Emilio Sola: EL PARAÍSO DE LAS ISLAS. Cuentos del paraíso de las islas: 18-06 DEL MOVIMIENTO A LA MOVIDA: Segundo tramo narrativo-2-2

Autor del Documento: Emilio Sola

Arriondas, 30.XII.1971

 

18-05-Ppm

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Es un día de lluvia, muy asturiano, y los amigos de por aquí están en su trabajo. Sigo sin ser doctor aún; un parto perfecto, puesto que ya hace nueve meses que presenté en la secretaría de la Facultad las cinco copias mecanografiadas de la tesis. Cuando llegue a Madrid, presentaré papeles para la Autónoma y hablaré con el Decano de la Central para ver qué es lo que puedo hacer en España de mi especialidad. Nada más leer la tesis, escribiré a Hide. Mañana viene un obispo de China, asturiano amigo de Tío Pepito, dominico, que está ahora en Manila en la Universidad de Santo Tomás; aunque no me gustaría llegar a Oriente de la mano de los curas, veré qué pasa.

El mes de julio de este año, escrita y presentada “La isla”, lo pasé en Ibiza y Formentera. Hice el viaje en auto-stop desde Madrid a Alicante. Fue divertida la noche en Ocaña; en el bar de la casa donde iba a dormir conecté con algunos del pueblo y fuimos a Aranjuez, carretera atrás, a un bar americano; bebimos, cantamos, etc., y allí había una chica, Lola, que conocía a Mauro Armiño de Madrid; era una galleguita que hacía la carrera de prostituta según se veía claramente. Era guapa. Hasta Alicante llegué con un viajante de material de jardinería de una casa alemana (Wolf, o algo así, era la marca), exjesuita, simpático y abierto; estuvimos en un club por la noche y me dio su dirección en Madrid. Cada vez es más difícil mantener y ampliar amistades, pues no hay tiempo material para ello; en este campo voy con el viento que sopla.

El viaje en barco a Ibiza fue agradable. Iba conmigo en el barco un exinclusero que tenía una novia ibicenca, que le esperaba con una tía suya, gorda y empalagosa, en el puerto. Era un chico tranquilo y sonriente que había hecho la mili en la isla y que estaba siendo pescado descaradamente por aquellas dos mujeres; me lo encontré un par de veces más por la ciudad después, con su novia. Me ayudó a buscar alojamiento en Ibiza, en una pensión en la plaza Vara de Rey, me parece que se llamaba. Allí tuve de compañeros de habitación, primero, a un murciano labrador de paso para Mallorca, captado por el turismo – camarero, chico de club, etc. -, trabajador accidental y que había intentado ser novillero; como Pepe Romero, pero sin tanta afición. Luego, un tipo de unos treinta años, cargador de muelle, sin futuro –llevaba carrera de mendigo- y sin cerebro; quizá el personaje más doloroso de los que me topé en el año; conservaba, sin embargo, el rostro sonriente; su mundo llegaba por el norte a Huesca, donde había arreglado un tejado en una ocasión, pasaba por los puertos levantinos y alcanzaba, sin saber qué se le había perdido allí, a Ibiza.

La primera semana en Ibiza fue de toma de contacto; iba mucho a Po-polls, según me había indicado Carlos Torroba, y por los bares de aquellas calles. En el Mono Desnudo tomaba algo por las tardes y en La Tierra, el bar de ambiente más agradable, charlaba con la gente; allí conocí a una danesa, Rose, y a una alemana delgadita y nerviosa. Poco a poco las caras te eran familiares y no había problemas, nunca los hubo, de comunicación. Con Richard, un argentino que iba de turismo barato por Europa, iba algunas tardes a los bares de la “alta sociedad” ibicenca: Tauro, A-II, etc. Llenos de viejas señoras y maricas; Lola, la dueña de Lola’s, la duquesa italiana, dueña de A-11, Lola, la dueña de Tauro, o Conchita, bilbaína simpática que iba a montar una boutique de cerámica en la ciudad alta. En la Ivan Spengler saludé y charlé un rato con Alberto Porta, amigo de Diego Marón. Por las mañanas iba yo solo a la playa más cercana, entonces muy sucia y con poca gente, debajo de la ciudad alta. Allí me hice una piedra para colgar al cuello muy bonita, la pareja de la piedra negra que hice para Maribel años atrás en Málaga; las perdí en Arenas de San Pedro, en Ávila, en una de las excursiones del verano con las alumnas de Turismo, pero tengo una fotografía en la que se ven bien.

Fue una semana agradable, pero mi destino era Formentera, la verdadera isla soñada en “La isla”. Dejé la pensión de Ibiza y me fui a Formentera una mañana; en el barco me encontré con Ángel González, que iba a Formentera con una amiga, y charlamos un rato. Fue casualidad agradable. En la Sabina hice auto-stop hasta San Francisco y me alojé en la casa del conductor, que la acababa de abrir como casa de huéspedes. Era una habitación en la planta baja con dos camas, en una de las cuales dormía yo y en la otra, libre, dormiría varias noches Pierrot. El primer día alquilé una bicicleta en San Fernando, y con ella visité toda la mitad de la isla entre la Sabina y las playas que están junto a San Fernando. A Peter Newman lo conocí pronto, una tarde que unos hermanos ingleses llevaron al bar de San Francisco algo para fumar. Nos hicimos buenos amigos, alquiló otra bicicleta y juntos hicimos excursiones por la isla, escuchábamos música al atardecer en algún bar de San Francisco o en San Fernando – en el bar Descanso mucho, de unos americanos que conoce Moncho Dicenta, como luego me dijo -, conocimos algunas chicas, pedaleábamos casi todo el día por la isla, bebíamos y fumábamos. Él había estado en tratamiento por toxicómano bastante tiempo, y aquellos días recuperó mucho. Me contó historias de Hamburgo, de cuando él trabajaba y tenía muchos amigos, así como de sus viajes continuos por la “Europa cálida”. Todo el submundo de los drogadictos lo conocía bien. Fueron los días más perfectos de las vacaciones.

Al volver a Ibiza me alojé en la casa de Carlos Torroba, que había alquilado un chalet en Figueretas. Pierrot se fue en busca de algunos amigos alemanes que vivían en Ibiza, pero pasaban el día en la playa de Talamanca. Quería conseguir dinero y algo para viajar, y durante un par de días o tres lo perdí de vista. Otra vez los amigos de Ibiza, las noches por allí con Carlos Torroba, Po-polls, el Drugstore que acababa de abrir un italiano conocido, etc. Me encontré de nuevo con Pierrot con una botella de vodka y una trompa descomunal una noche, después de un viaje de LSD. Y a Ilía, vieja amiga de Madrid de la escuela de azafatas, en donde daba clases de francés y de alemán; pero estaba un poco rara, a pesar de que habíamos sido muy buenos amigos en Madrid. Me dijo que dejaba la Escuela y que iba a marcharse el curso siguiente a Granada; me presentó a muchos amigos y amigas de años anteriores, etc. Todo normal.

A finales de mes me dispuse a volver a Alicante y Peter Newman quiso venir conmigo para visitar a un amigo americano que estaba en la cárcel en Alicante. Vimos a algunos amigos suyos alemanes para que él consiguiera dinero para el viaje. La vuelta en el barco fue una auténtica aventura. Es una lástima que no tenga paciencia de novelista o al menos de narrador detallado. Fue la culminación de las vacaciones y donde pude captar de forma profunda el mundo de los toxicómanos.

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06-18-Tramo narrativo 2-2-DEL MOVIMIENTO A LA MOVIDA

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Ficha Técnica y Cronológica

  • Personajes: J.B., Juan Bravo, Boris Juan Bravo Gudunov,
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  • Ediciones / Ediciones Críticas:
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  • Tipo de documento: Crónica / Estado: Fragmento
  • Época: Contemporánea / Siglo: XXI DC / Año:
  • Zona geográfica: Mediterráneo, Eurasia / Localización:
Profesor de Historia Moderna de la Universidad de Alcalá.

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