Corsarios o reyes 3-7 La conquista de Bugía por Salah Bajá, por Mármol y Sosa

Corsarios o reyes 3-7 La conquista de Bugía por Salah Bajá, por Mármol y Sosa

3.7.- Salah Bajá contra los españoles: la toma de Bugía, la actual Beyaia argelina, en relato breve de Mármol Carvajal y de Antonio de Sosa, con broche breve de un alférez renegado/mujtadí español jefe de tribu o de bandoleros en los montes del Aurés.

 

     Después de la expedición a Fez, y tal vez como paso intermedio para domeñar a los belicosos bereberes de La Abez, Salah Bajá preparó y llevó a cabo la conquista de Beyaia a los españoles. He aquí el breve relato de Mármol, del que recogemos también una evocación general de la región:

 

     «La ciudad de Bugía estuvo treinta y cinco años por los reyes de España.

Los cuales tenían de ordinario en ella quinientos soldados

repartidos en tres fortalezas. Y en este tiempo

hicieron algunas entradas y trajeron muchos esclavos y ganados a la ciudad,

aunque fueron raras por ser la gente de aquellas tierras muy belicosa

y haber muchos escopeteros azuagos en la tierra,

que siempre iban a correr a Bugía.

 

     «Siendo, pues, capitán general de esta frontera don Alonso de Peralta,

en el año 1555 Salah Arraez, gobernador de Argel,

a persuasión de un morabito llamado Cidi Mahamet el Haxi,

fue sobre ella con una armada de veintidós bajeles por mar 

y un campo de más de 40.000 hombres por tierra,

entre los cuales iban 10.000 tiradores.

Y habiendo ocupado el castillo imperial que los cristianos desocuparon

pareciéndoles que no se podía bien defender,

cercó el castillo de la mar y le batió cinco días

y… le entró por fuerza de armas, habiendo en él solo cuarenta soldados.

De allí fue luego al sobre el castillo grande

donde estaba don Alonso de Peralta con toda la otra gente

y le batió ventidós días; al cabo de los cuales el general,

movido de piedad de las mujeres y niños que allí estaban,

pensando darles libertad…, trató de partido con el pagano.

Y habiéndole prometido que le dejaría ir libremente a él

y a todos…, le entregó el castillo a 27 de octubre,

día de San Cosme y San Damián. Mas el turco

le guardó mal la palabra porque tomó la gente toda por esclavos

y solamente dio libertad a don Alonso

y a veinte hombres sus allegados, cuales él señaló.

 

     «Después acá ha estado siempre esta ciudad en poder de turcos;

los cuales la han fortalecido y tienen allí un alcaide con guarnición.

A levante de esta ciudad entra en el mar un río, al parecer pequeño,

aunque cuando se derrite la nieve lleva mucha agua.

Llámanle los moros Huet el Quibir –que quiere decir Rio Grande—

y los cristianos río de Zinganor… Tómase en él mucho pescado,

aunque la pesca en la mar es tan buena

que los moradores se dan poco por la del río.

Cuando esta ciudad era de cristianos no entraban navíos en este río

porque estaba la boca de la barra ciego de arena;

y el propio año que Salh Arraez la ganó llovió tanto

y vino tan grande creciente… que abrió la barra de suerte que ahora

pueden entrar dentro galeotas y galeras, y aún naos gruesas,

y allí están los bajeles guardados de toda tempestad y fortuna de mar

como en una caja; porque solamente hay un poco de travesía de tramontana.

Este río es el que pasa entre las sierras de Cuco y del Labez,

dejando el Cuco a tramontana y el La Abez a mediodía» (73).

 

   Y he aquí el más explícito texto de Antonio de Sosa, con una noticia sobre la continuación de las buenas relaciones argelino-francesas, tan denostadas en su momento por los imperiales:

 

     «En el año 1555 fue el Sala Raez en persona a tomar la ciudad de Bugía,

de esta manera. Salió de Argel en el mes de junio por tierra

con 3.000 turcos y renegados escopeteros,

y por mar envió dos galeras, y un barcón y una carabela

o saetía francesa que entonces se hallaba en Argel,

con doce cañones reforzados y dos pedreros muy grandes,

y con muchas municiones y bastimentos.

Y no llevó entonces más armada que esta porque en el mismo tiempo

había llegado a Argel el prior de Capua, hermano de Pedro Estroci,

con veinticuatro galeras de Francia y con cartas del Turco

para que Sala Raez diese los más navíos y galeotas que tuviese,

y la más gente que pudiese excusar, a favor del rey de Francia Enrique.

El cual andaba entonces en grandes guerras con Felipe II, rey de España.

Y, por tanto, habíale dado Sala Raez veintidós galeras y galeotas,

todas armadas y proveídas de muchas gente y artillería,

que se fueron en compañía del prior.

 

     «Siendo partido Sala Raez de Argel con sus 3.000 turcos,

en el camino se juntaron con él más de 30.000 moros a pie y a caballo

que habían enviado algunos jeques de alarbes,

y principalmente el rey de Cuco y otros reinos.  

 

Toma de Bugía por Salah Bajá

 

     «Con esta gente y aparejos puso Sala Raez cerco sobre Bugía.

Y una mañana de viernes plantó la batería en dos partes;

la una en lo alto de la cuesta por do se sube de la ciudad a la montaña

en cuyas raíces está puesta y asentada Bugía. Y comenzó a batir

con seis cañones el castillo imperial que el emperador Carlos V,

había algunos años antes, mandado hacer un poco más arriba de la ciudad;

y dio el cargo de esta batería a un renegado de nación griego

que se decía el alcaide Isuf. La segunda batería

plantó sobre el Vergellete, un castillo puesto a la entrada del puerto,

de la cual él mismo tomó el cargo. Tenía esta batería

seis cañones y los dos pedreros que dijimos; y de este lugar

batía también y tiraba a un galeón que poco había viniera de España

con municiones y dineros para las pagas de los soldados.

 

     «Durando todas estas baterías algunos días, primeramente,

a pocos, echaron al fondo el galeón. Y a los ocho,

quedando el Vergellete sin alguna defensa y muertos

la mayor parte de cien soldados que defendían aquel castillo,

fueron los demás forzados a retirarse a la ciudad.

Y a los catorce de la misma batería, no pudiendo la muralla del castillo imperial

resistir a la furia de la artillería de los turcos que era muy reforzada;

y habiendo los turcos, parte con ella y parte con la mucha escopetería,

muerto muchos de los que le defendían, porque quedaba el castillo

más bajo y descubierto a los turcos,

fueron también forzados a retirarse a la ciudad desamparando el castillo.

 

     «Ganadas estas fuerzas, túvose Sala Raez por señor de la ciudad

y los cristianos por perdidos. Por lo cual

envió a decir al capitán general de Buxia, que era

un principal caballero español que se decía don Alonso de Peralta,

que bien veía cómo ganadas aquellas dos fuerzas

y siendo toda la ciudad muy flaca y de muros viejos, como lo es,

no tenía algún modo de defensa; pero con todo eso,

si en paz le quería entregar la ciudad le dejaría ir

con algún razonable concierto. Viéndose de esta manera don Alonso

y sin algún remedio humano, vino al cabo de muchas pláticas

acordarse con Sala Raez de esta manera.

Que le dio licencia para escoger entre todos los cristianos a cuarenta,

los que quisiese; y que se embarcase

en la saetia o carabela francesa con ellos para España,

dándoles Sala Raez todo lo necesario para el camino.

Hízolo así el don Alonso, aunque después le costó bien caro;

porque le mandó el rey de España cortar por este caso la cabeza.

 

Botín de la ciudad y del galeón de las pagas

 

     «Hecho esto, entró Sala Raez en la ciudad al cabo de cuarenta años

que el conde Pedro Navarro la ganara a los moros en el año de 1510.

Y porque los turcos no se desmandasen mandó pregonar, so pena de muerte,

que ninguno entrase en la ciudad sino los que él solamente señalase.

Y de esta manera hizo recoger todo el despojo de la ciudad y de todas sus casas;

en que se hallaron muchas ropas y cosas de valor,

y cuatrocientos hombres y ciento veinte mujeres

y como hasta cien mozos y niños.

Halláronse también en el galeón que estaba anegado 12.000 escudos en reales,

metidos todos en barriles, que habían traído para las pagas.

Y repartiendo Sala Raez mucho de esto, y de las ropas y cautivos,

con sus turcos y soldados, y algunos moros, y dejando en la ciudad

por alcaide a un renegado sardo que se decía el alcaide Alisardo,

con cuatrocientos turcos de guarnición, se volvió por tierra para Argel;

y por mar envió las dos galeras y el galeón, que hizo sacar fuera del agua,

cargados todos del despojo y cautivos.

Tardó en ir, estar y venir dos meses» (74).

 

     A Alonso de Peralta lo decapitaron en Valladolid el 4 de mayo de 1556. Mármol hace una evocación de las montañas del Aurés («Auraz»), sierra que dice que está a treinta leguas de Bugía y veinticinco de Constantina, y que «por otro nombre llaman Riega»:

 

     «Está poblada por gente rústica que no tiene mayor felicidad

que saltear en los caminos y matar a los caminantes para robarlos.

En lo alto de la sierra nacen grandes golpes de agua

que bajan a la tierra llana y hacen muchas lagunas

y, en calentando el tiempo, se secan y se hacen salinas.

Estos bárbaros temen tanto la sujeción que no quieren dejar

que ningún forastero platique en la sierra porque no sepan

las entradas y los pasos de ella; y siempre tienen guerra

con los alárabes sus vecinos, y no obedecen al rey ni a otro señor alguno.

Y ahora, en nuestros días, han hecho liga y amistad con unos alárabes

cuyo jeque es un renegado español que fue alférez

en la ciudad de Bugía cuando se perdió.

El cual les ha ido ganando la benevolencia de tal manera

que le aman y reverencian como a señor y le estiman mucho.

Y, así, juntan 2.000 caballos y

 más de 30.000 peones» (75).

 

 

 

 

 

 

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NOTAS:

 

(73).- Mármol, II, V, fol. 225 vto.

(74).- Haedo, I, pp. 307-310.

(75).- Mármol, II, V, final.

 

 

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