Capítulo 3. De la idolatría y supersticiones que en estos días se han descubierto en los Indios

la mano o en un mate, la lleva y se van al lugar donde se hace la junta y allí les multiplica el demonio aquella sangre, o la convierte en carne, y la cuecen y comen de ella todos los brujos, y el efecto que se sigue es morirse dentro de dos o tres días la persona de quién se sacó. La muerte suele ser dando voces con bascas rabiosas, tapándose el rostro y diciendo ¡hay que veo a fulano que me viene a matar!, que así cuentan los padres, que fue la de un muchacho que murió nombrando al brujo mismo que hizo el maleficio, preguntando a uno de aquellos brujos y hechiceros a que les sabía aquella carne : respondió haciendo ascos que era muy desabrida y que sabía a ceniza.
Suele aparecérseles el Demonio a quien llaman Cápac, en figura de león una veces, y otras de tigre, y levantándose como perro en dos pies, muy furioso le adoran y bailan entorno. Entran en estos oficios de sacerdotes y hechiceros y brujos, hombres y mujeres particularmente viejas, y son tantos los que hay y los que matan en las provincias, que en pocos pueblos de la visita, se hallaron sesenta y tres personas incursas en esta maldad, y un padre doctrinero (llámanse así los curas de indios) afirmó haber muerto en su doctrina, mas de setenta muchachos, de doce a diez y ocho años, en cuatro meses y que entonces le mataron a una india cuatro hijos, en una semana, sin saberse que fuesen brujos, porque aun no se habían descubierto las idolatrías y supersticiones y maldades de estos miserables engañados del demonio
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