Capítulo 7. Llega el padre Procurador a Roma, señálanle los compañeros que ha de llevar consigo al Perú; dispónense para el viaje –los de Sicilia –

muralla de nuevos combates y fuertes baterías, pero deshaciendo nuestro señor los nublados del tiempo, a el le quitó los que tenía en su corazón, a los marineros el miedo, la dificultad a la embarcación, y facilitándose todo pudo llegar al deseado puerto de su colegio.
Capítulo 8. Parten los de Sicilia a Roma, alcanzan al padre procurador en Hostia, navegan hasta Génova adonde se les juntan los religiosos de la provincia de Lombardía
Despedidos con los últimos abrazos, a la orilla de la mar, hasta donde salieron muchos religiosos acompañando a los que se partían, se embarcaron los cinco compañeros en una falûa y el día del Santo Patriarca San Antonio Abad, diez y siete de enero de 1616 salieron del puerto de Messina, para Roma, y dando el último adiós tierra, a la suya, eligieron desde aquel día por patria la celestial Jerusalén, ciudad santa, ciudad morada de los ángeles, y soplando el viento común y el del espíritu santo, alejándose de la isla, con el cuerpo y el alma, se engolfaron en la mar y en el golfo del espíritu, haciéndose de nuevo ofrendas vivas, llenos de renovados deseos, que ocasionaba el ver ya comenzada aquella obra que tantas ansias y suspiros les había costado.
Llegaron a la noche al Scíllo, lugar en el estado del príncipe del Scillo, que por ser quizá el mejor que tiene toma del el título su principado, su población fundada sobre un monte, a quien la mar rodea casi por todas partes, pero tan brava que dio principio al versillo,
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