Capítulo 5. llega la flota a Cartagena y refiérense las partes de esta ciudad

a cada trecho de lienzo, levantóse a la parte llana de tierra un baluarte bien capaz de mucha artillería y se diseñó de suerte que estuviese dentro el cuartel de la gente pagada. Otro fuerte se levanta en una punta llamada del judío que señorea entre ambas bocas del puerto y adelante en cierta angostura causada de un islote esta otro fuertecillo con su artillería, de suerte que acabadas las fábricas en que siempre trabajan seiscientos negros peones, sin los canteros y albañiles españoles (que estos ganan de jornal a veinte y cuatro reales cada día, tal es la grosidad de las Indias) será una de las mas fuertes, hermosas y bien cercadas ciudades del mundo.
La guarda de la mar, que hasta este tiempo habían sido dos galeras reales consumidas ya son hoy dos galeones de a doscientas y cincuenta toneladas y dos lanchas que con bastante artillería y soldados salen a limpiar la costa. Los navíos grandes, para tener fácil la salida dan fondo tres cuartos de legua de la ciudad mas las fragatas del trato que traen harinas, maíz, arroz, miel y otros sustentos y pertrechos llegan hasta las casas y aunque tan cerca tiene bajíos el puerto, los pilotos prácticos de la tierra los saben salvar, con muy grandes naves, que por todo el discurso del año vienen de Nueva España, Angola, Congo y los Ríos de Guinea y de las Islas de Barlovento, Jamaica, Caracas, Cuba, S. Domingo y de Puerto Rico, Santa Marta, el Río de Hacha y otras partes que raros días dejan de entrar en el puerto.
La Iglesia Catedral que tiene, es sufragánea
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