Capítulo 5. llega la flota a Cartagena y refiérense las partes de esta ciudad

Pudieran contarse aquí por cosa admirable en su género las Cofradías o juntas de negros bozales congregados el día de fiesta por la tarde en algunas plazas y divididos en coros por sus castas. Angolas, Anchicos, Araraes, Bañunes *, Balantas, Cazangas, Congos, Fulas, Fulupos, Mandingas, Manicogos y otros muchos que tan copiosísimo número de gentes y naciones tiene el África de solos negros. Estos pues se juntan, y al son de instrumentos hechos al uso de su tierra, tambores hechos de una viga gruesa, otros de calabazos con bordones de guitarras y hilos de alambre y algunos con ciertos pedazos de metal que hieren unos en otros y a cuyo compás y pausas entonando el Gaul, que corresponde al músico o entonador levantan juntos barones y hembras de todas edades grande algazara de aullidos, redoblados y acompañados con palmadas, saltos y movimientos, cuantos los miembros que mueve el cuerpo humano tan vehementes y tan recio y de tanto cansancio que no se les pudiera dar por trabajo en manera alguna.
Pero ya de esto se sabe mucho en Sevilla y en Lisboa y así acabaremos este capítulo con referir como una de las ocupaciones del servicio de Dios y en quien la Compañía se ocupa con suma caridad en las Indias es la catequización y enseñanza de los morenos, particularmente aquí en Cartagena, donde por ser recién venidos de Guinea son más bozales y es necesario que los padres trabajen en aprender sus lenguas diferentes, para enseñarles el catecismo y bautizar a los que no lo están, pues por Bula Apostólica de nuestro Santísimo padre Paulo V, expedida
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