Capítulo 4. de la llegada a la Dominica, y de los indios bárbaros de aquella isla

venenosa que mata poco después de haber sacado sangre la yaga y sin esta hierba usan cierta composición de venenos y simples ponzoñosos que parece habérselas enseñado el demonio como enemigo mortal de todo el género humano.
En lo que toca al conocimiento de Dios que los crió tiénelos el mismo Demonio tan ignorantes y tan ciegos que es para llorar la miseria y tinieblas en que viven, creyendo grandes disparates acerca de la creación del mundo y del origen de las mujeres. Refieren que después de muertos van a un valle muy ameno, que está en su tierra y que allí verán a sus padres y abuelos y que tendrán comidas con todo género de deleites.
Sólo es para reír el modo de curar sus enfermos principales porque hacen que el médico tenga la dieta del enfermo y le obligan a tomar los brebajes y medicamentos que le receta y si el enfermo se muere hacen ciertas hechicerías y conjuros con que el diablo suele hablar en el muerto y preguntándole si el médico tuvo o no culpa en la cura, cuando responde que guardó mal la dieta y que los medicamentos no fueron buenos le dan muchos azotes y palos al médico y a veces le sacan los ojos según la calidad del difunto.
Capítulo 5. llega la flota a Cartagena y refiérense las partes de esta ciudad
Tardamos desde las Canarias a la isla Dominica treinta días estuvimos en ella uno y una noche y habiendo las naves tomado lo necesario, de agua y leña, y los navegantes algún refresco , martes veintitrés de mayo zarpó la flota del puerto donde había surgido en demanda
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