Capítulo 3. alijan la fragata y engorgónanse y llegan a la bahía de S. Matheo

las corrientes cerca de la tierra y experimentamos presto haber sido acuerdo del cielo por el buen efecto que surtió; pues habiéndonos enmarado esta distancia al oeste dimos vuelta a la tierra; y cuando la descubrimos y reconocimos de cerca nos hallamos montados y libres del peligro, bien que solas dos leguas distantes de él.
El mismo día nos pusimos a vista del río de San Tiago, cuya canal está con la punta de Manglares nordeste sudoeste, dieciséis leguas. Tiene Su Majestad aquí un fuerte con soldados que atienden a la sujeción de algunos indios *jíbaros y los indios mulatos tengan frenos. Es el río de San Tiago grande y caudaloso, de cuyo encuentro con las retacas se causan en aquel puerto o bahía algunos bancos de arena que ni son peligrosos ni impiden que los navíos entren y salgan. Desde aquí pasamos a la bahía de San Mateo bien mentada en Lima por la pérdida del navío Clarines el año 1594.
*jíbaros
Es una boca de río muy grande, ancha un cuarto de legua, a manera de puerto muy quieto y pacífico, por ser la corriente poca y la mar mansa. Tiene en el medio cuarenta brazas y no es todo fondable, esta en altura de un grado y un cuarto de la parte del Norte. Para bien entrar en esta bahía se ha de llegar por la tierra de Barlovento cerca de la que está a la parte del oeste, hay en tierra grande arboleda y buena agua; y como de esta y de leña tuviese la fragata necesidad, determinamos de saltar en la playa, con intento, asimismo, de celebrar la fiesta del Inmaculada Concepción de Nuestra Señora.
Desembarcamos su víspera, siete de
[continua en página 192] |