Capítulo 7. Prosíguese la navegación de Paita y cuéntase la que hizo el padre Martín Vázquez hasta el Callao

chapetón que enfermó, y desamparado de todos, se iba muriendo sin tener en que estar; a quien le dio su cama y, acudiéndole en lo demás que se pudo, fue Dios servido que finase. Con estas y otras obras de caridad que los religiosos ejercitaban con todos, particularmente con los enfermos, se hicieron amables y venerables a cuantos iban en aquel navío, de suerte que oían con voluntad y con gusto sus pláticas y consejos, y reverenciaban sus personas y se confesaban con ellos a menudo. Pero, donde más se echó de ver el amor y reverencia que les tenían
y los efectos del fruto que se iba haciendo en sus almas, fue en el caso siguiente:
Trabáronse dos mancebos en palabras un día; y porque dondequiera suele haber malos para ejercicio de los buenos, dióle el uno al otro con la mano abierta en el rostro, a vista de los mas del navío, con que notablemente quedó afrentadísimo según las leyes del mundo, que de culpas y delitos ajenos hace deshonras propias y agravamos la injuria con bofetón que la de dos puñetes en la cara, como si la mano dejase de ser mano por estar cerrada ni abierta. Alborotáronse los circunstantes y acudiendo a meterse de por medio; escondieron al delincuente para dar lugar a la cólera del injuriado, mientras abrasado en ira juraba y perjuraba que había de beberle la sangre y sacarle el alma a puñaladas. Pero deteníanle todos porque no procediese en la venganza. Y en parte parece también producción del Demonio que el agresor halle quien le ampare y defienda y el agraviado quien se estorbe y defienda, no digo yo que se le permita a nadie correr a su venganza que esto, ni el sagrado evangelio ni las leyes civiles lo permiten, pero sería razonable que el mundo introdujese en sus duelos ley para que de la manera que un personaje grave se da por ofendido cuando se hace alguna superchería, a cualquiera de los que echaron su presencia, así también cuando un malhombre, sin temor de Dios, afrenta y hiere a su próximo el rostro, que todos cuantos los viesen tomando la injuria
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