Capítulo 7. llegan a Puertobelo y del viaje hasta la ciudad de Panamá

Con esta disposición nos pusimos en camino víspera de la visitación por la mañana primero de julio, doce días después de haber entrado en Portobelo. Hicimos el primer día seis pequeñas leguas yendo río arriba metidos en el agua, con no pequeño peligro de tropezar las cabalgaduras y caer o de poner los pies en alguna parte donde no hubiese vado; si bien plugo al Señor que algunas caídas que se dieron, sucedieron en parte donde no llevaba el río mucho agua.
Templó estos trabajos en esta primera jornada la variedad de animales peregrinos, y pájaros nuevos a nuestros ojos, que por la riviera del río se encontraban muchos de ellos cantores de tan suaves voces y regalada armonía que compiten con los jilgueros, ruiseñores, calandrias y vendones enjaulados de Europa, loros, catalnillas y periquillos, que son diferentes especies de papagayos, sin otros mil géneros de aves pintadas de cuanta variedad de colores da la naturaleza y el arte a sabido mezclar.
Y no fue menos el contento que causaba ver la maña y ligereza de innumerables micos y monos que parece que tienen razón, y en el andar por los árboles parece que imitan a las aves, ásense de la cola a un ramo y arrójanse donde quieren y cuando el salto es grande ásense unos de otros a las colas y hacen como una cadena y después ondéanse, y el primero ayudado de la fuerza de los otros, salta y alcanza y se hace al ramo, y sustenta a los demás asidos uno a la cola del otro, las burlas y travesuras que hacen es cosa larga de decir; quieren imitar en todo a los hombres y así cuando los ven lavar el rostro
[continua en página 122] |