Capítulo 13. Del viaje de Inglostadio hasta la ciudad de Dunquerque

misericordia de nuestro Señor, pues quiso ablandar los corazones de aquellos herejes, cuanto fue concerniente para albergar y regalar y aviar después a sus católicos.
Pasando este bosque se va entrando por el palatinado que llaman, estado del Duque Palatino hereje, y en otras tierras de príncipes enemigos de la fe, y por esto caminaban en hábito de seglares por no ser conocidos, aunque en muchas partes no se podían encubrir del todo.
Y porque se vea, cuanta fuerza tiene el buen ejemplo en los corazones de los hombres, pondré aquí la eficacia que tuvo el que dieron los padres en cierto pueblo de herejes, donde siendo conocidos por jesuitas, y sabiendo que iban a las Indias a convertir almas a la fe católica, dejando para esto el regalo y comodidades de su patria y entregándose voluntariamente a los caminos, mares, y peligros que habían de pasar, dijeron con sentimiento afectuoso: sin duda que es verdadera y divina la fe de los Romanos, pues tienen varones tan celosos de su ampliación que sin pretender oro, ni plata ni otras cosas preciosas en el mundo, buscan con tantos trabajos y fatigas la salvación de los hombres. Esfuerzo es este, que sobrepuja humanas fuerzas, y arguye brazo y poder sobrenatural, cuando nunca, (vueltos a los suyos, prosiguieron) habemos visto en nuestra ley semejantes pechos, ni varones entre nuestros predicadores, que procuren con tanto ni con menos esfuerzo, extender nuestra doctrina; que otra cosa pretenden nuestros sacerdotes, sino sus ganancias e intereses, su regalo y estimación! Lumbre tuvieron del cielo estos desdichados y auxilios divinos en esta ocasión, para convertirse
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