Corsarios o reyes 3-6: Alejandrino Salah Bajá y el Renegado Navarro
3.6.- La expedición a Fez de Salah Bajá y el protagonismo de un navarro, doblemente renegado, con el cambio de monarca en Fez, la toma del Peñón de Vélez por los turcos y el regreso triunfal de Salah a Argel con un gran botín.
Mármol, en texto citado en el capítulo anterior, hacía venir a Argel al señor de Vélez, «Muley Bu Haçon», en busca de ayuda argelina contra el nuevo rey Xarife de Fez; la versión berberisca recogida por Antonio de Sosa, con sus propias variantes, difiere del relato de Mármol en aspectos importantes, corroborados por el asiento entre Abu Hassun y los portugueses publicado por Mariño (54). Lo relaciona, además, con la actividad corsaria de Salah Bajá en 1553, actividad que completa su importantísima actuación política y militar.
«Todo aquel invierno ocupó el Sala Raez en poner en orden
todos cuantos navíos de remo pudo. Y siendo el año del Señor de 1553
salió de Argel por mar con 40 bajeles entre galeras, galeotas y bergantines
muy bien armados, en principio del mes de junio.
Y tomando el camino para Mallorca, do llegó en tres días,
echó alguna gente en tierra para hacer daño en aquella isla
y tomar alguna gente desmandada. Mas saliendo de la ciudad de Mallorca
algunos caballos y arcabuceros, trabaron con los turcos una brava escaramuza;
en la cual, con muy poco daño suyo, mataron hasta 500 turcos.
Y entre ellos a Isuff Raez, un renegado muy querido del capitán de la mar,
que entonces era Acha Auli, su amo.
E hicieron a mal grado retirar y embarcar a todos los turcos.
Salah Arráez, los portugueses y el rey de Vélez.
«Por lo cual, y viendo que ya era descubierto
y que en aquella isla no podía hacer daño, se fue Sala Raez con su armada
a la vuelta de poniente, corriendo toda la costa de España;
en la cual tampoco pudo hacer entonces daño porque toda la tierra
estaba por las marinas avisada de la salida del rey de Argel
y de la grande armada que llevaba. De esta manera
llegó Sala Raez al estrecho, a los postreros de julio;
do encontró con cinco carabelas de Portugal muy bien armadas
y un bergantín; en los cuales navíos venía Muley Buazón,
el tuerto rey de Bélez que pretendía ser rey de Fez.
Y como había pasado en España, volvía ahora con estos navíos
que el rey don Juan el III de Portugal le había dado
con hasta 300 hombres que le acompañasen
hasta desembocarle en Bélez.
«Sala Raez, que reconoció los navíos cristianos,
luego los rodeó por todas partes con sus galeras y galeotas.
Y haciendo una muy quieta bonanza, sin ningún género de viento,
comenzaron los turcos por una parte y los portugueses por otra
un terrible tirar de cañones y, juntamente, a disparar de ambas partes
muy continua arcabucería. Invistieron los turcos algunas veces
a los portugueses, y ellos se defendieron con mucho ánimo;
hasta que siendo muertos muchos de ellos y los vivos todos heridos,
al cabo de tres horas de pelea, fueron entrados de la multitud de los turcos
que venían en los cuarenta bajeles y tomados.
Y con ellos, juntamente, el rey de Bélez Muley Boazón
y quince o veinte moros que le habían siempre acompañado.
Salah Bajá en Vélez, trata con el rey de Fez.
«Con esta presa se fue Sala Raez luego al Peñón de Bélez,
donde estaba por alcaide un moro que tenía aquella fuerza por el rey de Fez
y que se decía el alcaide de Muça. El cual, entendiendo
cómo en aquella armada estaba en persona el rey de Argel,
o por temor que hubiese de que por ventura iba sobre él,
o por agradarle y probar nueva ventura con el nuevo señor,
le envió a ofrecer aquella fuerza inexpugnable, si la quisiese aceptar,
y juntamente la ciudad de Bélez que también estaba a su gobierno.
El Sala Raez, aunque le agradeció aquella buena voluntad,
no la quiso aceptar; mas respondió que él estaba en paz
con el rey de Fez, el Xarife; y que no venía a romperla
ni a tomarle las tierras de su reino. Mas que, antes, él ofrecía
al mismo Xarife aquellos navíos de cristianos que tomara,
con toda la artillería y aparejos que tenían; y por hacerle bien y servicio
llevaba para Argel cautivo a su enemigo Muley Buazón
que andaba por todas partes, hasta por tierras de cristianos,
buscando modo como le hiciese guerra y echase de aquel reino de Fez.
«Y que en recompensa de todo esto otra cosa no quería
sino que el rey de Fez le fuese siempre buen amigo;
y que por ningún caso pasase las montañas de Malohia,
que están enfrente de Melilla y dividen el reino de Tremecén del de Fez,
a que los españoles les llaman los galanes caballeros de Melohia,
ni mandase o consintiese que fuesen moros de sus reinos
a molestar las tierras sujetas a turcos, cuales eran las de Tremecén.
Y que de todo esto avisase luego de su parte al mismo Xarife y rey de Fez.
Con esto, y dejando allí las carabelas con toda su artillería,
que era mucha y muy buena, y toda de bronce, hizo vela para Argel.
«Después de esto, no pasaron tres meses que, o por voluntad
del rey de Fez y por su mandado o porque algunos moros desmandados
así lo quisieron, entraron en buen número por las tierras de Tremecén,
pasando muy adelante de las ya dichas montañas. Mas otros afirman
que nada de esto hubo, mas que siendo persuadido el Sala Raez
del dicho Muley Buazón, rey de Bélez –que consigo había llevado captivo
cuando tomó los bajeles de Portugal–, a que le ayudase
a conquistar el reino de Fez, que pretendía ser suyo,
ofreciéndole para esto grandes premios y mucha cantidad de dinero;
que el mismo Sala Raez, aceptando este partido, quiso mover guerra al Xarife.
Expedición a Fez de Salah Bajá en 1564.
«Por lo cual, todo el invierno del mismo año de 1553 se aparejó,
y en principio del mes de enero del año siguiente de 1554
salió de Argel con 6.000 escopeteros y mil espays a caballo;
y recogiendo de camino hasta 4.000 moros a caballo,
parte de los cuales el rey del Cuco le enviaba y parte
que otros jeques de alárabes le ofrecieron, con todo este campo
y con doce piezas de artillería, se puso en camino para Fez
llevando consigo al dicho Muley Buazón el Tuerto.
Llevó también Sala Raez ochenta cristianos que escogió
entre cuantos cautivos tenía, todos hombres valientes y de fuerzas,
a los cuales encomendó la artillería diciendo que si la llevaban salva hasta Fez
que él les prometía libertad, como después hizo.
«(A)demás de este campo por tierra envió por mar
veintidós galeras y galeotas bien en orden, mandándoles
que se entrasen en el puerto nuevo, que está junto a Melilla,
como dos leguas y treinta solamente de Fez,
con intención que si alguna desgracia le sucedía en Fez
se pudiera retirar y acoger a estos bajeles.
«Caminó, pues, el Sala Raez con su gente tanto adelante
que llegó a la ciudad de Tesa, la cual está antes de llegar a Fez veinte leguas,
do ya el rey de Fez le estaba aguardando con 40.000 moros a caballo
y otros tantos a pie. Pero no porque el campo de estos moros
fuese tan grande rehusó el Sala Raez la batalla, confiado
que muchos de aquellos alcaides que se hallaban con el Xarife
se pasarían en su favor, como lo habían antes escrito
a él y al dicho Muley Buazón. Y así fue.
Porque comenzada la batalla ellos luego se desordenaron
y se pasaron a los turcos; y cargando todos sobre el Xarife,
matando muchos moros, los rompieron todos y pusieron en huida.
Después de esta victoria entró luego el Sala Raez en Tesa
y fue de todos bien recibido. Y dejando allí 200 turcos en guarnición,
y por capitán de ellos al alcaide Asán, de nación turco,
caminó más adelante.
«Y en Fez el (sic, por «de») nuevo halló que el Xarife con su campo,
que rehiciera y reforzara de nuevo, le esperaba aguardando
para la segunda batalla. La cual luego fue comenzada
en el lugar do están las sepulturas, pegado con los muros de Fez.
Y siendo otra vez rompida la gente del Xarife y retirándose
dentro de la ciudad, acaeció que al momento que el Xarife
se salió por una puerta de la ciudad para Marruecos,
el Sala Raez y sus turcos entraron por la otra dentro de Fez el Nuevo;
al cual luego saquearon todos los turcos, ganando
un muy grande y muy rico despojo. Y queriendo hacer lo mismo
en las casas de los judíos que están a una parte de la ciudad apartados,
se compusieron con Sala Raez en 300.000 ducados.
Y porque dos turcos –no obstante este concierto—
entraron dentro de la judería a robar,
el Sala Raez los mandó luego ahocar en la puerta de la misma judería.
Los turcos en Fez
«Acaeció esta batalla y toma de Fez por los turcos
en el mes de marzo del año que atrás dijimos, 1554.
Y luego, haciendo Sala Raez jurar por rey de aquella ciudad y reino de Fez
al dicho Muley Buazón, por cuyo respeto hiciera aquella jornada
y llevara consigo el pago de esto, y por gratificar a Sala Raez,
le dio 3.000 moticales de oro para su plato,
contando a 3.000 por cada día después que saliera de Argel;
y a los turcos y soldados no sólo pagó muy liberalmente todas sus pagas,
pero también repartió entre ellos mucho dinero; y a los oficiales
presentó ricos presentes y dióles muchos caballos, camellos y mulas
en que pudiesen caminar volviendo para Argel y llevar el gran despojo
que en aquella guerra habían todos ganado y adquirido.
«Usó entonces el Sala Raez de una real cortesía;
porque como tuviese en su poder a la mujer principal del Xarife
y a dos hijas muchachas, no solo las mandó tratar y servir
con toda honra y respeto, pero muy bien acompañadas las envió
al mismo Xarife que estaba ya en Marruecos.
Después de esto estuvo Sala Raez un mes reposando en Fez,
ordenando las cosas de aquel reino en favor del nuevo rey
y reconciliando con él muchos moros y alcaides principales.
Y pareciéndole que con esto le dejaba quieto y seguro del Xarife,
se volvió para Argel muy despacio y a muy pequeñas jornadas,
que llegó allá en principio del mes de agosto, deteniéndose
en Tremecén, Mostagán, Túnez (sic por Tenes) y otras tierras,
dando orden en la fortificación y gobierno de ellas».
Otra consecuencia de esta expedición fue la instalación de una guarnición turca durante diez años en el Peñón de Vélez:
«A pocos días que el Xarife, rey de Fez, fue vencido
de Sala Raez segunda vez, cabe los muros de Fez de la suerte que dijimos,
se supo la nueva en el Peñón; cuyo alcaide, temiendo grandemente
la ira del Muley Buazón, nuevo rey, porque siempre le fuera contrario,
desamparó al momento aquella fuerza; que si él quisiera
pudiera defender –según es inexpugnable– a todo el poder de Muley Buazón,
y aún de otro más poderoso. Y como esto se supiese luego
en la armada turquesca, que dijimos que el Sala Raez mandara meter
dentro del puerto nuevo, cabe Melilla, los arráeces de ella
no perdieron tan buena ocasión; se partieron con los ventidós bajeles
para el Peñón, y hallándolo solo y desamparado se metieron dentro.
Fue luego de ellos Sala Raez, que todavía estaba en Fez, avisado de este caso.
Y alabando su diligencia, mandó a un alcaide turco,
que se decía el Cay de (sic por alcaide) Chader,
que con doscientos turcos se metiese en el Peñón
y le fortificase lo mejor que pudiese. Así lo hizo el alcaide.
Y de aquel tiempo quedó aquella fuerza por los turcos,
hasta que el rey Filippo II de España se la quitó el año del Señor de 1564» (55).
Antonio de Sosa dejaba abierto el origen de la nueva guerra con Fez: o bien había sido porque el rey de Vélez convenciera a los berberiscos de la conveniencia de la expedición, o bien por una disputa fronteriza en torno a las tierras de aquellos «galanes de Meliona» que dijera Cervantes, la «montaña de Melioha» de Sosa. Pero es Diego de Torres el que narra con mayor minuciosidad aquella expedición y quien mejor la entronca con las circunstancias desencadenantes de ella, según fuentes de primera mano marroquíes ya que en ese tiempo el autor estaba aún en aquellas tierras; según Mercedes García Arenal, los capítulos LIV a CI del libro de Torres constituyen lo «más original e interesante de la obra», basados los textos «en su testimonio directo y en su experiencia personal»: su estancia en Marraques (1546-1550), en Tarudante (1551-1552) y en Fez (1553-1554) (56). El protagonismo de un renegado navarro, del que Torres no dice el nombre y que no aparece como tal en el relato de Sosa, es significativa de los diversos orígenes de los informantes; «agente doble», diríamos hoy –volvería a España, incluso, y Torres se lo encuentra en Toledo en 1560 (57)–, su participación protagonista sería borrada, o silenciada al menos, en la memoria de los medios berberiscos.
Recogemos el relato de Torres desde el tiempo inmediatamente posterior a la ocupación marroquí de Tremecén de 1551, para entroncarla con la expedición de Salah Bajá iniciada en septiembre de 1553.
«Los turcos que escaparon de Tremecén y Mostagán cuando el Arrani las ganó… llegaron a Argel y dieron cuenta de lo que había pasado al gobernador Çala Raez», comienza, con error claro de fechas, Torres; Salah no llegaría a Argel hasta bastantes meses después, en abril de 1552, y estos sucesos se desarrollaron sin duda durante el gobierno de Saffa, tras el viaje a Estambul de Hasán Bajá (septiembre 1551). En Argel se decidió enviar una expedición a Tremecén, decidida por Salah, según Torres, per en realidad por Saffa o por el propio Hasán Bajá durante sus últimas semanas de estancia en Argel.
«Para esto nombró por capitán un renegado natural de Navarra
y le dio dos mil arcabuceros, entre turcos y renegados,
los mejores y más pláticos que tenía en Argel,
y algunas piezas de artillería de campaña con las demás cosas
necesarias para la jornada. Partieron la vuelta de Mostagán y Tremecén
y, por fin de octubre del año 1555, y en llegando sobre Mostagán,
en pocos días puso en tanto estrecho a los que estaban dentro
que el Capitán Negro… trató de entregar la fuerza
con condición que le dejasen ir a él y los suyos con sus armas y caballos…;
y así se les otorgó; aunque se les guardó mal,
porque en comenzando a salir los turcos que habían estado allí primero,
con la rabia y enojo que de ellos tenían, dieron con ellos
y mataron muchos, y entre ellos a su Capitán Negro.
Y los que escaparon a uña de caballo, que fueron pocos,
llegaron a Tremecén y dieron la nueva de lo sucedido al alcaide Abudo
que allí estaba por el Xarife».
El rey de Fez, enterado de la contraofensiva turca, decidió enviar a su hijo predilecto «Muley Abalcadre» a Tremecén.
«En principio de enero del año de 1552 –no había llegado
Salah Bajá a Argel aún y gobernaba el alcaide Saffa—
partió la vuelta de Tremecén a grandes jornadas
llevando consigo dos hermanos llamados Muley Abdala
–Abd Allah al-Galib, hijo y sucesor de Muhammad al-Sayj de 1557 a 1574 (58)–,
que después sucedió en aquellos reinos, y a Muley Abada Ramán
–Abd al- Rahman, asesinado en 1554 en beneficio de la sucesión
de su hermano Abd Allah al-Galib (59)–;
y con esta priesa llegó a Tremecén antes que los turcos,
donde fue recibido con grande alegría por el alcaide Abudo
y los demás que allí estaban».
El 15 de enero llegaron los turcos
«y asentaron su real a la mira de sus contrarios, de suerte
que a los unos y a los otros dividía una acequia de agua honda
que corría por medio. Y al cabo de dos días que los turcos llegaron
pretendió el Muley Abalcadre acometerlos y pelear con ellos,
y para esto quiso pasar con sus caballos una portezuela que el acequia tenía.
Los turcos, entendiendo su designio, acordaron de defenderla
y, así, se trabó entre ellos una brava escaramuza, llevando siempre
los moros lo peor; porque como eran hombres de lanza y adarga
no podían llegar a pelear a la iguala con sus enemigos,
los cuales con los arcabuces y flechas hacían en ellos terrible estrago,
y los caballos, con el estruendo de los arcabuces, andaban tan alterados
que no eran los dueños señores de ellos; y, así,
comenzaron a desmayar y retirarse. Visto por Muley Abalcadre,
pasó adelante con algunos de sus privados animándolos al paso de la puente,
y andando en esto fue muerto de un arcabuzazo que le dieron por los pechos,
y acabaron los suyos de perder del todo el ánimo y a retirarse.
Algunos de los turcos entendieron ser muerto el capitán de los alárabes,
pasaron la puente y, buscando el cuerpo, le quitaron la cabeza
y la pusieron en una lanza y apregonaron `vitoria, vitoria’,
y con un correo la envió el renegado a Argel a Çala Raez (sic)
escribiéndole el estado en que quedaban las cosas del reino».
Los marroquíes decidieron retirarse, «en lo cual los más vieron por estar atemorizados de los arcabuces, con quien hasta entonces no se habían encontrado», lo que hicieron aquella misma noche. Muley Abd Allah fue mal recibido en Fez, «tenido por cobarde y pusilánimo» y el rey Xarife Muhammad «estuvo muchos días muy triste» por la muerte de sus hijos Muley Abalcadre y el Arraní (Muhammad al-Harran) (60).
Los turcos entraron en Tremecén de nuevo, ocuparon los puestos claves de la ciudad, como la alcazaba, pusieron guarniciones, pregonaron «perdón general a todos los ausentes con condición que tornasen a hacer pleito homenaje al turco, y a él (el renegado navarro) en su nombre, con lo cual todos los ausentes se vinieron a sus casas y le fueron a besar las manos, y juntadas cortes fue hecha la solemnidad del juramento por los alcaides y hombres principales del reino». A los partidarios de los Xarifes marroquíes se les castigó rigurosamente, «condenándoles en perdimiento de bienes para la cámara». Con estos bienes incautados y «otras garramas», el renegado navarro «juntó gran suma de dinero y con parte de ello y otras cosas de la tierra envió un presente a Çala Raez (sic), escribiéndole muy particularmente todo lo que había pasado hasta aquel día». Desde Argel se comunicó ésto a Estambul y se nombró gobernador de Tremecén al navarro (61)
La versión de Torres, hasta aquí, final del invierno de 1552, se correspondería en líneas generales con la versión de Sosa recogida en el capítulo 3.4, más arriba, y en la que se hacía jefes de esta operación contra los marroquíes al mismo alcaide Saffa, al renegado corso Hasán y al renegado sardo Alí. Nada se decía del renegado navarro, protagonista del relato de Torres, aunque, por las fechas, es fácil que Saffa no participara en esta operación sino que permaneciera en Argel a la espera del nuevo gobernante enviado de Estambul, que sería el arráez Salah. Una vez llegado Salah Bajá a Argel, el alcaide Saffa pasaría a ocuparse personalmente del gobierno de Tremecén; a finales de otoño, por lo tanto.
Diego de Torres traza una biografía de este renegado navarro, de alguna manera «agente doble» para españoles y turcos, como se diría hoy, y que tal vez a causa de eso silenciaron las fuentes jenízaro-corsarias. Es modélica por muchos motivos:
«Este renegado era natural de Navarra… y caballero,
y vino a este estado porque, siendo de edad de catorce años,
mató con una ballesta un clérigo ayo suyo porque le azotó;
el cual se fue a Italia donde, andando por la mar, fue cautivado por turcos
y vino a poder de Barbarroja y fue su bardaj.
El Renegado Navarro y don Martín de la Cueva
Por estos méritos tan honrosos subió a ser capitán y hombre de estima.
Residiendo esta vez en Tremecén, fue a correr a Orán y desafió
a don Martín de la Cueva, duque que después fue de Alburquerque,
gobernador de Milán, que entonces estaba desterrado en aquella frontera;
y con seguro de ambas partes pelearon los dos valerosamente
y salieron ambos heridos, quedando en poder de don Martín
la lanza del contrario, que le arrojó de remeso.
De lo cual resultó entre ellos tan grande amistad que debió de ser harta
para que Orán no se perdiese en el cerco que el Çala Raez le puso
en el año de 1557 (sic, por 1556, cerco que llegó sólo a iniciarse,
pero al mando de Hasán Corso, por muerte de Salah Bajá),
en el cual este renegado se halló con su gente
y tuvo cierta competencia con el virrey de Argel sobre la ciudad de Orán,
en cuyo gobierno había de quedar si se ganase.
El Renegado Navarro, agente español
Prevaleció la parte de Argel y el renegado se decía que, con este enojo,
hizo todo lo posible, de secreto, porque no se ganase,
enviando a don Gabriel muchos avisos.
Y, en conclusión, al tiempo que la ciudad estaba más apretada
se levantó con los suyos y se fue a Tremecén, que fue causa
que el de Argel levantase el cerco y se fuese;
y llegado a Argel por en fin de agosto, avisó al Turco del suceso del cerco
y de la culpa del renegado por cierta información que le envió;
la cual vista por los de su consejo envió a mandar al renegado
que fuese a Constantinopla a descargarse.
El cual, temiendo su cabeza, se embarcó en una galera
con toda su hacienda y cuarenta cristianos cautivos;
y caminando la vuelta de levante, yendo en mar alta,
tornó la vuelta de España, donde iba determinado de ir.
Conflicto de corso con genoveses
Fue su desdicha que le dio cierto temporal y no pudo tomar tierra en ella
y hubo de ir a parar a Génova, donde fue despojado de todo cuanto llevaba
sin valerle el testimonio de los cristianos cautivos que afirmaban
cómo venía a tornarse cristiano. Los genoveses decían
que bastaba dejarle con la vida y libertad,
y que lo demás era para satisfacer a muchas gentes
a quien él había robado en la mar siendo corsario;
en especial, le hacían cargo de un galeón que había tomado
cargado de muchas mercaderías. De allí, visto el poco remedio que tenía
para cobrar lo que le habían tomado, se pasó a la corte de España,
donde yo le vi el año de 1560 en Toledo;
posaba y comía de ordinario con el duque de Alburquerque
y con don Gabriel de la Cueva su hijo.
Los cuales le favorecían con su majestad del rey don Felipe
para que, por orden suya, cobrase su hacienda de genoveses;
pero no se pudiendo acabar, él se fue de allí desesperado
y, así, no pude acabar de entender en lo que paró» (62).
Esta evocación de Torres, en verdad poco amistosa, es todo un modelo de aquello que dimos en llamar «hombres de frontera», incluso en lo religioso, sobre los que habremos de volver (63). A finales de 1553 se iniciaba la expedición de Salah Bajá, con el rey de Vélez Abu Hassun, contra Fez, verdadera devolución de la visita del Xarife a la Berbería central.
«Çala Raez, gobernador de Argel,
después que concertó con el rey de Vélez de le socorrer,
dejando las cosas de Argel encomendadas a un alcaide,
se partió en fin de septiembre del año de 1553
con los cinco mil hombres y doce piezas de campaña;
y con esto, y con la esperanza de lo que Muley Buazón
le había hecho entender que le saldrían al camino muchos alcaides y jeques,
marchó la vuelta de Tremecén, donde se le hizo un solemne recibimiento
por el Renegado Navarro y turcos que allí estaban,
donde descansó algunos días. Estas nuevas llegaron a Fez
en fin de octubre del dicho año y pusieron la tierra en gran alboroto».
El rey Xarife Muhammad decidió hacer frente a los turcos;
«mandó hacer alarde de la gente que había traído de Marruecos (Marraques)
y los demás que le habían allegado de otras partes,
y se hallaron más de 30.000 caballos y diez o doce mil hombres de a pie,
escopeteros y ballesteros, y con su guarda de renegados,
que turcos no quiso llevar, con las demás cosas necesarias a la jornada,
partió de Fez principio de noviembre del dicho año…
A ningún hombre de razón le cuadraba venir Çala Raez
a un negocio tan importante, y contra un hombre tan poderoso,
con tan poca gente. Y el Xarife, a lo que se entendía,
más temía a los fesíes que de los turcos» (64).
«Después que el Xarife estuvo cierto de la venida del de Vélez y turcos,
y resumiendo en irlos a buscar antes que entrasen en sus tierras,
dejando las cosas de aquel reino encomendadas a Muley Abdala,
partió de Fez llevando consigo a Muley Abel Mumen, su hijo,
y con la gente referida… y veinte piezas de artillería de campaña».
En Taza (Tessa, en Torres), «una fuerza del reino de Fez que está en los límites de él y a la entrada del de Tremecén», «que está de Fez, a la cuenta de los moros, al pie de cuarenta leguas», asentó su real. Con tiempo muy lluvioso, «a cuatro de diciembre descubrieron los corredores del Xarife a los turcos en muy buena ordenanza»; asentó Salah Bajá su real «a la mira del Xarife» y
«estuvieron dos días sin hacer cosa señalada.
El Çala Raez… hizo esto de industria para que su gente
descansase del trabajo del camino. Al tercer día… determinó,
con el de Vélez y sus capitanes y consejo, de les dar una alborada,
y esto encomendó al Renegado Navarro como a hombre
que tenía experiencia del valor de aquella gente;
y para esto le señaló mil quinientos turcos renegados.
El cual… lo aceptó de buena gana… por dar a entender el valor de su persona».
El Navarro aleccionó a sus hombres, «poniéndoles delante el servicio que harán al gran señor y premio que esperaban del saco de Fez». Dos horas antes que amaneciese,
«con gran silencio salieron de su real la vuelta del enemigo…
Hallándoles descuidados de tales alboradas,
comenzaron a pelear con los guardas… y se dieron tan buena maña,
habiéndole acometido por dos partes, que antes que amaneciese
habían hecho grande estrago en los del Xarife».
El Xarife intentó poner orden en el real, mas su gente «andaba tan alborotada de los gritos de los heridos y caballos que andaban sueltos, que no se oían unos a otros. Avisado Çala Raez…, mandó a otros mil arcabuceros para reforzar los demás». La gran confusión hizo que el Xarife se retirara y decidiera volver a Fez: «los alárabes no eran gente diestra ni armada para pelear con los turcos arcabuceros y… había visto que sino fuera por sus renegados y algunos ballesteros, fuera rompido del todo». La retirada fue rápida y «con la priesa dejaron muchas cosas perdidas donde habían tenido el real». El Xarife Muhammad llegó a Fez el 16 de diciembre. Salah Bajá, a su vez, continuaba su avance sobre Fez. Diego de Torres explicita sus fuentes para este relato:
«de estas cosas me informé de cautivos cristianos del Xarife,
en especial un Francisco de Escalona,
que había sido alférez en Azamor y tenía fama de buen soldado» (65).
En Fez, el Xarife se aprestó para enfrentarse a los turcos; entre las medidas de excepción que ideó, una fue «armar los cautivos cristianos que tenía y particulares», que eran unos mil, para lo que juntó un consejo en el que también participaron «algunos renegados y ciertos cristianos horros (de hurr, libre) y cautivos entre los cuales fui yo uno», escribe Torres de sí mismo; Torres opinó en ese consejo que se armasen y «ofreciendo libertad a los cautivos que escapasen con vida de la batalla»; llegó a ofrecer, ante las reticencias de muchos consejeros, «que yo me obligaría a dar por cada cautivo que escapase vivo veinte ducados, lo cual no bastó»; la idea fue desechada.
«Los turcos llegaron un sábado a 3 de enero de 1554 a una legua de Fez la Vieja y asentaron su real junto al río Cebu». El domingo el rey Xarife salió de Fez «acompañado de sus hijos y alcaides y gente principal, con suguarda de renegados, con música de diferentes instrumentos» y visitó la tropa de «quince mil caballos escogidos de tierra de Marruecos y Tarudante, de los cuales mandó hacer tres escuadrones, y el uno encomendó al Muley Abel Mumen y alalcaide Ali Benbucar (Ali ibn Abu Bakr Azzikí) y el otro a su hijo Muley Abdala, y el otro tomó para sí». El rey de Vélez Abu Hasun «había rogado a Çala Raez que se estuviese a la mira con sus gentes y que le dejase a él aquel día pelear. Arengó a sus gentes «para recobrar aquellas ciudades y reino que habían sido de sus pasados» y para «vengar la muerte de los Merines»;
«y blandeando una lanza que traía en su mano,
decían que había arrojado el bonete que traía en la cabeza hacia los enemigos,
y arremetiendo el caballo como un león… este día
hizo Muley Buazon cosas maravillosas por su persona,
acudiendo a todas partes, socorriendo a los suyos;
y asombrados los contrarios de su valor, se comenzaron a retirar
porque a este tiempo Çala Raez hizo muestra de venir a pelear».
El Xarife se retiró a Fez y el rey de Vélez fue acogido con salvas de artillería y escopetería en su real. Los turcos, «como se veían a la mira de aquella ciudad de donde esperaban los 400.000 ducados para su paga y el saco de la otra», estaban impacientes: «aquella noche, después de haber recibido algunos hombres principales que fueron de Fez la Vieja a ver a Muley Buazón y a ofrecérsela, mandaron alzar su real y pasaron al río Cebu», instalándose entre Fez la Vieja y la Nueva,
«un sitio que llaman Las Caleras, en el camino… de Fez a Tessa,
donde otro día por la mañana, día de los Reyes,
le vimos desde la muralla bien fortificado de trincheras y otros reparos…,
a lo cual se decía que habían ayudado los de Fez la Vieja» (66).
El «lunes 5 de enero», después de unas escaramuzas por la mañana, el Xarife, «visto el desbarate y miedo que los suyos habían cobrado de los turcos», se retiró a Fez la Nueva, «a las dos horas después de mediodía, con sus banderas tendidas»; mandó a su hijo Muley Abdala que «abajase a Fez la Vieja a estorbar que no entrasen los turcos dentro del alcazaba», pero «entendiendo la voluntad que los fesíes tenía a Buazon y que el estar allí no servía más del riesgo de su persona», volvió de nuevo a Fez la Nueva. Torres dice que «este día estuve yo presente en parte que vi la batalla y lo demás», lo que se aprecia en la precisión de fechas, horas del día y detalles anecdóticos de las acciones. Al anochecer entraron «Buazon y Çala Raez, acompañados de muchos alcaides», en la alcazaba de Fez la Vieja, «donde fueron recibidos de los fesíes con gran contento» y les llevaron presentes. Por su parte, el Xarife decidió retirarse a Marraquech, lo que hizo aquella misma noche. El dramatismo de la situación fue recogido por Torres:
(El Xarife Muhammad) «mandó al alcaide Buxemeda (Abu Yumada al-Amri)
que con quinientos caballos se aparejase y estuviese a punto
una puerta falsa de palacio; y dándoles a cada uno de ellos, según se dijo,
una barjuleta de oro de Tibar, él con todos sus hijos y mujeres,
y las más gentes de su casa, se partió para Marruecos
como a las diez horas de la noche, con gran secreto y silencio
por no ser sentido de los turcos. Dejando el tesoro a los enemigos…,
dejando encomendada la ciudad al alcaide Ali Benbucar
con orden que no dejase salir ninguna persona…
y que después de medianoche le siguiese con su casa y gente.
Por secreto que el Xarife se partió,
se vino a entender por los de la ciudad como a la media noche.
Y los gritos que se habían dado cuando entendieron
que los turcos estaban en Fez la Vieja, se convirtieron
en terribles llantos cuando se supo que el Xarife era ido
y los dejaba en manos de sus enemigos. Y, así,
acudía a la puerta de la ciudad mucha gente a caballo y a pies
con sus mujeres e hijos y hato para se ir tras él;
y como no dejaban salir a ninguno, era la confusión entre ellos grande
y andaban discurriendo de una parte a otra dando gritos».
El alcaide se partió a continuación, dejando las puertas de la ciudad a un criado de confianza, y se fue hacia Mequines con su casa y más de trescientos caballos. El seis de enero vino el saqueo de los turcos;
«como a las nueve horas de la mañana entraron en Fez la Nueva
Çala Raez y Muley Buazón y el señor de Budubu (Dubdu),
ricamente aderezados cada uno a su usanza y en muy hermosos caballos
con costosos y galanos jaeces, acompañados de mucha gente principal,
con gran contento de todos, y mucha música y su gente en orden.
Y yendo por la calle principal,
pasando por junto a la aduana de los mercaderes cristianos,
desde una azotea les hablaron y les pidieron seguro;
y el Çala Raez les respondió:
–«No tengáis pavor, cristianos.
«Y con esto se fueron a apear a palacio, donde se aposentó el Çala Raez,
y los suyos comenzaron a saquear Fez la Nueva, como estaba capitulado,
y hallaron bien qué saquear porque, como no habían dejado salir a nadie,
estaba la ciudad muy poblada. Los turcos, como gente ambiciosa
y amiga de robar, hicieron muchos insultos y malos tratamientos
a todos en general, de lo cual resultaron grandes llantos y clamores
que nos movían a gran compasión, aunque infieles…
(Salah Bajá) fue a visitar el tesoro que el Xarife había dejado
y fue fama haber hallado más de tres millones,
sin innumerables aderezos de la gineta de oro y plata
y otras muchas alhajas de casa y mercaderías
de las que pagaban los cristianos de diezmo;
que esto, y setecientos cristianos cautivos, debió de valer cuatro millones.
También se dijo que el Xarife de industria lo había dejado todo
porque no tuviesen los turcos ocasión de ir tras él
y por entender que, en saqueando y en cobrando
los 400.000 ducados para la paga, se volverían a Argel» (67).
Narra también Torres una historia de cautivos –«dos cautivos que curaban los caballos»– muy en la línea de las que se harían populares en la época; los dos cautivos, «enterrado cierto dinero» del tesoro del Xarife, fueron a Salah Bajá a pedirle la libertad a cambio de ese dinero que «sospechaban» donde podía encontrarse; después de algunos días de haber buscado en diversos lugares fingidamente, por
«desmentir el que no lo sabían cierto, lo sacaron y llevaron al de Argel
y hallaron más de 12.000 meticales de las doblas viejas de a veintidós quilates;
y a la hora mandó a los cautivos dar la parte que les había mandado (la cuarta parte)
y libertad, con condición que le curasen sus caballos hasta Argel,
y que de ahí los enviaría a España, a la cual vinieron,
y yo los vi en Carmona» (68).
Otra historia entre un turco y un judío –que «haciendo el bobo sin serlo», compró «un saquetillo de tibar y un mazo de aljófar» por poco dinero, creyendo el turco «que eran raspaduras de latón…, pensando que quedaba el judío engañado, siéndolo él»–trajo consigo problemas con la judería de Fez, de gran vitalidad, debiendo los judíos defenderla con las armas de asaltantes particulares turcos a pesar del seguro que tenían.
«Rescatáronse por orden de Buazón –los hebreos—
en veinte y cinco mil meticales
y los mercaderes cristianos hicieron lo mismo,
y les costó un presente que dieron al Çala Raez (de) 4.000 meticales.
Y a ciertos alcaides renegados que les favorecieron para esto
les dieron otros mil meticales;
y, con tanto, quedaron los unos y los otros libres y seguros de los turcos» (69).
Mientras Abu Hassun trabajaba
«con los de Fez la vieja por juntar los cuatrocientos mil meticales
para cumplir lo que había asentado con el de Argel,
determinó Çala Raez de enviar al reino de Vélez
a intentar tomar el Peñón para dejarlo por el Gran Señor,
y así envió un capitán con quinientos turcos y renegados,
los cuales se apoderaron de él sin resistencia alguna;
porque el alcaide que por el Xarife lo tenía…
se fue a Alarache y de allí a Marruecos».
El Peñón de Vélez había estado en poder de Bu Hassun veintiocho años, hasta que el Xarife se lo conquistó en 1550, acción que causara aquella expedición de los argelinos. En 1564 lo conquistaría García de Toledo, al año siguiente virrey de Sicilia, para los españoles (70).
El tiempo que estuvo Salah Bajá en Fez, «que fueron casi cuatro meses, todo el gobierno y las demás cosas se hacían en nombre del Gran Señor». Hubo incidentes entre turcos y fesíes, que casi llegaron a provocar una ruptura de hostilidades, y Torres narra también detalles de su trabajo de rescatador de cautivos. Finalmente, Salah bajá, después de cobrar lo ajustado, «mandó caminar los cautivos y fardage de vuelta de las salinas, que son parte de Melilla, donde tenía catorce galeras reales. Despachado esto, se partió con su gente y tesoro por el camino que vino la vuelta de Argel, demediado abril del dicho año», y desde allí, «después de haber descansado algunos días, envió al Turco un gran presente de dineros, cautivos y caballos y otras muchas cosas de aquella tierra, y el demás tesoro fue fama que lo enterró y de ahí a pocos días murió» (71). Simplifica con ligereza Torres el final de su relato, con otro «tesoro enterrado» más, tan caro a la tradición popular. Salah Bajá había de conquistar aún Beyaia a los españoles, al año siguiente, y moriría en tiempo de peste dos años después, cuando preparaba una expedición contra Orán.
En el verano de 1544, en agosto según Torres, en septiembre según otras fuentes, el Xarife entraba de nuevo en Fez después de derrotar al último meriní y darle muerte. Torres narra el fin de la dinastía según la versión oficial saadí, como glosa Mercedes García Arenal:
«Los hijos de Buazón, vista la muerte del padre y el desbarate de sus gentes,
con algunos criados suyos marcharon la vuelta de Miquines,
donde el mayor tenía su casa de asiento. Y sacando su casa y hacienda,
que sería poca según el poco tiempo que le había durado el mandar,
se fueron a Alarache, donde estaba un navío de cristianos;
y se lo pagaron bien porque los llevasen a España.
Y yendo por la mar, a la vista de Cádiz
los robaron luteranos, y con esto vinieron a acabar en mal
los Merines, reyes de Fez, y sus descendientes» (71 bis).
Al parecer no hubo tal presa de luteranos; el barco llegaría a España y el último representante de la dinastía meriní se hizo cristiano –«converso/renegado»– con el nombre de don Gaspar de Benimerín, como explica en nota García Arenal (72).
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NOTAS:
(54).- Asiento citado en nota (43).
(55).- Haedo, I, pp. 302-306.
(56).- Torres, introd. p. 10. (57).- Ib., p. 227.
(58).- Torres, p. 224. Nota de García Arenal.
(59).- Ib., p. 228.
(60).- Torres, c. LXXXIV, pp. 223-225.
(61).- Ib., c. LXXXV, p. 226.
(63).- Ver Sola, op. cit. c. II y V.
(64).- Torres, c. XCI, pp. 242-243.
(65).- Ib., cc. XCII-XCIII, pp. 244-247.
(66).- Ib., cc. XCVI y XCVII, pp. 255-258.
(67).- Ib., c. XCIX, pp. 260-262.
(68).- Ib., p. 262.
(69).- Ib., cc. XCIX y C, pp. 262-266.
(70).- Ib., c. C, pp. 263-266.
(71).- Ib., c. CI, pp. 266-268.
(71 bis).- Ib., c. CIV, p. 277. «Unos bretones corsarios», dice Mármol, en I, fol. 264.
(72).- Ibidem, en nota.