Capítulo 7. llegan a Puertobelo y del viaje hasta la ciudad de Panamá

nuestros compañeros estuvo en harto peligro de un fracaso, que por poco le sucediera; venía un árbol a dar en su proa, viraron a un lado por excusar el golpe y al volverlo cogió la corriente de lleno todo el costado y fue gran merced del Señor no volcarlo y cogerlos a todos y lo que llevaban debajo.
Desde las Cruzes se llevan las mercaderías a Panamá en recuas, por seis leguas de tan mal camino que de un viaje quedan las cabalgaduras sin provecho por muchos días, y esta es la razón porque lleva de flete cada una ocho, nueve y hasta diez pesos ensayados, que valen a trece reales y cuartillo y el de un barco poco capaz por este río, mil pesos ensayados.
El otro camino y comúnmente más usado es por tierra, que si bien se acaba en cuatro días es tan lleno de trabajos y peligros como se ha dicho; por el fueron los mas de los padres, pero antes que comencemos su viaje es de ponderar la manera como se dispusieron para ello. El aparejo de las cabalgaduras era una mala enjalma sin mas freno, ni estribos ni aderezos, los filtros contra los grandes aguaceros y lluvias que cada día caen en aquel paraje, la sobreropa de cada uno; las botas para la defensa, unas medias de lienzo y unos alpargatas de cáñamo; las camas una frazada, que cada cual llevaba sobre su enjalma y era para alabar a Dios ver el gozo de que cada uno hacia, por sus propias manos enseñados de la necesidad, los estribos, los frenos y los cabestros, unos de cabuyas o cordeles, otros de madera, y todos de lo que mejor podían y sabían.
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