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Capítulo 10. Del viaje desde Alicante a Sevilla

a entender que temía de aquella aversión, no permitiése los demás cabos ingleses y sucediese una gran desgracia, tratóse de prevenirla y remediarla y acordóse que desembarcasen algunos padres en el primer puerto, para que se entendiese que todos se quedaban en tierra y de esta suerte cesase el rencor, y la sospecha, y los malos efectos que se temían. Hízose pues de la misma suerte, presto, porque con ocasión de una tormentilla que les sobrevino, se recogieron los navíos al puerto de Castel de Ferro, donde desembarcaron ocho religiosos y se publicó lo que estaba ordenado.
Vueltos a la mar los restantes, y prosiguiendo su viaje, tocaron en Málaga, ciudad ilustre de la Andalucía y de silla episcopal, sufragánea al Arzobispado de Sevilla, y fundación antigua de los Phenices, ochocientos y cuarenta años antes de la venida de Cristo, según refiere Francisco Tarrafa, situada en contra de la ciudad de Siga, en África, corte del Rey Syphax, como Plínio y Mela; mas conforme al doctor Bernardo de Alderete, diligente enunciador de toda antigüedad, y autor honra de la lengua española, y digno hijo de esta noble ciudad, en el libro tercero de las antigüedades de África, capítulo treinta y uno, Veles o por mejor decir el Peñón, casi está en el paraje de Málaga, tampoco se le olvidó en otra parte, que Malacos y de ahí Malaca, en griego y en latín, y luego Málaga en castellano, significa suave, blando, manso, tranquilo, sosegado, epítetos propios a la nobleza y afabilidad de sus ciudadanos, ricos por la fertilidad del Terreno, de trigo, vino, aceite y todo género de frutas, carnes, caza y pesca abundantísimo.
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Saltan en tierra en Castel de Ferro algunos padres para dar lugar al odio del hereje
Cosas notables de la ciudad de Málaga
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