buscador






 
fecha publicación: 27/04/2005
   
 

Homenaje a "El Quijote":
El curioso impertinente: una lectura a lo Pierre Menard

   
   
Dr. D. Emilio Sola
Universidad de Alcalá -España
     

 

 

 
UN TEXTO QUIJOTESCO: ENSAYO POEMÁTICO DE UNA LECTURA ACTIVA PARA UN CENTENARIO.
>>

 

VI. EL TEXTO 3.

Comenzaba la gran aventura; en ese tiempo que narra el narrador --no es Cide Hamete el narrador, es Cervantes mismo quien narra esa historia encontrada en una maleta en una venta y leída en voz alta por un cura, narrador protegido por un anonimato doblemente literario, en la realidad literario y en la ficción del Quijote... también anonimato literario--, la historia de una curiosidad impertinente que había de convertirse en magna tragedia. En ese tiempo que narra el anónimo narrador.

Un cervantista fronterizo y por ello muy estimulante para la inteligencia curiosa, el greco-americano George Camamis, hace tiempo que estructuró una admirable lectura interpretativa de "El curioso impertinente". Relacionó a los dos amigos con San Anselmo/Erasmo, por un lado, en el caso de Anselmo, y con Lutero en el caso de Lotario. Anselmo, el medieval, que había pretendido una demostración racional de la existencia de la Divinidad, podía verse como un precursor del humanista Erasmo en su afán de someter la religión católica eclesial romana al análisis de la razón. Para probar su fortaleza / veracidad, esa curiosidad impertinente de Anselmo había generado lo que había generado, la ruptura de Lutero, el enamoramiento mutuo de Lotario y Camila, en su nombre criptografiado LA CAatólica Madre Iglesia. La tragedia del enfrentamiento entre la fe y la razón, otro tiempo, otro "dónde", de alguna manera, generado por la Discordia, negadora de la amistad y el amor. La complicidad de la criada Leonela --contrafigura simbólica o literaria del papa León-- había facilitado el hundimiento de Camila en los brazos de Lotario y la desazón y la tragedia final para los tres, una historia de amor trinitario en aquel tiempo imposible.

La nueva frontera generada que hacía sospechosa la antigua libertad, tan sutil como una honra ideal, platónica, exterior a la propia amistad y al amor, otra realidad, generadora de otro tipo de relación. Otra nueva relación. Es Lotario quien siente la necesidad de limitar --poner límite o nueva frontera-- a la antigua relación solteril en aras de ese aceptado valor y de la nueva relación surgida, más profunda por más íntima --otro "dónde"/casa-- y a la vez delicada o vulnerable por exclusiva o ideal unificación hasta física, de cuerpos, de los desposados. Y es Anselmo quien protesta ante su amigo por esa nueva realidad / relación.

Notó Anselmo la remisión de Lotario
y formó de él quejas grandes, diciéndole que
si él supiera que el casarse había de ser parte
para no comunicarle como solía,
que jamás lo hubiera hecho.
Y que si --por la buena correspondencia
que los dos tenían mientras él fue soltero--
habían alcanzado tan dulce nombre
como el de ser llamados los dos amigos,
que no permitiese --por querer hacer del circunspecto
sin otra ocasión alguna--
que tan famoso y tan agradable nombre se perdiese.
Y que, así, le suplicaba --si era lícito
que tal término de hablar se usase entre ellos--
que volviese a ser señor de su casa,
y a entrar y salir en ella como de antes.
Asegurándole que su esposa Camila
no tenía otro gusto ni otra voluntad
que la que él quería que tuviese.
Y que, por haber sabido ella
con cuántas veras los dos se amaban,
estaba confusa de ver en él tanta esquiveza.

Bellísima la claridad diamantina de la expresión, bellísimo el ritmo declamativo y sobrio del largo recitativo para leer en alta voz --como el texto encontrado en una maleta en la venta fue recitado / leído en alta voz por el cura--, memorable como un fragmento del libro sagrado de la vida. Tal así, que es el propio autor aquí, sin duda --por doblemente literario, espacio de libertad máximo en una ficción--, un amigo común de los protagonistas que reproduce con omnisapiente autoridad la realidad de lo que pasó en ese "dónde" concreto florentino, la tragedia que pudo ser plenitud de un amor trinitario.


VII. A LO PIERRE MENARD.

¿Qué es lo que querría decir ese autor omnisciente al acusar a Lotario de "querer hacer del circunspecto"? Circunspección. Viaje a tu centro excluyente, pudiera ser, sistema paranoico, egoísmo supremo, límite primordial. No hay otra razón que su propia circunspección para un comportamiento que va cerrando la frontera al amor / amistad de los "dos amigos"; no hay otra explicación, "sin otra ocasión alguna", la Ocasión / Azar, propiciadora del encuentro con la Fortuna, propiciadora de una nueva relación afortunada, no ha podido intervenir en este caso precisamente a causa de esa "cirunspección" de Lotario. Ese apartarse, en fin, sin duda doloroso pues suponía apartarse del amor que hasta ese momento los tenía acordados como relojes en sus voluntades. El bien. En su perfil de "concordia" y paz. Una plenitud.

Una plenitud que estaba en peligro a causa de la "esquiveza" de Lotario, a quien su amigo Anselmo, de acuerdo con su esposa Camila --que "no tiene otro gusto ni otra voluntad que la que él quería que tuviese"--, invitaba, o rogaba, mejor, "que volviese a ser señor de su casa". Un amor particular a tres en plenitud, parecía ser el ideal de Anselmo, un amor trinitario. Mas, ¿cómo iba a ser posible esa plenitud?

Aquí, a estas alturas, ya sólo cabe dos posibilidades. O ceñirse tanto al texto cervantino que se corra el peligro de reescribirlo a la manera que Pierre Menard reescribiera el Quijote, o ponerse a pegar saltos de funambulista, tijereteando salvajemente fragmentos del original cervantino hasta dejarlo todo lo irreconocible que tal vez él mismo --Cervantes, desde su "dónde"-- sabía --"sé": es concluyente-- que un día había de ser conveniente.

Un nuevo tiempo de relectura y meditación paranoico-crítica se impone, para merodear un poco por entre la "intención" cervantina.

En aquel tiempo ese ideal amoroso trinitario --platónico límite-- parecía tan inalcanzable en plenitud que su mismo planteamiento pudiera parecer impertinente, tal una locura. Entraba de hecho en conflicto con "la prudencia, discreción y aviso" con que había de abordarse en ese tiempo la relación entre el amor y el honor, las dos líneas maestras --ejes estructurales, a la manera de alma-- de la naturaleza y de la sociedad civilizada.

Me temo que, por el momento, seguiré la reescritura a lo Menard, pues es tan bello el texto y tan conciso --poemático, inclusive para poner/fragmentar en estrofas-- que no puede uno tijeretear nada, sin peligro de sensación de pérdida irreparable.

VIII. EL TEXTO 4.

Es en discurso indirecto de Lotario en donde se presentan esos límites de la relación y sus razones principales en ese tiempo, que convertían en impertinente el intento del marido Anselmo de compartir la plena felicidad con su amigo del alma Lotario, sin por ello ceder en la plenitud de su amor matrimonial con Camila.

A todas éstas y otras muchas razones
--que Anselmo dijo a Lotario
para persuadirle (de que) volviese como solía a su casa--,
respondió Lotario con tanta prudencia, discreción y aviso,
que Anselmo quedó satisfecho de la buena intención de su amigo.

Y quedaron de concierto (en) que
dos días en la semana
y las fiestas
fuese Lotario a comer con él.

Y aunque esto quedó así concertado entre los dos,
(se) propuso Lotario no hacer más
de aquello que viese que más convenía a la honra de su amigo,
cuyo crédito estimaba en más que el suyo propio.

Decía él --y decía bien-- que el casado
a quien el cielo había concedido mujer hermosa,
tanto cuidado había de tener (en) qué amigos llevaba a su casa
como en mirar con qué amigas su mujer conversaba.
Porque lo que no se hace ni concierta en las plazas,
ni en los templos, ni en las fiestas públicas, ni estaciones
--cosas que no todas (las) veces las han de negar
los maridos a sus mujeres--,
se concierta y facilita en casa de la amiga
o la parienta de quien más satisfacción se tiene.

También decía Lotario que tenían necesidad los casados
de tener cada uno algún amigo
que los advirtiese de los descuidos que en su proceder hiciese.
Porque suele acontecer
que con el mucho amor que el marido a la mujer tiene,
o no le advierte --o no le dice-- por no enojarla
que haga o deje de hacer algunas cosas
que el hacerlas o no le sería de honra o de vituperio;
de lo cual, siendo el amigo advertido,
fácilmente pondría remedio en todo.

Pero, ¿dónde se hallará amigo tan discreto
y tan leal y verdadero como aquí Lotario le pide?
No lo sé yo, por cierto.

Sólo Lotario era éste,
que con toda solicitud y advertimiento
miraba por la honra de su amigo
y procuraba dezmar, frisar y acortar
los días del concierto del ir a su casa
porque no pareciese mal al vulgo ocioso
y a los ojos vagabundos y maliciosos
la entrada de un mozo rico, gentilhombre y bien nacido
--y de las buenas partes que él pensaba que tenía--,
en la casa de una mujer tan hermosa como Camila.

Que, puesto que su bondad y valor
podía poner freno a toda maldiciente lengua,
todavía no quería poner en duda su crédito ni el de su amigo.

Y por esto, los más de los días del concierto
los ocupaba y entretenía en otras cosas
que él daba a entender ser inexcusables.

Así que, en quejas del uno y disculpas del otro
se pasaban muchos ratos y partes del día."

Admirables palabras y gradación admirable. Los límites entre el honor y el amor, Lotario los lleva al mundo de las apariencias, el amor y la honra, "porque no pareciese mal al vulgo ocioso y a los ojos vagabundos y maliciosos". Parecía que Lotario renunciaba a la plenitud de la relación trinitaria, la combinación de las relaciones de amigo y amante, precisamente por la apariencia que pudiera mostrar a los otros, ajenos a esa relación. El surgimiento del pre-juicio, en la base de la impertinencia misma del ensayo de nueva relación.

Pero, incluso en esa circunstancia adversa --ese "dónde" plenamente histórico--, Lotario podía tener un lugar / función en esa relación amorosa trinitaria, la de custodio o guardián --un ángel intermediario, en fin, de alguna manera asexuado-- de la honra --y con ello, la felicidad admisible-- de los amantes. Amantes ideales, amante / amada y amado / amante pues compartían plenamente ese amor los esposos Anselmo y Camila. A esa función acoplaba su comportamiento el amigo Lotario, pues según su razonar y aviso era la función que convenía en una relación así, al margen de los pre-juicios. Mas esa función así perfilada convertía en secundaria su presencia en la nueva relación. Y eso no lo quería Anselmo; al desear la plenitud de la relación trinitaria, con el acuerdo de su esposa Camila, Anselmo parecía entregarse a la insaciabilidad.

Nuevo límite, esta vez por exceso. El sin fondo de la insaciabilidad amorosa en el caso de Anselmo, que desborda el límite del comportamiento de Lotario, condicionado por el pre-juicio y la moral --la asumida honra-- social. Sólo la amistad --y tal vez el inadvertimiento o bajada de guardia relacionada con ella-- hizo que Lotario entrara en el juego de su amigo el Insaciable.


IX. EL TEXTO 5.

La parte inicial del relato terminaba así, con esa rara sensación de hallarse ante una historia liminar, verdaderamente modélica/ideal a la vez que novedosa, y en nada extraña a un esquema real y clásico, el marido amante y amado, la fiel esposa y el otro, el amigo, que debe perfilar su función en la relación.

Todo un clásico del vodevil, que dicen, el amigo, la mujer y el amante de ésta, con su variable de la esposa, el marido y la amante secretaria de dirección si el marido es director de algo, por ejemplo. Aunque en este caso sean más bien dos mozos --no olvidándose que, sobre todo uno, promiscuos-- y una bella y amante esposa fiel. En principio alejada la historia del vodevil tan francés, a la larga desembocará en ese vodevil y se convertirá en tragedia. También un clásico de la comedia del arte italiana, Pantalón, Arlequín y Colombina tan sugestivos y llenos de posibilidades de relación y juego, de funcionalidad.

Mas todos estos son desarrollos posteriores, de otro tiempo --otro "dónde"--, y tampoco hay que precipitarse.

Concluida la presentación de los tres protagonistas de la historia ejemplar, sus circunstancias y hasta sus perfiles íntimos, se inicia un nuevo acto de la ficción / representación con un nuevo inicio radical:

Sucedió, pues, que uno (de los días)
que los dos se andaban paseando
por un prado fuera de la ciudad,
Anselmo dijo a Lotario las semejantes razones:

De paseo y de charla los dos amigos por los prados de las afueras de Florencia, Anselmo refirió a Lotario el profundo desasosiego que le causaba "un deseo" extraño y "fuera del uso común de otros", para cuya satisfacción va a terminar pidiéndole ayuda. Un deseo fuera de lo común y que quiere satisfacer pues le obsesiona hasta hacerle entrar en algo similar a la sinrazón de la locura.

El inicio del nuevo capítulo narrativo --"Sucedió, pues..."-- enlaza con el final del capítulo inicial anterior que terminaba con la palabra "día", sobreentendida en ese segundo inicio: "Así que, en quejas del uno y disculpas del otro, se pasaban... muchas partes del día. / Sucedió, pues, que uno que..."; "uno (de los días en) que..." o "uno (de los días) que..." Un recurso que Cervantes utilizaría en no pocas ocasiones, también en el Quijote, como arranque de capítulo o inicio de nueva etapa narrativa. Y que remite de nuevo a ese "dónde" espacio-temporal, vivencial e histórico al mismo tiempo. Pero eso son aspectos formales secundarios frente al contenido mismo de ese breve discurso de Anselmo, en el que comienza analizando por qué puede considerarse un hombre mimado por la Fortuna --límite ideal y arquetipo vital y literario--, que magnifica ese desasosiego o desazón que le causa la persistencia de ese deseo tan peculiar, "tan fuera del uso común de otros", pudiéramos tildar de "anómico".

De nuevo, la gradación pudiera decirse espaciosa o despaciosa --contraria a presurosa-- del relato cervantino debe imponerse, y uno mismo volver a la dicha de enmudecer para dejar narrar y perfilar mejor.

SEGUNDO BLOQUE O TRAMO NARRATIVO: EL EXTRAÑO DESEO DE ANSELMO. (T.N.2)

Sucedió, pues, que uno (de los días)
que los dos se andaban paseando
por un prado fuera de la ciudad,
Anselmo dijo a Lotario las semejantes razones:

-- Pensabas, amigo Lotario,
que a las mercedes que Dios me ha hecho
en hacerme hijo de tales padres como fueron los míos
y al darme, no con mano escasa, los bienes
--así los que llaman de naturaleza como los de fortuna--,
no puedo yo corresponder
con agradecimiento que llegue al bien recibido.

Y sobre (todo) al que me hizo
en darme a ti por amigo
y a Camila por mujer propia:
dos prendas que las estimo,
si no en el grado que debo,
en el que puedo.

Pues con todas estas partes
--que suelen ser el todo
con que los hombres suelen y pueden vivir contentos--,
vivo yo el más despechado y el más desabrido hombre
de todo el universo mundo.

Porque (desde) no sé qué días a esta parte
me fatiga y aprieta un deseo tan extraño
y tan fuera del uso común de otros,
que yo me maravillo de mi mismo
y me culpo,
y me riño a solas,
y procuro callarlo y encubrirlo
de mis propios pensamientos.

Y, así, me ha sido posible salir con este secreto
como si de industria procurara decirlo a todo el mundo.

Y, pues que, en efecto, él (ese pensamiento extraño)
ha de salir a plaza,
quiero que sea en la del archivo de tu memoria,
confiado (en) que,
con él (ese pensamiento extraño en su memoria)
y con la diligencia que pondrás
--como mi amigo verdadero--
en remediarme,
yo me veré presto libre de la angustia que me causa.

Y llegará mi alegría con tu solicitud
al grado que ha llegado mi descontento con mi locura.

Anselmo le pide ayuda a su amigo Lotario contra la locura de ese extraño deseo. La locura --y el comportamiento anómico--, una vez más, como eje estructural en la construcción literaria de una historia ejemplar, que permite el contacto / contraste con el mundo ideal, platónico, liminar. Aún no ha formulado su "extraño deseo" Anselmo, y ya ha creado el climax de espectación deseado, ha captado la atención de su amigo --otro de los perfiles humanos más reconocible, la necesidad de captar la atención del otro--, abre el relato al suspense.

Aún no me veo con fuerzas para abandonar el método de Pierre Menard, para tijeretear a tumba abierta, que dicen, para apuñalar el texto cervantino, pues su belleza y contención --nada sobra-- es tanta que se impone rotundo.

Suspenso tenían a Lotario
las razones de Anselmo
y no sabía en qué había de parar tan larga
prevención o preámbulo.

Y aunque iba revolviendo en su imaginación
qué deseo podría ser aquel
que a su amigo tanto fatigaba,
dio siempre muy lejos del blanco de la verdad.

Y por salir presto de la agonía
que le causaba aquella suspensión,
le dijo que hacía notorio agravio a su mucha amistad
en andar buscando rodeos para decirle
sus más encubiertos pensamientos,
pues tenía (por/en) cierto que se podía prometer de él
o ya consejos para entretenerlos
o ya remedios para cumplirlos.

El amigo Lotario pide a su amigo Anselmo una confesión completa, hasta de sus más "encubiertos pensamientos", para poder cumplir ese papel que él piensa que puede tener en esa nueva relación trinitaria, para poder ayudarle en fin. Y Anselmo --ley sagrada la de la amistad-- le formula ese deseo dominante, el de integrar aún más a Lotario en esa relación como intermediario --ángel mensajero / demonio tentador--, conviertiéndolo en actor protagonista de esa misma relación ya plenamente trinitaria, que puede conducirlos a todos a la plenitud amorosa o a la tragedia de la ruptura o de la discordia.

Creo que es muy convincente Jean Duvignaud --creo que es así-- en su ensayo Herejía y subversión... al analizar las manifestaciones culturales anómicas y la presentación de Cervantes como creador anómico. Toma el concepto de anomia de Durkhein y los antropólogos culturales en el sentido o en el perfil --que yo interpreto-- de manifestaciones incontrolables y "extrañas" --en el sentido de ese deseo extraño cervantino-- que suelen aparecer de manera espontánea en momentos de hundimiento de un clasicismo, pudiéramos decir, en el que aparecen líneas de fuerza nuevas que aún no se sabe con certeza hacia dónde van a dirigirse. Un nuevo "dónde". En el Barroco, con su profunda "revolución científica", tal cual hoy en esas mismas circunstancias pero aceleradísimas.

En el discurso que sigue de Anselmo se desarrolla al fin ese deseo tan contrario a lo usual --que pudiéramos tachar al menos de perfil anómico--, del que pudieran esperarse transformaciones aún incalculables. Sólo un espíritu valiente y decidido es capaz de abordar una investigación / experimentación así.

Aquí, a estas alturas del relato y en el primer corazón / motor de la historia, es casi obligado retomar el método de Pierre Menard. La dicha de enmudecer, de expresarse por boca de otro. Y de qué otro, en este caso, arriesgado y valiente como sus propios personajes de ficción ideal.

-- Así es la verdad --respondió Anselmo--,
y con esa confianza te hago saber, amigo Lotario,
que el deseo que me fatiga es pensar
si Camila, mi esposa,
es tan buena y tan perfecta como yo pienso.

Y no puedo enterarme en esta verdad
si no es probándola
de manera que la prueba manifieste
los quilates de su bondad
como el fuego muestra los del oro.

Porque yo tengo para mi, ¡oh, amigo!,
que no es una mujer más buena
de cuanto es o no es solicitada.

Y que aquella sola es fuerte
que no se dobla a las promesas,
a las dádivas, a las lágrimas
y a las continuas importunidades
de los solícitos amantes.

Porque, ¿qué hay que agradecer
--decía él--
que una mujer sea buena
si nadie le dice que sea mala?

¿Qué mucho que esté recogida y temerosa
la que no le dan ocasión para que se suelte,
y la que sabe que tiene marido
que, en cogiéndola en la primera desenvoltura
le ha de quitar la vida?

Así que, la que es buena por temor
o por falta de lugar,
yo no la quiero tener en aquella estima
en que tendré a la solicitada y perseguida
que salió con la corona del vencimiento.

De modo que --por estas razones
y por otras muchas que te pudiera decir
para acreditar y fortalecer la opinión que tengo--
deseo que Camila, mi esposa,
pase por estas dificultades
y se acrisole y (a)quilate en el fuego
de verse requerida y solicitada,
y de quien tenga valor para poner en ella sus deseos.

Y si ella sale --como creo que saldrá--
con la palma de esta batalla,
tendré yo por sin igual mi ventura.

Podré yo decir que está colmo el vaso de mis deseos.

Diré que me cupo en suerte la mujer fuerte
de quien el Sabio dice que ¿quién la hallará?

Y cuando esto suceda al revés de lo que pienso,
con el gusto de ver que acerté en mi opinión
llevaré sin pena la que de razón podrá causarme
mi tan costosa experiencia.

Y presupuesto que ninguna cosa
de cuantas me dijeres en contra de mi deseo
ha de ser de algún provecho para dejar de ponerle por obra,
quiero, ¡oh, amigo Lotario!,
que te dispongas a ser el instrumento
que labre aquesta obra de mi gusto.

Que yo daré lugar para que lo hagas,
sin faltarte todo aquello que yo viere ser necesario
para solicitar a una mujer honesta, honrada,
recogida y desinteresada.

Y muéveme, entre otras cosas,
a fiar de ti esta tan ardua empresa,
el ver que si de ti es vencida Camila
no ha de llegar el vencimiento a todo trance y rigor,
sino a sólo tener por hecho lo que se ha de hacer,
por buen respeto.

Y, así, no quedaré yo ofendido mas de con el deseo,
y mi injuria quedará escondida en la virtud de tu silencio.

Que bien sé que, en lo que me tocare,
ha de ser eterno como el de la muerte.

Así que, si quieres que yo tenga vida
que pueda decir que lo es,
desde luego has de entrar en esta amorosa batalla.

No tibia ni perezosamente,
sino con el ahínco y diligencia que mi deseo pide
y con la confianza que nuestra amistad me asegura.

Un mal planteamiento estructural de una relación trinitaria, en principio. De un egoísmo exacerbado --el colmo de los celos-- que exige todo lo que su deseo pide --la Insaciabilidad aparece-- y quiere una demostración --material, absoluta, verdadera, científica-- de la confianza --lealtad, amistad, amor--, con-fianza, de fidelidad y fe.

Esa demostrabilidad de la fe que entreveía Camamis en las entre-líneas del relato cervantino, en su "intención".

X. EL TEXTO 6.

Un nuevo periodo narrativo se abre, cuando el segundo se cerraba con el final del parlamento de Anselmo, exponiendo su dolencia como deseo / vacío insaciable que debe colmar --"podré yo decir que está colmo el vaso de mis deseos"--, y sin lo que su vida no sería vida, o no podría decir que fuera vida, mejor. Una vez más, el ser mismo --"la vida"-- identificado con lo que puedas decir de él, o de ella, "la vida que pueda decir que lo es". Tras el primer tramo narrativo en el que se plantea la situación, una relación trinitaria de amor, y el segundo tramo con la reacción anómica de Anselmo narrada en estilo directo en un paseo por el campo florentino con su amigo Lotario, el tercer tramo está dominado por la réplica de éste, también en estilo directo. Dos "discursos" muy elaborados, en el segundo caso más extenso, con pretensiones de exhaustividad.

Una reiterada errata acaba de sobresaltarme, y debo referirme a ella; "podré yo decir que está colmo el vaso de mis deseos", que dijera Anselmo, lo escribí más de una vez "podré yo decir que está colmo el vacío de mis deseos". El deseo como vacío que se ha de colmar, su sentido más exacto --en la reiterada errata-- que el deseo como vaso que hay que colmar. El huevo / vacío / wu de los chinos, esa carencia necesaria para que puedan surgir transformaciones esenciales, profundas, en el ser. Cobra toda su fuerza expresiva, así, la Insaciabilidad que domina a Anselmo, esa necesidad de colmar lo físicamente --el vacío-- incolmable por su magnitud misma tendente al infinito. Derivaciones o mito.

Podría sospecharse --y éste es un ejercicio de sospechas-- que el deseo como vacío que quiere llenar el "extraño" Anselmo --insaciable, ex-amante promiscuo-- es de profundo erotismo o de marcado perfil erótico, que viene a ser lo mismo. De ahí su fuerza, ese dominio total que parece tener sobre él, tan en la línea de los celos, la enfermedad del amor. Una fuerza arrolladora --como los rayos o los huracanes--, en la base de la definición de un dios precristiano o pagano, y una fuerza divina por ello. La locura como posesión de un dios.

Si se puede hablar de la diosa Fortuna como fuerza actuante irresistible para el humanoide, había que considerar a otra diosa, Esperanza, como fuerza irresistible también, desencadenante o motor y por ello igual de actuante, super fuerza o super diosa al fin.

Fortuna y Esperanza en la fortuna misma, basada en ella cual Virgen / Diosa de la Esperanza. Hasta la trianera.

La tercera fase narrativa comienza enlazada a la anterior íntimamente: "Estas fueron las razones que Anselmo dijo a Lotario..." El fin del discurso de Anselmo da entrada a la réplica / discurso de Lotario.

La transición entre ambos discursos, es de sobria y ajustada retórica:

Estas fueron las razones que Anselmo dijo a Lotario.
A todas las cuales estuvo tan atento que --si no fueron
las que quedan escritas que le dijo--
no desplegó sus labios hasta que hubo acabado.

Y viendo que no decía más,
después (de) que le estuvo mirando un buen espacio
--como si mirara otra cosa que jamás hubiera visto,
que le causara admiración y espanto--,
le dijo:

 

 

  :: Aviso Legal ::
:: Optimizado para I.E. - 1024 x 768 ::