Corsarios o reyes 3-5: El turco Saffa y el alejandrino Salah, dos grandes gobernantes de Argel

Corsarios o reyes 3-5: El turco Saffa y el alejandrino Salah, dos grandes gobernantes de Argel

3.5.- El gobierno en Argel del alcaide Saffa y el reinado del alejandrino Salah Bajá, compañero de Barbarroja de primera hora, ya anciano «todo cano como una paloma», con una expedición a los oasis de Tuggurt y Uargla y una guerra con los bereberes.

 

 

     Cuando Hasán Bajá decidió acudir a Estambul para solucionar sus asuntos personales, después de la muerte de su padre Jeredín, y sin duda para neutralizar la influencia de Rostán Bajá, perjudicial para sus intereses, dejó en el gobierno de Argel –como Califa, precisa Sosa– al alcaide Saffa, de los «Chacales de Turquía», nombre con que conocían a los rudos campesinos turcos para quienes Berbería era similar a lo que para los españoles de las regiones más deprimidas, como Extremadura, podía significar América en aquel tiempo. Alcaide Saffa quedó provisionalmente al frente de Argel entre septiembre de 1551 y abril de 1552, con el acuerdo y contento de las fuerzas de la ciudad, los jenízaros y los corsarios en principio. Fue un periodo duro de hambre en la región. La evocación biográfica que traza Antonio de Sosa de este notable militar y administrador –de los medios jenízaros más que de los corsarios, por lo tanto– es modélica. Dada su experiencia en la guerra «de hombre valiente y prudente, de todos era muy querido y amado».

 

     «Este Alcayde Saffá era de nación, como dijimos, turco,

natural de una aldea de Anatolia y de padres bajos y villanos y muy pobres.

Y había algunos años que con otros Chacales de Turquía

se pasara a Argel a probar, como ellos dicen, ventura;

y habíale sucedido todo bien, que llegó a los términos y estado que decimos.

Y como él quedaba por gobernador en ausencia de Asán Bajá,

no le llamaron rey o bajá, mas su título era califa,

que en morisco y turquesco significa teniente del rey o visorrey.

Puesto, pues, de esta manera en el gobierno, húbose en todo

muy quieta y sabiamente con todos y nunca en su tiempo sucedió cosa

por la cual fuese necesario matar o castigar alguno,

como de ordinario hacen a muchos y a menudo…

 

     «Hubo en su tiempo una grande y general hambre;

pero fue tan diligente en proveer a la ciudad de Argel

de toda suerte de bastimentos y vituallas que, muriendo mucha gente

por fuera y por todas partes de pura hambre, los vecinos de Argel

gozaron de una abundancia muy grande.

 

     «Después, más de diez años, murió el alcaide Saffá

siendo alcaide de Tenez por muerte del viejo Hamida Labde,

rey de aquella ciudad y de su reino. El cual luego los turcos –conforme

al concierto que el Cheredín Barbarroja había hecho con el dicho Hamida,

cuando le restituyó a Tenez haciendo paz y amistad con él—

usurparon para sí.

 

     «Murió en el año del Señor de 1561, siendo de edad de 51 años.

Era hombre muy robusto, no muy alto de cuerpo

mas muy lleno de carnes y gordo, de color moreno y bien barbado;

no dejó hijo alguno, mas a un hermano menor

que se llamaba el Cayr de Daur (sic, por alcaide Daur),

que él trujo de Turquía siendo muy mozo; el cual en riqueza y reputación

era el más principal alcaide de todo Argel.

Está enterrado fuera de la puerta de Babaluete,

junto a la mar en una cuba pequeña cuadrada y baja

y labrada sobre cuatro pilares de ladrillo» (47).

 

     El nuevo rey enviado desde Estambul fue el gran arráez Salah, anciano compañero de Barbarroja. Sus años de gobierno, desde abril de 1552 y hasta su muerte en 1556, en plena expedición contra Orán, fueron de mucha importancia para el control del territorio berberisco; aseguró el dominio argelino sobre los oasis del sureste (Tugurt y Uargla), centros caravaneros importantes, y expulsó a los españoles de Beyaia (Bugía, 1555). Era el último de los grandes corsarios de primera hora.

 

     «Estorbando Rostan Bajá que Hasán Bajá, hijo de Barbarroja,

no volviese al gobierno de Argel…, fue en su lugar proveído Sala Raez,

aquel famoso cosario y compañero de muchos años del Cheredín Barbarroja…

Este fue de nación moro y natural de la ciudad de Alejandría;

y habiéndose criado desde mozo con los turcos

desde el tiempo que Sultán Selín, Gran Turco, ganó todo Egipto

y estado del sultán, desbaratando y deshaciendo del todo

el gobierno y poder de los mamelucos, que fue en el año 1517,

vino por tiempo a pasar en Turquía y de allí en Barbaría.

Y en la compañía de muchos otros cosarios sirvió y acompañó a Barbarroja;

del cual fue siempre muy querido y estimado

porque se mostró siempre y en todo hombre de hecho y animoso.

Y por tanto, cuando el mismo Barbarroja se fue para Constantinopla

el año 1535, uno de los arráeces que llevó en su compañía fue el Sala Raez.

Y después, dándole el Turco el gobierno de su armada,

siempre le ocupó, como hombre plático y de espíritu,

en las cosas más importantes de la mar.

 

     «Y finalmente, cuando el año 1543 quiso Barbarroja

enviar de Tolón de Francia –do se hallaba con la armada turquesca

en favor del rey de Francia– a España alguna escuadra de sus galeras

a hacer mal en las tierras y vasallos del emperador,

el Sala Raez escogió, como dijimos, y le envió con las 22 galeras

con que quemó y destruyó a Rosas y a Palamós, lugares de Cataluña.

Vuelto después con Barbarroja a Turquía,

sirvió algunos años de timonero del Turco; esto es, que gobernaba

la galeota en que el Turco se solía por recreación salir de Constantinopla

a espaciarse por la mar. El cual cargo no se daba

sino a personas muy principales y de mucha confianza y favor.

Ahora, no queriendo el Turco que el Asán Bajá volviese a Argel

por así lo procurar –como dijimos– Rostan Bajá que estaba mal con él,

él mismo antepuso al Sala Raez

y el Turco fue contento de proveerle de este cargo».

 

     Después de cuatro años de una intensa actividad militar y de corso, cuando pretendía llegar a Orán por mar con una nueva expedición militar,

 

«le dio súbito la landre y peste en una ingle muy recio

y dentro de venticuatro horas, sin aprovechar remedio, le arrancó la alma.

Quedó toda la armada muy triste con la muerte de este hombre;

y vueltos luego todos para Argel, le enterraron en una sepultura

fuera de la puerta de Babaluete, en el corral de los reyes.

Y es la que más cercana está de la mar, que le hizo su sucesor Asán Corso,

que era un renegado suyo; y después su hijo Mahamet Bajá,

siendo rey de Argel, dotó esta sepultura de renta para que de continuo

ardiese en ella una lámpara y viviese en ella un moro,

con un cristiano que le dio, para escobar y limpiar la sepultura

y plantar algunas flores y hierbas en torno a la cuba do está el sepulcro;

la cual cercó de una pared de tres tapias en alto, como hoy día se ve.

Después su hijo Mahamet le hizo una cuba muy bien labrada,

en la que está enterrado. Era Sala Raez, al tiempo que murió,

de edad de 70 años y todo cano como una paloma.

Era hombre de mediano cuerpo, gordo y moreno.

Fue en todas las cosas muy animoso y en la guerra muy diligente y venturoso.

Dejó solo un hijo, que fue el dicho Mahamet» (48).

 

     Los años de reinado de Salah Bajá fueron fundamentales para la fijación de un territorio argelino. Una vez más, en la primera gran campaña del anciano corsario, la versión de Sosa, basada en testimonios de los medios corsarios y renegados de años después, silencia algunos extremos que la versión de Mármol recoge, en concreto la ayuda del rey Abdelasís de La Abez, tierras de población bereber del interior de Beyaia. Para Sosa la campaña de Tugurt y Uargla la llevó a cabo Salah Bajá nada más llegar a Argel con «diez galeras», «en el mismo año de 1552», en el mes de octubre.

 

     «El rey de Ticarte (Tugurt), un moro que tiene un estado

veintiún jornadas de Argel, y más allá cinco de Biscari (Biskra),

muy cerca de la Zahara y tierra de negros,

que será todo de Argel ciento cincuenta leguas no grandes»

 

se habría rebelado y negado a «pagar, como antes, cierto tributo al rey de Argel». Sin decir a dónde se dirigía, salió de Argel Salah con «tres mil turcos y renegados escopeteros y mil a caballo y dos piezas no más de artillería». El rey de Tugurt, muy joven,

 

«se dejó cercar dentro de Ticarte, que era lugar fuerte». 

 

«Batió Sala Raez con sus dos piezas tres días continuos la tierra

y al cuarto le dio el asalto y la tomó, con muerte de muchos moros».

 

Prisionero el joven rey, hizo responsable a su ayo el cadí; informado Salah Bajá de que era cierto, y de que el cadí exhortaba

 

«a pelear contra los turcos, que el que mataba un turco ganaba tanto con Dios

como si matara a un cristiano, al momento le mandó atar de pies y manos

y, puesto de esta manera en la boca de una de las piezas de artillería,

dispararla y hacerle pedazos».

 

A los habitantes, «unos doce mil de toda suerte y edad», «vendió en almoneda por esclavos»; «y saqueada toda la tierra y asolada, llevó consigo cautivo y preso al dicho mozo rey, que sería de edad de catorce años». Siguió luego más adelante Salah  

 

«cuatro jornadas, con intención de prender o matar

al rey de Huerguela (Uargla) –una tierra muy abundante de dátiles–,

porque también rehusaba de pagar a los turcos tributo»;

 

el rey había huido «con cuatro mil caballos, sus vasallos», y no quedaban allí nada más que «cuarenta negros mercaderes que dende la tierra de negros habían venido, como solían muchas veces, a vender negros». Salah les hizo dar «doscientos mil escudos de oro, porque eran hombres muy ricos, y los dejó ir en paz». Pactó luego con el rey de Uargla el pago de un tributo con amenazas de que «le volvería a buscar y que fuese cierto que no se le había de escapar», y regresó a Argel. 

 

«El rey de Huerguela luego volvió para su tierra y, de temor de los turcos,

con estar tan lejos, pagó él y sus sucesores pagan hoy el tributo acostumbrado,

que es de treinta negras cada año.

De vuelta dejó el Salah Raez al mozo rey de Ticarte en su tierra libre,

jurando primero, y otros moros principales a quien le dejó encomendado

y a quien dio libertad, de ser fieles y leales a los turcos

y de pagar cada año de tributo quince negras,

las cuales aún hoy día se pagan» (49).

 

     Mármol añade a este relato de Sosa algo esencial, la ayuda de los bereberes:

 

     «Llevaba Salah Arraez en este campo tres mil turcos y renegados,

escopeteros de a pie y mil de a caballo, y ocho mil alárabes;

y el de La Abez llevaba mil ochocientos escopeteros de a pie

y mil seiscientos caballos. Y con esta gente

llevaban tres piezas de artillería para batir y muchas municiones

y bastimentos en camellos, porque es toda la tierra llana,

y la artillería la tiraban los bereberes a brazos».

 

Tomaron y saquearon la ciudad de «Tocort» y

 

«Guerguela… la tomaron a partido. Y dejando turcos de guarnición en las alcazabas de estas ciudades, que son antiguas y muy débiles, se volvieron a Argel cargados de despojos. Salah Arraez llevó quince camellos cargados de oro de Tibar que ganó en aquella jornada y más de cinco mil esclavos y esclavas negras».  

 

Los datos de Mármol sobre la región son precisos:

 

«Hay cien leguas desde Argel a Tocort

y Guerguela está otras cuarenta leguas a mediodía. 

Tocort tiene cuatro mil vecinos y muchos lugares poblados al derredor

y Guerguela tiene más de seis mil vecinos» (50).

 

     Al regreso de la expedición a los oasis de Tugurt y Uargla tuvo lugar una ruptura más entre los bereberes y los argelinos, esta vez con el señor de La Abez y recogida por Mármol con amplitud:

 

     «En volviendo a Argel, el alcaide Hascen Corso,

que se quedó en los aduares de Hamça,

que son unos alárabes vasallos de Argel,

escribió Salah Arraez cómo el La Abez se quería alzar con la tierra».

 

     Esta desconfianza originó la ruptura. Enterado el señor de la Qalaa de los Beni Abbés de cómo Salah Bajá quería prenderle por ese motivo, se fue a sus tierras, se fortificó y declaró la guerra a los turcos. Salah Bajá organizó una expedición en pleno invierno

 

«hasta un lugar llamado Boni, donde hubieron los turcos

algunos encuentros con los azuagos, en uno de los cuales

fue muerto Cide Fadal, hermano de La Abez.

Y los trataran los turcos muy mal si no fuera porque cayó tanta nieve

que los hizo retirar. Idos los turcos,

el La Abez comenzó a fortalecerse en la sierra cortando todos los caminos

y reedificando la fortaleza del Calaa; y saliendo a correr la tierra,

hacía mucho daño a los vasallos de Argel.

De esta manera creció en opinión y se juntaron con él otros pueblos…

 

     «El año 1554 Salah Arraez envió contra él a Mahamete Bey, su hijo,

con mil turcos escopeteros de a pie y quinientos de a caballo,

y 6.000 alárabes de a caballo. El cual, pensando ir

contra la fortaleza de Calaa, puso sus tiendas en Boni,

que es poco más de una legua de allí. Mas el La Abez

le dejó llegar bien cerca y aún le dejara pasar más adelante si quisiera entrar;

y siendo el turco avisado que lo hacía de industria para tomarles las espaldas,

se retiró de noche a lo llano. Y el La Abez salió a él y hubieron batalla,

en la cual murió mucha gente de ambas partes;

y los turcos fueran del todo rotos si no los socorriesen los alárabes.

Y, así, se hubieron de retirar con pérdida de gente y de reputación» (51).

 

     Es destacable lo explícito de Luis del Mármol, buen conocedor del árabe y, al parecer, conocedor también de la lengua bereber o cabil, a los que se refiere cuando habla de «africanos» en relación con los árabes propiamente dichos. A esos conocimientos –del que su origen morisco no era ajeno– hay que añadir que esos sucesos narrados se desarrollan en el tiempo de su estancia en Berbería, entre 1535 y 1557, que hacen que su testimonio sea muy fiable.

 

     «En este tiempo vino a Argel Muley Bu Haçon, señor de Vélez de la Gomera…», continúa Mármol su narración; los turcos accedieron a ayudarle contra los Xerifes marroquíes para que se instalase en el reino de Fez y enviaron, según el testimonio de Mármol, cuatro mil escopeteros de a pie. Pero Salah Bajá no desatendió la ofensiva contra los bereberes de La Abez:

 

     «Dejó (Salah Bajá) en orden otro campo de 400 turcos de a pie

y 150 de a caballo y 2.500 alárabes para que fuese contra el La Abez,

y por general de él a Cenan Arraez, renegado de nación corso,

y con él el alcaide Rabadán Griego. Los cuales,

sabido cómo Giubel Ayat y otros lugares de la comarca

daban ya tributo al La Abez, fueron la vuelta de Micila (M’Sila)

para poner cobro en aquel estado. Por otro cabo,

el africano juntó sus gentes y fue luego sobre ellos.

Y estando el campo de los turcos en la ribera del rio Haman,

dio una alvorada sobre ellos y los desbarató y mató a todos,

sin tomar hombre a vida; que no escaparon sino los dos capitanes

que huyeron a uña de caballo hasta Mecila.

Y a los alárabes, no los queriendo matar, los desbalijó y los dejó ir.

Este mismo año volvió Salah Arraez de Fez,

dejando por rey a Buhaçon,

y luego, en llegando a Argel, dio orden de ir sobre Bugía» (52)

 

     Y la ganó a los españoles, a pesar de las imponentes fortificaciones que aún hoy se pueden encontrar en la ciudad costera cabil de Beyaia. Antonio de Sosa sintetiza magistralmente el «problema bereber», de estos cabiles y suawa de las montañas del entorno de Beyaia. Lo resume antes de abordar la inteligente política del hijo de Barbarroja, Hasán Bajá, después de una nueva guerra en el año 1559:

 

     «Este (el Abdelasís de Mármol) y otros reyes, sus antecesores,

jamás quisieron obedecer a los reyes de Argel ni pagarles algún tributo,

como el rey del Cuco su vecino y otros hacían,

confiando en las grandes y muy ásperas montañas en que él vive y sus vasallos.

Y aún no se contentando con esto, hacía mucha guerra

a los alárabes y vasallos de los turcos, bajando de sus montañas

y robándolos de cuanto tenían. Y como fuese hombre liberal,

comenzaron al principio algunos renegados de Argel a ir a servirle

porque les daba muy buenas pagas,

deseando en gran manera tener consigo escopeteros.

Tras esto, muchos cristianos cautivos se huían de Argel para él,

a los cuales recogía y si se querían volver  moros los casaba

y daba muy buen entretenimiento; y si todavía querían ser cristianos,

los dejaba en su libertad como le sirviesen en la guerra.

De esta manera vino este rey, a cabo de tiempo,

a tener un buen número de escopeteros, parte renegados y parte cristianos.

Con esto, y con otros sus vasallos, hizo muchos daños

en los moros vasallos de turcos –como dijimos– y aún en los mismos turcos.

Porque habiendo ido de Argel dos o tres campos de ellos contra él,

desbarató a todos. Y en cogiendo a un turco vivo,

el castigo que le daba era que le cortaba el miembro por medio

y, atándole las manos atrás, le dejaba ir desangrándose,

hasta que vaciada toda la sangre sin remedio

se caía muerto en el camino» (53).

 

     El tono de tradición oral de este párrafo de Sosa es de gran belleza y verismo. Finalmente, las hostilidades se interrumpirían durante unos años con el inicio del reinado segundo de Hasán Bajá, con la citada  política de acercamiento a los bereberes que tendría sus frutos más adelante, sancionada por el matrimonio del propio hijo de Barbarroja con una princesa cabil.

 

     La política de consolidación del dominio del régimen instaurado por Barbarroja en el interior, llevada a cabo por Salah Bajá, se completó con operaciones de corso y bélicas contra marroquíes y españoles. La expedición a Tremecén de los Xerifes y el hostigamiento a Mostaganem estuvo en el origen de una magna expedición contra Fez de Salah Bajá.

 

 

 

———-

 

NOTAS:

 

(47).- Haedo, I, pp. 297-298.

(48).- Ib., pp. 298 y 311.

(49).- Haedo, I, pp.299-301.

(50).- Mármol, V, c. LXVIII.

(51).- Ibidem.

(52).- Ibidem.

(53).- Haedo, I.

Nuevo informe

Cerrar