Capítulo 11. Señálanse cuatro padres de Alemania para las Indias y causan grande emoción en toda aquella Provincia

otras ordenes que hubiese entre ellos, quien voluntariamente quisiese condenarse a tan largos destierros de su patria, los seglares hablaban como suelen de todas las cosas de este mundo bien y mal.
Murmuraban los unos, hasta llegar a sacar pasquines e invectivas contra la novedad y poco acuerdo (decían ellos), de los padres en dejar sus tierras y parientes, por irse al fin del mundo a morir en climas extraños y contrapuestos, los otros, alababan los ánimos cristianamente heroicos, en resolución de empresa tan ardua y a fin tan santo, cuanto iba enderezado el viaje, acreditándolos juntamente con loables apologías y encomios escritos y publicados en verso y en prosa y en varias lenguas engrandecían estos la fe católica, que pone tal esfuerzo en sus fieles, aquellos menospreciaban la caridad, juzgándola por desordenada e imprudente y llamando locura y desvarío lo que es acuerdo del cielo.
Estando pues los seglares encontrados en su parecer, iban a una y conformes los de Cristo en los padres de la Compañía, que con santa envidia de los cuatro que salieron nombrados, alababan todos su vocación apostólica, esperando cada cual gozar en algún tiempo de semejante dicha y buenaventura, pues veían las puertas hasta entonces cerradas, abiertas ya, a sus intentos y deseos, y se consolaban de la pena que les causó el ver que fuese el número de los señalados y escogidos tan corto, habiendo sido el de los que se ofrecieron y lo pretendían tan grande.
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