apreciada por Cervantes. No podían faltar las frutas, representadas aquí por los cítricos, que por cierto no se comían de postre, sino como entrantes al principio de la colación, porque despiertan el apetito; además de los rábanos y de las aceitunas, que se tomaban habitualmente con pan blanco candeal (en Sevilla, las famosas hogazas de Gandul o de Alcalá de Guadaira), los camarones a la plancha aliñados con lima, los cangrejos cocidos, y una ensalada que en esta ocasión está compuesta por alcaparrones y pimientos picantes (el ají traído de América, antecedente de los pimientos dulces llamados italianos, que solo empezaron a consumirse un siglo después, una vez que se aclimataron al terruño, aunque en todo caso antes que el tomate). De plato fuerte un pescado, que bien podían ser sábalos o albures del Guadalquivir fritos en aceite (antecedentes del pescaíto frito), o como aquí, en casa de Monipodio, el famoso bacalao, prácticamente el único pescado que se consumía en los lugares alejados de la costa, insustituible, junto con las lentejas, los viernes y otros días de abstinencia. No olvidemos el menú de la famosa venta del Capítulo II de la Primera Parte del Quijote: “… acertó a ser viernes aquel día, y no había en toda la venta sino unas raciones de un pescado que en Castilla llaman abadejo, y en Andalucía bacalao, y en otras partes curadillo, y en otras truchuela”. Como quiera que sea, en la Andalucía del Siglo de Oro apenas se comía carne. Y de postre, queso de Flandes, que no era propiamente queso, sino una torta hecha con almendras, azúcar, yemas de huevo y canela, de mucho consumo en Andalucía. Si bien en otras partes, aunque no de postre sino como plato principal, si era habitual el auténtico queso de oveja de La Mancha, o el famoso Tronchón de Teruel, el queso que el lacayo Tosillos llevó en las alforjas junto con las cartas dirigidas al virrey de Barcelona, y que, como quiera que había trasmitido su penetrante olor a los pliegos, el goloso de Sancho lamió estos con delectación.

Pedro Plasencia Fernández 19 abril, 2017 19 abril, 2017
Banquetes Cervantinos III. Un banquete que no fue

UN BANQUETE QUE NO FUE En el Capítulo XLVII de la Segunda Parte de la novela del “Ingenioso Hidalgo”, el bueno de Sancho, recién nombrado gobernador de la Ínsula Barataria, se dispone a regalarse en la mesa con un opíparo banquete, el cual le sirva para desquitarse de la ingesta de bellotas, tagarninas, peruétanos y otras rústicas viandas, que constituían los más de los días la dieta completa de los caballeros andantes y de sus pobres escuderos: “Cesó la música, sentose Sancho a la cabecera de la mesa, porque no había más que aquel asiento, y no otro servicio en toda ella. Púsose a su lado en pie un personaje, que después mostró ser médico, con una varilla de ballena en la mano. Levantaron una riquísima y blanco toalla con que estaban cubiertas las frutas y mucha diversidad de platos de diversos manjares. Uno que parecía estudiante echó la bendición y un paje puso un babador randado a Sancho; otro que hacía el oficio de maestresala llegó un plato de fruta delante, pero apenas hubo comido un bocado, cuando, el de la varilla tocando con ella en el plato, se le quitaron de delante con grandísima celeridad; pero el maestresala le llegó otro de otro manjar. Iba a probarlo Sancho, pero, antes que llegase a él ni le gustase, ya la varilla había tocado en él, y un paje alzándole con tanta destreza como el de la fruta. Visto lo cual por Sancho, quedó suspenso y, mirando a todos, preguntó si se había de comer aquella comida como juego de maesecoral. A lo cual respondió el de la vara: -No se ha de comer, señor gobernador, sino como es uso y costumbre en otras ínsulas donde hay gobernadores. Yo, señor, soy médico y estoy asalariado en esta ínsula para serlo de los gobernadores della, y miro por su salud mucho más que por la mía, estudiando de noche y de día y tanteando la complexión del gobernador, para acertar a curarle cuando cayere enfermo; y lo principal que hago es asistir a sus comidas y cenas, y a dejarle comer de lo que me parece que le conviene y a quitarle lo que imagino que le ha de hacer daño y ser nocivo al estómago; y así mandé quitar el plato de la fruta, por ser demasiadamente húmeda, y el plato del otro manjar también le mandé quitar, por ser demasiadamente caliente y tener muchas especies, que acrecientan la sed, y el que mucho bebe mata y consume el húmedo radical, donde consiste la vida. -Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas y, a mi parecer, bien sazonadas no me harán algún daño. A lo que el médico respondió: -Ésas no comerá el señor gobernador en tanto que yo tuviere vida. -Pues ¿por qué? –dijo Sancho. Y el médico respondió: -Porque nuestro maestro Hipócrates, norte y luz de la medicina, en un aforismo suyo dice: ‘Omnis saturatio mala, perdicis autem pessima? Quiere decir: ‘Toda hartazga es mala, pero la de las perdices malísima’” Y así fueron apareciendo por la mesa, tocados por la varita del doctor Pedro Recio de Tirteafuera, e inmediatamente retirados otros exquisitos platos, como conejos guisados (por ser manjar peliagudo), ternera asada y en adobo, u ollas podridas, dejándole comer tan solo al señor gobernador unos cañutillos de suplicaciones (barquillos de oblea) y unas “tajadicas sutiles de carne de membrillo”, en lo que consistió todo el ágape, y que le hicieron añorar al buen Sancho la cebolla el pan y las uvas que por los campos manchegos solía comer en la compañía de su señor don Quijote. Archivos Adjuntos banquetes cervantinos III (15 kB)banquetes cervantinos III (15 kB)

Pedro Plasencia Fernández 25 octubre, 2017 25 octubre, 2017
Banquetes cervantinos III. Un banquete que no fue

Archivos Adjuntos banquetes cervantinos III (15 kB)

Pedro Plasencia Fernández 4 noviembre, 2017 4 noviembre, 2017
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