Capítulo 1. De la razón de este viaje y causa de enviar la provincia del Perú por sujetos a Europa que son la idolatría, y necesidad espiritual de los indios.

experimentados en el trato de los indios, a varias partes de la diócesis y volvieron diciendo ser mayor el daño de lo que se decía, de suerte que requería presto y eficaz remedio.
Comenzóse a poner en los años mil seiscientos doce y trece, por orden del señor marqués de Montes Claros, Virrey entonces en estos reinos, y del señor Arzobispo don Bartolomé Lobo Guerrero, a quien nuestro señor hizo pastor de estas espaciosas dehesas para que con su celo velase sobre esta grey, necesitada y menesterosa de un tal pastor. Dieron entre ambos príncipes las instrucciones y autoridad necesaria a sus visitadores con orden que acompañados de Padres de la Compañía fuesen visitando, catequizando y confesando las provincias de este Arzobispado. Todos hicieron con diligencia y cuidado lo que se les encargaba y hallaron no sin grande maravilla y lástima infinidad de ídolos con innumerables ministros y sacerdotes de ellos y los indios casi todos, y aún sin casi metidos en la idolatría y supersticiones
De esta manera, por justos juicios de Dios, estuvo la llaga encubierta en medio de muchas visitas que tuvieron y es de grande admiración que habiendo todos los provinciales pasados, de nuestra Compañía de Jesús de este reino, puesto tanto cuidado en hacer misiones, ya por unas partes y ya por otras, hayan pasado por muchas predicando y confesando y dejádose el mal sin descubrir, hasta que fue servido nuestro Señor, de que en estos tiempos saliese a luz el daño para que echándolo de ver sus ministros procurasen con el esfuerzo que
Entre otras guacas y sepulcros se halló entonces aquella célebre en este Reino, y tan reverenciada de provincias muy distantes llamada Liviancharco, que era el cuerpo de un antiquísimo capitán o curaca (significa señor de vasallos) que se halló en un monte sepulto entre grandes cerros, tres leguas de Lima, en una cueva debajo de un pabellón, vestido de ropas ricas del tiempo de los Ingas reyes del Perú, con los ojos de oro y mucha plumería por todo el cuerpo (de que hacen lindos vestidos) y unas como medias lunas con que adornan la cabeza a modo de diadema.
Hallóse otro cuerpo de un
[continua en página 6] |