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fecha publicación: 27/04/2005
   
 

Homenaje a "El Quijote":
El curioso impertinente: una lectura a lo Pierre Menard

   
   
Dr. D. Emilio Sola
Universidad de Alcalá -España
     

 

 

 
UN TEXTO QUIJOTESCO: ENSAYO POEMÁTICO DE UNA LECTURA ACTIVA PARA UN CENTENARIO.
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NOTA INTRODUCTORIA:
Sobre cimas y simas y un texto germinativo. No es posible comprender la magnitud de una cima sin asomarse a las simas correspondientes o paralelas. Imposible captar las certezas sin saber de las dudas previas. Inviable la luz o la claridad sin conocer la oscuridad o la penumbra desde la que se proyecta. Cimas y simas --certezas y dudas, la luz y sus penumbras liminares-- paso a paso recorridas y en su orden para poder explicitarlas mejor constituyen un texto / discurrir que se va construyendo a la vista, de alguna manera un texto germinativo u orgánico, con sus propios motores o corazones que lo mueven o modifican. Visto desde el final: un año transcurrido desde el arranque "Es un viejo reto. Casi teórico nada más, retórico...", hasta este hoy final que garabateo con torpeza y urgencia por las ganas de cerrar el experimento tan vital como literario a que se ha dado lugar, así en general. Pura germinación la aventura misma.


EL AMANTE PROMISCUO. LA LOCURA COMO POSESIÓN DE UN DIOS.
PRÓLOGO FRAGMENTADO DIVAGANTE Y CAPRICHOSO, ENSAYO POEMÁTICO PARANOICO-CRÍTICO.

(Arranque en Alcalá, 28 de enero de 2004, magia de los calendarios, fiesta universitaria.)

Es un viejo reto. Casi teórico nada más, retórico. Pero no es así como soñaba comenzar.

"El amante liberal" es un título espléndido que yo siempre asocié a un texto también cervantino, incluido en el Quijote, pero encontrado anónimo en una maleta; y titulado "El curioso impertinente". Una especie de historia de amor a tres de final trágico, como si el Autor se sintiera enamorado ante las posibilidades de una historia que no quiere desarrollar plenamente. La del verdadero "amante liberal" sin la interferencia de los odiosos celos. La posibilidad de una historia amorosa, una suerte de amor divino o trinitario.

La imposibilidad, más bien, en el relato protagonizado por los dos amigos Anselmo y Lotario, y por Camila, la esposa del primero. Una historia que se desarrolla en principio, en Florencia, entre amenos paseos y conversaciones sobre la amistad y el amor, fidelidades y lealtades.

Son muy bellas las historias que hay para contar el mundo. Para recrearlo. Historias sabias y muy elaboradas y repulidas a lo largo de largos periodos de ser narradas, recreadas, y luego pintadas y esculpidas y qué sé yo qué o cuántas fantasías literarias más de buscadores de maneras de exponer el orden de los tiempos. Historias del deslumbramiento.

Discurrir, navegar, nadar en ese mar de maneras de narrar o de exponer --de avisar, al fin--, enloquecer del goce de conocer o qué.

Todo en la literatura pudiera --¡debiera!-- ser proceso de desvelamiento, conocimiento intuitivo a posteriori corroborado por un azar objetivo escandaloso. Pura magia. La quiebra de las más diversas racionalidades.

Brutal el cambio de carilla --como el cambio de pluma estilográfica--, y esto no consigue arrancar.

Mi intento es --nada más ni nada menos-- cambiar un paradigma narrativo. Creo que puede y debe decirse así. Desde una premisa o punto de partida sencillito de captar: es más fácil desde las fronteras describir los diferentes centros que su contrario. Debería decir "descubrir" en vez de "describir", pero pienso --por experiencia propia-- que con frecuencia uno no descubre el asunto en toda su profundidad hasta que logra describirlo. La profundidad --¿por qué ha de ser la profundidad un perfil saludable?-- del pensamiento, su rigor, llega con el tiempo decantado en la memoria de manera que el pensador se historía a sí mismo y descubre certezas hasta entonces impensables para él. Porque luego descubre a otros tal que así, en fragmentos clarividentes. Fractalidades --requehaceres-- misteriosas, laboriosas, mejor.

La divina Sofía, la casquivana, la que desparrama divinidad en el mundo de los caóticos monstruos en/a los que ama. He ahí el gran mito, la misteriosa historia transmitida y retransmitida y puesta en orden de manera diferente a lo largo de siglos --de milenios ya-- de milagrosa preservación de primitivos / primigenios hallazgos. Requehaceres. La tradición del mito azaroso / objetivo, las cuadraturas del círculo, tal vez imposible cuadratura y de ahí la pervivencia del círculo iluminado cual luna llena de agosto, o luna llena primera de la primavera. Fugacidad del ser y del hallar-ser. Fugacidad sin más, poeta.

¿Por qué en Florencia? Por qué en Florencia esa posibilidad de amor renaciente o distinto y trinitario. La ciudad que se quiso, desde su plenitud, imagen viva del cielo aquí en la tierra, por decirlo de alguna manera burda y directa. De una manera burda, sin más.

Florencia era --y es, puro símbolo-- la materialización de la idea platónica de ciudad. Más que Roma, con otras connotaciones más ambiguas por sacralizadoras o irrealistas. Puro símbolo, Florencia es la ciudad, civil o civilizada. La ciudad de la civilidad.

En Roma la metáfora es tan mentirosa como el concepto: creo que ahí reside una posible razón de la desazón ante una Roma / ciudad
platónico / ideal.

La anarquía no es lo contrario de orden, es lo contrario de mafia: en lo literario, la única posibilidad de sortear el estadio anterior al pre-juicio en un posible arte de narrar o exponer o mostrar...

La búsqueda del abalorio, fragmento de laberinto y a la vez aviso básico para una posible diagramación clarificadora. Pura promiscuidad.

¿Puede existir una curiosidad impertinente? Más parece una contradicción la existencia de una curiosidad que solamente pudiera ser pertinente, pues pertinencia / impertinencia nada tienen que ver con la curiosidad / ideal idea, se quedan en meras indicaciones / distinciones, tan importantes siempre pero tan distorsionadoras --y más en lo que atañe a la curiosidad sobre.

Es posible. Formular la gran frontera. En términos / modos imaginativos y diversos. La frontera de la fe y de la ley. Pudiera decir --yo, el narrador caótico-- que soy de otra fe y otra ley en términos absolutos como florentino que como romano. Frente a la fe en Dios y Hombre, la fe en Naturaleza y Humanidad. Por ejemplo. Para precisar un poco.

No es la religión un opio para la gente, no; esa es una apreciación simplista. Lo que es el opio --y más que el opio, pues ni tiene virtudes curativas en dosis adecuada-- es la religión sectaria o eclesial.

De la que Roma pudiera ser modelo platónico o arquetipo o simple bucle.

No así la Fiorenza fiorentina della Fiametta, dolce fiametta.


 

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