VI. EL TEXTO 3.
Comenzaba la gran aventura; en ese tiempo que narra el
narrador --no es Cide Hamete el narrador, es Cervantes
mismo quien narra esa historia encontrada en una maleta
en una venta y leída en voz alta por un cura, narrador
protegido por un anonimato doblemente literario, en la
realidad literario y en la ficción del Quijote...
también anonimato literario--, la historia de una
curiosidad impertinente que había de convertirse
en magna tragedia. En ese tiempo que narra el anónimo
narrador.
Un cervantista fronterizo y por ello
muy estimulante para la inteligencia curiosa, el
greco-americano
George Camamis,
hace tiempo que estructuró una admirable lectura
interpretativa de "El curioso impertinente".
Relacionó a los dos amigos con San Anselmo/Erasmo,
por un lado, en el caso de Anselmo, y con Lutero en el
caso de Lotario. Anselmo, el medieval, que había
pretendido una demostración racional de la existencia
de la Divinidad, podía verse como un precursor del
humanista Erasmo en su afán de someter la religión
católica eclesial romana al análisis de la
razón. Para probar su fortaleza / veracidad, esa
curiosidad impertinente de Anselmo había generado
lo que había generado, la ruptura de Lutero, el
enamoramiento mutuo de Lotario y Camila, en su nombre criptografiado
LA CAatólica Madre Iglesia. La tragedia del enfrentamiento
entre la fe y la razón, otro tiempo, otro "dónde",
de alguna manera, generado por la Discordia, negadora de
la amistad y el amor. La complicidad de la criada Leonela
--contrafigura simbólica o literaria del papa León--
había facilitado el hundimiento de Camila en los
brazos de Lotario y la desazón y la tragedia
final para los tres, una historia de amor trinitario
en aquel
tiempo imposible.
La nueva frontera generada que hacía sospechosa
la antigua libertad, tan sutil como una honra ideal, platónica,
exterior a la propia amistad y al amor, otra realidad,
generadora de otro tipo de relación. Otra nueva
relación. Es Lotario quien siente la necesidad de
limitar --poner límite o nueva frontera-- a la antigua
relación solteril en aras de ese aceptado valor
y de la nueva relación surgida, más profunda
por más íntima --otro "dónde"/casa--
y a la vez delicada o vulnerable por exclusiva o ideal
unificación hasta física, de cuerpos, de
los desposados. Y es Anselmo quien protesta ante su amigo
por esa nueva realidad / relación.
Notó Anselmo la remisión
de Lotario
y formó de él quejas grandes, diciéndole
que
si él supiera que el casarse había
de ser parte
para no comunicarle como solía,
que jamás lo hubiera hecho.
Y que si --por la buena correspondencia
que los dos tenían mientras él fue soltero--
habían alcanzado tan dulce nombre
como el de ser llamados los dos amigos,
que no permitiese --por querer hacer del circunspecto
sin otra ocasión alguna--
que tan famoso y tan agradable nombre se perdiese.
Y que, así, le suplicaba --si era lícito
que tal término de hablar se usase entre ellos--
que volviese a ser señor de su casa,
y a entrar y salir en ella como de antes.
Asegurándole que su esposa Camila
no tenía otro gusto ni otra voluntad
que la que él quería que tuviese.
Y que, por haber sabido ella
con cuántas veras los dos se amaban,
estaba confusa de ver en él tanta esquiveza.
Bellísima la claridad diamantina de la expresión,
bellísimo el ritmo declamativo y sobrio del largo
recitativo para leer en alta voz --como el texto encontrado
en una maleta en la venta fue recitado / leído en
alta voz por el cura--, memorable como un fragmento del
libro sagrado de la vida. Tal así, que es el propio
autor aquí, sin duda --por doblemente literario,
espacio de libertad máximo en una ficción--,
un amigo común de los protagonistas que reproduce
con omnisapiente autoridad la realidad de lo que pasó en
ese "dónde" concreto florentino, la tragedia
que pudo ser plenitud de un amor trinitario.
VII. A LO PIERRE MENARD.
¿Qué es lo que querría decir ese
autor omnisciente al acusar a Lotario de "querer hacer
del circunspecto"? Circunspección. Viaje a
tu centro excluyente, pudiera ser, sistema paranoico, egoísmo
supremo, límite primordial. No hay otra razón
que su propia circunspección para un comportamiento
que va cerrando la frontera al amor / amistad de los "dos
amigos"; no hay otra explicación, "sin
otra ocasión alguna", la Ocasión / Azar,
propiciadora del encuentro con la Fortuna, propiciadora
de una nueva relación afortunada, no ha podido intervenir
en este caso precisamente a causa de esa "cirunspección" de
Lotario. Ese apartarse, en fin, sin duda doloroso pues
suponía apartarse del amor que hasta ese momento
los tenía acordados como relojes en sus voluntades.
El bien. En su perfil de "concordia" y paz. Una
plenitud.
Una plenitud que estaba en peligro a causa de la "esquiveza" de
Lotario, a quien su amigo Anselmo, de acuerdo con su esposa
Camila --que "no tiene otro gusto ni otra voluntad
que la que él quería que tuviese"--,
invitaba, o rogaba, mejor, "que volviese a ser señor
de su casa". Un amor particular a tres en plenitud,
parecía ser el ideal de Anselmo, un amor trinitario.
Mas, ¿cómo iba a ser posible esa plenitud?
Aquí, a estas alturas, ya sólo cabe dos
posibilidades. O ceñirse tanto al texto cervantino
que se corra el peligro de reescribirlo a la manera que
Pierre Menard reescribiera el Quijote, o ponerse a pegar
saltos de funambulista, tijereteando salvajemente fragmentos
del original cervantino hasta dejarlo todo lo irreconocible
que tal vez él mismo --Cervantes, desde su "dónde"--
sabía --"sé": es concluyente--
que un día había de ser conveniente.
Un nuevo
tiempo de relectura y meditación paranoico-crítica
se impone, para merodear un poco por entre la "intención" cervantina.
En aquel tiempo ese ideal amoroso trinitario --platónico
límite-- parecía tan inalcanzable en plenitud
que su mismo planteamiento pudiera parecer impertinente,
tal una locura. Entraba de hecho en conflicto con "la
prudencia, discreción y aviso" con que había
de abordarse en ese tiempo la relación entre el
amor y el honor, las dos líneas maestras --ejes
estructurales, a la manera de alma-- de la naturaleza y
de la sociedad civilizada.
Me temo que, por el momento, seguiré la reescritura
a lo Menard, pues es tan bello el texto y tan conciso --poemático,
inclusive para poner/fragmentar en estrofas-- que no puede
uno tijeretear nada, sin peligro de sensación de
pérdida irreparable.
VIII. EL TEXTO 4. Es en discurso indirecto de Lotario en donde se presentan
esos límites de la relación y sus razones
principales en ese tiempo, que convertían en impertinente
el intento del marido Anselmo de compartir la plena felicidad
con su amigo del alma Lotario, sin por ello ceder en la
plenitud de su amor matrimonial con Camila.
A todas éstas y otras
muchas razones
--que Anselmo dijo a Lotario
para persuadirle (de que) volviese como solía
a su casa--,
respondió Lotario con tanta prudencia, discreción
y aviso,
que Anselmo quedó satisfecho de la buena intención
de su amigo.
Y quedaron de concierto (en) que
dos días en la semana
y las fiestas
fuese Lotario a comer con él.
Y aunque esto quedó así concertado
entre los dos,
(se) propuso Lotario no hacer más
de aquello que viese que más convenía
a la honra de su amigo,
cuyo crédito estimaba en más que el suyo
propio.
Decía él --y decía
bien-- que el
casado
a quien el cielo había concedido mujer hermosa,
tanto cuidado había de tener (en) qué amigos
llevaba a su casa
como en mirar con qué amigas su mujer conversaba.
Porque lo que no se hace ni concierta en las plazas,
ni en los templos, ni en las fiestas públicas,
ni estaciones
--cosas que no todas (las) veces las han de negar
los maridos a sus mujeres--,
se concierta y facilita en casa de la amiga
o la parienta de quien más satisfacción
se tiene.
También decía
Lotario que tenían
necesidad los casados
de tener cada uno algún amigo
que los advirtiese de los descuidos que en su proceder
hiciese.
Porque suele acontecer
que con el mucho amor que el marido a la mujer tiene,
o no le advierte --o no le dice-- por no enojarla
que haga o deje de hacer algunas cosas
que el hacerlas o no le sería de honra o de vituperio;
de lo cual, siendo el amigo advertido,
fácilmente pondría remedio en todo.
Pero, ¿dónde se hallará amigo
tan discreto
y tan leal y verdadero como aquí Lotario le
pide?
No lo sé yo, por cierto.
Sólo Lotario era éste,
que con toda solicitud y advertimiento
miraba por la honra de su amigo
y procuraba dezmar, frisar y acortar
los días del concierto del ir a su casa
porque no pareciese mal al vulgo ocioso
y a los ojos vagabundos y maliciosos
la entrada de un mozo rico, gentilhombre y bien nacido
--y de las buenas partes que él pensaba que tenía--,
en la casa de una mujer tan hermosa como Camila.
Que, puesto que su bondad y valor
podía poner freno a toda maldiciente lengua,
todavía no quería poner en duda su crédito
ni el de su amigo.
Y por esto, los más de los días
del concierto
los ocupaba y entretenía en otras cosas
que él daba a entender ser inexcusables.
Así que, en quejas del
uno y disculpas del otro
se pasaban muchos ratos y partes del día."
Admirables palabras y gradación admirable. Los
límites entre el honor y el amor, Lotario los lleva
al mundo de las apariencias, el amor y la honra, "porque
no pareciese mal al vulgo ocioso y a los ojos vagabundos
y maliciosos". Parecía que Lotario renunciaba
a la plenitud de la relación trinitaria, la combinación
de las relaciones de amigo y amante, precisamente por la
apariencia que pudiera mostrar a los otros, ajenos a esa
relación. El surgimiento del pre-juicio, en la base
de la impertinencia misma del ensayo de nueva relación.
Pero, incluso en esa circunstancia adversa --ese "dónde" plenamente
histórico--, Lotario podía tener un lugar
/ función en esa relación amorosa trinitaria,
la de custodio o guardián --un ángel intermediario,
en fin, de alguna manera asexuado-- de la honra --y con
ello, la felicidad admisible-- de los amantes. Amantes
ideales, amante / amada y amado / amante pues compartían
plenamente ese amor los esposos Anselmo y Camila. A esa
función acoplaba su comportamiento el amigo Lotario,
pues según su razonar y aviso era la función
que convenía en una relación así,
al margen de los pre-juicios. Mas esa función así perfilada
convertía en secundaria su presencia en la nueva
relación. Y eso no lo quería Anselmo; al
desear la plenitud de la relación trinitaria, con
el acuerdo de su esposa Camila, Anselmo parecía
entregarse a la insaciabilidad.
Nuevo límite, esta vez por exceso. El sin fondo
de la insaciabilidad amorosa en el caso de Anselmo, que
desborda el límite del comportamiento de Lotario,
condicionado por el pre-juicio y la moral --la asumida
honra-- social. Sólo la amistad --y tal vez
el inadvertimiento o bajada de guardia relacionada
con ella--
hizo que Lotario
entrara en el juego de su amigo el Insaciable.
IX. EL TEXTO 5.
La parte inicial del relato terminaba así, con
esa rara sensación de hallarse ante una historia
liminar, verdaderamente modélica/ideal a la vez
que novedosa, y en nada extraña a un esquema real
y clásico, el marido amante y amado, la fiel esposa
y el otro, el amigo, que debe perfilar su función
en la relación.
Todo un clásico del vodevil, que dicen, el amigo,
la mujer y el amante de ésta, con su variable de
la esposa, el marido y la amante secretaria de dirección
si el marido es director de algo, por ejemplo. Aunque en
este caso sean más bien dos mozos --no olvidándose
que, sobre todo uno, promiscuos-- y una bella y amante
esposa fiel. En principio alejada la historia del vodevil
tan francés, a la larga desembocará en ese
vodevil y se convertirá en tragedia. También
un clásico de la comedia del arte italiana, Pantalón,
Arlequín y Colombina tan sugestivos y llenos de
posibilidades de relación y juego, de funcionalidad.
Mas todos estos son desarrollos posteriores,
de otro tiempo --otro "dónde"--,
y tampoco hay que precipitarse.
Concluida la presentación de los tres protagonistas
de la historia ejemplar, sus circunstancias y hasta sus
perfiles íntimos, se inicia un nuevo acto de la
ficción / representación con un nuevo inicio
radical:
Sucedió, pues, que uno (de los días)
que los dos se andaban paseando
por un prado fuera de la ciudad,
Anselmo dijo a Lotario las semejantes razones:
De paseo y de charla los dos amigos por los prados de
las afueras de Florencia, Anselmo refirió a Lotario
el profundo desasosiego que le causaba "un deseo" extraño
y "fuera del uso común de otros", para
cuya satisfacción va a terminar pidiéndole
ayuda. Un deseo fuera de lo común y que quiere satisfacer
pues le obsesiona hasta hacerle entrar en algo similar
a la sinrazón de la locura.
El inicio del nuevo capítulo narrativo --"Sucedió,
pues..."-- enlaza con el final del capítulo
inicial anterior que terminaba con la palabra "día",
sobreentendida en ese segundo inicio: "Así que,
en quejas del uno y disculpas del otro, se pasaban... muchas
partes del día. / Sucedió, pues, que uno
que..."; "uno (de los días en) que..." o "uno
(de los días) que..." Un recurso que Cervantes
utilizaría en no pocas ocasiones, también
en el Quijote, como arranque de capítulo o inicio
de nueva etapa narrativa. Y que remite de nuevo a ese "dónde" espacio-temporal,
vivencial e histórico al mismo tiempo. Pero eso
son aspectos formales secundarios frente al contenido mismo
de ese breve discurso de Anselmo, en el que comienza analizando
por qué puede considerarse un hombre mimado por
la Fortuna --límite ideal y arquetipo vital y literario--,
que magnifica ese desasosiego o desazón que le causa
la persistencia de ese deseo tan peculiar, "tan fuera
del uso común de otros", pudiéramos
tildar de "anómico".
De nuevo, la gradación pudiera decirse
espaciosa o despaciosa --contraria a presurosa-- del
relato cervantino
debe imponerse, y uno mismo volver a la dicha de enmudecer
para dejar narrar y perfilar mejor.
SEGUNDO BLOQUE O TRAMO NARRATIVO:
EL EXTRAÑO
DESEO DE ANSELMO. (T.N.2)
Sucedió, pues, que uno (de los días)
que los dos se andaban paseando
por un prado fuera de la ciudad,
Anselmo dijo a Lotario las semejantes razones:
-- Pensabas, amigo Lotario,
que a las mercedes que Dios me ha hecho
en hacerme hijo de tales padres como fueron los míos
y al darme, no con mano escasa, los bienes
--así los que llaman de naturaleza como los de
fortuna--,
no puedo yo corresponder
con agradecimiento que llegue al bien recibido.
Y sobre (todo) al que me hizo
en darme a ti por amigo
y a Camila por mujer propia:
dos prendas que las estimo,
si no en el grado que debo,
en el que puedo.
Pues con todas estas partes
--que suelen ser el todo
con que los hombres suelen y pueden vivir contentos--,
vivo yo el más despechado y el más desabrido
hombre
de todo el universo mundo.
Porque (desde) no sé qué días
a esta parte
me fatiga y aprieta un deseo tan extraño
y tan fuera del uso común de otros,
que yo me maravillo de mi mismo
y me culpo,
y me riño a solas,
y procuro callarlo y encubrirlo
de mis propios pensamientos.
Y, así, me ha sido
posible salir con este secreto
como si de industria procurara decirlo a todo el mundo.
Y, pues que, en efecto, él (ese pensamiento extraño)
ha de salir a plaza,
quiero que sea en la del archivo de tu memoria,
confiado (en) que,
con él (ese pensamiento extraño en su memoria)
y con la diligencia que pondrás
--como mi amigo verdadero--
en remediarme,
yo me veré presto libre de la angustia que me
causa.
Y llegará mi alegría
con tu solicitud
al grado que ha llegado mi descontento con mi locura.
Anselmo le pide ayuda a su amigo Lotario contra la locura
de ese extraño deseo. La locura --y el comportamiento
anómico--, una vez más, como eje estructural
en la construcción literaria de una historia ejemplar,
que permite el contacto / contraste con el mundo ideal,
platónico, liminar. Aún no ha formulado su "extraño
deseo" Anselmo, y ya ha creado el climax de espectación
deseado, ha captado la atención de su amigo --otro
de los perfiles humanos más reconocible, la necesidad
de captar la atención del otro--, abre el relato
al suspense.
Aún no me veo con fuerzas para abandonar el método
de Pierre Menard, para tijeretear a tumba abierta, que
dicen, para apuñalar el texto cervantino, pues su
belleza y contención --nada sobra-- es tanta que
se impone rotundo.
Suspenso tenían a Lotario
las razones de Anselmo
y no sabía en qué había de parar
tan larga
prevención o preámbulo.
Y aunque iba revolviendo en
su imaginación
qué deseo podría ser aquel
que a su amigo tanto fatigaba,
dio siempre muy lejos del blanco de la verdad.
Y por salir presto de la agonía
que le causaba aquella suspensión,
le dijo que hacía notorio agravio a su mucha
amistad
en andar buscando rodeos para decirle
sus más encubiertos pensamientos,
pues tenía (por/en) cierto que se podía prometer
de él
o ya consejos para entretenerlos
o ya remedios para cumplirlos.
El amigo Lotario pide a su amigo Anselmo una confesión
completa, hasta de sus más "encubiertos pensamientos",
para poder cumplir ese papel que él piensa que puede
tener en esa nueva relación trinitaria, para poder
ayudarle en fin. Y Anselmo --ley sagrada la de la amistad--
le formula ese deseo dominante, el de integrar aún
más a Lotario en esa relación como intermediario
--ángel mensajero / demonio tentador--, conviertiéndolo
en actor protagonista de esa misma relación ya plenamente
trinitaria, que puede conducirlos a todos a la plenitud
amorosa o a la tragedia de la ruptura o de la discordia.
Creo que es muy convincente Jean Duvignaud
--creo que es así-- en su ensayo Herejía y subversión...
al analizar las manifestaciones culturales anómicas
y la presentación de Cervantes como creador anómico.
Toma el concepto de anomia de Durkhein y los antropólogos
culturales en el sentido o en el perfil --que yo interpreto--
de manifestaciones incontrolables y "extrañas" --en
el sentido de ese deseo extraño cervantino-- que
suelen aparecer de manera espontánea en momentos
de hundimiento de un clasicismo, pudiéramos decir,
en el que aparecen líneas de fuerza nuevas que aún
no se sabe con certeza hacia dónde van a dirigirse.
Un nuevo "dónde". En el Barroco, con su
profunda "revolución científica",
tal cual hoy en esas mismas circunstancias pero aceleradísimas.
En el discurso que sigue de Anselmo se desarrolla
al fin ese deseo tan contrario a lo usual --que pudiéramos
tachar al menos de perfil anómico--, del que pudieran
esperarse transformaciones aún incalculables. Sólo
un espíritu valiente y decidido es capaz de abordar
una investigación / experimentación así.
Aquí, a estas alturas del relato y en el primer
corazón / motor de la historia, es casi obligado
retomar el método de Pierre Menard. La dicha de
enmudecer, de expresarse por boca de otro. Y de qué otro,
en este caso, arriesgado y valiente como sus propios personajes
de ficción ideal.
-- Así es la verdad --respondió Anselmo--,
y con esa confianza te hago saber, amigo Lotario,
que el deseo que me fatiga es pensar
si Camila, mi esposa,
es tan buena y tan perfecta como yo pienso.
Y no puedo enterarme en esta verdad
si no es probándola
de manera que la prueba manifieste
los quilates de su bondad
como el fuego muestra los del oro.
Porque yo tengo para mi, ¡oh,
amigo!,
que no es una mujer más buena
de cuanto es o no es solicitada.
Y que aquella sola es fuerte
que no se dobla a las promesas,
a las dádivas, a las lágrimas
y a las continuas importunidades
de los solícitos amantes.
Porque, ¿qué hay
que agradecer
--decía él--
que una mujer sea buena
si nadie le dice que sea mala?
¿Qué mucho que esté recogida
y temerosa
la que no le dan ocasión para que se suelte,
y la que sabe que tiene marido
que, en cogiéndola en la primera desenvoltura
le ha de quitar la vida?
Así que, la que es
buena por temor
o por falta de lugar,
yo no la quiero tener en aquella estima
en que tendré a la solicitada y perseguida
que salió con la corona del vencimiento.
De modo que --por estas razones
y por otras muchas que te pudiera decir
para acreditar y fortalecer la opinión que tengo--
deseo que Camila, mi esposa,
pase por estas dificultades
y se acrisole y (a)quilate en el fuego
de verse requerida y solicitada,
y de quien tenga valor para poner en ella sus deseos.
Y si ella sale --como creo
que saldrá--
con la palma de esta batalla,
tendré yo por sin igual mi ventura.
Podré yo decir que está colmo
el vaso de mis deseos.
Diré que me cupo
en suerte la mujer fuerte
de quien el Sabio dice que ¿quién la hallará?
Y cuando esto suceda al
revés de lo que pienso,
con el gusto de ver que acerté en mi opinión
llevaré sin pena la que de razón podrá causarme
mi tan costosa experiencia.
Y presupuesto que ninguna cosa
de cuantas me dijeres en contra de mi deseo
ha de ser de algún provecho para dejar de ponerle
por obra,
quiero, ¡oh, amigo Lotario!,
que te dispongas a ser el instrumento
que labre aquesta obra de mi gusto.
Que yo daré lugar
para que lo hagas,
sin faltarte todo aquello que yo viere ser necesario
para solicitar a una mujer honesta, honrada,
recogida y desinteresada.
Y muéveme, entre
otras cosas,
a fiar de ti esta tan ardua empresa,
el ver que si de ti es vencida Camila
no ha de llegar el vencimiento a todo trance y rigor,
sino a sólo tener por hecho lo que se ha de hacer,
por buen respeto.
Y, así, no quedaré yo
ofendido mas de con el deseo,
y mi injuria quedará escondida en la virtud
de tu silencio.
Que bien sé que,
en lo que me tocare,
ha de ser eterno como el de la muerte.
Así que, si quieres
que yo tenga vida
que pueda decir que lo es,
desde luego has de entrar en esta amorosa batalla.
No tibia ni perezosamente,
sino con el ahínco y diligencia que mi deseo pide
y con la confianza que nuestra amistad me asegura.
Un mal planteamiento estructural de una relación
trinitaria, en principio. De un egoísmo exacerbado
--el colmo de los celos-- que exige todo lo que su deseo
pide --la Insaciabilidad aparece-- y quiere una demostración
--material, absoluta, verdadera, científica-- de
la confianza --lealtad, amistad, amor--, con-fianza, de
fidelidad y fe.
Esa demostrabilidad de la fe que entreveía Camamis
en las entre-líneas del relato cervantino, en su "intención".
X. EL TEXTO 6.
Un nuevo periodo narrativo se abre, cuando el segundo
se cerraba con el final del parlamento de Anselmo, exponiendo
su dolencia como deseo / vacío insaciable que debe
colmar --"podré yo decir que está colmo
el vaso de mis deseos"--, y sin lo que su vida no
sería vida, o no podría decir que fuera vida,
mejor. Una vez más, el ser mismo --"la vida"--
identificado con lo que puedas decir de él, o de
ella, "la vida que pueda decir que lo es". Tras
el primer tramo narrativo en el que se plantea la situación,
una relación trinitaria de amor, y el segundo tramo
con la reacción anómica de Anselmo narrada
en estilo directo en un paseo por el campo florentino con
su amigo Lotario, el tercer tramo está dominado
por la réplica de éste, también en
estilo directo. Dos "discursos" muy elaborados,
en el segundo caso más extenso, con pretensiones
de exhaustividad.
Una reiterada errata acaba de sobresaltarme,
y debo referirme a ella; "podré yo decir que está colmo
el vaso de mis deseos", que dijera Anselmo, lo escribí más
de una vez "podré yo decir que está colmo
el vacío de mis deseos". El deseo como vacío
que se ha de colmar, su sentido más exacto --en
la reiterada errata-- que el deseo como vaso que hay que
colmar. El huevo / vacío / wu de los chinos, esa
carencia necesaria para que puedan surgir transformaciones
esenciales, profundas, en el ser. Cobra toda su fuerza
expresiva, así, la Insaciabilidad que domina a Anselmo,
esa necesidad de colmar lo físicamente --el vacío--
incolmable por su magnitud misma tendente al infinito.
Derivaciones o mito.
Podría sospecharse --y éste es un ejercicio
de sospechas-- que el deseo como vacío que quiere
llenar el "extraño" Anselmo --insaciable,
ex-amante promiscuo-- es de profundo erotismo o de marcado
perfil erótico, que viene a ser lo mismo. De ahí su
fuerza, ese dominio total que parece tener sobre él,
tan en la línea de los celos, la enfermedad del
amor. Una fuerza arrolladora --como los rayos o los huracanes--,
en la base de la definición de un dios precristiano
o pagano, y una fuerza divina por ello. La locura como
posesión de un dios.
Si se
puede hablar de la diosa Fortuna como fuerza actuante
irresistible para el humanoide, había que considerar
a otra diosa, Esperanza, como fuerza irresistible también,
desencadenante o motor y por ello igual de actuante, super
fuerza o super diosa al fin.
Fortuna y Esperanza en la fortuna misma, basada en ella
cual Virgen / Diosa de la Esperanza. Hasta la trianera.
La tercera fase narrativa comienza enlazada a la anterior íntimamente: "Estas
fueron las razones que Anselmo dijo a Lotario..." El
fin del discurso de Anselmo da entrada a la réplica
/ discurso de Lotario.
La transición entre ambos discursos, es de sobria
y ajustada retórica:
Estas fueron las razones que Anselmo dijo a Lotario.
A todas las cuales estuvo tan atento que --si no fueron
las que quedan escritas que le dijo--
no desplegó sus labios hasta que hubo acabado.
Y viendo que no decía más,
después (de) que le estuvo mirando un buen espacio
--como si mirara otra cosa que jamás hubiera visto,
que le causara admiración y espanto--,
le dijo:
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