Capítulo 3. de la fiesta que hizo la flota habiendo pasado las Canarias y algunas obras de caridad que ejercitaron los Padres

de batalla, en conveniente distancia las unas de las otras, y vieron en Nuestra Señora del Juncal la procesión siguiente.
Iba por guión de ella una cruz grande y muy linda, que la llevaba un padre de la compañía, aderezada y guarnecida de cintas ricas y de diferentes colores seguíase la gente de mar y pasajeros con arcabuces al hombro galanamente vestidos, porque para el efecto sacaron los mejores aderezos y galas que traían y disparaban con destreza poniendo las bocas de sus armas a la capitana que nos caía a un lado, de quien daban respuesta los soldados todos puestos en arma por los bordos iban luego los religiosos de dos en dos cantando el Himno (Vexilla Regis) y en esta forma habiendo comenzado por el castillo de proa llegó la procesión a la popa donde estaba un altar rico y vistosamente compuesto, más de lo que pudiera esperar de cosa no prevenida antes en tierra. Veíase adornado el testero (de la pared digamos) donde este altar estaba con un retablo imitado de láminas muy finas, grandes, pequeñas y menores y entre ellas varios hieroglíficos y poemas no sólo buenos según lo escrito, letra, versos y agudos conceptos, pero muy vistosos por el dibujo y pintura de las tarjas, y escudos en que estaban, obra de un Hermano pintor, excelente que vino entre nosotros.
Comenzáronse las vísperas y cantáronse con devoción y en canto de órgano, gobernando el coro un religioso tan diestro en la música que pudiera
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