Octavio Sapiencia: NUEVO TRATADO DE TURQUÍA. Madrid, 1622. Edición de Héctor Vielva. Capítulo I: En que se trata de la esclavitud del autor…

Descripción / Resumen:

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NUEVO TRATADO DE TURQUÍA

 CAPÍTULO PRIMERO

En que se trata de la esclavitud del autor, con las causas de su cautiverio,

casos notables que sucedieron en él, y de su libertad

 

I

Octavio Sapiencia vuelve de Roma a Sicilia.

Premonición del jesuita Bernardo Colnago.

Sapiencia es capturado por los turcos y llevado a Bizerta

 

En el año primero del Pontificado de nuestro santísimo Padre Paulo Quinto[1], hallándome en Roma quise volverme a Sicilia, mi patria. Vivía en aquella ciudad entonces un padre de la Compañía de Jesús, llamado Bernardo Colnago, natural de la ciudad de Catania, hombre cuya vida fue tan ejemplar que hoy se trata de su canonización[2]. Fue grandísimo letrado y yo su indigno discípulo y compatriota (de él trata la Crónica de San Francisco de Paula[3], escrita por el padre fray Lucas de Montoya, en la descripción de Catania). Por todas estas razones me fui a despedir y pedirle la bendición para mi viaje pero el santo varón me ordenó [que] volviese al día siguiente con ocasión de darme reliquias, Agnus[4], cuentas[5] y otras cosas de devoción. La mañana siguiente volví y, hallado al siervo de Dios con triste semblante (sin darme cosa de las prometidas, con cierto modo de despacho me dijo [que] había soñado la noche antes que, estando él en un puerto de mar, via[6] que los Turcos me cautivaban, y no pudiendo librarme de tan crueles manos, lloraba de suerte que se despertó, más que no creyese en sueños. Yo, que sabía el predicamento en que este varón estaba de santidad, recelando que fuese revelación la que él llamaba sueño, desistiendo al mismo punto de mi propósito, dije [que] no quería partirme, pero él me abrazó exhortándome [a] que prosiguiese mi intento, confiando en Dios, y huyendo del peligro, más que si sucediera tal desgracia, la padeciese como enviada de las divinas manos. Yo, instando una y otra vez en resistir la partida, me redujo con santas palabras, diciéndome que si Dios me enviase al infierno, tenía obligación de ir con gusto, pero [que] confiase en su misericordia y no creyese en sueños. Persuadime y, encomendándome mucho a sus santas oraciones, me embarqué en el Tibre[7], desde el cual desembarqué en Nápoles a los tres días, donde hallé una barca ligera que estaba casi zarpando para Palermo con solos ocho pasajeros. Yo, por el gran deseo que tenía de llegar a mi reino, olvidado del pronóstico de Roma[8], fleté en la barca, y embarcando mi ropa, entré en la ciudad a hacer matalotaje[9]  y tratar algunos negocios, y sin haberme detenido más que una hora, pareciendo al arráez que me tardaba, zarpó presuroso. Cuando llegué hallé mi ropa en tierra y reconocí la barca [a] media legua[10] [en] la mar, de que viéndome acongojado, dos marineros me ofrecieron con un batelillo[11] alcanzar la barca que iba a la vela, y así por un escudo me arribaron a ella al tiempo que montaba[12] las bocas de Cabre[13]. Navegamos aquel golfo toda la noche y hasta la del día siguiente. El domingo al alborada sobre la isla de Lustriga[14] descubrimos una fragata de catorce bancos bien armada, tan cerca que sin poder valernos de la huida fácilmente nos dio caza. Iba en mi barca un hombre casado y su mujer honesta en extremo, como en extremo hermosa. El marido reconoció el bajel contrario que era de turcos, y que la defensa como la huida era imposible, vuelto a su mujer le dijo con suma determinación que pidiese a Dios misericordia de sus pecados, porque tenía por menos terrible quitarle la vida que verla con manifiesto peligro del honor en poder de bárbaros tan fieros. Inmediatamente le dio una puñalada en el corazón, de que la infeliz hermosa expiró al mismo punto lastimosamente, y al mismo tiempo fue preciso echarla al mar. Hízose apenas cuando con furioso ímpetu el enemigo nos enviste, a quién ínfimas nuestras fuerzas (porque éramos solos catorce) no fue posible resistir. Rendidos, nos pasaron a su fragata y ya desnudos nos metieron debajo de cubierta. Saqueada nuestra barca la dejaron suelta al arbitrio del viento y mar, y porque el día antes habían tomado otra barca cargada de seda al salir de Palermo, satisfechos de ambas cosas, tomaron rumbo la vuelta de Biserta, en cuya demanda corrimos en gran borrasca tal peligro que los turcos se allanaron[15] a poner cristianos al timón, y sacándome sobrecubierta me dijo uno de ellos, interpretando al capitán que rogase a Dios escapásemos de aquel peligro, porque escapando me daría libertad. Yo atemorizado del furioso mar, les pedí el breviario que me habían quitado, volviéronmele, y yo, afligido de la tormenta en la mar y del tormento de la esclavitud, diciendo un nocturno de difuntos[16] y unas oraciones contra la tempestad, echado en la mar un pedazo de agnus (que había podido esconder) con la señal de la Cruz, me bajé debajo de cubierta, mojado y temblando de frío, porque estaba desnudo. Al poco rato calmando el viento, se aquietó el mar y así aquel día que fueron 22 de septiembre de 1604[17] surgimos en Biserta, donde me desembarcaron en camisa, pero unos esclavos compasivos de mi miseria me dieron que me vestir y calzar. Entonces, persuadido de los compañeros que animaban mi desconfianza, llegué a reconvenir con el capitán, mi dueño, pidiéndole [que] me cumpliese la promesa, el cual en lugar de libertad me dio muchos palos, con que me descalabró entre mil injurias de bárbaro furioso.

[1] Pablo V, 1605-1621.

[2] Bernardo Colnago (1545-1611), jesuita célebre por sus predicaciones y milagros.

[3] Crónica General de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula (Lucas de Montoya, 1619). San Francisco de Paula, en italiano San Francesco di Paola (1416-1507), fundador de la Orden de los Mínimos en Calabria. La regla de los Mínimos era similar a la franciscana pero más estricta, pues instaba a abstenerse del consumo de carne, huevos y productos lácteos. Tras la aprobación papal en 1474 la orden se extendió por Francia, España y Alemania. En su momento de máxima expansión en el siglo XVII la orden de los Mínimos alcanzó los 9.000 miembros.

[4] Agnus (Agnus Dei = Cordero de Dios): relicario que se llevaba colgado al cuello.

[5] Cuenta: cada una de las bolas del rosario.

[6] Veía, vio (?); posible errata.

[7] Río Tiber.

[8] Se refiere al sueño premonitorio del padre Colnago.

[9] Matalotaje: provisión de comida, víveres para un viaje marítimo.

[10] La legua marina equivale a 5.555,55 metros; media legua equivaldría a 2,75 km aproximadamente.

[11] Bote pequeño.

[12] Doblar un cabo.

[13] Isla de Capri.

[14] Ustica.

[15] Se rebajaron.

[16] Tipo de oración funeraria.

[17] En la primera frase Sapiencia sitúa el relato en el primer año del pontificado de Pablo V, quien fue electo el 16 de mayo de 1605. Se trata, por tanto, de un error de memoria. Recordemos que Sapiencia escribe esta relación a su vuelta muchos años después, probablemente entre abril de 1616 y febrero de 1618 (el manuscrito aparece fechado el 8 de febrero de 1618).

***

El Nuevo tratado de Turquía (1622) del clérigo Octavio Sapiencia, natural de Sicilia y súbdito de la monarquía hispánica, es una obra fundamental para el estudio de la historia hispanoturca que no había tenido una edición actualizada hasta ahora. En el manuscrito, que data del año 1618, y la posterior impresión del año 1622, Sapiencia narra sus experiencias como cautivo y galeote en las galeras berberiscas y en la armada otomana (1604-1609). Tras su rescate, como confesor del embajador de Francia en Estambul (1609-1616), aporta valiosas informaciones sobre la organización y costumbres del Imperio otomano. Presentamos aquí, por primera vez, una edición actualizada y anotada con el objeto de profundizar en el análisis y divulgación de esta fuente imprescindible para las relaciones hispanoturcas en el Mediterráneo del primer tercio del s. XVII.

Estambul, 1 de mayo de 2019

Héctor Vielva

Universidad de Salamanca

 

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Ficha Técnica y Cronológica

  • Personajes: Octavio Sapiencia, Ahmed I, Paulo V, Bernardo Colnago, Lucas de Montoya, Mustafá Bajá de Trapana, Carlos Doria, Gran Prior Bernardo Ezpeleta, Virrey Duque de Feria Lorenzo Suárez de Figueroa, Solimán Bajá de Catania, Morat Arráez, Adelantado Juan de Padilla Manrique y Acuña, Capitán Bajá Zafer Calabrés, Capitán Bajá Hafız Ahmet, Capitán Bajá Damat Halil, Embajador Jean de Gontaut-Biron Baron de Salignac, Embajador Achille de Harlay de Sancy, Caballero de Malta Fray Antonio Setimo, Caballero de Malta Monsieur de Fraxinet, Pierre Mercandi, Caballero de Malta Monsieur de Cuges, Caballero de Malta Monsiur de la Sfollada, Caballero de Malta Monsiur de Rodas, Caballero de Malta Monsiur de Puntach, Aníbal,
  • Palabras clave: , , , , , , , , , ,
  • Autor de la fuente: Octavio Sapiencia
  • Título de la fuente: NUEVO TRATADO DE TURQUÍA CON UNA DESCRIPCIÓN DEL SITIO Y CIUDAD DE CONSTANTINOPLA, COSTUMBRES DEL GRAN TURCO, DE SU MODO DE GOBIERNO, DE SU PALACIO, CONSEJO, MARTIRIOS DE ALGUNOS MÁRTIRES Y DE OTRAS COSAS NOTABLES
  • Impresor: Viuda de Alonso Martín, Madrid, 1622.
  • Ediciones / Ediciones Críticas: No hay.
  • Archivo de procedencia: - / Volumen: - Sección: - - Legajo: - Documentos:
  • Tipo de documento:Crónica / Estado: Transcripción,Actualización,Fragmento
  • Época: Moderna / Siglo: XVII DC / Año: 1622
  • Zona geográfica: Mediterráneo,Eurasia / Localización: Madrid, 1622

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