1 ¿Cómo
habéis preparado la asignatura?
Para prepararme esta asignatura, que yo he enfocado más como una forma de conocer a fondo la vida y el pensamiento de Cervantes, y no tanto su obra, me he basado fundamentalmente en el libro de Antonio Rey Hazas, Cervantes. Vida y literatura, una obrita pequeña pero donde se sintetizan de forma brillante todos los aspectos fundamentales de Cervantes. No hay que olvidar que cantidad no equivale a calidad y, en mi opinión, un buen resumen (que es más difícil de hacer de lo que parece) vale más que mil páginas mal escritas, sobre todo en esta época en que el tiempo para leer es más escaso porque hay que hacer otras cosas.
Tampoco he desdeñado los materiales del cuadernillo de clase, de muy diverso tono y pelaje. Así, el artículo de Pierre Vilar está escrito en su estilo característico, excesivamente sensacionalista, que a veces fuerza un poco los hechos por conseguir una frase o una tesis brillante, pero que sí acierta a retratar bastante bien un período concreto de la historia de España, cuando todavía no se ha llegado a la decadencia total pero ya está ahí la crisis. También son interesantes algunos de los artículos periodísticos incluidos, como el referente a las hipótesis de Martín de Riquer acerca del posible autor real del Quijote de Avellaneda (Ginés de Pasamonte) o el referente a toda la demonología de la época, que muestra la radical contradicción entre una elite culta europea que se va abriendo a los descubrimientos científicos del momento (aunque sean también hombres cultos que no cultivan la realidad los que escriben algunos de esos tratados de seres fantásticos) y una masa popular que los ignoraba y seguía aferrada a esas creencias. Porque lo grave, y lo que afortunadamente se ha superado (aunque en los últimos tiempos se esté volviendo a recaer algo en ello), no es que estos escritores cultivasen sus fantasías e imaginerías, sino que las hacían pasar por reales, y vivían de esa pretendida realidad, no de la creatividad de su imaginación. Es también un poco el tema del que se burlaba Cervantes en el principio del Quijote, cuando la historia era sólo una novela corta: de los autores de novelas de caballerías que engañaban a la gente con fantasías inconcebibles que hacían pasar por reales para atraer la atención del público.
También consulté los resúmenes glosados de algunas de las Novelas Ejemplares más reconocidas de Cervantes, como La española inglesa, El licenciado Vidriera o El coloquio de los perros, amén de la comparación y paralelismo entre el discurso de la Edad de Oro que pronuncia Don Quijote y el discurso de La Tempestad; un paralelismo que sin duda no es casual, pues si bien Cervantes no leyó a Shakespeare, este sí pudo conocer la obra cervantina y admirarla.
Me resultó interesante asimismo el repaso a las distintas visiones historiográficas que ha habido del Barroco, un período muy complejo incluso de datar con un cierto consenso y del que se han discutido a fondo cuáles son sus características esenciales.
2 Cervantes y la novela.
Si Nietzsche gustaba de hacer filosofía a martillazos, de Cervantes se puede decir que también utilizó el martillo, pero no para destruir, sino para clavar unos géneros con otros y fundirlos para lograr una creación armónica, equilibrada. Cervantes se propuso y logró llevar a cabo una profunda renovación de la narrativa española y europea a partir de la escritura del Quijote. Lo que empezó siendo una novela corta acabó desarrollándose de tal forma, dada la fuerza que Cervantes supo imprimir a la historia, que se convirtió en la novela moderna, donde los personajes no respondían a los patrones predeterminados, convencionales, de las historias al uso, sino que su actuación era tan compleja como la vida misma, porque de eso se trataba: Cervantes buscaba la vida dentro de la ficción, y para ello se dio cuenta de que los marcos tradicionales no le servían, porque la vida no era blanca o negra, no era sólo drama o comedia, sino que tenía elementos de ambas, y para reflejarla como era debido hacían falta el equilibrio de múltiples perspectivas y múltiples personajes que con su variedad reconstruyesen el calidoscopio de la vida. De ahí que lo que empezó siendo una mera burla de las novelas de caballerías acabase siendo mucho más.
El ejemplo de las Novelas Ejemplares es aun más claro, pues allí Cervantes fundió y refundió todos los géneros de la época para superarlos de forma magistral. Muy interesado por el género de la picaresca, Cervantes supo ver que a través de sus convenciones se podía reflejar una determinada perspectiva de la vida, pero para poder reflejar todas no bastaba la voz en primera persona de un solo personaje, que al fin y al cabo podía ser engañado por su mente (Don Quijote) o por falta de información (El casamiento engañoso). Cervantes en su obra, al igual que intentó hacerlo en su vida, buscó huir de las realidades monolíticas que imperaban en su época porque sabía que la vida era demasiado grande para reducirla a esas estrecheces.
A la hora de crear la novela moderna, Cervantes supo ver que esta no era la simple acumulación de historias cortas intercaladas entre las andanzas de los personajes (y por eso en la segunda parte del Quijote desgajó la mayor parte de estas historias para crear las Novelas Ejemplares), sino que se trataba de reflejar un tiempo y un país en que no estaba permitida la crítica libre: por ello Cervantes eligió la figura de un outsider, un loco, alguien fuera de su juicio, que por tanto es capaz de ver y decir lo que quiera porque no se le toma en serio.
Con el Quijote Cervantes alcanzó el éxito, pero como él mismo conocía su propia valía, quería obtener también el prestigio crítico, y eso es lo que buscó en su última obra, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, donde aborda y supera la novela bizantina, género muy prestigioso en el humanismo, y la convierte casi en una peripecia caballeresca de múltiples perspectivas e interpretaciones. Quedaron en el tintero muchos proyectos realmente sugestivos que despiertan la curiosidad de saber hasta dónde hubiera podido llegar, desde esa segunda parte de La Galatea donde hubiera dado la vuelta a la arcaica novela pastoril hasta su proyecto de novela histórica, o Las semanas del jardín.
El Quijote fue sin duda el proyecto de mayor envergadura que llevó a cabo Cervantes, más incluso de lo que él mismo pensó, porque con esta obra creó la novela a secas, que estaba por encima de los diversos géneros (pastoril, picaresca, bizantina) porque no se podía clasificar en ninguno, y que sólo respondía a la definición que diera Saint-Real acerca de la novela como reflejo de la vida, “un espejo que se coloca a lo largo del camino”. Cervantes no podía hablar libremente, así que, siguiendo la máxima de Stendhal (“muestre, no declare”), otro ilustre apasionado de Cervantes, decidió novelar. |