LEYENDA NEGRA Formación a lo largo del siglo XVI de la leyenda negra sobre España y los españoles en Europa
INTRODUCCIÓN SOBRE LA LEYENDA NEGRA.
En la introducción, y con esa buena idea que es la introducción de García Cárcel al manual que os comentara antes, hablaré en clase de la «leyenda negra» y la «leyenda rosa» sobre la historia de España en general y la época de Felipe II en particular, tratado como el rey católico por excelencia o como el «demonio del mediodía», fanático y cruel.
García Cárcel tiene un libro completo en Alianza Ed. que se titula así, La Leyenda Negra. Historia y Opinión (Madrid, 1992). Otra lectura erudita y amena recomendable para todos, y sobre todo para estudiantes de historia. Es un asunto que, por experiencia, sé que les fascina a los estudiantes extranjeros. Aunque también España, y Europa, forjaron sus leyendas negras sobre otros pueblos, luego convertidas en opinión y en una propaganda. Y por encima de las que habrá que pasar para poder escribir un día una historia que nos abarque a todos en su relato.
(ANECDOTA SOBRE historiadores argelinos y los términos como corsarios, renegados, indígenas y terroristas. O los de Malí que no se comieron al misionero que dicen los historiadores franceses.)
POR QUÉ UNA INTRODUCCIÓN SOBRE LA LEYENDA NEGRA.
La historia de España es uno de los asuntos más apasionantes de la historia de Europa y de la historia universal.
En ella se plantearon una serie de tensiones y conflictos y su resolución histórica, todavía hoy polémica entre historiadores, economistas y sociólogos. Son un punto de referencia aún importante.
EJEMPLO GUERRA DE BOSNIA Y PROBLEMA MORISCO,
POR EJEMPLO. LA VIEJA FRONTERA CRISTIANISMO/ISLAM EN ESPAÑA Y LA MÁS MODERNA EN LOS BALCANES.
EJEMPLO SOCIEDAD PLURICONFESIONAL.
EJEMPLO MUNDO COLONIAL: SIGLO XVI: VITALIDAD CREADORA Y CATÁSTROFES.
Hispanistas internacionales y entusiasmo. Aún hoy, tensión leyenda negra/leyenda rosa.
Caso Phillip W. Powell, Arbol de odio. La Leyenda Negra y sus consecuencias en las relaciones entre Estados Unidos y el Mundo Hispánico (Madrid, 1972, Porrua), libro muy a la americana serio y a la vez medio exaltado o propagandístico, que llega a expresar que cómo iban a ser tan malos los españoles si eran capaces de tener una pintura como la de Zurbarán, por ejemplo, simplificando mucho.
Otro libro sobre el asunto similar, el de Sverker Arnoldsson La Leyenda Negra. Estudio sobre sus orígenes (Goteborg, 1970), muy ilustrativo para el siglo XVI, sobre todo en su primera mitad, y la aparición de una opinión negativa en Italia y en Alemania sobre una España temible en plena expansión, y de la mano de una dinastía austriaca, los Habsburgos, muy agresiva en Europa.
El término procede de un libro de 1914 de Julián Juderías, La Leyenda Negra (reedic. por Swan, Madrid, 1986), muy de época –Juderías tiene 21 años en 1898–.
En España siempre hubo interés por la opinión de España desde fuera, similar al «narcisismo»… En momentos de crisis, ensimismamiento… «complejo de persecución»… ansiedad depresiva… ——–son expresiones de García Carcel; un día que esté de buenas, decidme que os hable del «método paranoico-crítico postdaliniano, algo así como el «piensa mal y acertarás, pero tampoco de lo creas——-. Frente a crítica negativa o «leyenda negra», apologética o «leyenda rosa»… «intelectuales orgánicos»… hasta Quevedo o Gracián… Sobre todo con Felipe II, defensa de una ortodoxia…
ORÍGENES:
«El punto de partida de la guerra de opinión entre unos países y otros fue el fracaso de la idea europea y el surgimiento de los nacionalismos» (Gª Cárcel, p. 21).
1540… fracaso del modelo de «Humanitas cristiana» de los humanistas de Carlos V… Juan de Valdés, «Diálogo de Mercurio y Carón» ————-os lo podíais leer, al igual que el «Diálogo de la lengua», pues son muy amenos y muy formativos para el XVI—-
Fracaso de la «idea imperial» y del «europeísmo»… conciencias nacionales en alza… agitaciones primeras del «Estado moderno»…
1543, discurso de Andrés Laguna en la Universidad de Colonia… Europa destrozada por enemigos interiores…
Reforma protestante y Contrarreforma… mucho debate, propaganda y contrapropaganda… «guerra de opinión»… publicistas y libelismo… Barroco… «obsesión publicitaria»…
En el libro de Arnoldson que os cité más arriba, se sitúa en Italia el arranque de lo que luego se llamará «leyenda negra», y a raíz de dos saqueos notables protagonizados por los españoles, entre otros… el saqueo de Prato de 1612 y el saco de Roma de 1527…
Voy a reproduciros una síntesis que hice de esto, como remate a una serie de historias de corsarios berberiscos, para contraponerlo con la formación de una «leyenda negra» hispano-católica sobre Berbería por esos mismos años, con rasgos muy similares ambas, de utilización propagandista. Iba a recortarlo, pero os lo dejo como lo tenía, con notas y todo –para que os vayáis acostumbrando a esta manera de citar académica, que deberéis desarrollar un día si seguís con esto. Y con el remate un poco truculento de un suplicio. Lo del «libro de maravillas», era una alusión al título del libro de donde saco el fragmento final, que iba a ser «Libro de maravillas de la Berbería».
SOBRE LEYENDAS NEGRAS SOBRE ESPAÑA Y BERBERÍA…
Hemos llegado al final de este libro de maravillas. Pero aún queda en el aire eso tantas veces sugerido de la elaboración de una «leyenda negra» berberisca por parte de eclesiásticos
–«papaces», en argot/slang berberisco de época– sobre todo, y con un fin explicitado de animar a la monarquía española a extender su «imperio» hacia aquellas latitudes nor-africanas y de animar a los sectores populares y al poder mismo a conceder más dinero destinado a la redención de cautivos, dinero controlado sobre todo por los eclesiásticos de las órdenes mercedarias y los jesuítas (1).
Por aquellos mismos años otra «leyenda negra» se difundía
por toda Europa con pasmosa vitalidad e inventiva, que convertía
a los españoles en colectivo o pueblo despreciable:
«En Italia se había descrito por lo general a los españoles
como rapaces, orgullosos, falsos, vanidosos, lascivos, mezclados
con moros, marranos y judíos, y a veces también como sangrientos
y crueles. Alemania los calificaba de rapaces, presuntuosos,
desleales, lujuriosos y perversos, descendientes de marranos,
despóticos, especiales aliados de la Iglesia Católica,
considerada como un poder malvado, y de los italianos, igualmente
considerados como perversos» (2).
Paradojas de la historia. Fueron los italianos primero, ya
desde el siglo XV e inicios del XVI, los que comenzaron a crear
esa imagen del español jactancioso y pasional; el mito literario
de Don Juan sería su plasmación más sobresaliente, así como
múltiples personajes de la comedia del arte italiano, «los muy
espantosos, terribles e invencibles capitanes Matamoros,
Crocodilos, Rajabroqueles» (3). El cervantino «valentón», del
linaje del pícarfo tanto como el «renegado». Esa imagen popular
se correspondía con la de los «humanistas» y sus análisis de la
España del momento, de Fernando el Católico al saco de Roma; el
hábil y falso Fernando de Argaón de Maquiavelo o esa «fé di
Catalogna» sinónimo de perfidia; el avaro rey Fernando y la
«rapacidad, codicia, lascivia, crueldad, falsedad y orgullo de
los españoles» de Guicciardini o la «pérfida e inexorable
crueldad» de los españoles del Paulo Giovio que lamenta el saco de Roma (4).
En la Alemania luterana, culminando en torno a la guerra de
la liga de Smakalda en los años cuarenta, esa imagen no cesó de
magnificarse hasta aparecer en los años de la guerra los
españoles como verdaderos demonios. El término alemán «welsch»,
hasta entonces sinónimo de «italiano» y «malvado», comienza a
aplicarse también a los españoles. En canciones de la época y en
panfletos aparecía con frecuencia y en términos que parecen
idénticos a la propaganda española anti-berberisca dela época de
Barbarroja:
«Hemos llegado a conocer
la falsedad de los españoles
desde no pocos años atrás,
la inmoralidad (maldad) `welsch’ no es cosa nueva;
violan mujeres y niños,
nos roban propiedades y bienes;
son cortesanos del diablo
y nos hacen mucho mal» (5).
«`Nos llaman perros alemanes’, exclama el autor de una
`canción amonestadora’ dirigida al Emperador en 1546» (6), en los
mismos términos que Antonio de Sosa se lamentara tantas veces
–con el mismo insulto– de los berberiscos. Y hasta el
«nefando», que tanto escandalizara a los «papaces» españoles en
Berbería, es aplicado a los lujuriosos españoles como una
perversidad más por los alemanes:
«Porque las infamias que cometen
las sabe enseguida todo el pueblo alemán:
fornicación y pederastia» (7).
Si alrededor de 1550 «la versión alemana de la leyenda
negra… alcanzó forma fija» (8), a partir de 1560 entra en juego
su adopción por los flamencos holandeses. «Guillermo de Orange y
sus conspiradores, consciente e intencionalmente, hicieron de la
propaganda antiespañola un arma principal, encaminada a
popularizar la rebelión y ganar adeptos y ayuda del resto de
Europa» (9). La Apología… de Guillermo de Orange, de 1580, fue el
panfleto más difundido; era «una elegante pieza de propaganda»
(10) y en ella se acusaba al rey español Felipe II de incesto,
bigamia, adulterio, asesinato del príncipe Carlos y de Isabel de
Valois, de tiranía, duplicidad y fraude. Los panfletos
antiespañoles de la Koninklijke Bibliotheek de La Haya y las
colecciones –«Geusenliedboeck»– aparecidas en antología a
partir de 1574 y muy reeditadas, a veces con ilustraciones,
convirtieron en verdadera «cultura popular» holandesa aquella
propaganda que –y es la desdicha– tanto fundamento tenía a raíz
del gobierno del duque de Alba:
«millares de ejecuciones entre los neerlandeses de todas las
clases sociales, incluso de algunos destacados magnates del país,
tras haber sido dictadas las sentencias por un Tribunal asesorado
también por españoles y previa ratificación del duque de Alba;
matanza de los habitantes de Naarden (1572), los cuales habían
capitulado sin resistencia; violencias y saqueos de los soldados
en Malinas, en la misma fecha, y en Amberes en 1576» (11).
En los panfletos y canciones se compara a las claras a los
españoles con los turcos: «Los soldados españoles… en el
distrito de Westfalia… han cometido más crueldades y ejercido
más tiranía que los turcos, enemigos del cristianismo, jamás
hayan hecho» (12). «Libradnos, Dios Todopoderoso, de estos perros
de presa, de esta maldita raza, ¡que es más perversa que todos
los turcos juntos!» (13). Marnix de Sainte Aldegonde, «el más
famoso `ministro de propaganda’ de Guillermo de Orange» (14),
«de la misma manera que Lutero comparaba a los españoles con los
turcos» (15), en un discurso ante la dieta de Worms en 1578
advertía contra la alianza hispano-turca:
«Prenez donc bien garde… veu quíl appert que les Espagnolz
ont de nagueres traicté une confederation avecques les Turcz,
avecques pactions de leur estres tributaires, à fin d’avoir plus
grandes forces pour opprimer le pays bas… Par où vous
cognoissez facilement ce que vous devez attendre d’eux» (16).
Era el momento culminante de las negociaciones de tregua ya
reseñadas, en los años de Sosa y de Cervantes en Argel. La
conferencia de Marnix de 1578 en Worms produjo un gran impacto.
La paradoja de ambas «leyendas negras» no hacía más que
magnificarse.
Pero en los años 80, y sobre todo después del desastre de la
gran armada en 1588, la «leyenda negra» antiespañola resurgió con
virulencia en Inglaterra. En 1581 llegó a Inglaterra huido dom
Antônio, el pretendiente a la corona portuguesa desplazado por
Felipe II; en 1583 aparecía la primera edición inglesa de la
Brevísima Relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé
de las Casas y al año siguiente Guillermo de Orange era
asesinado; en 1584 aparecía el Discurso sobre la Plantación
Occidental, de Richard Hakluyt que, como en el resto de sus obras,
ya libelísticas ya más profundas, y estimulando los «sentimientos
hispanofóbicos», es «uno de los esfuerzos de propaganda
patriótica más significativos en toda la historia de Inglaterra»
(17). En los panfletos después de la «armada invencible» aparecía
el mismo lenguaje truculento y propagandístico que se había
utilizado en Holanda y que insertará este sentimiento en la
«cultura popular» inglesa. Los españoles es gente «desleal, voraz
e insaciable, por encima de las demás naciones«; en los españoles
«pueden verse conjuntamente incorporados una taimada zorra, un
voraz lobo y un rabioso tigre«; el español es «inmundo y sucio
puerco, una lechuza ladrona y un soberbio pavorreal…, una
legión de demonios»; se exalta «su insaciable avaricia, su
crueldad superior a la de un tigre, su suciedad monstruosa y
abominable lujuria…, su lasciva u animal violación de sus
matronas, esposas e hijas, su sin par y sodomítico estupro de
muchachos jóvenes» (18). Nuevamente el paralelismo con los textos
anti-berberiscos en España es notable.
La confluencia de ingleses y holandeses, simbolizada por la
colaboración entre Richard Hakluyt y el grabador, impresor y
librero Theodore De Bry, daría lugar a una de las piezas más
representativas de esta «guerra de papel«, como la denomina
Philip W. Powell. De Bry, residente en Francfurt, viajó a
Inglaterra en 1587 y comenzó su relación con Hakluyt; «ambos
dieron origen a importantes series sobre exploración, de gran
amplitud de conceptos y contenidos y, entre otras cosas, de
fuerte sabor antiespañol» (19). Y en 1598 De Bry imprimió una
edición de la Brevísima... ilustrada con 17 grabados originales
sobre suplicios y matanzas de indios, según las descripciones de
Las Casas, imágenes terribles que iban a tener gran éxito
editorial, impresas total o parcialmente e, incluso, como
colección de imágenes sólo (20). Aquellas ilustraciones
propagandísticas –es notable la irrealidad de la figura de los
indios, mucho más parecidos a europeos– debieron causar gran
impresión en su momento por la crueldad de los suplicios; «los
que Sosa relata de los berberiscos, la nación cruel por
antonomasia a ojos de los españoles, palidecen al lado de los
realizados por los españoles según las láminas de la edición de
Francfurt (1598)» (21).
De la misma manera que en la literatura española de la época
se abordó la cuestión berberisca con esa imagen distorsionada por
la «leyenda negra» sobre los berberiscos, en la literatura
inglesa sucedió con los españoles. Middleton, Fletcher, Jonson,
Peele o Heywood crearán personajes malvados –los «Don Diegos»–
españoles del mismo modo que Cervantes, Espinel, Lope o Tirso en
España crearán prototipos de malvados berberiscos (22).
Crueldad berberisca, crueldad española o crueldad de los tiempos. Es algo simple. Y, por desgracia, muy actual. Simple «razón de estado» o razón de «imperio». José María Parreño habla de esa «moral doble según la cual todo lo que hacen unos está justificado y lo que hacen otros carece de justificación posible» (23), al referirse a la obra de Antonio de Sosa. Es de validez general. Aún hoy.
Para terminar este libro de maravillas quiero recoger un viejo texto de una crónica de hace casi medio milenio, la del cura de los Palacios, Andrés Bernáldez. Narra el suplicio que se le da en Barcelona a un «catalán y loco imajinativo y malicioso» que atentara contra la vida del rey Fernando en diciembre de 1492 –año de grandes hechos conmemorables– «con un alfange o espada, cortanchano, de fasta tres palmos«, ante toda la corte, después de cuatro horas de estar «juzgando y oyendo al pueblo«, en la Plaza del Rey:
«El traidor fue condenado por la justicia de la ciudad a muy cruelísima muerte; fue puesto en un carro y traido por toda la ciudad; y primeramente le cortaron la mano con que le dio al rey; y luego, con tenazas de hierro ardiendo, le sacaron una teta; y después le sacaron un ojo; y después le cortaron la otra mano, y luego le sacaron el otro ojo, y luego la otra teta, y luego las narices; y todo el cuerpo le abocadaron los herreros con tenazas ardiendo, e fuéronle cortando los pies; y después que todos los miembros le fueron cortados, sacaronle el corazón por las espaldas y echáronlo fuera de la ciudad; lo apedrearon e lo quemaron en fuego e aventaron la ceniza al viento. Llamábase este traidor Juan de Cañamas» (24).
En la mente parabólica de la época –tan cervantina, por otra parte–, los simbolismos tendían hacia lo evidente, más que ahora si cabe, aunque quién sabe. No iba a faltar más que cualquier Juan Cañamas pudiera descabezar así como así a los poderes establecidos. Aquí y allá era lo mismo el poder. Y las palabras, normalmente, a su servicio. Al menos en apariencia.
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NOTAS:
(1).- Ver relato 21 de Sosa, edic. de Sola y Parreño del Diálogo de los mártires… de Ed. Hiperión, en el que el jesuíta Torres en Argel es el encargado del legado testamentario de Luis Quijada, ayo de Juande Austria, destinado a la redención de cautivos.
(2).- Sverker Arnoldsson, La leyenda negra. Estudio sobre sus orígenes, Göteborg, 1970, p. 134.
(3).- Rodomontate espagnuole, Venecia, 1627, cit. en nota por Arnoldsson, op. cit. p. 195.
(4).- Ver Arnoldsson, op. cit., p. 139.
(5).- Ib., cit. p. 125.
(6).- Ib., p. 126.
(7).- Ibidem.
(8).- Ibidem.
(9).- Philip W. Powell, Arbol de Odio. La Leyenda Negra y sus consecuencias en las relaciones entre Estados Unidos y el Mundo Hispánico, Madrid, 1972, Porrúa, p. 88.
(10).- G. Parker, _Felipe II_, Madrid, 1984, Alianza, p. 240.
(11).- Arnpldsson, op. cit. p. 137.
(12).- Konink. Bibliot., folleto 1078, cit. Powell, p. 96.
(13).- Ib., folleto 1199, cit. Powell, p. 97.
(14).- Powell, op. cit., p. 101.
(15).- Arnoldsson, op. cit. p. 134.
(16).- Cit. ibidem.
(17).- Powell, op. cit., p. 107.
(18).- Textos de folletos publicados por A. Arnauld y R. Ashley, cit. Powell. op. cit., pp. 107-108.
(19).- Powell, op. cit., p. 113.
(20).- Ib., pp. 113-114 y nota p. 236.
(21).- Ver Parreño, introd. a la edic. cit. del Diálogo de los mártires…
(22).- Ver Albert Mas, Les turcs dans la littérature espagnole du Siècle d’Or (recherche sur l’évolution du thème littéraire), tesis de letras, París 1968, así como la tesis de Conchita Ortiz
sobre el mundo berberisco argelino en el teatro español del Siglo de Oro, en la Complutense de Madrid; de ambos trabajos hay ediciones parciales.
(23).- Ver su introduc. a la edic. cit. de Sosa.
(24).- Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, B.A.E., tomo LXX, Madrid, 1953, Atlas, c. CXVI, p. 656.
Hasta aquí, el artículo con las notas.
Algunas obras básicas de la «leyenda negra» –en la síntesis de García Cárcel– son:
– De Reginaldo González Montano, ¿protestante de Sevilla?, exiliado en Londres hacia 1557, Exposición de algunas mañas de la santa Inquisición española, en latín, 1567… publicada en Heidelberg… resalta torturas y tormentos… edics. en inglés 1568, 1609, 1625… en francés, 1568… en holandés, 1569 (3ª edic.), 1620… en alemán, 1603, 1611… en España, en el siglo XIX.
——————————Tiene cierta importancia el exilio protestante hispano; evocación de la Biblia en castellano de Valera y Casiodoro Reina, del XVI, no importante para el castellano cuando en otros países la versión de la Biblia lo fue mucho para sus lenguas nacionales… Clara conexión con las controversias de la Reforma/ Contrarreforma… Lo estudia muy bien Sergio Bertelli, un italiano, en un libro muy importante para entender el periodo moderno, Heterodoxos, libertinos y ortodoxos en el Barroco, cuando introduce la polémica contra los protestantes que presentaban sus martirologios modernos o criticaban el santoral como fantaseado… Evocación de Flacius Illiricus y los «centuriadores»… para entender a Fox…————————
– John Foxe, 1554, Acts and Documents… («Libro de los mártires» o «Book of Martirs»… en inglés y pronto de gran éxito… Exiliado en Holanda con María Tudor… Bloody Mary… (y Felipe II, rey de Inglaterra). Primeras ediciones completas, 1563 y 1570… Muy reeditado hasta 1954… Una segunda Biblia para los puritanos ingleses… Resalta la rapacidad inquisitorial y la indefensión de los acusados…
– Guillermo de Orange, 1580, la «Apología…» –lo veremos cuando evoquemos a Felipe II–… panfleto y habilidad política… gran éxito editorial en Inglaterra y en Holanda a finales del XVI y en el XVII…
– Antonio Pérez, «Rafael Peregrino», Relaciones, 1594… éxito editorial en Francia, París, 1598, 1618, 1624… En España, editado en 1894… Contra Felipe II: «La tiranía es tan natural a Felipe como la risa al hombre»… «maligno y perverso», «orgullo, arrogancia, tiranía e infidelidad», contra los castellanos…
– Bartolomé de las Casas (1474-1566), 1578, Brevísima relación…, escrita en 1542… ediciones desde la de Sevilla de 1578… en francés, 1579, 1582, 1594… en inglés, 1583… Holanda, 1596… Alemania, 1579 y 1597… en latín, 1598… Edic. de Teodoro de Bry, Francfort, 1597, con 17 grabados… Hasta 1648, 26 eidiciones, 10 con láminas…
– Otras historias de América… López de Gómara y su «Crónica de la Nueva España» o Agustín de Zárate para Perú… traducciones e insistencia en el asunto de la crueldad…
– Girolamo Benzoni (Milán, ¿1519?)… en 1541, a América… platero… 1555, la Inquisición de México le condena por hereje luterano… Historia del Nuevo Mundo, Venecia, 1565… reedicción, 1572… en latín, 1578… tras edición francesa de 1579, éxito internacional… Holanda, 1572, 1582… en alemán, 1589, 1590, 1595, 1597… en latín, 1581, 1586, 1588 y 1590… En España, 1989… Lo más destacado para una propaganda, la violencia de Meléndez de Avilés contra los hugonotes franceses en Florida en 1565… Ediciones parciales, edic. de Bry en 1591…
Pero ya está bien… El envés de la moneda, la «leyenda rosa»… frente a un Felipe II como «demonio del mediodía», un «rey prudente»… Lope, «gran vendedor» de la imagen de Felipe II… Historiadores y cronistas oficiales… Luis Cabrera de Córdoba, más o menos: por ejemplo, no vio publicada la segunda parte de su Historia de Felipe II en vida, y no lo fue hasta el siglo XIX… Quevedo, Gracián, Solís… García Cárcel habla de «narcisismo»… Y en paralelo una larga corriente autocrítica que arranca de Vives y los Erasmistas, sigue con Cervantes y los arbitristas, ilustrados del XVIII y afrancesados, regeneracionistas del 98 o exiliados derrotados de 1936…
«Hispanismo» internacional –Morel Fatio usa por primera vez en 1879 esa palabra–, apasionamiento y frecuente entusiasmo… cervantistas y raros…
Reflexiones finales de García Cárcel:
1.- No hay «conjura internacional» contra España… gran influencia cultural en su tiempo, etc…
2.- Responsabilidad española en la mala imagen: «gestión imperial»… «Una política como la española, imperialista en lo político, delirante en lo religioso, torpe en la fabricación de su propia propaganda» (p.36).