Capítulo 3. alijan la fragata y engorgónanse y llegan a la bahía de S. Matheo

acompañase a Panamá y allí los despachase y aviase en otra embarcación para el Perú, de cuyo suceso diremos después.
Los demás que hubieron de embarcarse en la fragata, después de haberse aderezado lo mejor que se pudo, a once de noviembre, día de S. Martín, ocho después de haber arribado a la costa, se hicieron a la mar; y el siguiente se engolfaron en una travesía de doce o quince días de navegación. Iba bien la fragata, aunque no dejaba de hacer agua; la cual vino a ser tanta que fue necesario desaguarla cada media hora, medida por ampolleta; y aunque esto era trabajosísimo de día, a la noche era insufrible a los marineros que no bastaban a estar siempre a la bomba.
Por esto convino que los padres trabajasen por sus cuartos en este ejercicio de día y de noche como la demás gente que iba embarcada.
Hay en este golfo un paraje puesto en cuatro grados y medio llamado Malpelo, cuyo estelaje se extiende a tres y cuatro singladuras. En él relampaguea, truena y caen rayos a menudo y llueve ordinariamente, causa de incomodidad grande y enfado para los navegantes que no llevan rancho a propósito, de la manera que venían algunos de nuestros compañeros en la fragata, sin tener donde guarecerse de las garúas y mollizna. Añádanse más a las incomodidades de Malpelo, unos refregones de viento que se levantan de repente, y a veces huracanes tan arrebatados que bastan a zozobrar grandes naves.
Y, así, en la primera borrasca que sobrevino se nos hizo pedazos el tamborete y el masteleo se vino abajo con tanto ruido que
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