Capítulo 5. De las navegaciones y viaje del Perú a España con el tesoro de las Indias

leguas que dijimos, ultra de que es necesario llevar también un negro peón alquilado y practico de la tierra, para que vaya descubriendo el camino, cortando ramas y salvando los atolladeros y derrumbaderos de los malos pasos, y los vados de continuos ríos, arroyos y torrentes que hay por las frecuentes quebradas de aquel sitio y continuos aguaceros de aquel clima.
En Puertobelo se entrega la plata del Rey por los oficiales reales de Panamá, con más el oro que baja del Reino de Quito, en un navío de Guayaquil, y el oro de Cocle y Veragua, al general de la armada del mar del Norte, el cual la reparte en los galeones de su cargo y los particulares registran sus barras en los mismos navíos a su voluntad, si bien no la tienen de embarcar ninguna plata en las naos de Flota, que entonces está en el mismo puerto la que llaman de Tierra Firme, de vuelta para España, porque la orden y voluntad del Rey, nuestro señor, es que así la plata de su Real hacienda como la de sus vasallos particulares vaya con toda la seguridad y defensa conveniente, tanto para librarla y defenderla de los enemigos, cuanto para asegurarla lo posible de las tormentas del mar. Son los galeones fortísimamente fabricados, los mas de madera de las Indias, que es excelentísima sobre cuantas se conocen en Europa, y con ser vasos muy fuertes son por extremo ligeros. Llevan mucha y muy buena artillería de bronce, artilleros, marineros y pilotos diestrísimos, y mil infantes soldados muy expertos y por razón de esta seguridad los pasajeros caudalosos fletan la cámara de popa de uno de estos galeones en mil y quinientos
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