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    HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Manuel: En el vendaval de la revolución. La trayectoria vital del ingeniero venezolano José de Pozo y Sucre (1740-1819). Caracas, Centro Nacional de Historia, 2014. ISBN: 978-980-7248-91-4. 124 pp.

    http://www.cnh.gob.ve/

    José de Pozo y Sucre, caraqueño, hijo del siciliano José de Pozo y Honesto, contador de la Hacienda en Puerto Rico y Caracas, y de la natural de Cartagena de Indias María Isabel de Sucre y Trelles, hija del teniente del rey de su ciudad natal el flamenco Carlos de Sucre. Tío del mariscal de Ayacucho, se formó entres cualificados centros de la enseñanza española, el Colegio Imperial de Madrid, el de artillería de Segovia y la academia de Matemáticas de Barcelona, trató de plasmar en la práctica con el ilustrado peruano Pablo de Olavide, al que más tarde trató de incorporar al proyecto emancipador mirandino, en la colonización de Sierra Morena andaluza y en la expedición de Cevallos contra la Colonia del Sacramento y la isla de Santa Catarina. Ingeniero en el cuerpo expedicionario militar español en la Guerra de Independencia de las Trece Colonias, conoció directamente y se carteó con algunos revolucionarios norteamericanos como el cerebro militar de esa revolución Natahanael Greene. Fueron años de trabajo en la organización de las empresas bélicas, pero también de planificación urbanística de Cuba. Una etapa en la que volverá a conectar con Francisco de Miranda, al que defenderá frente a las injustas acusaciones de los Gálvez. Trabajó activamente en Puerto España, cuando la isla de Trinidad pertenecía todavía a la provincia de Venezuela. Diseñó el mayor túmulo funerario que se erigió en su patria y vio frustrada su candidatura a la tenencia del rey de Caracas. Consciente de la postergación que sufrían los criollos en los cargos públicos su frustración sería el móvil que le llevó a trasladarse a Londres con Miranda y a incorporarse a su proyecto revolucionario. A pesar de tales postergaciones, era uno de los más reconocidos ingenieros españoles, lo que explica que fuera designado como director y fundador de la Academia de Matemáticas de Cádiz. Poco después participó de lleno en la Guerra contra la Revolución Francesa. En Cádiz volverá a conocer en carne viva los obstáculos que se le ponían para frenar su ascenso en la ingeniería española, que le arrastraron al “exilio” en Granada y los presidios del norte de África. De nuevo en la Tacita de plata, vivió de lleno los drásticos cambios originados en España tras la invasión napoleónica. Fue miembro de la Junta Suprema gaditana y sufrió en sus propias carnes los antiguos funcionarios privilegiados por Godoy que fingían ser adalides populares como Tomás de Morla. Su visión radicalmente opuesta a los planes de defensa de este último “le desterraron” a la comandancia general del Campo de Gibraltar. A su regreso a la plaza se le sometió a un calvario de procesos judiciales y consejos de guerra y se le impidió el acceso a la comandancia de ingenieros. Reconocido finalmente como teniente general, sus últimos instantes vitales los dedicó a tratar de darle una vida digna a la mujer con la que convivió en los últimos años de su vida y a los dos hijos que tuvo con ella en una época en la que la legislación y los prejuicios sociales impedían que contrajese nupcias con una criada, pese a lo que fue su deseo, para lo que solicitó infructuosamente gracia regia.

    Existe edición española en Ediciones Idea, Tenerife, 2007.