Capítulo 13. Del viaje de Inglostadio hasta la ciudad de Dunquerque

vadeando ríos de agua helada, sin mas defensa ni ayuda que sus fuerzas no acostumbradas a vigor tan grande.
El día que salieron de Ingolstadio, llegaron a la ciudad de Eistadio, donde sabiendo de su llegada, el señor obispo, que juntamente es príncipe secular de aquel estado, los hizo venir a Palacio y regaló con extraordinarias muestras de amor y estimación de sus personas, y compadeciéndose del mal día que habían pasado y de los que habían de pasar adelante, les proveyó de algún avío, y por mas que los padres repugnaron les dio una carroza en que fuesen, y gente que los acompañase, hasta salir de su distrito ordenando a los gobernadores de los pueblos por donde habían de pasar, los cogiesen y regalasen como a ángeles venidos del cielo, (que esas fueron palabras de sus cartas) añadiendo que no debían llamarse hombres, los que en la flor de su juventud, menospreciando los regalos de patria, parientes y amigos, emprendían jornada tan larga y trabajosa por agradar al señor.
Visitaron en esta ciudad de Eistadio los cuerpos de los santos, Uvilibaldo y Valpurga, virgen y mártir, de quien destila hoy día un licor y óleo milagroso con que sanan muchos enfermos; causa de ser muy frecuentado y venerado el santuario de estos santos, y el día siguiente continuaron sus jornadas hasta que entrando en el ducado de Franconia llegaron a la ciudad de Herbipoli, en ocho días de camino.
Baña esta ciudad el río Meno, y es cabeza de lo que llaman Francia oriental, que hoy es la parte de Alemania contenida en el ducado de Franconia; y desde el tiempo de san Bonifacio, Arzobispo de Maguncia, silla episcopal, en quien esta incorporado el
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