NADADORES

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¡Banquero al agua!, por Leonardo da Vinci

  ¡BANQUERO AL AGUA!, case EN UN RÍO LITERARIO. Un  chiste sabio del gran Leonardo da Vinci, recogido de sus Aforismos, reúne en  una historia graciosa a dos frailes y un mercader, nombre que en la época  designaba al financiero; en este caso, más que mercader dice mercachifle,  diminutivo despectivo, pero no viene al caso: es el que controla el dinero, avariento,  frente a los otros dos pobrecitos mendicantes y hambrientos. La  escena sucede en un río genérico, literario, y podía no ser muy profundo puesto  que se disponen a vadearlo, con lo que en vez de nadar pudo salir chapoteando  fácilmente sin duda, no tenía por qué ser un gran nadador para ganar su vida a  nado. Mas la historia es sapiencial y se merece figurar entre estos episodios  de Nadadores. Gracias  al maestro Carlos Miragaya por el envío, con sus referencias editoriales, pues  esto no va más allá de ser un estímulo mínimo a una lectura interesante y más  amplia y reposada. La selección y traducción de estos Aforismos de Leonardo da Vinci es de E. García de Zúñiga (Madrid,  1977, 2ª edic., Óptima-Espasa Calpe, p.173, puntos 693, 694 y 695). Sobre ella  establecemos el texto versiculado.       De un fraile y un mercader.   Los hermanos mínimos acostumbraban a observar la Cuaresma en sus conventos absteniéndose de comer carne; pero cuando van de viaje, como viven de limosnas, les está permitido alimentarse de todo lo que les ofrecen.   Entrando, pues, en una posada dos de esos religiosos, en compañía de cierto mercachifle, se sentaron los tres a la misma mesa. Sirviéronles, como único manjar, un pollo hervido, que otra cosa no había disponible en la mísera posada.   Viendo el mercader que este único plato apenas bastaba para él solo, se volvió a los religiosos y les dijo: “Si mal no recuerdo, vosotros no coméis en vuestros conventos y en días como estos ninguna clase de carne”.   A estas palabras los religiosos, de acuerdo con su regla, hubieron de contestar sin ambages que tal era la verdad, con lo que el mercachifle, muy satisfecho, se comió el pollo; y los hermanos tuvieron que conformarse como pudieron. ***   Partiéronse luego en compañía y sucedió que después de andar un trecho, llegaron a un río de bastante anchura y profundidad.   Como los tres iban a pie –los hermanos por pobreza, y el otro por avaricia– fue necesario para comodidad de la compañía que uno de los frailes se descalzara y cargara sobre sus hombros al mercachifle, y así lo hizo, dándole a guardar sus zuecos entretanto. ***   Cuando el fraile se encontró en la mitad del río, le vino a la memoria una de las reglas de su orden, y este nuevo San Cristóbal, alzando la cabeza, preguntó al hombre que cargaba: “Dime, antes de seguir adelante, ¿llevas contigo algún dinero?”   “Sin duda –contestó el otro–; ¿puedes pensar, acaso, que un mercader como yo emprenda viaje en otras condiciones?”   “¡Cuánto lo siento! –exclamó el fraile–; nuestra regla nos prohíbe llevar dinero encima.”   Y sin más, lo arrojó al agua. Comprendió entonces el mercader que esta era la alegre venganza de su mal proceder, y sonriendo pacíficamente, con rubor y vergüenza la soportó.

Emilio Sola 28 febrero, 2012 28 febrero, 2012 banqueros, chiste, frailes mendicantes
Una tormenta en el Caribe narrada por el joven calabrés Jerónimo Pallas

VIAJE DE CALLAO A SAN LUCAR DE BARRAMEDA CON EPISODIO DE NADADOR. Jerónimo Pallas, I-VI. En el viaje a Roma en 1614 del jesuita Juan Vázquez desde Perú como Procurador de los de su orden religiosa, hay un episodio de interés en el que alguien tiene que Nadar, que es el hilo conductor que hemos elegido, de manera más o menos aleatoria o azarosa, para este “ramillete” o “flor de flores” –antología o algo así–, por seguir jugando con los textos. Está en el libro I, capítulo VI, de la amplia relación que es Misión a las Indias…, cuya edición de Paulina Numhauser se puede encontrar completa en este Archivo de la frontera. http://www.archivodelafrontera.com/grandes-fuentes/mision-a-las-indias-con-advertencias-para-los-religiosos-de-europa-que-la-hubieren-de-emprender-como-primero-se-vera-en-la-historia-de-un-viaje-y-despues-en-discurso/ Ese fragmento lo recogemos a continuación, versiculado y actualizado de la manera habitual. 1 DE SOÑADORES, TORMENTAS EN LA MAR, PRODIGIOS Y NADADORES. [Embarcación del padre Procurador General en el puerto del Callao] Partió del Puerto del Callo a 4 de mayo, día de la bienaventurada Santa Mónica, en el navío que llaman de rezagos, que suele salir algunos días después del armadilla para llevar la plata y despachos que no se han podido despachar antes. Y yendo navegando de vuelta de Panamá, con viento largo y de noche, no muy lejos de Paita, se acercaron tanto a la tierra por descuido del Piloto que sin duda vararan en ella y se perdieran si un pasajero que iba durmiendo en el castillo de popa no hubiera soñado lo que pasaba en la verdad; porque, afligido de ver en sueños su trabajo, comenzó a dar voces diciendo: –¡Tierra, tierra, que nos perdemos! Con lo cual el Piloto y los demás despertaron y hallaron que había soñado bien; y dando la vuelta a la mar escaparon aquel peligro. Lo demás del viaje fue con mucho consuelo hasta Panamá y de aquí a Puertobelo con los trabajos de fragosos caminos que se han dicho. Embarcóse en la Mar del Norte en una nao mercante llamada El Buen Jesús, y puesta en él la esperanza se hicieron a la vela para Cartagena, día de San Juan Bautista. El viaje fue borrascoso, y con los grandes calores de aquel paraje enfermaron muchos y se murieron algunos en quince días de navegación. En Cartagena estuvieron ocho, y desde allí en veinte días tomaron la Habana. [Padre Nicolás de Arnaya, procurador general de la Nueva España] Aquí le fue de mucho consuelo al padre Juan Vázquez ver al padre Nicolás de Arnaya, que en la Flota de Nueva España –que allí estaba aguardando la de Tierra Firme y galeones– iba para Roma por Procurador General de la provincia de México, adonde volvió después Provincial. En este puerto estuvieron ocho días; y el de la Transfiguración, a 6 de agosto, se hicieron a la vela las dos flotas y Armada Real con otros navíos de las islas circunvecinas, que serían por todo cuarenta y dos velas. La orden era que fueran por cuarenta y dos grados de altura, a donde los vientos son mas largos y los mares no tan peligrosos. 2 UN NIÑO QUE NADA COMO UN PEZ SALVA SU VIDA EN LA ISLA BERMUDA, Y UNA TERRIBLE TORMENTA Desembocaron el canal de Bahama, con viento favorable que les duró hasta el paraje que llaman de la isla Bermuda; [La madre de Dios socorre a un muchacho que se cayó en la mar] donde, navegando con viento largo, cayó un muchacho de nueve a once años en la mar; era el navío mas fuerte que obediente al timón, pero entonces quiso Dios que al punto tomase por avante y se atravesó; animaban los pasajeros con voces al muchacho, que Nadó como un Pez mientras le echaron un cabo; asióle y subió al navío, diciendo que la Madre de Dios le había socorrido porque la invocó en aquel riguroso conflicto. [Tormenta repentina y furiosa] Prosiguieron con viento en popa, hasta ponerse en el altura de treinta y nueve grados y como doscientas leguas delante de la Bermuda, cuando comenzó una tarde a soplar el Sueste, que se fue arreciando con la noche de manera que por buena maña y prisa que se dieron en la nao en que iba el padre Juan Vázquez, no se pudo aferrar el trinquete antes que el viento le hiciese pedazos. Quisieron ponerse mar en través, pero las olas azotaban tan fuertemente el navío por ambos costados y le hacían dar tan recios balances que con cada uno parecía hundirse y hasta en el mismo castillo de popa les derribó el farol un golpe de mar. En este tiempo entró tanta agua por las puertañolas de las piezas de artillería –que estaban mal tapadas— y por encima de cubierta y otras partes, que nadaba todo cuanto iba debajo; con que se levantó tan grande alarido y llanto que cada cual –olvidado de los fines que a España le llevaban— sólo trataban de confesarse y ponerse bien con Dios, clamando a Su Majestad y haciendo votos y plegarias; a que acudió el padre procurador confesando a muchos y animando a todos a esperar del Señor la vida eterna, cuando fuese servido quitarles en temporal. Trabajaba la gente de la mar con grande esfuerzo, unos en alijar la nao, echando cajas, anclas y todo cuanto topaban, otros en la bomba, otros a tapar las puertañolas que dijimos, sin cesar, continuamente, seis horas hasta ser de día, cuyas diligencias achicaron el agua bastantemente, pero aún no asegurándose el capitán y pilotos por estar el vendaval en su punto. [Les obliga a cortar los árboles] Por último, remedio en casos desesperados, se resolvieron en cortar los árboles y echarlos abajo, ayudándose a esta su resolución el haber visto que lo hacían así en otras naves. Duró la tormenta hasta allá, a la tarde, que se amansaron los vientos, se quietó la mar y se serenó el cielo, con que quedaron todos muy agradecidos a la Divina Majestad y a su Santísima Madre, a cuya Natividad hizo toda la nao, persuadidos del padre procurador, un novenario por haber recibido esta merced cerca de este día y otras muchas devociones y ejercicios santos. [Escapa el Buen Jesús destrozada y sin corredores – falta de matalotaje en el Buen Jesús] Escapó El Buen Jesús sin corredores de popa, sin chalupa, con sola una ancla y con grande falta de matalotaje, así porque se echó, entre otras cosas, parte de él a la mar, como también por haberse mojado y podrido lo demás, con que se padeció en el viaje mucha Necesidad. Y persona hubo que por unas pocas de habas y un cuartillo de agua dio una buena suma de reales. Pero quien más sintió esa falta fue la gente de la mar, que en la noche de la tempestad quedó lastimada de los encuentros y golpes que recibió haciendo sus faenas; porque aunque se les acudió con lo que hubo, todo fue tan poco que más se debe atribuir a misericordia del Señor su vida y salud que a medios humanos. [Peligro en que se hallaron dos capitanes] Peor lo pasaron las otras naos, que escaparon todas destrozadas y la mayor parte sin árboles ni corredores, ni velas, y sin matalotaje, y por poco se perdiera la Capitana de México con la Tierra Firme. Era, como dije, el viento fuerte y la cerrazón tan obscura que apenas se veían los unos a los otros para apartarse; y, así, se hallaron tan cerca las dos capitanas que no faltaba nada para envestirse. Lloraba la gente, los pasajeros y los muchachos, dábanse voces los unos a los del otro navío que arribasen, gritaban los pilotos y pedían con lágrimas y llantos a los marineros soltaran alguna vela, y nadie osaba porque al punto le arrebataba el viento, el cual los iba juntando más y amenazando ruina. Y quiso Dios que impensadamente se hallaren apartados con gran admiración de todos, que tuvieron el hecho por milagroso. 3 LOS HOBRES, JUGUETE DE LAS OLAS [Suceso admirable en la Almiranta] Y no fue menor milagro lo que le sucedió a Juan Flores de Rabanal, almirante de la flota, y Sancho de Meras, hombre rico y conocido, que estaban en el corredor de popa de la Almiranta acostados y un golpe de mar hizo sentar de suerte el galeón que –levantando las tablas del corredor– dejó sola la armazón; y por entre dos maderos, que llaman las madres, los sacó el agua; y tornando el galeón otra vez a chafurdar y asentarse, los volvió a meter adentro por la misma parte, aunque muy maltratados de los clavos y pedazos de tablas. No le sucedió así a un negro, que estaba a un lado del corredor, porque se lo llevó la mar para siempre. [Suceso más admirable en otro navío] En otro navío, arrebató a otros dos hombres una ola y los echó en la mar, y luego, al mismo tiempo, otra ola los volvió, caso admirable y espantoso, pero no muy diferente del que le sucedió a don García de Toledo en el mar Mediterráneo, corriendo tormenta, que habiéndolo sacado una ola de la galera en que iba, lo metió otra ola en otra diferente galera. Envistióle después un golpe de mar al navío, de manera que le hizo descubrir la quilla. Tuviéronse por perdidos entonces porque la nao se tuvo de un lado mucho tiempo, rendida con el peso del artillería, cajas y gente, que estaba toda a la banda. Invocóse nuestro santo padre Ignacio y fue servido el Señor hacerles merced por su intercesión, porque al punto comenzó a enderezarse, con gran contento y esperanzas de escapar. [Pérdida de siete velas] Otro Galeón del Rey, lleno de pasajeros y plata, se abrió en esta borrasca con ser nuevo; hubo tiempo de salvarse las personas y ondear las barras, con las chalupas de otros, y luego se le sorbió la mar a éste y a otros navíos, cuyos pasajeros también se salvaron. Dos patajes se perdieron con gente, y de otro navío muy interesado de Nueva España no se sabe dónde se fue a pique, que por todos fueron siete; de cuarenta y dos velas que salieron del puerto de la Habana, llegaron a España de conserva solas treinta y dos, porque a las otras esparció la tormenta de manera que más no se juntaron. Y entraron en el puerto de San Lúcar de Barrameda, a 5 de octubre, habiendo tardado cincuenta y ocho días desde la Habana y cinco meses del puerto del Callao. Una delicia de movimiento y gracia, al que el punto de vista narrativo providencialista y pío no hace desmerecer para nada, ese tono retórico y real al mismo tiempo del joven veinteañero calabrés lleno de curiosidad y entusiasmo que es Jerónimo Pallas y que tan enternecedor puede resultar hoy para un lector, y más si es también joven y curioso como el autor. FIN. (Versión y juegos, E.Sola).

Emilio Sola 28 febrero, 2012 26 agosto, 2016 América, flotas, jesuitas, navegación, tormenta
Robert Musil, Nadadores sin atributos

Descripción / Resumen: Robert Musil, El hombre sin atributos, traducción de José M. Sáenz,  Barcelona, 2006, Seix Barral, 2 vols. (Primera edición española, 1969; revisada, 2004).  Una novela total, desbordante de inteligencia y perspicacia, en ocasiones agobiadora o agotadora. Pero que impone su discurso con la fuerza de un mazazo. En la que el arte de fragmentar puede generar preciosas perlas de pensamiento y análisis. También en ella aparecen Nadadores… Presentamos una lectura activa, generadora de ensayo poemático, con el inquietante retrato final de un asesino con sospechas de tener alma de anarquista.   NOTA DE LECTURA, PRIMERA PARTE, CON NADADORES     

Emilio Sola 31 marzo, 2012 26 agosto, 2016 nadadores, Robert Musil
RAYMOND CHANDLER, EL LARGO ADIÓS: NADADORES EN UN PAISAJE

Descripción / Resumen: NADADORES EN UN PAISAJE   Sólo dos episodios con nadador, y en los dos casos como meros animadores de un paisaje urbano, de alguna manera; y una referencia. La novela de Chandler tiene un personaje central clave, que es el escritor de novelas de éxito Roger Wade, con graves problemas con el alcohol. Es en la cita de su editor, Howard Spencer, con el detective Phillip Marlowe, en un reservado del restaurante del hotel  Ritz-Beverly en donde se alojaba el editor, desde donde se veía la piscina del hotel, en donde aparece una nadadora observada por el detective mientras espera que llegue el editor. Es el primer párrafo del capítulo 13: “A las once estaba sentado en el tercer reservado de la derecha, según se entra desde el comedor. Tenía la espalda pegada a la pared y veía a todos los que entraban y salían. Era una mañana despejada, sin niebla, ni siquiera en las capas altas de la atmósfera, y el sol se reflejaba en la superficie de la piscina, que empezaba inmediatamente del otro lado de la pared de cristal del bar y se extendía hasta el final del comedor.   Una joven con un traje de baño blanco y una figura seductora trepaba por la escalera de mano hacia el trampolín superior. Yo contemplaba la tira de piel blanca que aparecía entre el bronceado de los muslos y el traje de baño, y lo hacía carnalmente. Luego desapareció, oculta por el pronunciado alero del tejado. Un momento después la vi lanzarse al agua y dar vuelta y media de campana. Las salpicaduras ascendieron lo suficiente para capturar el sol y crear arco iris que eran casi tan bonitos como la muchacha.   Luego salió de la piscina, se quitó el gorro blanco y se sacudió la melena desteñida. Onduló el trasero en dirección a una mesita blanca y se sentó junto a un leñador con pantalones blancos de dril, gafas oscuras y un bronceado tan pronunciado y homogéneo que sólo podía tratarse del encargado de la piscina. Este último procedió a dar unas palmaditas en el muslo a la chica, que abrió una boca tan grande como un cubo y se echó a reír. No oía la risa, pero el agujero en la cara, cuando abrió la cremallera de los dientes, era todo lo que necesitaba.”   Las protagonistas femeninas de la novela son la esposa del novelista, Eileen Wade, y dos hijas del magnate Harlan Potter, Silvia Lennox y Linda Loring; la muerte de Silvia, al parecer por su marido Terry Lennox, que posteriormente huye, con ayuda del detective Marlowe, y aparentemente se suicida en un pueblecito de México, es el desencadenante de la acción y la intriga de la novela. *** La segunda vez que aparece un nadador, también como elemento de un paisaje, es en un momento central de la intriga: va a servir como trasfondo silenciador de un disparo, pues el nadador es un surfista o esquiador acuático a rebufo de una motora ruidosa.  El detective Marlowe está en la mansión de escritor alcohólico Wade en plena crisis, y le pregunta si conoce a un tal Paul Marston, una de las claves de la intriga, basada en la doble personalidad del presunto asesino y suicida Terry Lennox. Esa pregunta fue la que desencadenará el suicidio del escritor. La acción, pues, es simple en su contexto:  Phillip Marlowe comenta los últimos minutos de la vida del escritor Roger Wade.   “Se puso en pie y salió del estudio sin hacer demasiadas eses. Esperé, sin pensar en nada. Una lancha motora se acercó ruidosamente por el lago. Cuando fue posible verla comprobé que llevaba buena parte de la proa fuera del agua y que remolcaba una tabla de surf y encima un fornido muchacho tostado por el sol. Me acerqué a la puerta ventana y vi cómo hacía un giro muy cerrado. Demasiado rápido, la lancha casi volcó. El chico de la tabla bailó sobre un pie tratando de mantener el equilibrio, pero finalmente salió disparado y cayó al agua. La lancha acabó deteniéndose y el accidentado se dirigió hacia ella nadando sin prisa, después siguió la cuerda de remolque y acabó tumbándose sobre la tabla de surf.   Wade regresó con otra botella de whisky. La lancha motora ganó velocidad y acabó perdiéndose en la distancia. El dueño de la casa puso la nueva botella junto a la primera y procedió a sentarse meditabundo.   -Caramba, ¿no irá a beberse todo eso?   Me miró, estrábico.   -Lárguese, tío listo. Vuélvase a casa y friegue el suelo de la cocina o algo parecido. Me está quitando la luz. – La voz era otra vez pastosa. Se había tomado un par de tragos en la cocina, como de costumbre.   -Si me necesita, grite.   -No podría caer tan bajo como para necesitarle.   -De acuerdo, gracias. Me quedaré por aquí hasta que vuelva la señora Wade. ¿Ha oído hablar alguna vez de un tal Paul Marston?   Levantó despacio la cabeza. Consiguió enfocar la mirada, aunque con dificultad. Vi cómo luchaba por controlarse. Ganó la pelea…, por el momento. Su rostro perdió toda expresión.   -Nunca – dijo cuidadosamente, hablando muy despacio -. ¿Quién es?” ***  Una nadadora en una elegante piscina de un hotel urbano y un surfista nadador en el lago de una elegante urbanización sirven sólo de contrapunto, o elementos de un paisaje, a través de un amplio ventanal o puerta ventana, como diseñado por un pintor americano contemporáneo de piscinas y mansiones. En Hollywood.  Era el capítulo 35. Algo después, en el capítulo 40, nuevamente el nadador surge como imagen que utiliza el detective privado ante un mafioso que le recrimina que siga investigando. El mafioso Mendy le amenaza si sigue con sus indagaciones: “Se le dijo lo que le convenía, más valdrá que no lo olvide”. Y Marlowe contesta con esa imagen, igual de plástica que la del lago con surfista y la piscina con nadadora:   “-Seguro. Hago algo que no le gusta y llego nadando hasta la isla Catalina con un tranvía en la espalda. No trate de asustarme, Mendy. Me las he visto con verdaderos profesionales. ¿Ha estado alguna vez en Inglaterra?” ***  Y eso es todo.  Es una amarga reflexión sobre los ricos americanos, las élites financieras. La escribió Chandler cuando tenía más de sesenta años, al final de su vida; es una novela de madurez, con una estupenda trama que resultó también muy cinematográfica. El largo adiós.   RAIMOND CHANDLER: EL LARGO ADIÓS

Emilio Sola 2 septiembre, 2012 26 agosto, 2016 nadadores, novela negra
Perceval o el cuento del grial: un jinete y su caballo, nadadores

Descripción / Resumen: CHRÉTIEN DE TROYES: PERCEVAL O EL CUENTO DEL GRIAL. Edición y traducción de Martín de Riquer. Madrid, 1961 (7ª edic., 1999), Espasa Calpe. Uno de los padres indiscutibles de la literatura caballeresca medieval, de gran influencia posterior que culminaría en el Quijote, es Chrétien de Troyes, de la segunda mitad del siglo XII. Sus narraciones, “roman” o novela, están escritas en versos pareados de ocho sílabas, a la manera culta francesa del momento, y ponen de moda en Francia con más fuerza el legendario mundo del rey Artús de Bretaña y los caballeros de la Tabla Redonda. Chrétien de Troyes conoce bien la cultura clásica, como traductor de Ovidio, así como la Historia regum Brittanniae de Godofredo de Monmouth; de esa síntesis cultural y literaria nace la novela de caballería que iba a tener un gran éxito en todala Europa cristiana hasta bien entrado el Renacimiento y el Barroco.   CHRÉTIEN DE TROYES: PERCEVAL O EL CUENTO DEL GRIAL 

Emilio Sola 20 julio, 2012 26 agosto, 2016 leyenda del grial, nadadores, novela de caballería, Perceval
Para Nadadores: William Morris: Noticias de ninguna parte

William Morris (1834-1898), estudiante en Oxford y amante del gótico y el medievalismo, ensayista de estética y arte y poeta, así como amigo de los pintores prerrafaelistas – su esposa fue una de las modelos predilecta de estos pintores –, repudia el mundo mercantilista del que era originario y la sociedad capitalista victoriana inglesa; volcado en la creación artesanal con técnicas preindustriales, es considerado uno de los precursores del diseño artístico de los objetos cotidianos de todo tipo, y en su periodo de editor realizó ediciones de las más apreciadas actualmente por los coleccionistas y bibliófilos; relacionado con los fundadores de la Liga de Emancipación del Trabajo (Labour Emancipation League) y tesorero de la Democratic Federation, participará desde entonces mucho en la vida política socialista, hasta fundar la Liga Socialista (Socialist League), de la que redacta su manifiesto, y sufraga el periódico Commonweal, del que será finalmente expulsado poco antes de que desaparezca la Liga, cuando mantiene posturas más próximas al anarquismo y alejadas del parlamentarismo como forma de lucha política, de lo que al final también se apartará. En 1890 publica en el periódico Commonweal las Noticias de Ninguna Parte (News from Nowhere), que salió en libro al año siguiente. Lo subtituló “Capítulos para una novela utópica”. Conoce el marxismo y a Engels y su obra, y concibe el estado como “el mecanismo de la tiranía” pues el gobierno tiene como función “proteger a los ricos contra los pobres”, de alguna manera formulaciones globales también próximas al anarquismo. Su socialismo pergeñado literariamente en esta pieza literaria sería definido hoy como ecologista y feminista, con rasgos anarquizantes claros al suprimir matrimonios y divorcios, las diferencias entre ciudad y campo o entre trabajo manual e intelectual, y entre el trabajo y el deporte o juego, así como peculiares ideas sobre la educación en la que priman los oficios y artes prácticas sobre lo libresco. El trabajo pasa de esclavizador a creador y sus objetos creados y resultados son más bellos.   Archivos Adjuntos WILLIAM MORRIS-NOTICIAS DE NINGUNA PARTE (878 kB)

Emilio Sola 27 marzo, 2016 26 agosto, 2016 literatura socialista, literatura utópica, William Morris
NADANDO CON LA ESPADA ENTRE LOS DIENTES

Descripción / Resumen: Un trabajo de un estudiante de Humanidades, Ángel Rodríguez, recoge unos textos estupendos sobre soldados nadadores; con una anécdota que debió convertirse en una historia de época, vox-pop, muy conocida. He aquí el texto: NADANDO CON LA ESPADA ENTRE LOS DIENTES  

Emilio Sola 12 marzo, 2012 26 agosto, 2016 Carlos V, nadadores, soldados, valentía
Luis de Camoens y Los Lusiadas: Neptuno desnudo nadador

LUIS DE CAMOENS: Los Lusiadas. Edición de Nicolás Extremera y José Antonio Sabio. Traducción de Benito Caldera. Madrid, 1986: Cátedra.   Una ficha biográfica básica: Luis de Camoens, nacido probablemente en Lisboa hacia 1524, de familia de origen gallego; estudió en Coimbra; su tío el canciller de la Universidad le inició en estudios clásicos y modernos muy amplios, lo que se reflejó en su obra. Entre 1545 y 1548, fue soldado en Ceuta, donde perdió un ojo. Preso por una riña del verano de 1552 hasta primavera de 1553, se embarcó y en septiembre de ese año llegó a Goa. Participó en expediciones por el sudeste asiático, con un naufragio en el Mecón en el que a punto estuvo de perder su poema. Vuelve a Lisboa en 1570 y publica el poema en 1572. Murió en 1580.   La primera edición portuguesa es de 1572 y la segunda de 1584 (de Manuel de Lyra, conocida como “de los Piscos”). Entre ellas, aparecen dos versiones españolas, patrocinadas por las Universidades de Alcalá y de Salamanca, que aparecen las dos en 1580. La de Alcalá, impresa por Juan Gracián, es traducción de Benito Caldera, un joven agustino al parecer, tal vez de origen portugués. La de Salamanca, impresa por Juan Perier, es traducción de Luis Gómez de Tapia, capellán andaluz posiblemente; es el primer anotador del poema en su edición. Una tercera traducción española apareció en 1591, la de Henrique Garcés, noble de Oporto que pasó a América y se enriqueció con un método nuevo de beneficiar la plata, antes de volver a Madrid y editar su traducción. Ya no habrá más traducciones hasta el siglo XIX. Tras 1580, con Felipe II, tuvo gran difusión en España y América.   Editamos los versos emparejados de dos en dos pues parece que se ordenan mejor como unidades de sentido y facilita la comprensión del contenido. Es una prueba más… Queda un tono versicular muy sugestivo para el recitado.   Curiosidad por el otro: “¿Qué costumbres, qué ley, que rey tendrían?”(I,45).   Canto I… “Las armas, los varones señalados que, de la occidental y lusitana playa, por mares antes no sulcados, pasaron más allá de Trapobana…” I,1.   Ese es el arranque con el objetivo principal del poema, el canto a las acciones de los nuevos héroes de la modernidad… Trapobana, una isla mítica y móvil hasta que parece fijarse en Ceilán, era el símbolo de la nueva frontera que se abría a las naves, a la “portátil Europa”, que diría más tarde Baltasar Gracián. El promontorio Praso, las puertas del océano Índico.   “Los vientos mansamente los llevaban como a quien tiene el cielo por amigo; sereno al aire y tiempo se mostraban sin temor de suceso ya enemigo. El promontorio Praso, en fin, pasaban en la etíope costa, nombre antiguo, cuando el mar, descubriendo, les mostraba nuevas islas que en torno cerca y lava. “ I,43.   Y es ahí en donde presenta a Vasco de Gama:   “Vasco de Gama, el fuerte y valeroso capitán, que a una empresa tal se ofrece, de altivo corazón presumptuoso, a quien fortuna siempre favorece…” I,44.   La incertidumbre del encuentro de los primeros naturales de las nuevas islas y costa africana del Índico se expresa con sobriedad:   “’¿Qué gente esta será?’ (entre sí decían) ¿Qué costumbres, que ley, que rey tendrían?’”. I,45.   En “pequeños bateles”, con “vela larga y bella”, aparece la gente de Mozambique, y su descripción abre las puertas a las estampas orientalistas clásicas para los europeos:   “De paños de algodón vienen vestidos, que son de mil colores variados; unos alderredor de sí ceñidos, otros so el brazo con donaire echados; desde la cinta arriba sin vestidos; de venablos y dagas bien armados; con toca en la cabeza; y, navegando, añafiles sonoros van tocando”. I,47.   Se sucede el encuentro en un banquete con vino (“el licor de Lieo” o Baco) en la nave portuguesa, en donde los mozambiqueños negros – “los que abrasó Phaetón”, el auriga del carro de Apolo que por aproximarse tanto a tierra convirtió en negros a los hombres de las regiones tropicales – conversan con los recién llegados sobre sus objetivos y pretensiones.   “Aún no bien ancorados, ya la gente extranjera a las naves se subía. Al rostro alegres van, y humanamente el nuestro capitán los recebía. Mesas manda poner en continente; del licor que Lieo plantado había hinchen vasos de vidrio; y de lo que echan los que abrasó Phaetón nada desechan.   “Comiendo alegremente preguntaban, en arábiga lengua, de do vienen, quién son y de qué tierra y qué buscaban, o qué partes del mar corrido tienen. Los fuertes lusitanos les tornaban las discretas respuestas que convienen: ‘Los portugueses somos de Occidente, venimos buscando tierras del Oriente…” I,49-50.     Primeros desencuentros: un nadador tras la batalla   Van buscando, en fin, para su rey, “la tierra oriental que el Indo riega”. Los naturales se presentan como de Mozambique, y en principio les ofrecen abastecimientos y un piloto. En nuevos encuentros, se interesan por los libros de su ley y las armas que poseen, pero pronto surgieron suspicacias clásicas – moros y cristianos – y sospechas de unos y otros. Camoens lo simboliza con maniobras de dioses olímpicos, Baco que quiere perjudicar a los portugueses y Venus que los protege, a la manera clásica greco-romana. El “odio injusto” y “mala voluntad” del moro, el “odio contra nuestra gente”, basado en noticias alarmantes que se difunden sobre los portugueses, por boca de un “sabio y viejo, conocido por hombre de consejo” que se lo comunica al rey de la ciudad:   “Y sabrás más, le dice, que entendido tengo destos cristianos tan sangrientos que casi todo el mar han destruido con robos, con incendios mil violentos; y traen ya de atrás engaño urdido contra nos, porque todos sus intentos son para nos matar y por robarnos y mujeres e hijos cautivarnos”. I,79.   El encuentro termina en enfrentamiento bélico, en donde los portugueses se imponen con su “furiosa y dura artillería”:   “ya la pelota mata, el grito espanta, y al aire herido retumbar hacía”. I,89.   Una batalla que Camoens compara con una corrida de toros, en una octava (I,88) memorable para taurinos:   Cual en sangriento corro alegre amante viendo la hermosa dama deseada al toro busca y pónese delante, salta, silba corriendo la estacada, mas el crudo animal en el instante que con la armada frente va inclinada, duro, bramando corre, el ojo cierra, derriba, hiere, mata y pone en tierra”.   En la desbandada de la derrota, aparecen nadadores; y ahogados. No es extraño en un texto de fronteras del mar como éste: lo extraño podría ser que no apareciesen. Aparecen en el momento en que intentan ganar la tierra firme después de la batalla artillera.   Unos en las barquillas van, cargadas; otro el mar corta y nada diligente; quién se ahoga en las ondas encorvadas, quién bebe el mar y echa juntamente. De espesos tiros son arruinadas las caserías de la bruta gente. Desta arte, en fin, el portugués castiga la vil malicia, pérfida, enemiga. I,92.   Toda la operación había sido para poder hacer aguada, esa acción importantísima en las navegaciones marinas, que en el Mediterráneo llenaban cartulanos e islarios de indicaciones de pozos o ensenadas donde encontrar agua. Después de algunos contactos pacificadores con los naturales, seguirán viaje los portugueses con un piloto que les facilitan, aunque aún no saben que con malas intenciones hacia ellos. El piloto es “moro instruido en los engaños que el malévolo Baco le enseñara” (I,97), pero desconfiando de él al fin pasan a la altura de Quiloá y Mombasa sin desembarcar, y termina el canto I con una última octava que enfatiza los peligros del viaje, viendo, ante tan gran aventura global, al hombre como pobre gusano de la tierra:   ¡Oh de graves peligros siempre lleno camino de la vida nunca cierto, que do la gente su esperanza tenga estar tan mal segura allí le venga! I,105.   ¡En la mar tal tormenta y tanto daño, tantas veces la muerte apercibida! ¡En tierra tanta guerra y tanto engaño, tanta necesidad aborrecida! ¿Dónde se acogerá con desengaño el hombre, y dó segura la vida, que no se indigne ya el sereno cielo contra un chico gusano deste suelo? I,106.     Viajes de conocimiento y de contactos, con un dios Neptuno, desnudo nadador  El viaje continúa en el canto II con la llegada a Melinde; allí Vasco de Gama encontrará el piloto que le ayude a llegar a la India, pero no antes de narrar al rey de la ciudad la historia de Portugal, de sus reyes y guerras… Son los cantos III y IV. El canto V retoma, por boca de Vasco de Gama al rey de Melinde, su navegación desde Portugal, con el paso del cabo de Buena Esperanza o cabo Tormentorio… El rey de Malinde trata bien a los portugueses:   “…este famoso rey todos los días hace fiesta a la gente lusitana con banquetes, manjares desusados, con frutas, aves, carnes y pescados”. VI,2.   Y, sobre todo, les proporciona un piloto sin “doblez”, pues les “va mostrando la cierta vía”, la navegación a la India. El rey de Melinde, “moro benigno”, les pide además “que aquel su puerto sea de sus flotas contino visitado”: encuentro pacífico y colaboración, una nueva posible modernidad…   La navegación por el Índico hacia la India, en el canto VI, tiene dos motivos literarios de interés; uno es el mitológico, con el palacio de Neptuno y un espléndido retrato del dios del mar como desnudo nadador. Diana o la luna, se creía entonces que influía en el crecimiento de los mariscos, y de ahí su cita al mostrar a Neptuno como una suntuosa mariscada…:   La barba y los cabellos que baxaban de la cabeza hasta los hombros eran ovas preñadas de agua, y bien mostraban que nunca blanco peine conocieran; de las puntas colgados no faltaban mariscos que en aquella mar nacieran. Por gorra, en la cabeza, de gran costa, una cáscara grande de langosta. Desnudo el cuerpo y partes genitales por no haber al nadar impedimento, mas con todo pequeños animales del mar todas las cubren ciento a ciento; camarones, cangrejos y otros tales a quien Diana da su crecimiento, ostrias y camarujos pequeñuelos, cosas en que no prenden los anzuelos”. VI,18-19.   El otro motivo del canto, para entretener la navegación, es la historia que narra a sus compañeros marinos uno de ellos, Veloso, la historia de los doce caballeros portugueses que van a Inglaterra a defender ante caballeros ingleses a doce damas; una historia de caballeros andantes, historias de caballerías, en la base de la nueva búsqueda de aventuras que mueve a los navegantes lusitanos; como dice un caballero Magricio a sus compañeros de aventura inglesa:   “Fuertes guerreros, yo deseo y muero por ver ha mucho ya tierras extrañas, por ver más aguas que del Tajo y Duero, varias gentes y leyes, varias mañas”. VI,54.   De nuevo, la modernidad, los viajes. El descubrimiento y los contactos. El encuentro con nuevas gentes, con diferentes leyes y maneras de enfrentarse al mundo. Las tormentas causadas por el dios Neptuno, de las que la constelación de Orión es mensajera, serán neutralizadas por Venus, “la amorosa estrella”, que con sus ninfas consigue calmar a los vientos…   “Mas delante del sol ya se mostraba al horizonte la amorosa estrella mensajera del día, y visitaba la tierra, el mar con frente alegre y bella”. VI,85.   Superadas las tempestades, con ayuda de Venus, avistan tierra que el piloto identifica: “¡Tierra es de Calecú si no me engaño!” (VI,92). Y es entonces cuando Gama, alegre y arrodillado, agradece “la grande alta merced a Dios del Cielo” (VI,93), que en un relato en clave de épica antigua lo mismo puede ser Júpiter que el Dios de los cristianos y mahometanos, el Dios del Cielo.   En la crítica barroca del poema se destacó el contradictorio empleo de la mitología pagana por un autor cristiano, tan caro a los humanistas y tan sospechoso ya para las ortodoxias barrocas exacerbadas; el editor Manuel de Faria e Sosa, en una amplia y comentada traducción en prosa al español del poema, aparecida en 1693, quiso justificar el empleo de la mitología pagana como una alegoría cristiana, pero fue denunciada la edición a la Inquisición española y portuguesa al año siguiente, y la Inquisición de Coimbra llegó a prohibirla. Las fuerzas divinas que mueven los hilos de las vidas de los hombres se identifican demasiado con las fuerzas de la naturaleza y con las conductas de los hombres, fueran de la ley que fueran, y un aire de racionalismo y modernidad parece dar mayor aliento al poema de Camoens.   El final del canto VI es una incitación a la vida de acción de los emprendedores, una invitación a dejar la vida blanda urbana y cortesana para alcanzar la virtud y alumbrar el entendimiento: es la forja de un hombre de mando, despreciador de  honras y de dinero, merecedor de los grados mayores de la honra inmortal. Un discurso moral, como todo discurso clásico, de abrumadora actualidad. La licencia formal en la presentación de las octavas de Camoens quiere subrayar, precisamente, ese perfil moral deseado en el mensaje del canto.   Por los peligros fieros enemigos, por los graves trabajos y temores alcanzan los que son de fama amigos de la honra inmortal grados mayores; no recostados siempre en los antiguos troncos nobles de sus antecesores; no en los dorados lechos entre finos de Moscovia animales cebelinos; no con manjares nuevos, exquisitos, ni con blandos paseos ociosos, no con varios deleites infinitos que afeminan los pechos generosos, no con nunca vencidos apetitos que la Fortuna hace poderosos, y luego al pie para mover escasos a grandes obras de virtud el paso; mas con el fuerte brazo bien buscando honras que propias puedan ser llamadas, tempestades del crudo mar pasando, vigilando y vistiendo armas pesadas, del sul los torpes fríos superando y de regiones mil desabrigadas, donde corrupto ya el mantenimiento se temple con un arduo sufrimiento; y con forzar al rostro temeroso a mostrarse seguro, alegre, entero al tiro ardiente y fiero que espantoso llevó el brazo o la pierna al compañero. Desta arte el pecho cría un callo honroso, de honras despreciador y de dinero, de honras y de dinero que ventura forjó, y no la virtud que es justa y dura; recibe lumbre así el entendimiento que experiencias hacen reposado, y queda viendo, como de alto asiento, el baxo suelo humano embarazado; éste, do gobernare el regimiento derecho y no de afectos ocupado, subirá (como debe) a ilustre mando contra su voluntad y no rogando. VI, 95-99.   Debió ser un lugar común  del pensamiento del hombre de acción del momento, de los hombres de las nuevas fronteras coloniales modernas. En ellas debían forjarse los hombres de mando, los que ascendían, aunque no lo deseasen, por sus propios merecimientos y no por ruegos cortesanos. Un capitán de permiso, Baltasar Gago, poco tiempo después de la publicación del poema de Camoens, tras un ataque corsario a la galera en la que viajaba, terminaba la relación de aquel dramático suceso con una reflexión moral y admonitoria en todo paralela a estos versos finales del canto VI de Los Lusiadas:   “que es necesario que acaezcan cosas como éstas para que los hombres se conozcan y muestren por lo que son. Que en ellas,  y no en la Corte y entre damas, se muestra el valor y ánimo de cada uno”.     “Una mano la pluma, otra la espada” (VII,79)  El canto VII se inicia con un lamento por las guerras internas de la cristiandad; si no se animan los cristianos a emplear esas fuerzas en guerra de cruzada contra los turcos, al menos podrían emplearlas en conquistar tierras y riquezas, como el oro de los ríos libios Pactolo y Hermo:   Si codicia de mando y de tesoro os mueve a conquistar tierras ajenas, ¿no miráis que Pactolo y Hermo al moro sirven con sus auríferas arenas? En Lidia, Asyria, texen hilos de oro; África esconde en sí lucientes venas: ¡Siquiera muévaos ya riqueza tanta, pues no os puede mover la Casa Santa! VII,11.   A la búsqueda de riqueza, se puede añadir el deseo de encontrar nuevas tierras “donde a sembrar de Christo van la ley y a dar nueva costumbre y nuevo rey” (VII,15). Nuevas tierras para enriquecerse, sí, pero también para cristianizar y someter a su rey. Entre el Indo y el Ganges hay un “terreno grande asaz famoso”, y en él gobiernan tanto musulmanes, como idólatras y adoradores de animales, que pudieran tildarse de tiránicos o bárbaros, que el territorio poseen por fuerza:   “Fuérzanle varios reyes a la usanza de varias leyes: unos al vicioso Mahoma, otros los ídolos adoran, otros los animales que allí moran”. (VII,17).   Hay incluso alguno en que “la ley fábulas son” (VII,37). De todas esas tierras y gentes que enumera, terminarán los portugueses fijándose en Calicut, en donde encontraron un magrebí, Monçayde, que les sirvió de intérprete. En la embajada de contacto destaca la modernidad mercantilista en la propuesta de relación entre los dos reyes, el de Calicut y el de Portugal:   “Y si quieres con pactos y alianza de paz y de amistad sacra y desnuda consentir que la gente en confianza de tu reino y del suyo al trato acuda, porque la hacienda crezca en abastanza, por quien la gente más trabaja y suda, de entrambas partes, será ciertamente a ti provecho, a él gloria excelente” VII,62.   También el rey de Calicut se interesa “de saber de los nuestros de do vienen, qué costumbres, qué ley, qué tierra tienen” (VII,66). El intérprete magrebí Monçayde se lo explicará y el encuentro se da al final, aunque Camoens cierra el canto con una petición de descanso para tomar aliento y poder seguir con el poema. Es aquí en donde, citando a Horacio, se ve a sí mismo forzado a tener “una mano la pluma, otra la espada”, y se queja de su pobreza y sus penurias, a la vez que se afirma en su objetivo de terminar su canto “para poner las cosas en memoria que merezcan tener eterna gloria” (VII,82). En esa queja, no falta el enojo del poeta contra los malos oficiales regios que para contentar al rey, gobiernan “al pueblo, que es pobre, desnudando” (VII,85),   “ni a quien halla que es justo y que es derecho guardar la ley del rey severamente, y no halla que es justo y que es bien hecho que se pague el sudor de servil gente; ni al que aprende con poco experto pecho razones, y imagina que es prudente para tasar con mano injusta, escasa, los trabajos ajenos que él no pasa.   Sólo aquellos diré que aventuraron por su Dios, por su rey, la amada vida, do, perdiéndola, en fama la aumentaron, tan bien de tales obras merecida. Phebo y las Musas, que me acompañaron, me doblarán la furia concedida en cuanto tome aliento, descansando, por tornar al trabajo más holgado” . (VII,86-87).   En aquellos tiempos de polémicas religiosas que enfrentaban a mártires contra mártires en Europa, martirologios protestantes de los Centuriadores, Fox o Crispin contra los martirologios católicos de Baronio, aparecen estos aventureros, nuevos héroes modernos, que si pierden la vida aumentan su fama hasta la eterna gloria… Otro perfil de la modernidad. El poeta pretende ser el cantor de esos nuevos héroes, con ayuda de Apolo y las Musas.     “Quien comercio huye busca guerra” (VIII, 92) y “La enemiga sed de oro que a todo nos obliga” (VIII,96)  Tras la pausa para el descanso del poeta del final del canto VII, el VIII se inicia con una narración de Gama, ilustrada por las imágenes de las banderas portuguesas, de los  hechos famosos de los portugueses en la historia, pero en el entorno del rey de Calicut conspiran contra los portugueses malos consejeros que el poeta relaciona con Baco y con Mahoma como fuerzas adversas. Esos enemigos, vagamente mercaderes musulmanes tradicionales, impondrán una visión negativa de los viajeros:   “Con oro y otras dádivas secretas el voto ganan de los principales, con razones notables y discretas muestran que perderán los naturales, diciendo que son gentes inquietas que, los mares corriendo occidentales, viven de robo público y contino, sin rey, sin fuero humano ni divino” (VIII,53).    Gente sin fe ni ley, en fin, es gente bárbara. Gente sin rey, aventurera. Así se lo dice a Gama el rey de Calicut:   “Bien informado soy que la embaxada que de tu rey me diste, que es fingida, porque ni tienes rey ni patria amada, mas vagando pasando vas la vida. ¿Que cuál rey de la España allá apartada o señor de locura sin medida a acometer vendrá con naos y flotas tan inciertas carreras y remotas?” (VIII,61)   El rey de Calicut, no obstante, les ofrece acogida como hombres de fortuna:   “Si venís por ventura desterrados como ya fueron hombres de alta suerte, en mis reinos seréis agasajados, que toda tierra es patria para el fuerte; o si piratas sois, al mar usados, decildo sin temor de infamia o muerte, que para sustentar la vida humana a todo en todo tiempo hombre se allana” (VIII,63).   Nuevamente, la modernidad; tanto de los altos negocios como de la lucha por la supervivencia, que traspasa las fronteras de las leyes concurrentes o enfrentadas. Gama defiende que su viaje es de conocimiento y de contactos, pues ningún otro interés lo hubiera llevado tan lejos, a las tierras tórridas que están bajo la constelación de Aries o el Carnero:   “Que si de robos sólo yo viviese, pirata o de la patria desterrado, ¿cómo crees que tan lexos me viniese a un nunca visto asiento y apartado? ¿Por qué esperanzas o por qué interese experimentaría el mar airado, los antárticos fríos, los ardores que del Carnero ven los moradores? VIII,67.   A la vez que le promete un rico regalo de embajada para un próximo viaje, Gama explica al rey de Calicut el móvil del viaje de descubrimiento como viaje de conocimiento y de primeros contactos:   “Ha muchos años ya que firmemente nuestros antiguos reyes propusieron de vencer los trabajos fuertemente que siempre a grandes cosas se opusieron; y descubriendo el mar impaciente, del descanso enemigos, pretendieron saber qué fin tenía y dónde estaba la última ribera que bañaba”. VIII,70.   El rey de Calicut accederá al fin, también por “la codicia del provecho que espera del contrato lusitano” (VIII,77), y permite una visita comercial a la ciudad:   “Manda en fin que a sus naos vaya derecho, y sin recelo de ninguna mano pueda a tierra enviar cualquier hacienda que por la especiería trueque y venda”. VIII,77.   Los mercaderes musulmanes conspiran contra los portugueses para que no lleven a Europa noticias geográficas:   “Que a Portugal no vuelvan más pretende el consejo infernal mahometano, porque no sepa nunca a do se extiende el Oriente el gran rey lusitano”. VIII,84.   Finalmente, el rey de Calicut les deja desembarcar las mercancías que quisieron, aunque Gama lo presenta más como un pago de rescate de rehenes que como operación comercial:   “Dice que haga venir toda la hacienda vendible y buena que truxese a tierra, porque de espacio bien se trueque y venda, que quien comercio huye busca guerra. Aunque Gama el designo malo entienda que el dañado y perverso pecho encierra, consiente, porque sabe y cierto estaba que, con la hacienda, libertad cobraba”. VIII,92.   Retirado en las naves Gama a la espera de los acontecimientos, y sin fiarse para nada ya del gobernador intermediario del rey sobornado por los mercaderes musulmanes, el poeta cierra el canto octavo con una arremetida contra la sed de oro que todo lo corrompe…   “Déjase estar en ellas perezoso hasta ver lo que el tiempo le enseñaba, que no se fía ya del codicioso gobernador que sobornado estaba. ¡Vea agora el juicio aquí curioso cuánto en el rico como en pobre obraba, cuánto puede interés y la enemiga sed de oro que a todo nos obliga! VIII,96.   Como en el Trato de Argel de Cervantes, y su discurso de la Edad de Oro en boca de Aurelio el cautivo, también Camoens relaciona oro y cautiverio de alguna manera:   “Éste rinde las grandes fortalezas, y hace traidores, falsos, los amigos; a los más nobles fuerza a hacer vilezas y entrega capitanes a enemigos; corrompe virginales mil purezas sin temer la deshonra los testigos; éste deprava a veces a las sciencias los juicios cegando y las consciencias. Éste interpreta más que sutilmente los textos, y hace leyes y deshace; éste causa perjurios a la gente, y de reyes tiranos muchos hace. Hasta a aquellos que a Dios omnipotente se dedican, mil veces tanto aplace que los corrompe este ladrón del todo, no sin color ya de virtud con codo.” VIII,98-99.   “Mal puede haber en tierra quien se guarde si tu fuego inmortal en el mar arde” (IX, 42). El fuego del amor Con una estratagema de hacer rehenes a algunos mercaderes notables para intercambiar con sus factores en Calicut, Vasco de Gama logró salir con sus naves de regreso, y en ellas lleva lo que buscaba: información y especias. Viaje de conocimiento, pues, y de nuevos contactos: “con estas nuevas va a la patria cara y con cierta señal de lo que hallara” (IX,13):   “Algunos malabares que prendiera lleva, de los que al samorí enviara cuando los presos suyos le volviera; lleva pimienta ardiente que comprara, la seca flor de Banda allí pusiera, la nuez y el negro clavo que hace clara la nueva isla Maluco, y la canela con que ansí de Ceylan la fama vuela”. IX,14.   Y también el intérprete magrebí Monçayde, por cuya diligencia Gama “esto todo alcanzó”, viaja en las naves hacia Portugal; “por angélica influencia” ha logrado para su nombre “en el libro de Christo que se escriba”:   “¡Oh, dichoso africano, a quien clemencia divina saca de la noche esquiva, y lexos de la patria halla manera con que suba a la patria verdadera”. IX,15.   Patria verdadera, el Cielo o el Empíreo, como cristiano nuevo, pero también como héroe de una empresa moderna. Cuyo premio vendrá de la mano de Venus y sus ninfas que conducen a los viajeros a una isla para que dejen allí “su progenie fuerte y bella”. Nadie se puede guardar de poderosa diosa pues “tu fuego inmortal en el mar arde”. Cuando aparece la Aurora, madre de Memnón, llegan los viajeros portugueses a esa isla que Venus les pone en el camino:   “Cortando van las naos la larga vía de la gran mar para la patria amada, provisión deseando de agua fría para tan grande y tan larga jornada, cuando juntas, con súbita alegría, vista hubieron de la isla enamorada rompiendo por el cielo la hermosa madre alegre de Menón, generosa. De lejos la isla vieron fresca y bella, que Venus por las ondas la llevaba (bien cual la vela el viento heriendo en ella) para donde la armada se miraba; y porque no pasen sin que della tomen puerto, como deseaba, para donde las naos vienen la mueve Venus, que todo a su poder se debe”. IX, 51-52.   En la isla divina, en donde piensan poder hacer aguada,  se encuentran con el jardín de Venus y una gran mesa preparada para un banquete.   “Tres hermosos oteros se mostraban con presunción alzados bien hermosa, que de esmalte de grama se adornaban en la isla alegre, deleitable, hermosa; claras fuentes de su cumbre manaban, que tienen la verdura más viciosa: por entre claras piedras se deriva la sonora linfa fugitiva.   Isla frondosa de árboles aromáticos y frutales, “los limones estaban olor dando, las virginales tetas imitando” (IX,56), laureles, mirtos de Venus, pinares… Nada más desembarcar en la isla, se dan cuenta los portugueses de que está llena de diosas, como ese fantástico paraíso de huríes mítico, y el soldado Veloso, que durante el viaje ha narrado historias de caballerías andantes a los marineros, es el que da el nuevo grito de alarma alegre. Y comienza la orgía campestre o pastoral… Y, por supuesto, también hay nadadoras…   “’¡Sigamos estas diosas y veamos si fantásticas son o verdaderas!’ Esto dicho, veloces más que gamos, comienzan a correr por las riberas. Van las ninfas huyendo entre los ramos pero, más industriosas que ligeras, sonriéndose a trechos y gritando, se dexan de los galgos ir tomando. A una el cabello el viento le llevaba, a la otra las faldas delicadas; enciéndese el deseo que se cebaba en blancas carnes súbito mostradas. Una de industria cae, y ya importaba, con muestras muy más blandas que indignadas, que sobre ella tropiece y también caya quien la siguió por la arenosa playa. Otros por otras partes a encontrarse iban con las desnudas que se lavan; dellas súbito veis el grito alzarse, como que asalto tal no le esperaban; unas fingiendo de vergüenza darse menos que de la fuerza, se arrojaban desnudas por el bosque, al ojo dando lo que a la mano avaras van negando; otra, como que más vergüenza tiene, dentro en el agua el cuerpo escondía; otra por los vestidos presta viene que allí fuera del agua sostenía. Tal dellos hay que si algo se detiene en desnudar pensó que tardaría, y ansí vestido se echa al agua bella por amatar su fuego dentro en ella.” IX,70-73.   Al marino portugués perseguidor de las ninfas por el jardín de Venus lo compara, finalmente, con un perro de cazador que persigue a una presa abatida incluso nadando. En el caso de la presa amorosa, precisa que no son Diana, la hermana de Febo o Apolo.   “Como del cazador perro atrevido hecho a tomar en agua el ave herida, que el arcabuz al rostro vio subido para la garza o ánade sabida, antes que suene el golpe, mal sufrido va al agua y de la presa conocida no duda, y nada y grita: así el mancebo corre a la que no es hermana a Phebo”. IX,74.   Todo, al fin, “en amor puro se deshace”, y sigue la fiesta. “¡Qué hambrientos besos ya por la floresta!”(IX,83), hasta que las ninfas se les rinden: “Danles las blancas manos como esposas” (IX,84)… Es el premio a los que se esfuerzan en el “’camino de virtud’, alto y fragoso, mas al fin dulce, alegre y deleitoso” (IX,90). En las octavas finales va perfilando ese esfuerzo que hará “los reinos grandes y pujantes” y a todos señores de “riquezas merecidas”:   “Y haréis famoso al rey de vos querido, agora con consejos bien pensados, agora con la espada que el subido nombre os dará que dio a vuestros pasados. Nada imposible hagáis que está entendido que, en fin, quien quiso pudo; y numerados entre héroes seréis esclarecidos, y en esta ‘Isla de Venus’ recibidos”. IX,95.   “…de rigurosas leyes aliviadlos” (X,149) El canto décimo y último comienza con el banquete en los jardines, presidido por Venus y Gama:   “Luego allí en ricas sillas cristalinas se sientan dos a dos, amante y dama; Y en la cabecera, en otras de oro finas, con la hermosa diosa el claro Gama…” X,3.   Durante él se evocan los viajes y hechos de los portugueses por toda Asia, con un desfile de nombres citados, protagonistas de aquella expansión imperial: Duarte Pacheco, Francisco Almeida, Vasco de Gama, Enrique de Meneses, Pero Mascareñas, Vaz de Sampayo, Héctor de Silveira, Nuno de Cuña, García de Noroña, Antonio de Silveira, Sousa, Castro, Esteban y Cristóbal de Gama, el jesuita Gonzalo de Silveira, Fernando de Meneses… Algunos de ellos amigos de Gama, como Héctor de Silveira, defensor de Diu, por ejemplo. Finalmente, Tetis  – una de las Nereidas, madre de Aquiles – hace para Gama una descripción del Universo tolemaico que Camoens conoce por el Tratado de Esfera de Pero Nunes, aparecido en 1537.   “Ves aquí la gran máquina del mundo, etérea, elemental, que fabricada ansí fue del saber alto y profundo que es sin principio y meta limitada. Quien cerca en derredor este rotundo globo y su superficie tan limada es Dios, mas lo que es Dios ninguno entiende, que a tanto humano ingenio no se extiende”. X,80.   Y termina con una descripción del mundo conocido:   “Ves a Europa cristiana, que es más clara que las otras en arte y fortaleza. Ves a África, del bien del mundo avara, inculta y toda llena de bruteza; y el cabo que hasta agora se os negara que hacia el Austro asentó Naturaleza. Mira esta tierra toda que se habita desa gente sin ley, casi infinita.” X,92.   La descripción del mundo llega hasta China y Japón, “do nace plata fina”, y hasta las “infinitas islas derramadas” por Oriente, Tidore, Tarnate, Banda o Timor… También cita a Magallanes, “en el hecho portugués, pero no en el leal pecho” (X,140). Al final, Tetis les  invita a volver a su tierra: “podéis os embarcar, que tenéis viento y mar tranquilo, a vuestra patria amada” (X,143). Con la vuelta a Lisboa – “Por la boca del Tajo se metieron…”-, el poeta cierra el poema con una suerte de queja primero, y luego con una advocación al rey. He aquí la queja:   “¡No más, Musa, no más, que destemplada la lira está y la voz enronquecida, y no del canto, mas de ser llegada a cantar a una gente ensordecida! Que no da aquel favor la patria amada que alza el ingenio, porque está metida en gusto de codicia y en rudeza de una extraña, amatada y vil tristeza” X,145.   De la invocación al rey, he aquí algunas pinceladas finales, en las que sólo le pide que sea un buen rey para sus esforzados súbditos, los portugueses:   “¡Mirad que alegres van por varias vías, como indómitos toros y leones, los cuerpos dando a hambres tantos días, a hierro, a fuego, a tiros y aflicciones, a las regiones cálidas y frías, a los golpes de bárbaras naciones, a peligros incógnitos del mundo, a naufragios, a peces, al profundo! Por os servir, a todo aparejados; de vos tan lejos, siempre obedientes; y a los vuestros más ásperos recados, sin dar respuesta, alegres, diligentes… X,147-148.   “Favoreceldos luego y alegraldos con cara alegre y con real consuelo; de rigurosas leyes alivialdos, que así se abre el camino para el Cielo. Los experimentados levantadlos, si con la experiencia halláis buen celo para vuestro consejo, pues que saben el cómo y cuándo, y dó las cosas caben. Dad a todos favor en sus oficios según es de sus vidas el talento… X,149-150.   Que favorezca a los buenos religiosos, “porque el buen religioso y verdadero gloria vana no busca ni dinero” (X,150), así como a los guerreros que hacen “a vuestro imperio preeminente”, pues la experiencia no se aprende “en la fantasía, soñando, imaginando ni estudiando, sino viendo, tratando y peleando” (X,153).   “Haced que nunca allá los admirados alemanes, Italia, Francia, ingleses, puedan decir que son para mandados, más que para mandar, los portugueses. Tomad consejo de experimentados, que vieron largos años, largos meses, que supuesto que mucho cabe en ciencia, más en particular sabe experiencia.” X,152.   En las tres últimas octavas del canto último, el propio Camoens se presenta y ofrece al rey, bien que no le conoce, como cantor épico que le puede poner a la altura de Alejandro y Aquiles. Y se presenta a sí mismo como hombre de ingenio y de experiencia.   “¿Mas yo qué hablo, baxo, rudo y presto, de vos no conocido ni soñado? Bien sé que de pequeños, con todo esto, el loor sale a veces levantado. No me falta en la vida estudio honesto que con larga experiencia está mezclado, ni ingenio como aquí, señor, apunto, lo cual se halla pocas veces junto.   “Brazo para serviros diestramente; para cantaros, mente a musas dada; falta a vos ser acepto solamente de quien ser debe la virtud preciada. Si el Cielo esto me diere, y con ardiente pecho tomáis empresa que cantada ser pueda –como el ánimo adivina, mirando vuestra inclinación divina -,   o haciendo que más que no a Medusa la vista vuestra tema el monte Atlante, o rompiendo en los campos de Ampelusa los muros de Marruecos y Trudante, la mía ya estimada, alegre musa, prometo que en el mundo de vos cante, de suerte que Alexandro en vos se vea, sin que envidiado el gran Achiles sea.” X,154-156.   Así termina el gran poema de un hombre que conoce las nuevas fronteras coloniales de la modernidad, hombre de ingenio y experiencia como a él le gusta verse, “una mano la pluma, otra la espada”.   La mesura en el tratamiento de los grandes conceptos políticos o religiosos, para lo que la mitología clásica le sirve de contrapunto saludable, es similar a la cervantina; de ahí esa elegancia en los razonamientos de ambos, a la vez que esa melancolía que se advierte en las reflexiones personales también de ambos, viejos soldados no bien recompensados en vida por sus reyes. Cervantes sale de España veinteañero para Italia en el momento en el que Camoens vuelve de sus viajes cuarentón, y Cervantes vuelve a España en el momento en que Camoens muere, y en el momento en el que en Alcalá aparece la versión española de Benito Caldera del poema de Camoens. En la novela que Cervantes publica nada más volver, en Alcalá, también, La Galatea, saluda la edición de Benito Caldera así:   Tú que del luso el singular tesoro erigiste en nueva forma a la ribera del fértil río, a quien el lecho de oro tan famoso, le hace adonde quiera; con el debido aplauso y el decoro debido a ti, Benito de Caldera, y a tu ingenio sin par prometo honrarte y de lauro y de yedra coronarte.     *   Una lectura de Os Lusiadas de Luis de Camoens podría tener ésta, entre otras, como posible formulación global:   Europa es la gran síntesis dialéctica, entre leyes enfrentadas, entre cristiandad e islam. Frente a ella, gentes de leyes más diversas, muchas veces leyes que son sólo fábulas, o gentes sin ley o bárbaras, esa “gente sin ley, casi infinita”… Bajo un Dios del Cielo común, que cerca la tierra y está en todas partes, pero que “ninguno entiende” pues nuestro ingenio no puede llegar a comprender tanto (X,80). Lo que es una alusión, al mismo tiempo, a la misteriosa Naturaleza. En la isla de Venus, la sombra luminosa de Lucrecio, que por entonces comenzaba a planear sobre Europa: la alta providencia gobierna el mundo y lo sustenta a través de mil espíritus prudentes. Y, finalmente, un canto al ingenio y a la experiencia, a la ciencia, en fin: al hombre que a base de experiencias consigue un entendimiento reposado (VI,99).   No cabe mayor belleza ética, mayor justeza.   El cielo de la gloria para los hombres es el Empíreo, y en dos octavas lo describe, por boca de Tetis:   “Aquí solo están santos gloriosos, verdaderos, que yo, Saturno y Jano, Júpiter, Juno, fuimos fabulosos, fingidos del mortal engaño insano. Sólo para hacer versos deleitosos servimos, y si más el trato humano nos pudo dar, sólo es que el nombre nuestro a estas estrellas dio el ingenio vuestro. Y también porque la alta providencia – que en Júpiter aquí se representa – por espíritus mil de gran prudencia gobierna el mundo todo que sustenta; de profetas lo enseña bien la sciencia en mil de los ejemplos que presenta: los que son buenos guían, favorecen; los malos cuanto pueden nos empecen.” (X,82-83).   *   Una apreciación final transversal pero importante para una nueva sensibilidad: salvo Venus y algunas diosas más, ninfas y nereidas, y musas, no aparecen personajes femeninos en estas aventuras del mar por las nuevas fronteras de la modernidad… Todas habitantes ya de ese Empíreo que los hombres deben ganar con sus nuevas empresas…    

Emilio Sola 22 febrero, 2013 26 agosto, 2016 Camoens, especias, Isla de Venus, nadadores, portugueses, Viajes
John Coetzee, Verano: Nadar hasta el limite

Descripción / Resumen: John Coetzee,  VERANO, Barcelona, 2012, Mondadori. Traducción de Jordi Fibla Feito. El título original, Summertime. Scenes from Provincial Life III. De alguna manera, aspectos autobiográficos desde el regreso a Sudáfrica de Coetzee en 1971-1972, y el inicio de su reconocimiento público en 1977, con el eje principal de la relación con su padre. Un juego literario interesante, en el que un posible biógrafo del autor Coetzee, el señor Vincent, a raíz de su muerte, entrevista a algunas personas que le conocieron, entre diciembre de 2007 y el verano de 2008, sobre todo mujeres, y recoge algunos fragmentos de sus diarios de entre 1972 y 1975. Con treinta años de tiempo transcurrido, una medida mágica para la memoria, por lo tanto.   JOHN COETZEE, VERANO: UN NADADOR SUICIDA

Emilio Sola 20 julio, 2012 26 agosto, 2016 hombre-frontera, nadadores, novela, Sudáfrica
Jean-Paul Sartre: La náusea. Una reseña para Nadadores

Una nota de lectura breve para la colección de Nadadores del Archivo de la Frontera.  http://www.archivodelafrontera.com/wp-content/uploads/2016/08/JP-SARTRE-LA-NAUSEA-2016.pdf 

Emilio Sola 26 agosto, 2016 26 agosto, 2016 existencialismo, novela, Sartre
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