Capítulo 7. Prosíguese la navegación de Paita y cuéntase la que hizo el padre Martín Vázquez hasta el Callao

zozobró a vista del puerto y se fue a pique. Súpose de otro barco, pero tan pequeño y tan cargado que a penas descubría palmo y medio sobre el agua; y aunque ponía miedo esta embarcación, todavía, por no tardarse más y ser las personas de aquel paraje (a lo que decían de aquella suerte) determinaron de irse en el. Y al ir de la Villa al embarcadero se perdieron en el camino tres compañeros, con los negros que los guiaban, habiéndose apartado de los demás; y sin poder dar con ellos en todo el día, pasaron muchos malos pasos y padecieron un calor insufrible que los llevó abrasados, con gran sed, sin hallar gota de agua con que apagarla en todo aquel desierto.
Llegaron finalmente al puerto con el cansancio y aflicción que se puede pensar, bien de noche y noche bien oscura, y pasáronla entera en claro sin poder dormir por los mosquitos y por los aguaceros, contra quien ni tuvieron defensa ni reparo embarcándose otro día.
Y estando en una travesía, les sobrevino de repente un viento deshecho que bastara poner en peligro una nao de alto bordo; pero fue el Señor servido que al barquillo no le empeciesse y que amainase el tiempo, y que llegase en menos de ocho días al puerto de Panamá; donde tuvieron otra más peligrosa fortuna, porque se les encalló el timón en la mar brava; y estando mar en través cada ola que llegaba los cubría de agua y con cada ola los padres creían ser muertos; tantos, que intentaron algunos de más ánimo arrojarse a la mar para salir nadando por ver que era el peligro manifiesto; pero echándose los marineros a nado y dándole cabo al barco le fueron llevando hasta cerca de tierra donde pudieron dar fondo.
Habíanse quedado en Panamá, cuando salimos la primera vez de su puerto, otros dos religiosos enfermos que, en esta ocasión, pudieron juntarse con estos seis padres y tratar de venir todos al Perú; mas no fue posible embarcarse juntos en un navío por las incomodidades que se les ofrecieron y así fue conveniente repartirse en diferentes naos; y aunque
[continua en página 214] |