Emilio Sola: EL PARAÍSO DE LAS ISLAS. Cuentos del paraíso de las islas. 17-05. LA CANINA ESMERALDA
Autor del Documento: Emilio Sola
Descripción / Resumen:

05-Canina esmeralda
BUENO, PUES ESO. QUE PARECE QUE LES GUSTA cómo está quedando el relato, la cosa. Ese vacío que puede generar transformaciones, desarrollos otros, esa obsesión de supervivencia gozosa. Ya tengo claro que es Fito Naser quien nos ha terminado enredando a todos, comenzando por el mismo Pujol, al que siempre mimó en extremo y al que terminó convenciendo para que se diese sus garbeos por el Caribe, ya de carroza con marcha instalado en los módulos del naranjal. Y yo misma estoy aquí, de amanuense contratada, debido a sus manejos. Con lo que la autonomía que les queda a Carla y a Corino en este episodio es más bien mínima, puro vaiveners, más autoría propiamente dicha.
Sé que a Fito Naser le gustó mucho mi informe sobre el legado Vincent Carod, el pintor norteño que murió loco en la zona del chiringuito de Eulogio, algo más al sur de lo del Borondón. Vincent Carod no había tenido ningún éxito comercial en vida como artista pintor, entre otras razones porque nunca se lo había propuesto, y en los dos o tres últimos años de su vida había terminado instalándose en una nave del Eulogio que compartía con un gran almacén tecnológico. En la correspondencia del artista con un pariente de su ciudad de origen, entre marchante y administrador de sus bienes allá, Vincent Carod le fue dando una serie de instrucciones sobre las telas que de vez en cuando le hacía llegar, que fueron luego, una vez sistematizadas, la parte del león del legado Vincent Carod. Ya no recuerdo bien por qué, pero fue de recién llegada a aquel intersticio de nomadeo que era el chiringuito de Eulogio cuando me vi metida de lleno en aquel fondo documental y artístico que había que transportar aquí, a la casa del Naranjal, como legado del pintor a la fundación Manfredi-Borondón. A mí me divirtió el asunto; las cartas de Vincent Carod eran de un tono exaltado y vivaz, como a mí me gusta, sobre todo la vivacidad expresiva, con una especie de espíritu de contradicción que lo envolvía todo con un punto paranoico-crítico muy fructífero para la expresión cuando tocaba una de sus obsesiones dominantes, la conversión de su tiempo artístico material, real, en dinero, en “tiempo financiero”, como él escribía. Su pintura era un desparrame total de formas cambiantes y color, y pronto conseguimos una secuencia espléndida de su obra completa que complementó los originales conservados aquí, en el Naranjal. El año anterior a su locura total fue particularmente creativo; con grandes murales que él proyectó decoraron la última ampliación de la bóveda de conciertos del chiringuito de Eulogio, hoy una de las atracciones más apreciadas de aquel lugar. Pero lo importante de mi intervención en el asunto estuvo relacionado –movistar como siempre – con el material literario de Vincent Carod, y debido a mi formación específica de historiadora experta en paleografía o letras difíciles antiguas que hizo que me resultara bastante sencillo descifrar la intrincada grafía del artista pintor; mucho más compleja, por otra parte, que la del mismísimo Felipe II, cuya lectura conocía a la perfección. “Me preocupa que mi tiempo de felicidad y plenitud tenga que venderse”, fue la primera frase que puso en guardia. “Y quiero defenderme y defender mi creación personal de la injusticia esencial, conceptual, de esa posibilidad que la deja en manos de desaprensivos corsarios financieros”. Me emocionó la lectura de frases como éstas; se me antojaban casi naïf de sencillas en la expresión de una angustia, y ya no paré hasta lograr el informe completo que tanto gustó al Naser, ya por entonces nuestro gran programador. En cartas sucesivas, Vincent Carod fue redondeando su plan a la vez que aclarando sus reflexiones: “Me acabo de enterar y estoy indignado: una conferencia del banquero X, según su racionalidad económica, no puede darla por menos de mi presupuesto mínimo anual de supervivencia. Y eso es un insulto a mi tiempo de creación plasmado en un objeto que ese señor puede adquirir ya sea por gusto personal o como inversión, como se ha puesto de moda hacer”. Desde la conciencia de su propia valía y de la de sus pinturas y desarrollos plásticos siempre, Vincent Carod comenzó a obsesionarse por la distinción entre su tiempo real de vida y creación y lo que él llamaba su correlativo “tiempo financiero”; hasta el punto de que llegó a considerar prioritario en su quehacer encontrar una posible tabulación justa que le evitara “considerarse un gregario de sistema chorizo”, como había adoptado decir finalmente recurriendo al argot más comprensible para todos los de su entorno en el chiringuito de Eulogio, gente de nomadeo y vaiveners, así como algunos – pocos, todavía, en ese tiempo – apalancados como él. Algunas consideraciones a su pariente y administrador en el norte sobre posibles compradores de sus cuadros, cuando se presentaban, me dieron también pistas interesantes; el hecho de que un cliente fuera hombre de negocios le inquietaba a tal punto que, a pesar de las protestas de su agente, pedía informes del cliente y terminaba redactando unos contratos peculiares que a todos divertían con sus condiciones a simple vista extravagantes o estrafalarias o, cuando menos, divagantes. Decía una de sus instrucciones: “1-30-1000 puede considerarse una escala válida para la sociedad antigua, que llamaban sociedad estamental o del antiguo régimen los historiadores académicos, clave para ensayar un cálculo del tiempo financiero de un individuo, en general, y en uno de esos niveles de la escala uno estaba integrado desde su nacimiento mismo en una sociedad paternalista o patriarcal primitiva y violenta. Hoy es completamente distinto todo, pues ni estamento ni patriarcado interfieren en la escala, y a pesar de ello dicha escala se va proyectando hacia niveles de difícil cálculo, 1-1000-10.000 para simplificar, y considerando el 10.000 a la manera china, o sea, como cifra in-co-mensurable o incalculable. Sé que mi lugar en esta escala debe estar al lado –movistar – o a la par que Velázquez, por ejemplo, por poner un ejemplo que considero claro, pues de este artista ya en vida se sabía que estaba claro que estaba –su tiempo vital y financiero – en la escala 1000 del 1-30-1000. Mi tiempo vital sigue siendo 1 como tiempo financiero, reales ambos, y en la escala actual aquejada de insaciabilidad, además, pero en ese lienzo que me dices considera que están encerradas o condensadas mil horas de trabajo intenso de pura creación; es ese tiempo el que debes reflejar, a la hora de fijar un precio a “Los demonios amarillos del otoño”, calculando a escala velazqueña o, por lo menos, de acuerdo con el tiempo financiero del comprador”.
He recogido esta cita algo extensa de mis notas porque, aunque no es la mejor, me pareció de las más sugestivas por su simplicidad. En ella fijaba el tiempo en horas de creación de un cuadro, en este caso “Los demonios amarillos del otoño”, uno de sus lienzos mayores y mejor conseguidos, con centenares de tonalidades que llegaron incluso a ser seriadas por un sofisticado programa digital; y, por otra parte, remitía al cálculo de un precio al tiempo financiero del comprador. Típico de Vincent Carod. En otra de sus cartas le regalaba un cuadro a su corresponsal, pero con una suerte de “contrato de regalo”; en el caso de que lo quisiera vender a un financiero u hombre de negocios, debía calcularle un tiempo financiero de 50 horas según la escala óptima del comprador, más un plus o amejoramiento de, como mínimo, un tercio o un medio más de prima mágica pues era un cuadro del que se sentía particularmente satisfecho por estar muy logrado. Con todo aquel material literario fragmentario y disperso del artista pintor Vincent Carod elaboré el informe que tanto gustó a Fito Naser; lo abría con una de las afirmaciones emocionantes que de vez en cuando se le escapaban como obsesión dominante o paranoico-crítica, que dirían después, o como obsesión sin más: “No quiero ser gregario de un sistema que me desprecia”. Fito me dijo luego que mi informe le había sido muy útil; las obsesiones de Vincent Carod que yo había sistematizado, mejor; le fueron muy útiles a la hora de elaborar los “contratos de regalo”, como se decía, del trío calaveras, el Campanu, el Titán y el Chau Mao, junto con la donación general a la fundación Manfredi-Borondón de la obra del pintor que hizo poco antes de volverse loco Vincent Carod. Pero esa es otra historia.
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Ficha Técnica y Cronológica
- Personajes: Pujolito, Consuelo Entrambosaires, Fito Naser,
- Palabras clave: El Paraiso de las Islas, EMILIO SOLA, frontera, literatura, novela
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- Tipo de documento: Crónica / Estado: Fragmento
- Época: Contemporánea / Siglo: XXI DC / Año:
- Zona geográfica: Mediterráneo / Localización: