Capítulo 10. de la Provincia de la Compañía de Jesús en este Reino del Perú y del Colegio de la ciudad de Lima

muchas personas graves que hoy la gobiernan entienden que la mayor parte del bien de ella se debe a esta enseñanza, dando por razón, de más de las comunes y de la que da el Espíritu Santo, que el mancebo va en la vejez por el camino que aprendió en la mocedad. Y suplióse con este cuidado de la Compañía el poco que comúnmente tiene la gente de esta tierra, respecto de sus ocupaciones, en los tratos y mercancías.
Síguese la quinta Congregación de los Seglares, cuyo número pasa de novecientos congregados, admirable número para esta ciudad; pero más admirables los efectos buenos, -qué digo buenos, los efectos santos-, que causa esta Congregación en todo el resto de la ciudad: y, así, la llamó bien el religioso que dijo ser la levadura con que se sazona toda Lima. Porque como el cuerpo de ella se constituye de hombres de contrataciones y de negocios forenses, donde las ocasiones de resbalar y caer son muy ordinarias, mal se pudieran conservar en pie tantos, como por la misericordia de Dios se conservan, si faltara la frecuencia de sacramentos que la Congregación profesa, y si no estuviera predicando el buen ejemplo de los congregados, siempre, al restante de la ciudad. Júntanse los domingos por las tardes a oír la plática espiritual en su capilla, acuden a los hospitales de la ciudad para servir y consolar los enfermos y llévanles de comer dos veces al año, y una a los pobres encarcelados, sin otras limosnas de camas y ropa; acuden a los entierros de sus difuntos congregados y júntanse de limosna que dan entre ellos con cierta obligación de darla para decir seiscientas misas por el ánima de cada uno, y no obstante que el difunto se entierre donde él quiso. La Congregación le celebra honras en su capilla con gran solemnidad de música, cera y concurso de congregados, que todos rezan por el difunto un rosario, y todos tienen obligación de confesarse y comulgar cada mes; y son más de la mitad los que lo hacen de quince en quince días, y muchos que de ocho en ocho, con tanta
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