Capítulo 6. del Reino del Pirú

Corren por todo el largo de esta tierra habitable otras dos cordilleras paralelas casi, y en una misma altura de Polo y a vista siempre, la una de la otra; pero en la una llueve todo el año y es muy caliente, con lo cual se crían grandísimos y espesísimos bosques en ella. La otra es fría, seca, pelada y estéril, tiene invierno y verano, con vientos continuos que la hacen desabrida en extremo, resulta pues de estas dos cordilleras que el Perú se divida en tres partes largas y angostas, llamadas Los Llanos, La Sierra y los Andes. Los Llanos son la costa entera del Mar del Sur, en los cuales el temple es templado sin calor ni frío, nunca truena, ni llueve nunca si bien cae cierta mollizna, que llaman garúa, provechosa mucho para sazonar las sementeras y verdecer las pampas, y sabanas; en la Sierra llueve a sus tiempos y truena y nieva y graniza como en Castilla, pero no se dan todos los frutos que nacen en las otras dos partes.
En los Andes son las lluvias y aguaceros continuos casi todo el año y es cosa digna de advertencia ver que en igual altura de Polo y en distancias bien cortas se conozcan climas tan diversos, que les son llover nunca y llover casi siempre y llover a temporales.
Otra cosa es asimismo admirable en la costa del Pirú que por toda ella sopla solamente y continuamente el viento Austro, Noto o Sur, que es lo mismo, y con ser este viento en Europa nebuloso arrebatado y enfermo, tanto que los latinos entendían por el los malos temporales y la suma calamidad, según aquello de Horacio en la segunda carta del segundo de ellas.
Non tamen adversis aetatem dúcimus auctoris
Aquí en las Indias es viento grato templado y saludable; y esta es la causa de que se habite esta tierra, porque de otra suerte fueran insufribles los rayos del sol no lloviendo jamás en los llanos y teniéndolo siempre encima de nuestras cabezas.
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