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"NADADORES. Un ensayo de no novela histórica "

Capítulos
XXVIII al XXXIX

   
   

 

   
CAPÍTULO XXVIII CAPÍTULO XXIX CAPÍTULO XXX
CAPÍTULO XXXI CAPÍTULO XXXII CAPÍTULO XXXIII
CAPÍTULO XXXIV CAPÍTULO XXXV CAPÍTULO XXXVI
CAPÍTULO XXXVII CAPÍTULO XXXVIII CAPÍTULO XXXIX
 

XXVIII.

"¡Quiero salir de aquí", gritaba el poeta Carlos Oroza mientras corría y corría, corría y corría por la playa hacia la casa abandonada. "Corro, corro, corro, corro por la playa hacia la casa abandonada..." O algo así.

En el origen del mito de los corsarios Barbarroja está una fuga a nado. Así la narra un tal Francisco López --licenciado alcalaíno, al parecer-- que después de mucho viaje de conocimiento y de contactos supo ser sensible a los grandes relatos del mar y nos dejó algunos de los más logrados de aquella época en la que andamos nadando al encuentro de Nadadores.

Después de un combate en aguas de Candía con una galera de Rodas --estamos en los años 90 del siglo XV--, un Aruch Barbarroja veinteañero es hecho prisionero por los caballeros de Rodas y es llevado esclavo a la ciudad / fortaleza principal de los Caballeros de San Juan de Jerusalén en aquella isla. De allí los Caballeros de San Juan serían expulsados por Solimán en 1522, y poco después se instalaron en Malta, pasando a ser más conocidos como Caballeros de Malta. Pero en estos momentos son todavía los Caballeros de Rodas. Antonio López de Gómara llama a Aruch de una manera muy rara, Omiche, que él cree que es palabra que significa Renegado, uno de los perfiles que se intenta destacar en la elaboración del mito del corsario enemigo. Pero es hora de enmudecer de nuevo y acoplarse a otros ritmos y acordes.


XXIX.

"Con las galeras llenas de esclavos y presa
fueron a Rodas muy Victoriosos.

Entre los cautivos que tomaron en aquella rota --por derrota--
fue Omiche.
El cual anduvo dos años al remo con una cadena al pie.

En todo este tiempo nunca quiso decir su nombre
temiendo que si lo decía lo matarían los cristianos,
porque Omiche quiere decir Renegado.

Era hombre más bermejo que de otro color.
Los de la galera en que él andaba por fuerza
--como él no quisiese decir su nombre--, viéndole de aquel pelo
comenzáronle a llamar Barbarroja.
De aquí le quedó el nombre.

Pasados dos años --después que Omiche fue preso--,
fue la galera en que él estaba aherrojado a tierra de turcos
a hacer --como solía-- algún robo.

Allí hubo un cuchillo
con que se cortó el talón del pie donde llevaba la cadena.
Y --cortado-- sacóse la cadena y echóse al agua
y salió a tierra nadando."


En el primer perfil heroico en la vida de un héroe popular --el hermano mayor de los Barbarroja en este caso--, la alegría del Nadador.


XXX.

(En este momento --fragmento temporal presente, finales de enero de 2002--, cuentan noticias --avisos-- en la tele de un desastre en un Canal de Lagos, en Nigeria, causado por el incendio de un polvorín militar que destruyó gran parte de la ciudad. Mucha gente huyendo del fuego saltó al Canal y muchos no sabían nadar. Murieron a centenares. Interferencia. Sospechas de azar objetivo).

El obispo Prudencia Sandoval usó los papeles de Francisco López de Gómara a placer, parece, pues le copió mucho, sobre todo en estas historias de la frontera mediterránea tan movida. Pero tiene sus acentos personales, en ocasiones más desgarro expresivo. Así, le parece suave expresivamente decir que Aruch Barbarroja se cortó el talón, y de lo poco que cambia en su relato está la acción de cortarse "el calcañar con un cuchillo", más plástico si cabe a la hora de imaginarse una travesía a nado con un trozo de pie de menos, que casi da dentera. Las narraciones orales --las Relaciones de los Relatores que relatan-- de los que iban y venían --fragmentos de fragmentos a veces descabalados a capricho-- elementos constitutivos de un gran mosaico siempre inacabado como un viejo romance.


XXXI.

Tanto Francisco López como el obispo Sandoval --su seguidor-- recogen, modulan y amplían un largo legado oral y fragmentario, entre el que destaca una obra clásica turca reconstruible por su versión hispana de 1578 --corazón de una edad de oro de literatura y corso multiforme en este escenario en el que nos hemos ido sumergiendo casi sin querer--, hecha por un secretario valenciano, Juan Luis Alzamora, con la ayuda de un esclavo turco de Salónica que sabía turco y algo de italiano. Una pequeña joya de los servicios de información filipinos, pues se trataba de una autobiográfia del segundo Barbarroja, Jeredín, tomada directamente de conversaciones del protagonista ya anciano con el "musulmán nuevo", poeta y cronista cortesano Seyyid Murad. Pura alquimia literaria. Sobre cómo triunfar en la frontera. Más que sobrevivir.

El episodio de la libertad a nado del mito Barbarroja --ya consolidado cuando se escribe semi al dictado el texto-- es modélico. En un viaje para entregar a cautivos turcos rescatados en Malta, dos galeras maltesas quedan cerca de la costa turca y Aruch --galeote esclavo encadenado en una de ellas-- aprovecha la Ocasión para huir.

"Oruch --antes que saliese de Rodas--
de las dos cadenas con que iba herrado
había limado la una --dejándola de manera que nadie lo conociese--
y aquella noche --en tan buena ocasión--
limando la otra
se echó a la mar y escapó nadando.
Y --besando la tierra--
se fue a un lugarcillo que está allí cerca, en un alto,
y entró en casa de una Vieja que le conocía.
La cual se holgó de verle libre y le trajo de comer.
Los del lugar fueron a verlo con mucha alegría.

Aquel lugar está enfrente de Rodas,
a donde se van siempre los esclavos que se escapan de ella.
Allí los reciben bien y les dan de comer y de vestir.
Y, así, vistieron a Oruch y le dieron dineros para el camino."

Ninguna palabra sobra en un relato de corte mítico-sagrado, en la evocación del despertar de un mito. La esclavitud, la libertad a nado, la piedad de la Anciana a quien se manifiesta el héroe --misteriosa amiga, distribuidora de los pensamientos, avisadora--, el reconocimiento "con mucha alegría" y el inicio del viaje --égira corsaria-- al encuentro con la Fortuna. El fin del camino izquierdo del mandala. El remonte.


XXXII.

Es complejo el mito Barbarroja. El hermano mayor, Oruch o Aruch, el Nadador cojo del calcañar cortado, es el protagonista fundador de la Argel clásica corsaria. Manco tras un combate con los hispanos --y con un brazo articulado de plata, al decir de Mármol--, colma el modelo de príncipe nuevo al señorearse de Argel y controlar un amplio territorio. Murió lejos del mar, en las proximidades de la ciudad histórica del interior Tremecén, después de haber hecho ahogar a todos los varones que pudo capturar de la familia real tlemsení en un gran estanque que había en la ciudad. El mismo Mármol --sensible como nadie a los relatos orales de la gente-- hace reír al corsario y primer rey de Argel viendo "boquear", dice, a aquellos príncipes tlemseníes que no pudieron ganar --no ya su libertad-- su vida a nado.

Si Aruch murió relativamente joven --a los 44 años, "en el tiempo de las cerezas", recuerda el narrador Sosa--, violentamente, a espada, lejos del mar y de los suyos, su hermano Jeredín será quien colme el Mito. Al sucederle y heredar Apodo --Barbarroja-- y Reino --Argel--, y al morir anciano, muy rico y respetado en Estambul, a los más de 60 años de su edad, con su hijo Hasán al frente del régimen de la ciudad que entre su hermano --el Malogrado o el Desdichado-- y él --el Afortunado-- lograran fundar --el primero-- y preservar y engrandecer.

Mito biv/balv/bo --si existe--, bífido --si cuadra--, bifronte o bitodo. Bix. Mueren cuando aún no ha nacido el gran corsarismo inglés atlántico, pero el pirata cojo --pata de palo--, manco --capitán Garfio--, de Virtù y Fortuna peculiares --casi muy pop y hasta "okupa - resiste"--, de muerte prematura y en acción --tan cinematográfico--, no es más que una caricatura de aquellos Arraeces Aventureros, Señores de la Frontera más íntima de Europa. Y del modelo de todos, Aruch el del Brazo Cortado --como le llama alguno--, el mayor de los Barbarroja, el Nadador.


XXXIII.

La Relación del cautiverio y libertad de Diego Galán ha tardado cuatro siglos en ser publicada --esto es: hecha pública en letra impresa--, aún siendo una de las narraciones autobiográficas hispanas más refinada y emotiva. Sí se había publicado otro texto, Cautiverio y trabajos de Diego Galán, natural de Consuegra y vecino de Toledo (1589-1600) --en 1913, sólo tres siglos después--, que era la segunda redacción que hace Diego Galán de su vida, después de que le dijeran que la primera redacción --la que ahora aparece publicada con el título de "Relación..."-- era poco literaria, había que adornarla o hacerla más ampulosa o novelera para que pudiera editarse. Hoy sabemos que ese consejo era errado --que la segunda redacción destrozó la eficacia narrativa de la primera--, pero por una cosa o por otra permaneció inédito en la biblioteca de El Escorial, en una copia del siglo XVIII del monje Francisco de San Miguel --muy literario: archivero, copista, amanuense-- que es la que usan sus editores actuales. Diego Galán había estado en Argel y en Estambul, había viajado por Grecia y remontado el Danubio desde el mar Negro hasta Moldavia y Transilvania, antes de regresar vía Italia a Valencia y volver a la casa de sus padres en Consuegra. La narración de su viaje de veinteañero la narró oralmente en muchas ocasiones a petición de sus vecinos y amigos, una vez en Castilla: había ingresado en el orden superior de "los que van y vienen" y tienen --por eso se hacían "corrillos" en torno a ellos-- "qué contar". Por sugerencia de sus oyentes redactó esa primera versión que hoy se publica --clásico mínimo o máximo inédito--, sobria y vistosa, vaga y precisa al mismo tiempo como todo relato de corte popular, fiel a la realidad vista y oída, el tiempo real que se cuela por todos los intersticios expresivos del relato, del tiempo histórico-literario en él reflejado como en un espejo. Uno de los mitos de la narrativa moderna.

Y en el relato del joven Diego Galán --cómo no-- aparecen de manera natural Nadadores. En tres momentos muy distintos de esa historia de viajes espléndida, la primera en el mar de Argel, la segunda en el mar de Sicilia, a la altura del cabo Pájaro, la tercera nada menos que en el Danubio, a la altura de Moldavia y de Transilvania, en las fronteras de Hungría.


XXXIV.

La aventura en el mar de Argel es una típica rebelión de esclavos en dos galeras turcas enviadas a Tetuán, en Marruecos, para transportar un presente que el rey de Fez enviaba a Estambul cada año. En cada galera iba un Mujtadí/Renegado que en secreto deseaba volver a tierra de cristianos, y en Tetuán compraron armas --cuchillos y alfanjes-- para vender en Estambul, operación de comercio de armas normalizada y comercialmente ventajosa. Pero en secreto los Renegados trataron con los Despenseros de sus respectivas galeras --que eran cautivos cristianos y sabían "el trato que se había ordenado"-- una posible Facción contra los turcos. El plan es en verdad novelesco:

"...A vueltas de la media noche --cuando los turcos
fuesen durmiendo en sus ballesteras, descuidados del caso--
los dos Despenseros de las dos galeras
a quien se habían entregado los cuchillos y alfanjes,
que los fuesen dando a los cautivos
--que estaban en el remo del portillo de la Despensa--
para que los fuesen repartiendo de banco en bando.
Y --acabados de repartir-- con gran silencio,
al tiempo que se levantase de la popa Ysufo Remolar
--que era el Cabo de las dos galeras--
para entrar en la Secreta hacia la media noche
--como lo tenía de costumbre--,
cuando le pidiese el Renegado el paño de manos al Despensero,
juntamente le diese un asador
con el que este Renegado hiciese seña a la otra galera
--que iba en par de la suya-- con el paño de manos,
ondeándole para que a este tiempo los cautivos
con las armas repartidas matasen los turcos
que estaban dormidos, descuidados del caso."

Un plan de fuga modélico, con sus personajes arquetípicos, El Renegado, el Cautivo/Esclavo --ya sea Despensero o Remero-- y hasta el Cabo de las galeras con ese nombre --Ysufo/Yusuf-- y apodo --Remolar, sin duda alusivo a su oficio de carpintero de remos de galera-- tan habitual en los medios berberiscos, de la frontera. Después del plan, la realización del plan a línea seguida --a la salida de Argel, en donde habían hecho escala en su viaje hacia Estambul--, como si Diego Galán quisiera remachar sus líneas maestras ante su auditorio.

"Y así lo hicieron.
Porque este Renegado,
en lugar de dar aguamanos al capitán Ysufo Remolar,
hizo la seña y luego con el asador le mató.
Y todos los cautivos a un tiempo mataron todos los turcos.
Escaparon muy pocos de ellos, que --heridos-- se echaron al mar
y salieron nadando a tierra y se volvieron a Argel,
donde dieron la nueva
de los muchos que habían ido a cenar con Mahoma."

Sobriedad audiovisual, eficacia evocadora, con ese final irónico de mandar a cenar con Mahoma a los muertos en el levantamiento y ahogados. El final también es modélico, con ese premio de la gracia real a los Renegados y presente/regalo de dos galeras a la Virgen de Montserrat, sin duda el precio de la reincorporación de los dos Renegados a la sociedad cristiana.

"Y las dos galeras tomaron su derrota para la isla de Mallorca,
y de allí pasaron a Barcelona, donde fueron muy bien recibidos.
Y partieron el presente que llevaban para el Gran Turco,
que muchos de ellos quedaron ricos.
Y las dos galeras se presentaron a Nuestra Señora de Monserrate
y fueron a visitar su santa casa más de 400 cautivos,
que por intercesión suya con su precioso hijo los alcanzó la libertad.
La majestad católica de Felipe II
--en cuyo tiempo sucedió-- premió a los dos Renegados
por hecho tan heroico y tan grato a su ojos y digno de eterna memoria."


XXXV.

El protagonista del segundo relato de Nadadores de Diego Gaitán es un Renegado de Granada --de nombre cristiano Luis y Mostafa de nombre musulmán --, amigo del autor, y al que poco tiempo antes, en el puerto tunecino de Biserta en donde invernaban, había confiado un cuchillo con estas palabras:

"--Diego, por tu vida, que me guardes este cuchillo en parte escondida hasta que llegue la ocasión de pedírtele."

Esa ocasión llegó a principios del verano, cuando navegaban de Biserta a Estambul, a la altura del cabo Pájaro, "que es en la propia isla de Sicilia, adonde echaron áncoras a dos horas de la noche para descansar la chusma". Esa es la Ocasión que esperaba el granadino Luis/Mostafa para intentar ganar la costa a nado.

"Apartados del cabo (Pájaro) y las galeras había una isla pequeña
que llaman isla de las Corrientes.
Y --estando reposando las galeras, durmiendo todos los cautivos,
los turcos en silencio con centinelas en crujía--
salió de la camareta de popa Mostafa
--que me había dado a guardar el cuchillo en Biserta--
y con mucho silencio pidió que se le diera.
Dísele lo más quedo que pude, sin hacer ruido con la cadena,
y él entró en la Secreta como que se entraba a proveer.
Y --echada la cortina-- se desnudó, quedándose en valones de lienzo.
Y por el abujero de la Secreta --asido del cordel de la cubetilla--
se dejó caer al mar con intento de llegar al cabo de Pájaro
y --tomando tierra-- irse al lugar más cercano que hubiese de cristianos
y desde allí volverse a España.
Esto viene a ser gran delito entre los turcos y tiene pena de muerte.
El pobre mozo fue desgraciado porque, apenas se hubo
apartado de la galera, cuando fue descubierto
y al punto se arrojó tras él un moro buen Nadador
y le alcanzó donde estaba forcejeando con una punta de corriente
que salía de entre la isla que dije y el cabo de Pájaro.
Queriéndole asir, se defendió con el cuchillo y le hirió en un brazo.
El mozo, como se sintió herido, se volvió a las galeras.
El pobre Mostafa se quedó bregando con la corriente,
que no le dejaba salir a tomar tierra.
Luego, un turco valentón de la popa de mi galera
--por complacer a mi amo-- se desnudó de presto y dijo.
--Yo le traeré.
Y se arrojó al mar.
En breve rato llegó a donde estaba Mostafa.
Y llegándole (a) asir, le hirió en una pierna
y se volvió herido a la galera.
Y Mostafa --rendido ya de la corriente-- se dejó venir
y pidió a voces que le asiesen porque se ahogaba.
Echáronle en qué se asiese y le subieron arriba.
Y el Bajá, sin preguntarle nada, mandó que le echasen una cadena
y le metieron en la cámara de en medio en prisión."

No había podido ganar lo que él deseaba como su nueva libertad a nado. Triste final para un fugitivo, encontrarse con contracorrientes difíciles de bregar en una travesía.


XXXVI.

El tercer episodio con Nadadores evocado por Diego Galán hace entrar en escena a un héroe nacional rumano, Miguel el Bravo, Vaivoda de Valaquia en 1593 y de Moldavia en 1600, antes de morir asesinado en el verano de 1601. Los turcos había organizado una expedición con naves Danubio arriba, y construido un puente de barcas sobre el río para someter a castigo y saqueo a transilvanos y moldavos. Al final de la temporada --por San Simón y Judas se iniciaba la retirada en estas operaciones para invernar--, válacos y transilvanos atacaron a los turcos a la altura del puente y provocaron una gran confusión, obligando a los turcos en retirada a abandonar gran número de esclavos y ganados y causándoles muchas bajas. El momento culminante descriptivo de Galán --que llegó medio muerto a Estambul de esta expedición evocada, como muchos de sus compañeros--, es precisamente cuando aparecen Nadadores forzados en el paso del puente de barca:

"...Con dos piezas gruesas de artillería
que los cristianos plantaron en un alto,
acañonearon la puente y le hicieron una quiebra,
de modo que atajaron el paso.
Y todos los que quedaban por pasar perecieron,
de ellos ahogados y de ellos a lanzadas y arcabuceados.
Y otros que nadando se iban a favorecer de la puente,
hallaban más peligro
porque los cristianos estaban enseñoreados de ella
y los mataban a estocadas y lanzadas.
Y algunos se asían de las espadas, segándose las manos.
Otros acudían a las galeras, pidiendo les echasen en qué asirse.
Y las galeras --oprimidas de las balas de artillería de los cristianos--
hicieron mucho en retirarse a la otra orilla,
donde no les alcanzasen las balas..."

No tiene desperdicio el gran relato inédito hasta hoy del toledano Diego Galán, en todos y cada uno de sus fragmentos hay emoción y verismo, pasión narrativa y tiempo real --realidad, aviso-- que se impone al tiempo histórico-literario del relato de un testigo leal.


XXXVII.

Ya está bien.

Faltan Nadadoras. Un reto --le reto a-- para Germán Vázquez Chamorro --puro siglo de oro nuestro su nombre en criptograma--, que sé que anda enredado con corsarias y capitanas. Amazonas. El río de las Amazonas. Algo sagrado. Hay muy bellas historias de mujeres en la frontera, aunque es mucho menor el número de fragmentos --fragmentos de fragmentos-- en los que uno puede sumergirse para nadar.

Una de esas historias --por raro azar-- nos pudiera servir para medir el impacto del mito Barbarroja en el imaginario popular mediterráneo del momento. Lo narra una madre --Regina Cuartana-- a su hija --Cali Cuartana-- en una carta. Separadas por el cautiverio, después de muchos años la madre Regina localiza a su hija y le escribe esa carta en la que --entre otras cosas-- le cuenta alguna anécdota de su niñez. Una de ellas, en concreto, premonitoria de su posterior cautiverio y fortuna, pues la niña cautiva ha entrado en el harén del heredero otomano. De nuevo, la dicha de enmudecer.

"Vos (hijita mía --la llama en otro lugar--) solíais decir:

"--Madre mía, madre mía, vendrán los turcos y me prenderán. Vendrá Cairadín Bassá y me prenderá.

"Y nosotros decíamos:

"--Esta hija, al fin ha de ser musulmana.

"Y no pasó mucho que --por Dios quererlo-- fue todo cuanto predijo vuestra boca."

Pero esta es otra bella historia --muy en el margen de la vaga guía seguida hasta aquí-- y que precisa otra aproximación más afortunada. Quede así, Cali Cuartana, la Gran Sultana, adoptada por Cervantes para su admirable e inquietante doña Catalina de Oviedo.


XXXVIII.

Pero quiero terminar --como no-- con la mujer y el amor. "Amor de madre", como no podía ser más/menos en este medio fronterizo, tan carcelario en tantos de sus perfiles. El amoroso encuentro entre Sinam Bajá y su madre la señora Lucrecia, a la que no veía desde su juventud. Y lo quiero recoger aquí como broche final a esta divagación sobre Nadadores, porque su protagonista --aunque no tengo testimonio documental por el momento-- fue un gran Nadador. Cautivo de adolescente en compañía de su padre Escipión Cigala, un gran corsario genovés, se quedó en Estambul con el nombre de Sinam y llegó a ser --en los años del centenario del ascenso de los Barbarroja en el otro extremo del mar-- Primer Visir y Capitán del mar --o Almirante de la flota turca. Modélico Nadador.

La nonovela breve del final es resultado de una carta de un profesor de viaje a sus alumnos, desde Florencia en este caso, y le conservo la erudición que la acompaña --tan poco académicamente expresada-- para resaltar su valor como no-novela, aunque sea en su modelo más simplicado.

Y un consejo final del poeta Ayala: gana tu cuerpo a Nado.

Abrazos, un Nadador.


XXXIX.

FINAL.

Flor de flores o nonovela breve final en modelo simplificado.

LOS CORSARIOS TAMBIÉN TIENEN SU CORAZONCITO.

La copia de las siguientes cartas está en la Biblioteca Nacional de Florencia --en la sección de manuscritos, II,II, 201, pp. 339 a 342. Con esta cita os las localizan... La primera carta viene titulada así: "Carta escrita por el Cigala, General de la Armada turca --"turchesca" escriben los italianos, y se pronuncia "turquesca"--, estando en el mar de Sicilia, al Virrey de Sicilia, en septiembre del año 1593".

Traducimos, sobre la marcha:

"Ilustrísimo y excelentísimo señor,
que entre los seguidores del buen Cristo ha estado elegido Virrey
y --a su término-- obtenga mejor estado aún.

"No le escribo ésta
sino para haceros entender --como ya sabéis--
que ahí se encuentra una pobre vieja, mi madre.
A la cual, en el final de sus días, desearía ver.

Espero que al recibo de ésta, mi carta,
os placerá mandarla --a su madre, claro-- en una barca de costa,
pues no tengo otro deseo que verla, sin daño ni mal alguno.
Y después de haberla visto, reenviarésela
así como he hecho con mi hermano los días pasados
--el cual había venido a Costantinopla--,
que después de haberlo visto lo reenvié.

"El portador de ésta es un cristiano.
El cual era esclavo y lo he hecho libre --es más, franco--,
y lo envío para este servicio.
Y quedo con grandísimo deseo a la espera de que todo salga bien.

Y no se piense que lo envío para tener alguna noticia nueva,
porque debéis saber que tenemos plena y buena información.

"Entonces, espero de vuestra cortesía
que os dignéis enviarla con una barca;
o bien, que me deis aviso en el caso de que deseéis
que yo envíe un navío y después libremente la vuelva a llevar.
Y durante todo el día de mañana quedo esperando la respuesta.

"Y en la época de los otros capitanes,
cuando venía armada --turca, se entiende-- a este lugar donde estamos,
se levantaba bandera de fe
y se hacían canjes y se rescataban esclavos.
Cosa que, por mi parte, se hará ahora.

"Y a mi madre he escrito también una carta.
Plázcaos hacérsela entregar.
"Sinam Bajá, Primer Visir y Capitán.

"Al señor don Pedro, Capitán de las galeras de Sicilia,
le envío mil saludos,
habiendo sido siempre su padre --de feliz recordación--,
amigo del mío --de feliz recordación--".

La carta es una delicia. Lo de "hombre franco" es un status jurídico, podría decirse, especial, el de los súbditos del sultán otomano que no son musulmanes, aunque sean libres, y para abandonar el territorio del sultán debían de hacer unos trámites, que por supuesto incluían pagos en dinero, algo así como los residentes extranjeros hoy que deben cubrir unas formalidades policiales y fiscales en el país en donde residen. La "bandera de fe" hay que entenderla como una especie de tregua durante la que se puede entrar en negocios de canje y rescate de cautivos, o comerciales sin más, con seguridad por ambas partes. Es típica de los usos corsarios --y de guerra-- y muy deseada por los familiares y amigos de los cautivos pues facilita y hace menores los gastos que siempre llevan consigo los rescates de los esclavos. En fin, la alusión a la vieja amistad entre don Sancho de Leiva, padre de don Pedro, y el Cigala padre, ambos cautivos en Estambul a principios de los años 60 del XVI, es también reseñable; así como las especiales relaciones --la visita del hermano-- que podían surgir entre los dos mundos, el mundo cristiano y el musulmán, típicamente fronterizas.

Veamos la respuesta gentil y cautelosa del Virrey, comprometida por el hecho de la amenazadora presencia de la armada turca frente a la costa siciliana. Modernizamos el castellano "macarrónico" del copista, lo mismo que la puntuación, como en la carta anterior.

"Sigue la respuesta del Virrey a Sinam Bajá:

"Excelentísimo y temido entre los turcos
Sinam Bajá, Visir y Capitán:

"Recibí vuestra carta y leíla con mucho gusto.
Y para Nos demanda tan piadosa, (la) he remitido
a la determinación que quiera tomar la señora Lucrecia;
que por su cristiandad y haber tenido tan honrado marido
y siendo madre de tan valiente capitán,
la enviaré en una galera de fanal acompañada con sus hijos y nietos,
con que Vos enviares aquí --con dos galeras de fanal--,
a vuestro hijo mayor Zequines,
que estará en poder del Capitán General don Pedro de Leiva,
respetado y honrado conforme a su calidad.
Y en seguridad doy en prenda mi palabra, en nombre de (su) majestad.

"Y en lo (del) rescate, podrán venir una, dos o tres galeras;
que alzando bandera de seguro, se atenderá al rescate.

"Don Pedro de Leiva ha recibido --los "mil saludos", claro--
y envía otros tantos;
y dice que se acuerda de la amistad de sus padres.

"Don Bernardino de Cardine".

Otra carta deliciosa. No podía el Virrey exponerse a la cólera del almirante de la flota turca y la oportunidad de los rescates era también excepcional. No obstante, destaca la cautela: envía una galera de fanal, las mejores galeras, pero pide dos, más el primogénito de Cigala como rehén, uso muy de época. El tono general, de cortesía caballeresco-marinera.

Por último, la carta del hijo amantísimo a su "mamma", las señora Lucrecia, también traducida sobre la marcha.

"Carta de Sinam Bajá escrita al mismo tiempo a su madre.

"Obedientísima y amadísima madre
--o "digna de obediencia y amor", tal vez mejor--:

"Después de haberos saludado mucho mucho
--así, "assai, assai" en italiano--,
no es por otra cosa esta cariñosa carta mía que porque
ya hace 30 o 40 años que he partido de tu lado
y no te he vuelto a ver desde entonces.
Desearía muchísimo, antes de que llegue la muerte, verte.

"A este Virrey de Sicilia le he escrito una carta para ello,
y con este fin he hecho franco a un cristiano, portador de ésta.

"Y también los años pasados --para veros-- he venido a este lugar,
y no ha sido posible porque me vetaron el verte.
Y para que no quede en este mundo privado de vuestra vista,
os prometo reenviaros.
"Y porque me fue dicho que os habían metido en la cárcel,
eso fue causa de que saquease Reggio.

"Si es que me ama Usted a mí como yo os amo a Vos,
buscad obtener licencia para venir a verme.

"Y todos esos señores --e incluso Vos--,
bien sabéis que en tiempo de Piali Bajá --capitán de feliz recordación--,
en este lugar se alzaban banderas de tregua
--"de fede", como antes apareció también--
y después se canjeaban y rescataban esclavos.

"Es que, madre mía carísima,
no tengo otro deseo en este mundo que el veros,
con la confianza en Dios que vendréis
con mis señores hermanos y mis señoras hermanas;
seguiréis mis recomendaciones y yo,
nada más haberos visto,
os volveré a enviar ahí sin daño ni mal alguno,
y volveré a mi camino.

"Y estas banderas de tregua, cuando se alzaban,
sabéis que a mi señor padre le enviaba presentes.

"Y durante todo el día de mañana estoy esperando respuesta.

"De septiembre, el 20, domingo.
"Vuestro hijo Sinam Bajá, Visir y Capitán".

Y esto es todo por hoy. Ya está bien de cartitas. Espero que os haya gustado la historia del hijo del genovés Cigala y la señora Lucrecia. Una carta de un tal Giorgio Leffa, que llegó de Trípoli a Malta en una nave de un tal Pedro Cochino, a principios de agosto de 1561, cuenta el cautiverio de padre e hijo unas semanas atrás por el gran corsario Dragut, y cómo éste había comenzado a convencer al joven Cigala para que se hiciera turco, con cierto enfado por parte de su padre. Se convirtió en un verdadero arquetipo de eso que los cristianos llamaron "renegado" y los turcos "mujtadíes" --que quiere decir algo así como el que ha encontrado la recta vía, es curioso ejemplo de la importancia del punto de vista--, con lo que se podía calcular en algo más de 30 años el tiempo que hacía que no veía a "la sua mamma", la señora Lucrecia. De la relación de Giorgio Leffa hay copia en el Archivio de Stato de Florencia, en el Archivo Mediceo del
principado, en la Filza --en un archivo español se diría "legajo"-- 4148, folio 163. Pero seguro que hay otras muchas copias, en el Archivo de Simancas de Valladolid mismo, pues debió ser una relación famosa y muy reproducida.

(De la revista de alumnos de historia Indagación nº 0, (Alcalá, 1994), como apéndice a una carta desde Italia.)

 

 

 

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