Capítulo 5. Prosíguese la navegación hasta Paita

tercio de hora, y a veces media, debajo del agua. Así nos lo dijeron en Manta y así lo creyó de quien se lo dijo, pues lo escribió el mismo Padre Joseph de Acosta en el capítulo quince del libro cuarto, de su historial de las Indias; si bien parece sobre la posibilidad humana, que un hombre pueda retener la respiración y el aliento media hora por grandes que tengan los pulmones, que esta es la causa que dan los médicos para que unos respiren más tarde y detengan más el aliento que otros hombres.
En Manta estuvieron los padres tres días, en que se doctrinó el pueblo con gran contento de los naturales; porque como está dicho, son estos indios manteses buenos cristianos y casi españolizados del todo. Fuese después la navegación costa a costa, y vimos la Punta de Santa Elena, en altura de dos grados y un cuarto, donde se dice que vivieron unos gigantes de costumbres y pecados tan abominables, que vino fuego del cielo a castigarlos y quedaron todos abrazados, menos los gigantes, que para testimonio de su grandeza y de su castigo permitió Dios que escapasen, de los cuales hasta hoy duran algunos de singular grandeza, como lo es hallarse pedazos de muelas del tamaño de una naranja; y yo tuve una en mi mano que debían ser de ellas como el puño de un muchacho. De la punta de S. Elena pasamos a vista del río de Tumbes, y de aquí nos cometimos para huir la corriente de Cabo Blanco, que se sigue luego y hace el paso dificultoso, viramos a la tierra y de aquella vuelta nos hallamos cerca del Puerto de Paita donde desembarcamos el día de Año Nuevo de 1618 dos meses enteros después que nos hicimos a la vela en Panamá.
En cinco grados y un cuarto de la banda del sur tiene su asiento la ciudad de Paita, población de españoles y de indios barbados, que es singularidad entre los indios de Occidente, porque todos naturalmente son lampiños y sin pelo en el rostro; y cuando
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