Capítulo 10. Del viaje desde Alicante a Sevilla

Es Málaga, por el mercado y feria de sus frutos y contrataciones, frecuentada de los navíos Franceses y Flamencos y otras naciones septentrionales, fuera de los que vienen de Italia y continuamente se miran surtos en su puerto, entrando y saliendo muchos cada día, aquí pues saltaron los padres, a tomar refresco y algún matalotaje, lo cual se hizo con abundancia porque nuestro colegio de la Compañía en aquella ciudad, tiene lo necesario, y los que le habitan se mostraron tan llenos de caridad, que les pareció aquel día ocupado en regalar sus huéspedes una hora.
Salieron de allí el siguiente [día] los navíos, y a tres de viaje, entrando por el Estrecho de Gibaltar o como el vulgo dice Gibraltar, a dos leguas calmó el viento, y reconociendo que descaecían con la corriente, se abrigaron con el puerto, que es bueno y muy grande, y donde por la misma necesidad, se fueron guareciendo mas de cuarenta navíos ingleses y holandeses, causa de poder sospechar y recelarse los del pueblo, y la sospecha se aumentó al día siguiente, con los padres mismos, porque desembarcándose para decir misa, como los viesen en tierra sin manteos ni ropas pardas, que es el hábito que comúnmente traen los de la Compañía en España, por las ropas negras que usan en Italia, fueron tenidos por clérigos ingleses o de Holanda. Aguardaron a que saliesen de la Iglesia y lleváronlos
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