Capítulo 7. Prosíguese la navegación de Paita y cuéntase la que hizo el padre Martín Vázquez hasta el Callao

embistiesen con él y lo hiciesen y abofeteasen y azoezasen hasta mas no poder en pena de su enorme delito. Y dejadas que se hiciesen esta ley en el duelo, ninguno se atreviera en público a mancillar a nadie en la cara. Y tiene algo de semejanza esto con lo que se acostumbra en Londres, +, donde jamás los hombres se acuchillan unos con otros en parte pública y pasajera; y es la razón porque en desenvainando las espadas en la calle salen de todas las casas con palos, guisques y barales, no a meterlos en paz sino a dar sobre los que metieron mano; y son tantas las piedras y tejas, ladrillos y tiestos que les tiran de las ventanas y tejados que de milagro escapan sin ser muy mal heridos. Pero, volviendo a la pendencia del navío, puesto el delincuente en cabo y mitigado el coraje del ofendido
Derecho / + y a osado entraron los padres de por medio y supieron decirle tantas y tales cosas que le persuadieron a que se apaciguase con el enemigo y que en reverencia de lo que Cristo Nuestro Señor había pasado por nosotros le perdonase la injuria. Hízolo delante de todos con gran generosidad de ánimo, venciéndose a sí mismo que era de natural impaciente y colérico; pero, ¡qué, si mucho, si andaba de por medio la mano de Dios que sabe hacer Paulos, Pablos y de Guillermos, Condes frailes santos Guillermos! Y mostró complacerse su Divina Majestad de tan heroico hecho, en pagar a los padres su diligencia y buena obra porque los trajeron con bien a Lima y al mancebo premió asimismo con abrirle los ojos para conocer los engaños del mundo y huir de sus peligros entrándose en religión, donde hoy persevera fraile de conocida virtud; que de tan siniestros sucesos al parecer de los mundanos se consiguen tan altos fines para honra y gloria de Dios.
Capítulo 8. Del camino que trajeron los Padres que vinieron por tierra hasta Lima

Luego como la fragata salió del puerto de Paita, tratamos
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