Capítulo 4. de la llegada a la Dominica, y de los indios bárbaros de aquella isla

que ellos comen cruda tan fácilmente como guisada y más se dice que suelen traer a las naos gallinas de Castilla, multiplicadas de las que les dejaron pasado aquí un navío. Lo que esta vez trajeron a la flota fueron varios géneros de fruta de la tierra de los cuales sólo diré en este lugar de una, que es en la figura semejante a las piñas de Europa y por esto los castellanos le pusieron este nombre bien que es mayor mucho, tiene la carne blanca y blanda, agria un tanto al gusto pero muy sabrosa, cómese toda fuera de la cáscara que se quita cortando y cuando está bien sazonada despide buen olor.
Trajeron más diferentes mariscos y tortugas las cuales dicen que pescan de la manera siguiente.
Toman ciertos pescadillos del tamaño de sardinas los cuales tienen en el vientre tanta aspereza y con ella tal tenacidad que mientras ellos quieren no hay fuerza que baste a despegarlos de adonde se asieron; átanles a estos peces de la cola, dispuesta por naturaleza para el ministerio, un cordelillo largo de muchas brazas y suéltanlos al agua dando carrete el indio pescador que va en su canoa, el Revés, (que este es el nombre del pescadillo a quien parece deberíamos llamar anzuelo de las tortugas) métese entre ellas y pégase en la concha baja de una tan aferrado que cobrando el cordel se va trayendo la tortuga por grande que sea hasta que la pueden meter en la canoa o sacarla a tierra.
Dímosles por paga de las cosas que trajeron a nuestra
[continua en página 104] |