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"NADADORES. Un ensayo de no novela histórica "

Capítulos
XIX al XXVII

   
   

 

   
CAPÍTULO XIX CAPÍTULO XX CAPÍTULO XXI
CAPÍTULO XXII CAPÍTULO XXIII CAPÍTULO XXIV
CAPÍTULO XXV CAPÍTULO XXVI CAPÍTULO XXVII
 

XIX.

En el corazón de Nápoles --muy cerca del Tercer Decumano, la calle que como tajo de espada se percibe en el plano de la ciudad desde la época romana--, en un viejo convento está instalado el gran archivo histórico de la ciudad y reino --el Archivio di Stato--, uno de los pozos sin fondo más emotivos --e íntimos-- de la memoria de la vaporosa Europa. Y en ese magno archivo hay un fondo moderno de gran riqueza, a pesar de saqueos y destrucciones --la última en la llamada segunda guerra mundial del siglo XX--, con los papeles de una de las primeras grandes administraciones más papeleadoras del mundo, la de la monarquía hispana de los Austrias, de los Habsburgos, con Felipe II Monarquía Católica, el gran sueño --más que retórico-- de una monarquía / gobierno universal, que teorizara el fraile calabrés Tomaso Campanella. Un calabrés --una vez más-- que se planteaba con la mayor seriedad una de las cuestiones / debate más caliente del momento: cual es la mejor Ley para los hombres. Otro cantar.

En el archivo napolitano --A.S.N.--, entre los papeles de la Cancillería y Consejo Colateral --del gobierno virreinal, en fin--, hay dos legajos catalogados como de la curia secreta del marqués de Mondéjar, un Mendoza que fue virrey de Felipe II en Nápoles después de Lepanto. La mayor parte de esa documentación se refiere a lo que hoy llamaríamos "hojas de serivicios" --sobre todo de hispanos, pero también de italianos o griegos-- de los que pedían una merced especial por sus servicios en las guerras del rey, se podría decir. Y para ello hacían un repaso a su vida activa, casi siempre por Italia o Flandes, con frecuencia con acciones navales mediterráneas que evocan con sobriedad. Uno de estos hombres, Joan de Vega, llevaba quince años de soldado por Italia, Flandes y el Mediterráneo y Berbería, y entre sus servicios particulares destacaba su participación en la expedición de socorro de Malta de 1565, que acaba de evocar Alvaro de Sande, en carta / relación escrita desde el mismo lugar de los hechos narrados, desde Malta la Vieja. En la narración de Alvaro de Sande se menciona al final --debió ser muy comentada y correr de boca en boca por todas las fronteras y marinas-- la escaramuza en el agua de soldados Nadadores. En su recuerdo ordenado para el escribano, más de diez años después, Joan de Vega también lo selecciona y --con esa sobriedad expresiva y eficaz-- lo resume :

En Malta "peleó con los turcos animosamente, y apresó a uno y se lo dio al ilustre Ascanio de la Corna, e incluso se arrojó al mar, nadando con la espada entre los dientes, consiguiendo la victoria contra turcos..."

"Et se butò ancora in mare
natando con la spada in bocca"

Contundente en italiano, la narración / evocación de un mito: un Nadador "con la spada in bocca", con la espada entre los dientes, merecedor de la gracia real.


XX.

Nadadores y ahogados, una vez más. Y prisioneros hechos a nado, nada menos. Un prisionero en la época --soldado o no soldado, la gente en general-- era un cautivo, un esclavo. También en esa condición --tal vez más que en las demás posibles-- era conveniente saber nadar para "encontrar libertad en esta vida", que dijera un ex-cautivo y notable escritor. Condición de cautivo / ex-cautivo integrada en otra condición más amplia, la de los que van y vienen, los que aireaban de un lado para otro la información más interesante para la gente.

Los Relatores, les llama el Escribano anónimo que toma su deposición, una mañana de marzo en Mesina, cuatro años después de esos combates a pie de galera en Malta que acabamos de evocar. Los Relatores en este caso son tres esclavos --dos sicilianos y un español-- huidos de sus amos turcos -- los Arraeces o Capitanes / Patrón de nave Alí y Cardonalli--, con otros compañeros cautivos --algunos de ellos huidos a nado--, y que consiguieron llegar de un lugar llamado Allaya --Al.laya pronunciado a la italiana, sin duda un lugar costero de Turquía-- a Mesina, en Sicilia, vía Chipre a pesar de lo mal aparejada que iba la galera en la que viajaron.

Los Relatores hablan, el Escribano escribe con sobriedad lo narrado. El resultado, la Relación. Relación como Relato de un Relator. Un coautor de lo narrado, garante al mismo tiempo de su autenticidad, tanto más que el escribano --amanuense al fin--, a su vez garante del resultado escrito. Doble garantía, casi infalibilidad. Nuevamente nos toca enmudecer.


XXI.

"Relación tomada en Mesina
de la gente de la galera huida de turcos
y venida a este puerto a 13 de Marzo 1569.

"Cola de Graciano --Siciliano natural de Naso,
espalder de la galera capitana de Alí Chaya, turco--,
Josepe de Graciosa de Trapana,
--que era cautivo sobre la dicha galera--
y Juan Gayano --español calafate--,
dicen

cómo a los 25 o 26 del mes pasado (abril),
hallándose sobre la galera del Arraez Cardonalli...
en el golfo de la Sataloi (?) , corrieron una grandísima fortuna
por la cual echaron en mar todo el palamento.

Y aportaron a un lugar llamado Allaya,
donde hallaron la dicha galera capitana surta.

En la cual había solamente dos o 3 turcos y otros tantos cristianos.
Y los demás turcos y cristianos de la dicha galera estaban en tierra,
los cristianos en una Torre.

El Arraez Cardonalli hizo saltar en tierra toda la chusma de su galera
metiendo los cristianos con los de la otra en la Torre
--y los turcos allí cerca en algunas casas--,
porque era fortaleza de mar y mal tiempo.

Y si las dichas galeras diesen al través,
todos se anegarían porque el dicho lugar es playa
--y de grandes escollos--, y la corriente tiraba afuera.

Y estando todos los cristianos en la Torre
--donde estaban asimismo los mismos Relatores,
y entre ellos se conocían--,
aquella noche concertaron entre ellos
que --a causa que la galera de Cardonalli
por la fortuna pasada se había descosido,
y el día siguiente se había de meter a la banda sobre la otra--,
que cuando se metiese a la banda
saltasen todos los cristianos sobre la Capitana.

Declarando los dichos Relatores cómo de la Torre
salieron al número de 125 cristianos,
y los demás --que serían hasta 170--
entre ellos se dieron por señal que --cuando el dicho Relator
y los otros cristianos diesen a la banda la dicha Galera Capitana--,
mirasen sobre la Torre.

Y viendo una señal --con una esclavina--
harían la Facción
con los turcos que estaban sobre la dicha galera
y los que estaban en la Torre
con los turcos que estaban en tierra.

Y viendo los dichos Relatores la señal,
uno de los dichos Relatores dijo a los otros:

-- ¿Qué hacemos, que la señal es hecha como tenemos apuntado?

Dijo el Cola de Naso:

-- Alí Arraez y Cordonalli
están sobre el esquife que guarda la galera;
como ellos estén en tierra, haremos la Facción.
Y los otros cristianos que están en tierra
se embarcarán en el esquife y vendrán a la galera.

Pero los dichos Arraeces no fueron en tierra.
Antes, dieron vuelta a la galera
y llamaron al dicho Cola de Naso,
diciéndole que viniese en tierra con 6 cristianos.

Y él se volvió a los otros cristianos y les dijo:

-- Ahora, iremos en tierra, ¿qué haremos?

Los otros Relatores respondieron en baja voz:

-- ¡Santiago, Santiago! ¡Libertad, Libertad!

Y el dicho Relator --con los cristianos que estaban en la popa--,
pusieron mano a las armas.

Y los otros cristianos
tiraban la gumena que estaba en la otra galera,
y --así-- se juntaron ambas.

Sobre la dicha capitana había hasta 15 turcos,
de los cuales algunos mataron y otros se echaron a la mar.

Y los cristianos que estaban en tierra combatían con los turcos,
y se mataron algunos de una parte y de otra.

Y algunos cristianos a nado se vinieron a salvar sobre la galera.

Y porque --andando en el rumor--
de la dicha Torre tiraron 3 cañonazos
--de los cuales dos dieron sobre la galera--,
atendieron los dichos Relatores con otros cristianos
a alargarse con ella.

Y por esto no pudieron tomar los cristianos que estaban sobre el esquife, por miedo de los cañonazos que les tiraban.

Y --así-- siguieron su camino, y hubieron grandísima fortuna,
con la cual corrieron a Chipre.

Y no tenía la dicha Galera Capitana
sino una áncora y una gumera vieja.
En Chipre no pudieron haber áncora ninguna para poder navegar.

Y porque algunos cristianos que venían sobre la dicha galera
se querían ir porque no tenían lo necesario ni estaba para navegar,
los dichos Relatores se metieron a la mar
y siguieron su viaje para poder traer
--como la gracia de nuestro señor ha traído--
la dicha galera a este puerto de Mesina.

Sobre la cual han venido 113 cristianos.
Trae un cañón de cruxía, dos sacros y dos esmeriles,
y ciertas alabardas, espadas y rodelas a la turquesca.

Los mismos refieren que 15 días antes de su libertad,
estando en Alejandría, entendían de los turcos que allí había
cómo se preparaba gruesa armada a número de 200 galeras
para ir sobre Chipre y otros lugares de cristianos.
Y hablaban entre ellos de Malta y de la Goleta.

Y que en el Cairo había grandísima guerra
entre turcos y moros de aquel país.

Y que los dichos Relatores --con 13 galeras--
embarcaron para el socorro de la dicha guerra
cantidad de genízaros que iban para Alejandría."


XXII.

Un mar de Colas --de Nicola--, Josepes --de ahí Pepe-- y Juanes --don juanes o no donjuanes-- de aquí para allá, espalderes de galera o calafates, carpinteros de ribera o maestros albañiles, remolares o simples galeotes / fuerza motriz de toda la navegación de entonces, tanto entre fieles como entre infieles de ambos mundos / fidelidades a la greña y al negocio de sus cambios y contracambios en los mercados de fuentes de energía y maestranzas. "Libertad", se dicen por lo bajo como consigna los esclavos amotinados.

Casi por fuerza, buenos Nadadores. "Gana la nada a nado", que decía el poeta Ayala, gran Nadador. Nado como masculino de nada --Nado como novio de Nada pudiera pensarse-- que interpretó el gran artista grafista hispano-anglo-libanés de seudónimo Sam Macaoui.

Nada a la nada.


XXIII.

Una mañana de abril --" a los 15 o 16 de abril de aquel año de 1572", ritmo de arranque de relato con arte-- un marino raguseo encontró muerte terrible en la mar, por orden de un rey de Argel con fama de colérico, el alejandrino Arab Amat. El marino era patrón de una nave de Ragusa que había sido apresada por corsarios de Argel, lo cual le parecía injusto por ser los de Ragusa también tributarios del Gran Turco. Así se lo protestó el marino raguseo a Arab Amat.

"-- Sultán, cómo, ¿y es razón que pagando nuestra nación y República
tributo al Gran Señor,
y navegando con seguro que nos da a todos los raguseos,
tú me tengas por esclavo y con tan mal trato,
y me hagas así trabajar, de esta manera?"

La insolencia del esclavo encolerizó al alejandrino, quien lo mandó matar. El verdugo lo embarcó "en una barca de las que suelen ordinariamente allí estar, y se alargó hacia la mar un buen tiro de ballesta".
Con ayuda de dos o tres más,
" le ligó las manos y pies y --atándole a la garganta
una soga con una piedra muy grande--,
como a una oveja mansa le echaron a la mar.
Do --ahogándose-- nunca más apareció."


XXIV.

La evocación del marino de Ragusa muerto en Argel --a quien ni se le dio ocasión de mostrar sus dotes de Nadador, pobre esclavo en el límite-- es de una de las colecciones de relatos más emotivas de la literatura hispana del siglo de oro hecha para avisar sobre el Otro, propagandística en ocasiones hasta el paroxismo, hasta con quiebras expresivas sorprendentes y dramáticas irrupciones de la psique herida del autor, un cura --el doctor Antonio de Sosa-- en la Argel clásica --república corsaria o "república popolare" para los vecinos cultos del norte--, y uno de los forjadores del mito de la Ciudad depravada, hoy diríamos la ciudad del sexo, drogas y rock&roll. Para algunos fragmentos de su obra habría que hablar de literatura de la crueldad, no infrecuente en una época en la que --y hoy mismo podría ser tiempo también para ello-- florecieron los martirologios.

Del mismo Sosa es otro relato --el anterior era el número 18 y éste el 22, de la serie de 30 editada con el título de "Diálogo de los mártires de Argel"-- en el que se narra una sangrienta batalla fluvial en el río de Tetuán, con sublevación de cautivos y crueles ajusticiamientos como represalia. Y en plena batalla feroz --narrada a varias voces, "otros dicen..."--, salta de manera natural la tragedia de los imposibilitados de ganar su vida a nado. Los esclavos sublevados mataron a muchos turcos.

"Y forzaron a otros muchos se echasen a la agua del río.
Donde algunos --que tenían el seno
lleno de saquetes de monedas de reales y oro,
que es mercancía ordinaria que traen de Argel--
con el peso del metal se ahogaron.
Y --particularmente, con ellos--
siete u ocho mercaderes moros pasajeros."

"Porca miseria". Miseria y ruina, dos palabras integradas en las lenguas francas / lengua franca del mar. En sus relatos de muertes terribles, Sosa no recoge Nadadores. Sólo ahogados, imposibilitados de nadar. O --en el caso extremo, dos italianos condenados a muerte por asesinato de un Arraez corsario-- cadáveres al mar.


XXV.

"...Atándole las manos atrás con recios cordeles
atáronle por el cuerpo y cintura a una peña
que estaba allí muy cerca, a la orilla de la mar,
con una soga doblada.
Y le apedrearon con gran número de piedras
hasta que le rompieron toda la cabeza y deshicieron la cara
y ensangrentaron todo y molieron --finalmente-- todos los huesos
y miembros del cuerpo.
Y después de hartos de esto echaron el cuerpo a la mar."

El día exacto --obseso Sosa--, el 24 de enero de 1578. Y su retrato:

"Era el mancebo Gallo de edad --como dije-- hasta 24 años,
alto de cuerpo, medianas carnes, blanco y bien proporcionado."

Y su compañero y cómplice de crimen y tormento, tres días después, y abreviando --monstruoso conceptualmente un cadáver Nadador--:

"No le dejando más de unos calzones de tela,
de esta manera --y con las manos atadas atrás--
le enterraron hasta la cintura en un hoyo que hicieron allí
--en la playa del puerto de Susa--, muy cerca del agua
y le aflecharon todos con grandísima crueldad
con un número infinito de flechas.
Con que --atravesado-- parecía un erizo
corriendo de él ríos de sangre que bañaban todo el rostro,
cuerpo y suelo...

Muerto que fue --y que los turcos se hartaron
de asaetearlo con sus flechas-- echaron el cuerpo a la mar,
el cual nunca apareció."

Y su retrato y data:

"Era el buen mancebo de la misma edad que el otro, su compañero,
y bien proporcionado. Matáronle a los 27 de enero, 1578".


XXVI.

Cruel Sosa al regodearse narrándonos estas crueldades, crueldad del predicador tronante con las penas del infierno y el canto al martirio confesional, si se pudiera decir así, a lo talibán de comic. Casi perverso al rememorar desorejamientos y desnarigamientos con su fecha precisa, enganchados en gancho, quemados, asaeteados, en fragmentos incendiados de pasión, febriles, al lado del fiel e imparcial observador de una realidad vivísima y que transmite con verismo en ocasiones emocionante. Hay que fragmentar el magma literario de Sosa, llegar al aviso básico, a la orilla del mar. Y echarse a nadar en él, triscando como una cabra montesa o --mejor-- como un delfín entre los riscos florecidos de cabrillas del mar. Nadar, salvar la nada a nado, del nadar la nada a nadar el nado, scala hacia los cielos.


XXVII.

La imposible consolación para el esclavo está en el hondón del mensaje de Sosa, y su instinto --en la linde de la perturbación-- selecciona lo más perturbador. He aquí cómo Hasán Veneciano --el mito por excelencia de cruel berberisco de la propaganda hispana, Veneciano y Hasán-- manda ajusticiar a un candiota --o cretense, Muza su nombre musulmán-- en aguas de Malvasía. Su crimen, preparar una conjura contra Hasán Veneciano --recién nombrado Rey de Argel-- con otros compañeros a los que también hizo ajusticiar cruelmente y arrojar sus cuerpos muertos al mar. A este Muza

"mandó el Rey poner desnudo sobre una tabla
dentro de un esquife de galera.
Y atándole con cuatro sogas a los dos pies y dos manos
y tirando cuatro galeras a boga arrancada
--cada una para su parte--
le abrieron todo, haciendo de él cuatro cuartos."


Tampoco a Muza de Candía --la actual Creta-- le dieron la posibilidad de ganar su vida a nado. Ni siquiera su cuerpo entero --sino hecho cuartos-- pudo ahondarse en aquel mar que --vivo aún, sufriente-- veía a poco más de medio metro bajo él, desde el tablón dentro de un esquife de galera sobre el que le tendieron atado. Una pasada. Total. Sosa es un malvado, embaucador, mago negro insoportable.

Y para ahondar aún más en el hondón del dolor, y convertir para nosotros hoy el perfil del candiota Muza descuartizado en Malvasía en un mito del "aguanta resiste" post-punki y un poco okupa --y valga la expresividad sintétika (¡cómo se me va!, corte corrector, plis)--, el casto, pacato y teólogo Sosa en la Argel de la Gran Movida, se ve obligado a aclarar --hay que pensar que pretende un martirologio cristiano-- algo estupendo en su hondón dramático:

"Del cual --el olvidado de la Fortuna Muza de Candía--
no se sabe decir
si murió... confesando claramente a nuestro señor Jesucristo.
Porque dicen que calló siempre
y que nunca --en esto-- habló una palabra."

Un "en esto" terrible y heroico, tal vez --si el "en esto" abarcara la situación, su cuerpo en cruz de San Andrés ofrecido para el descuartizamiento a golpe de galeota arrancada a medio metro de una mar nadable--, el hondón de la desesperanza silenciosa en la mente del Sosa, lo que quiere transmitir. Un bruto. El curita pacato y santurrón. Un malvado en este fragmento sin esperanza de entre sus fragmentos en los que sumergirse y nadar.

 

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