Capítulo 8. Del camino que trajeron los Padres que vinieron por tierra hasta Lima

graves y otros caballeros cortesanos que trajo consigo don Nicolás de Mendoza para honrarnos mas y que más se mostrase la generosidad de su ánimo, pues satisfizo al gusto de tantos convidados como aquel día tuvo en su casa y en su mesa.
Partieron a la tarde todos juntos para la ciudad, de donde fueron saliendo diferentes caballeros y muchos religiosos que a trechos saludaban a los padres y se volvían acompañándolos a Lima; donde entraron la noche con grande acompañamiento y gozo de cuantos lo miraban. Pero, ¡quien podrá referir la alegría de los nuestros entrando por las puertas del Colegio! ¡quien contará los abrazos llenos de caridad con que los religiosos se recibieron en casa! ¡las lágrimas que de contento se derramaban de entre ambas partes! ¡el regocijo universal, las muestras de amor, la puntualidad y diligencia en acudirnos y regalarnos! Que yo solamente podré decir como en aquella ocasión se manifestó bien el singular espíritu de caridad y unión con que están juntos y hermanados los religiosos de nuestra mínima Compañía de Jesús, de cualquier nación que sean, y en cualquiera parte del mundo que se junten. A lo cual se añade la natural afabilidad de los moradores y de la gente noble de este reino siempre ocupados en hospedar y remediar a los que vienen de España.
Capítulo 9. de la ciudad de Lima

Lima o Los Reyes, que estos dos nombres tiene aquella población, corte de los reinos del Perú sujetos al monarca católico de España, está puesta en un valle distante del mar dos leguas en doce grados de altura a la banda del Sur; y por cuenta de los geógrafos pasados el primer tercio y dos grados más de lo ancho
[continua en página 224] |