Capítulo 8. Parten los de Sicilia a Roma, alcanzan al padre procurador en Hostia, navegan hasta Génova adonde se les juntan los religiosos de la provincia de Lombardía

Incidit in Scillam cupiens cuitare carybdim
Porque este Scillo, es la Scilla de la fábula, que cuenta Ovidio en el libro décimo cuarto, de las transformaciones. Esta en su oposición Caribdis, distante una legua con otro fuerte, cuyas balas se alcanzan en daño de los corsarios, que no se atreven a pasar por aquel estrecho, donde es frecuente, por desviarse del mayor peligro que es Charybdis dar los navegantes, en las tormentas de Scilla, que son grandísimas como lo sintió Homero en el duodécimo de la Ulisea.
En este pueblo estuvieron quince días por el mal tiempo y por él no dieron en manos de enemigos, pues estaban en el camino bajeles de turcos, que como después se supo, una tormenta los arrojó a las peñas y fueron cautivos. Entre tanto los padres aprovecharon la gente necesitada de consuelos espirituales haciendo la doctrina, predicando y confesando. Desde aquí fueron en demanda de Tropia, que es un pueblo en la costa de Calabria, en el Reino de Nápoles, y con ánimo de ahorrar camino se engolfaron por el golfo que llaman de Vaticano, cuanto más pequeño tanto más bravo y tempestuoso, y así lo experimentaron los padres, que pensaron aquel día acabar todo el viaje de las Indias con la vida. Llegaron a Tropia y partieron el día siguiente a Nápoles, que dista casi ciento y cuarenta leguas del puerto de Messina, y de aquí en cuatro días a Roma, donde sabiendo los tres compañeros que habían de ir al Perú, que el padre procurador de aquella provincia, se había partido, pidieron a su paternidad del padre General, les diese licencia, sin detenerse a ver las grandezas de aquella santa ciudad, para partir aquella misma tarde que llegaron, de cuya resolución se edificaron
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