Capítulo 14. Juntanse los Padres de Alemania con los de Flandes y salen de Dunquerque para España

es aquella católica y magnífica república, tan gran benefactora de las religiones, como lo muestra la santidad de sus templos y la riqueza con que en todos ellos se sirve el culto divino, pero en particular son tan afectos a la Compañía de Jesús que el magistrado le labró buena casa, tan grande y tan magnífica, que no es mejor alguna de cuantas tenemos en Europa. Y cuando los padres se hubieron de mudar de la antigua en que vivían antes, al Colegio nuevo de Lilla, no consintió la república que pasasen algo de cuanto allá tenían, camas, vestidos, ni otras alhajas, porque comenzando a vivir en la casa nueva, quisieron que todo lo demás fuese nuevo, liberalidad y magnificencia digna de singular correspondencia y agradecimiento en toda nuestra Compañía.
Alegróse mucho el padre rector del Colegio de Lilla, con la llegada de los padres alemanes y habiéndolos regalado más de lo que, la brevedad del tiempo permitía, los despachó al puerto de Dunquerque, que esta de allí dos jornadas y con su llegada vino juntamente el buen tiempo, que los demás aguardaban para embarcarse, o por mejor decir, parece que nuestro Señor no había querido enviarlo antes, porque pudiesen salir juntos en una embarcación, y fueron por todos diez y nueve sujetos, y a diez y nueve de marzo, día del glorioso patriarca Joseph, virgen esposo de la virgen, del año 1616, se desataron del puerto, con esperanza de encontrarse en Cádiz en quince o diez y seis días de navegación, pero sucedióles de otra suerte, porque el mar hizo de las suyas y los padres experimentaron su amargura en desgarrones, en vaivenes, en tormentas,
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