COMEDIA FAMOSA DE LA
CASA DE LOS CELOS Y SELVAS DE ARDENIA.
Introducción 2004:
A modo de un guión narrativo de esta "comedia
famosa" de Cervantes, intenté hace tiempo una
exposición comentada de "La casa de los celos...",
e incluso la utilicé en un par de cursos a pesar
de su lectura aún provisional. Utilicé --y
valga, de nuevo-- la edición de Francisco Yndurain,
de la Biblioteca de Autores Españoles Ribadeneira
y tampoco sabía yo mucho de las sagas caballerescas
del Ariosto. Luego cayó en mis manos --además
de ediciones más recientes, sobre todo de Jean Canavaggio
y de Sevilla Arroyo / Rey Hazas-- un libro exquisito de
Italo Calvino, Orlando furioso narrado en prosa del poema
de Ludovico Ariosto (1979, Barcelona, 1984, Muchnik) y
vi confirmada mi intuición de que era posible un "ensayo
poemático" o, mejor, un "guión
narrativo" --y hasta audiovisualizable--, y no solo
posible sino deseable para hacer llegar un texto difícil
a quien lo desease, algunos de mis estudiantes en este
caso, los menos por desgracia. Más tarde, en el
III Decumano napolitano, al pie del torreón de Santa
Chiara, Antonio Pedace, un librero de viejo calabrés
originario de la zona de costa de donde era originario
Alí Bajá, el magnífico Ochali el Tiñoso
cervantino --a quien no conocía--, me regaló un "Orlando
Furioso" en edición italiana para escolares.
Pura nostalgia ya. De todo ello, espero que nazca una lectura
más aguda que la primera, pura magia, en la que
me apoyo muy literalmente, y a la que hago preceder en
el cortejo resultante de una
INTRODUCCIÓN SOBRE
EL ORLANDO DE (Ludovico Italo o) ARIOSTO CALVINO.
Si Ariosto es como es, la lectura de Ariosto hecha por
Italo Calvino es la que es, y yo tengo dos dedos de enjundia
de cristiano lector viejo, uno de los "corazones del
libro", en este caso del "Orlando furioso" (1516
y 1532), de Ludovico Ariosto (1474-1533) --uno de sus motores
principales--, es la boda que impone el destino a Ruggiero
--guerrero del rey mahometano de Africa, Agramante-- y
Bradamante --una bella guerrera cristiana, hija del duque
Amone de Montalbano, y hermana de Reinaldo, guerrero cristiano
de Carlomagno. Una suerte de matrimonio mixto de gran simbolismo,
y del tipo de los que Cervantes echó mano más
de una vez en su mundo literario, con su culminación
en la Gran Sultana doña Catalina de Oviedo, en la
que lleva al límite posible --aunque no por ello
admisible, pudiera pensarse, casi hasta hoy mismo-- el
modelo literario típicamente fronterizo.
El marco general del Orlando --en el que se puede insertar
en un primer nivel "La casa de los celos y selvas
de Ardenia"-- es el cerco de París por Agramante,
el rey de Africa, su retirada posterior al campamento de
Arlés y su embarque de regreso al sur que terminará en
desastre final de los infieles sarracenos en la isla de
Lampedusa. Y luego, las bodas de Ruggiero y Bradamante
y la muerte del descomunal Rodomonte, el rey de Argel.
Una acción mítica --un París como
una Troya más occidental simbólicamente cristiana--,
pero perfectamente anclada en la nueva realidad renacentista
mediterránea y de más allá: no hay
que olvidar que la bella Angélica es la hija del
rey Galafrone de Catay, una princesa china, y que trae
loca --una suerte de peligro amarillo-- a toda la caballería
francesa en un momento de amenaza sarracena, africana,
del sur.
Una refinada estilización literaria --como la llamada "novela
bizantina" lo era de la realidad de una agitada frontera
mediterránea-- que pretendía abarcar el mundo
todo. Italo Calvino lo expresa con justeza: "En realidad
los <moros> son una entidad fantástica para
la que ninguna referencia histórica o geográfica
es válida. Pero no una entidad abstracta: al contrario,
se diría que en el <campo enemigo> todo fuera
más concreto, caracterizado, corpóreo..."
De esa estilización literaria global del Orlando,
en "La casa de los celos..." Cervantes hace una
primera y significativa variación geográfico-temporal,
al situar la acción en el tiempo inmediatamente
anterior a una batalla que bien podría ser la de
Roncesvalles, en donde habían de morir los dos caballeros
protagonistas de la acción, aquí Reinaldos
y Roldán. La alusión a la batalla viene por
boca del Espíritu de Merlín, que le dice
a Bernardo de Carpio que deje de buscar por Francia "inútil
guerra" y vuelva a su padre "el pensamiento", "a
do te llama / un inmortal renombre y clara fama";
pues "Tiempo vendrá que del francés
valiente, / al margen de los montes Pireneos, / bajes la
altiva y generosa frente / y goces de honrosísimos
trofeos". Un escenario geográfico-temporal
más real que el del cerco de París por el
rey de Africa Agramante, mito literario en principio sin
engarce con la realidad histórica recordada.
Al final de la pieza, un Angel "en una nube volante" --tan
cinematográfico--, anuncia a Carlomagno --"Préstame,
Carlo, atento y grato oído..."-- la llegada
de los ejércitos hispano-africanos con Agrameante
al frente, que causará la dispersión del
ejército cristiano francés :
Presto estos campos con marcial ruido
retumbarán, y con horror y espanto
volverá las espaldas la cristiana
a la gente agarena y africana. (2697-2700).
Lo mismo que el Angel de la pieza cervantina se corresponde
con el Arcángel Miguel que acude en el cerco de
París al auxilio de Carlomagno (Ariosto, XIV), el
ejército hispano-sarraceno de Agramante, rey de
Africa, es también el clásico, con Ferragut,
que queda en Andalucía, Rodamonte --rey de Argelia--,
el rey Marsilio de Zaragoza y el rey Sobrino, "tan
prudente, que casi es adivino" --y que en la saga
clásica terminará cristiano.
1.
En la edición de Francisco Yndurain (BAE, ed. Atlas,
Madrid, 1962), éste dice en el prólogo: "Ni
con la mejor voluntad hallamos rasgo que pueda salvar esta
comedia de una repulsa total... Es inútil contar
el argumento de la obra, que no lo tiene..." Es una
tontería, muestra de la incomprensión del
mundo cervantino por su parte, por lo menos, o del no haber
comprendido el sentido de la pieza, que parece lo más
posible.
Es un penúltimo eslabón de una cadena de
opiniones negativas sobre esta pieza que recogen F. Sevilla
Arroyo y A. Rey Hazas en una de las últimas ediciones
(Madrid, 1997, Alianza), y que parece revisarse ahora.
Para estos críticos:
"
La casa de los celos..., es una comedia perfectamente coherente,
de sentido metaliterario, que pone en solfa las tradiciones
caballerescas y pastoriles que utiliza, las parodia y se
ríe de ellas, acentuando el tono cómico con
una serie de personajes, situaciones y juegos lingüísticos,
conforme a las prácticas usuales en el teatro quinientista." (p.XLII).
También se trató mucho sobre la complejidad
de su composición --ese "espacio múltiple
y maravilloso, mágico y encantado", "espacio
arcádico de las selvas de Ardenia" que dicen
Sevilla/Rey--, que permite un desarrollo complejo de una
acción que hoy se puede ver como desarrollo cinematográfico.
La complejidad del uso de las tramoyas --los efectos especiales
para un gran espectáculo-- hace pensar a estos autores
en un tipo de comedia cortesana, adelantada para su tiempo,
de amplio desarrollo escénico. El resultado hoy
se parecería mucho a una película de tono
almodovariano, para entendernos.
Los personajes y situaciones tienen sus raíces
en los de Ariosto y, sobre todo, de Matteo Maria Boiardo,
conde de Scandiano (1441-1494) --el "Orlado innamorato",
fuente principal de la pieza--, con un eje central marcado
por los celos entre los dos caballeros enamorados de Angélica,
la princesa de Catay, Orlando o Roldán y Reinaldos,
los dos mejores paladines de Carlomagno. Es el mago Malgesí,
hermano y protector de Reinaldos, el que --al final de
la acción-- sugiere el desenlace fatal; cuando Carlomagno
promete la mano de Angélica a aquel de los dos caballeros
que "más daño hiciese en el contrario
escuadrón". Malgesi hace un importante papel
a lo largo de la obra, como de "comentarista" o
desvelador de apariencias. Y así, cuando Roldán
responde con entusiasmo a la promesa imperial de la mano
de Angélica:
"Morirán luego a mis manos
andaluces y africanos",
comenta Malgesí, anticipatorio: "Vano saldrá vuestro
intento".
Y sigue Roldán: "¡Despedazaré a
Agrameante
y a su ejército en un punto!
Cuéntenle ya por difunto",
mientras Malgesí sentencia: "No te alargues,
arrogante,
que Dios dispone otra cosa,
como en efecto verás."
Y termina Roldán: "¡Oh, Agramante! ¿Dónde
estás?"
También Reinaldos responde con entusiasmo a la
oferta del emperador, y se prepara para la batalla con
entusiasmo y --"¡Por mía cuento esta
diosa!"-- con convencimiento. Son las últimas
palabras de la acción, las que preceden a los cuatro
versos finales:
"Cuando con victoria vuelvas
crecerá tu gusto y fama,
que por ahora nos llama
fin suspenso a nuestras selvas",
que deberían estar en boca del mismo Carlomagno.
En el original vienen a continuación de las últimas
de Reinaldo, y estas palabras es absurdo que se las dirija
a Roldán dado su enfrentamiento o emulación;
en boca de Malgesí no parecen adecuadas al haber
mostrado ya su conocimiento del resultado negativo de aquel
enfrentamiento que nos hiciera pensar en Roncesvalles,
a no ser que se consideraran dichas con tono irónico,
un tanto macabro en estas circunstancias pues anunciarían
un final de tragedia griega que --como en la Grecia clásica,
la muerte del héroe Roldán-- bien podía
ser conocido por los espectadores.
2. (PARÍS, PALACIO
O CORTE DE CARLOMAGNO)
ESCENA PRIMERA.
"La casa de los celos..." es tan cervantina
que emociona. La mayoría de sus claves están
en una línea de reflexión cervantina muy
marcada y que no dejó de ser desarrollada en otros
textos suyos. El arranque de la pieza teatral es contundente:
"Sin duda que el ser pobre es causa desto",
en boca de Reinaldos, enojadísimo --"rabio
de enojo", "muero de despecho", "revienta
de ira el pecho"-- tanto con Roldán como con
el cobarde cortesano Galaón por sospechar que los
dos se reían hablando sobre él --"de
ver mi pobre arreo", piensa Reinaldos--, en el palacio
de Carlomagno. De Galaón, "cobarde y necio",
no hacía "cuenta ninguna". Pero de Roldán
sí, "pues me conoce y no me tiene en precio";
su amistad, además, es grande, y Roldán lo
dirá casi a continuación: "Siempre fui
tu amigo, pues de mi voluntad tienes la llave", antes
de llamarle "oh primo amado".
Sólo "el respeto al señor mío" (Carlomagno)
impidió a Reinaldos "que le sacara en su presencia
el alma" a Galaón --"bastardo, mal nacido,
arrogante, hablador, antojadizo, más de soberbia
que de honor vestido" y al que jura "que le mate
y le guise y me lo coma", en arranque furioso de valentón,
figura también muy cervantina--, y en esa evocación
de un duelo en el recinto del palacio real tal vez pudiera
encontrarse una evocación sutil de otro situación
similar de duelo a causa de la que un tal Cervantes veinteañero
debió dejar la Corte precipitadamente para terminar
en Italia para que no le cortaran una mano, castigo para
ese tipo de delito.
Ya frente a frente con Roldán, comienza a aclararse
todo y en boca de Reinaldos, en sonoros endecasílabos,
se trata sobre la pobreza:
"Dime, ¿puede, por dicha, la pobreza
quitar lo que nos da naturaleza
Que yo trujera con anillos de oro
adornadas mis manos y trujera
con pompa, a modo de real decoro,
mi persona compuesta; ¿adondequiera
rindiera yo con esto al fuerte moro
o al gallardo español, que nos espera?
No; que no dan costosos atavíos
fuerza a los brazos y a los pechos bríos."
La fama de valentía de Reinaldos, además,
va
"diciendo quién soy yo; y así, tu burla
contra toda razón de mi se burla".
Roldán tranquiliza a Reinaldos y alaba su valentía:
"Esta disculpa baste, ¡oh primo amado!,
para templar vuestra no vista furia;
que no es costumbre de mi pecho honrado
hacer a nadie semejante injuria.
Y más a vos que solo habéis ganado
más oro que tendrá y tiene Liguria,
si es que la honra vale más que el oro
que en Tibar cierne el mal vestido moro".
La llegada de Carlomagno, traído por el ruín
Galaón, el malo en esta pieza teatral, termina de
pacificar a los dos amigos, para cuya valentía desea "más
honrosas ocasiones" (v.160) que esas disputas. Es
precisamente en la batalla que se avecina --que se nos
antoja Roncesvalles--, en donde les espera el "fuerte
moro" y el "gallardo español" que
dijera Reinaldos, en donde Carlomagno desea que sus dos
caballeros más valientes se esfuercen al margen
de esos enfretamientos por motivos banales que los debilita,
como el arranque de ira de Reinaldos resentido contra Roldán
por un malentendido sobre un asunto de honra.
3.
La llegada de Angélica la Bella, princesa de Catay,
con un aparatoso y simbólico acompañamiento
--un palafrén, dos salvajes, una dueña, un
cofrecillo, un perro--, volverá a encender la disputa
entre Reinaldos y Roldán, esta vez relacionada con
los celos, otro de los asuntos cervantinos siempre reiterados.
Narra Angélica --una suerte de embajada ante Carlomagno--
que es hija del rey Galafrón y que su persona y
el reino de su padre pasarán a manos de quien venza
a su hermano pequeño, Argalia, en combate singular
en el que no se usará la espada, sino sólo
la lanza. Tanto Roldán como Reinaldos, enamorados
de Angélica, volverán a disputar por querer
ser cada uno el único pretendiente y se van a la
busca de Argalia.
Es el mago Malgesí el que va a glosar la situación:
el rey Galafrón, en realidad, pretende hacerse con
los doce pares de Francia, uno a uno, incitándoles
--con el anzuelo de la belleza de su hija Angélica--
a pelear con Argalia, cuya lanza de oro encantada los vencerá fácilmente;
una vez haya dejado a Carlomagno sin sus hombres más
valiosos, conquistará Francia. Carlomagno se muestra
escéptico ante la interpretación del mago,
pero le encarga que solucione el problema. "Haré cuanto
mi industria y ciencia pueda", concluye el mago Malgesí.
"Mi hermano (Reinaldos) va enojado
Con Roldán; estorbar quiero su daño.
En laberinto he entrado
que apenas saldré dél. ¡Oh ciego engaño,
oh fuerza poderosa
de la mujer que es, sobre falsa, hermosa!"
Para Malgesí, Angélica puede ser la perdición
del reino y de sus hombres, de ahí que la considere "maga", "deshonesta", "hechicera" y
que considere, más que "aventura", "desventura" lo
que pueda suceder.
La presentación de los primeros personajes se ha
completado: el caballero Reinaldos, su hermano y protector
el mago Malgesí, su primo Roldán, el ruín
Galaón, el emperador Carlomagno, la princesa del
Catay Angélica y su hermano Argalia, en el bosque
con una lanza mágica a la espera de caballeros para
combatir, han trazado el marco general de la pieza dramática,
que a partir de ahora va a comenzar a desplegarse en una
serie de escenas de gran riqueza tramoyística, verdaderamente
cinematográficas por su variedad.
4. (BOSQUE O SELVAS DE ARDENIA
Y PADRÓN / SEPULCRO
DE MERLÍN)
El escenario pasa a ser a continuación el interior
del bosque, pues, la "selva", y en él
aparecerán sucesivamente los personajes del drama,
como dijimos, en una sucesión de escenas de exteriores
cinematográficas, con abundancia de indicaciones
para tramoyas a fin de crear ambientes fantásticos,
con espíritus, dioses mitológicos y figuras
morales.
En el bosque aparece primero Bernardo del Carpio, con
su escudero vizcaíno Blas, al que Cervantes hace
hablar con muchas faltas y con los verbos en infinitivo
--como los indios de las películas del oeste americano--,
gracioso y listo --"soy vizcaíno, burro no"--,
que recomienda a su amo que vuelva a España, en
donde hay suficientes aventuras y guerra con los moros
como para querer ir a meterse en "tierra extraña".
Es una interferencia cervantina en el mundo caballeresco
--de la saga italiana de Orlando, en cuyo marco se inserta--,
y tiene un reconocible perfil quijotesco también
la pareja, este Bernardo en busca de aventuras y su escudero
Blas, gracioso y listo.
Bernardo de Carpio anda en busca de algo bien concreto,
aventuras caballerescas:
"Dicen que estas selvas son
donde se halla de contino,
por cualquier senda o camino,
venturas de admiración,
y que en la mitad o al fin,
o al principio, o no sé dónde,
entre unos árboles se esconde
el gran padrón de Merlín,
aquel gran encantador
que fue su padre el demonio" (371-380).
Mientras se prepara para descansar, Bernardo envía
a su escudero vizcaíno a buscar a Ferraguto, moro
que les acompañaba y que se quedó rezagado.
Y a continuación, tras un canto a la "dura
y detestable guerra", que compara a una droga,
"...a un cierto beleño
que, entre cuidados y enojos,
ofreces siempre a los ojos
blando aunque forzoso sueño" (399-402),
y guerra a la que considera "madre de la diligencia,
/ madrastra de ociosidad", se tumba a descansar sobre
la tierra precisamente con el "padrón de Merlín" como
almohada y se queda dormido.
5.
En otro lugar del escenario / selva se encuentran Argalia
--"armado y con una lanza dorada"-- y su hermana
Angélica, quien va a contar a su hermano el desarrollo
de la embajada que había llevado al emperador a
su corte parisina, a unos "pabellones" de campaña,
podría decirse, en donde están instalados.
Lo gracioso / grotesco de la breve escena son las protestas
de la dueña que acompaña a Angélica,
harta de vagar
"deste monte en aquel monte,
de un lugar a otro lugar",
y que sueña con sus "redomillas", sus "afeites" y
la tranquilidad de la casa,
"que traigo esta cara hecha
una suela de zapato"
y
"que de la madre me aprieta
un gran dolor de verdad
(...) deste andar a la jineta" (479-482).
6.
Cuando se van Angélica, Argalia y su séquito,
se queda solo en escena Bernardo, dormido al pie del padrón
del mago Merlín: "Suene música de flautas
tristes; despierta Bernardo, ábrese el padrón,
pare una figura de muerto, y dice:" El Espíritu
del mago recitará un largo poema, a modo de intermedio
entre escenas de acción, sin que Bernardo hable
palabra alguna. El poema, que no carece de belleza --"Valeroso
español, cuyo alto intento / de tu patria y amigos
te destierra..."--, cumple la misión de advertir
sobre lo que vendrá, como antes había sucedido
con el mago Malgesí. El Espíritu de Merlín
le dice a Bernardo que vuelva a su tierra, al lado de su
padre prisionero --"Vuelve a tu amado padre el pensamiento
/ a quien larga prisión y escura encierra"--,
y que su fama será clara y su renombre inmortal,
pues
"Tiempo vendrá que del francés valiente,
al margen de los montes Pireneos,
bajes la altiva y generosa frente
y goces de honrosísimos trofeos." (491-494).
7.
Desaparecido el espectro o Espíritu de Merlín
y Bernardo oculto en el mismo padrón --"Ciérrase
el padrón, éntrase en él Bernardo
sin hablar palabra, y luego sale Reinaldos", dice
la acotación escénica--, Reinaldos y Roldán
van a entrar en escena sucesivamente, con sus discursos
de enamorados, y en escena disputarán a causa de
los celos hasta que Bernardo los separe, convirtiéndose
en instrumento del mago Merlín, y evite así el
enfrentamiento final entre ambos caballeros. Muchas de
las sentencias cervantinas sobre los celos aparecen aquí,
en particular sobre la fuerza de los celos, "porque
el amor y el reinar / nunca admiten compañía" (v.645-646).
Roldán llega a preocuparse muy seriamente por la
amenaza de esa fuerza que lo posee y pervierte:
"Estoy por dejar de ser
quien soy. ¡Acudid al punto,
respetos, que está difunto
mi acertado proceder!
¡
Ansias que me consumíss,
sospechas que me cansáis,
recelos que me acabáis,
celos que me pervertís!" (687-694).
Cuando los dos primos y héroes enamorados están
a punto de luchar con sus espadas, pelea que los magos
hacen imposible con sus encantamientos, Bernardo sale del
padrón inducido por Merlín y se presenta: "Por
dicha, soy español" (v.756). En la porfía,
Reinaldos se siente atosigado, "que siempre aquesta
nación / fue arrogante y porfiada", y Rodán,
enfadado por el empeño del español en no
dejarlos pelear, le llamará "español
marrano", lo que enfada --"¡Mientes, infame
villano!" (v.785)-- a Bernardo, al que Reinaldos tildará de
insolente. Y, así, entre encantamientos que hacen
imposible que los tres caballeros se lleguen a herir verdaderamente,
salen Roldán perseguido por Bernardo y éste
por Reinaldos y se pierden por el bosque / selva.
8.
El desarrollo de la acción en el bosque hace que
puedan entrar y salir personajes diversos y combinados
en el mismo espacio / laberinto. Mientras salen los tres
caballeros persiguiéndose unos a otros, un nuevo
personaje entra en el número de los que vagan por
allí, esta vez una mujer, Marfisa, "armada
ricamente". Luego sabremos que, como Bernardo, anda
en busca de aventuras y retando a los caballeros a combate.
Marfisa, en el Orlando clásico, es la hermana gemela
de Ruggiero, y como él pertenece al ejército
de Agramante, prototipo de mujer guerrera como la prometida
de su hermano Ruggiero, Bradamante; aunque en la pieza
cervantina no aparecen ni Ruggiero ni Bradamante --es otra
rama amorosa diferente de la historia--, sí aparece
Marfisa formando pareja caballeresca con Bernardo al final
de la jornada.
Una vez sale de escena Marfisa tras los tres caballeros,
surge la escena final de la primera jornada, con el regreso
de todos los personajes --salvo Carlomagno mismo y el ruin
Galaón-- que han participado en la jornada primera,
los magos a través de sus encantamientos que imposibilitan
un enfrentamiento real entre los protagonistas.
9.
Es el momento culminante de la acción.
Bernardo y los caballeros franceses Roldán y Reinaldos
vuelven a escena, en su imposible persecución y
enfrentamiento, pues como dice Reinaldos
"si hechizos no hubiera
nunca mi primo atrás el pie volviera",
refiriéndose a Roldán frente a Bernardo.
El criado vizcaíno de Bernardo, Blas, en su jerga
casi ininteligible, entra narrando la muerte del hermano
de Angélica, Argalia, a manos del moro amigo de
Bernardo, Ferraguto, quien había echado al río
al joven caballero del Catay que con su arma encantada
debía enfrentarse al pretendiente de su hermana
y al que todos buscaban para ese singular combate. La bella
Angélica entra también en escena llorando
la muerte de su hermano, y en su lamento llama español
también al moro Ferraguto:
"Un español ha muerto
a mi querido hermano, y es un moro
que no guardó el concierto
debido a la milicia y su decoro,
y arrojóle en un río. (833-837).
Cuando Roldán pregunta: "¿Quién
es el moro?", le responde Bernardo: "Es un amigo
mío" (v.838). Frente a los franceses, pues,
el héroe cristiano Bernardo y el moro Ferraguto
--a quien el escudero vizcaíno Blas relaciona con
Granada: "¡Tienes Granada, bravo Ferraguto!" (828)--
son "amigos", y Roldán los aúna
en la responsabilidad de la muerte del hermano de Angélica:
"¿Amigo tuyo? ¡Oh perro,
tú llevarás de su maldad la pena!" (839-840).
El esquema simbólico --Roldán / Reinaldos,
franceses, contra Bernardo / Ferraguto / Vizcaíno
Blas / Marfisa, españoles-- queda definido, como
telón de fondo de ese enfrentamiento pirenaico de
Roncesvalles. El no haber usado el moro las reglas del
combate caballeresco acordadas --"el concierto"--
que pactaba el hermano de Angélica --el no desenvainar
la espada, sino usar sólo la lanza, lo que daba
ventaja a su lanza encantada-- había sido la causa
de la facilidad con que Ferraguto pudo matar al hermano
de la "bella huidora".
Angélica se lamenta de la desdichada muerte de
su hermano Argalia, y se interna en la selva huyendo, pues
"A esta selva escura
quiero entregar ya mis ligeras plantas,
mi guarda y mi ventura" (845-847).
La pelea --siempre a punto de estallar, imposible-- de
Roldán y Reinaldos por un lado y Bernardo por otro,
es interrumpida por Marfisa, y luego Roldán y Reinaldo,
discutiendo entre si por los celos mutuos, se adentran
en el bosque en persecución de Angélica,
la bella fugitiva.
10.
Quedan solos Marfisa, vestida de caballero, Bernardo y
el criado Vizcaíno, contrapunto cómico con
sus palabras y frases mal construidas, que deciden continuar
juntos por el bosque y reunirse con Ferraguto; según
informa Blas el Vizcaíno, a pregunta de Bernardo
--"Dime, ¿Ferraguto quedó herido?"--,
Ferraguto está "Bueno, puto, y qué sano".
La descripción de la batalla por Blas es significativa
de narración paródica, con perfiles casi
surreales:
"Batalla con hermano
de bella huidora, y pobre, y muerto, y triste,
de moro enojo, brío
teniendo, dio con él todo en el río,
y queda aquí aguardando
espaldas de montaña."
Marfisa decide acompañar a Bernardo:
"Iréte acompañando,
que quiero saber más de tus hazañas;
que descubro en ti muestras
que muestran que eres más de lo que muestras".
(883-886).
Cuando en las escenas sucesivas desaparezca Blas el escudero
vizcaíno --y ya que Ferraguto no sale a escena--,
Bernardo y Marfisa aparecen como otra pareja caballeresca
en la línea de Quijote y Sancho; Bernardo / Blas,
Bernardo / Ferraguto o Bernardo / Marfisa, parejas paradójicas
de alguna manera.
Y así termina la jornada primera.
11.
JORNADA SEGUNDA.
Si toda la Jornada Primera se desarrolló en un
ambiente caballeresco y fantástico, el inicio de
la Jornada Segunda marca un cambio espectacular: es un
ambiente pastoril. Como los caballeros Roldán y
Reinaldos, enamorados de la misma mujer, Angélica,
los pastores Lauso y Corinto también están
enamorados de la misma chica, la pastora Clori que, a su
vez, los ignora por el rico pastor Rústico. Las
primeras escenas, pues, desarrollan la problemática
de estos amores cruzados en evocadores versos de raigambre
garcilasiana y con canciones intercaladas --los pastores
llevan sus guitarras-- al gusto más puro de la literatura
pastoril.
Cuidadosos versos introducen a Lauso y a Corinto, cada
uno por diferentes caminos de una colina; ya juntos, se
lamentan de la pobreza --al igual que Reinaldos en el arranque
de la jornada anterior-- como un inconveniente para alcanzar
el amor de su amada. Dice Corinto para introducir el asunto:
"Pesado contrapeso es la pobreza
para volar de amor, oh Lauso, al cielo
aunque tengas cien alas de firmeza" (917-919).
Pues
"Granjería común amor se ha hecho,
y dél hay feria franca dondequiera,
do cada cual atiende a su provecho" (923-925).
Esta es la tesis de estas escenas pastoriles, verdadera
caricatura de ese amor "platónico" que
se afirma que es el verdadero protagonista de los asuntos
literarios pastoriles. Con machaconería repetido,
es un guiño irónico de Cervantes sin duda.
Como otra vez en boca de Corinto:
"Vuélvese el oro más cendrado en cobre,
y el ingenio más claro en tonta ciencia,
si le toca o le tiene el hombre pobre,
y desto buen testigo es la esperiencia" (932-935).
Lauso lamenta, en fin, que Clori no se canse del poco
ingenio de Rústico, aludiendo a ella como destinataria
de estos lamentos a causa de la pobreza.
12.
La llegada de Clori, al más puro estilo pastoril
--"Canta Clori en la montaña y sale cogiendo
flores", anota Cervantes--, cantando una hermosa cancioncilla
cuyo estribillo --"la justicia os prenderá"--
Corinto "trastocará" en una ingeniosa
improvisación --"el amor me vengará"--,
permite a los pastores ahondar en la tesis expuesta, a
saber, la importancia del dinero para triunfar o disfrutar
del amor. Así, al preguntarle Corinto a Clori por
su rústico y "bronco" galán / pastor,
Clori le dice con franqueza:
"Con él tengo, Corinto, más ganancia
que contigo, con Lauso o con Riselo,
que vendéis discreción con arrogancia.
Rústica el alma y rústico es el velo
que al alma cubre, y Rústico es el nombre
del pastor que me tiene por su cielo.
Mas, por rústico que es, en fin es hombre
que de sus manos llueve plata y oro...
....
"
El rústico, si es rico, satisface
aún a los ojos del entendimiento,
y el más sabio, si es pobre, en nada aplace..." (991-998,
1015-1017).
Los pastores, lamentando que Clori sea como todas las
mujeres --"Es gusto de mujeres ordinario... ser su
ingenio vario"-- le proponen que presencie una prueba
del poco ingenio de su pastor Rústico, que se acerca
a donde están Lauso, Clori y Corinto.
13.
La aparición de Rústico en escena es una
ostentación de su riqueza. Da órdenes a otros
pastores --Coridón, Cloanto, Compo, Francenio, Partenio...--
y por la enumeración de los diversos rebaños
que han de ir a las diversas majadas, muestra todo su poder.
Clori se manifiestra satisfecha de su galán Rústico
a los otros dos pastores enamorados, aunque accede a esconderse
y presenciar una prueba de ingenio a que le van a someter
Lauso y Corinto a su amante Rústico.
La prueba es un paréntesis cómico unitario
en que los pastores hacen creer a Rústico que un
papagayo real --"que viene del camino de las Indias" (v.1081),
aclara Corinto, anacronismo de tiempo histórico
tan caro al mundo literario caballeresco sincretizador
de espacios y tiempos--, de colorido plumaje y que sabe
hablar, anda escondido por uno de los árboles del
bosque, lo tienen localizado y pueden atraparlo. Pensando
en el improbable papagayo como un regalo para su amada
pastora Clori, por el que se muestra dispuesto a pagar
sumas enormes, el pastor Rústico acepta entrar en
el plan del juego de Corinto y Lauso. Accede a que le aten
las manos y los pies y a que Corinto suba sobre sus hombros
--"¡Vive Dios, que me brumas las costillas!" (1108),
protesta Rústico por el peso-- y se deja engañar
oyendo a Corinto hablar como si fuera el papagayo real,
obsesionado por el bello presente que le hará a
su amada Clori:
"¿Como estás, loro, di?" (v.1116)
pregunta Corinto ya en el árbol, y con voz fingida
contesta él mismo:
"¿Cómo? Cautivo".
Rústico interviene entusiasmado:
"¡Hi de puta, qué pieza! Di otra cosa".
Corinto, con fingida voz de loro, contesta:
"¡Daca la barca, hao, daca la barca!"
Rústico vuelve a preguntar:
"Y aqueso, ¿quién lo dijo?"
Corinto responde con su voz no fingida: "El papagayo".
Y cuando el papagayo real, por boca de Corinto, dice o
canta: "Clorí, clorí, clorí,
clorí, clorí" --y hay que pronunciar
clorí, acentuada aguda, para que salga el endecasílabo,
lo que nos da más indicios de la comicidad del posible
tono--, Rústico pregunta:
"¿Es todavía el papagayo aquese?"
y le responde el Corinto / papagayo:
"¿Pues quién había de ser?" (1123).
14.
Después de haber ofrecido por él un alto
precio --cuatro novillos primero, y luego hasta cien mil
florines--, viene el desencanto y el bochorno de Rústico
por la broma recibida al no haber tal papagayo real, y
más al aparecer Clori en escena y darse cuenta el
amante pastor de que lo había presenciado todo.
"Por ti la burla siento", le dice Rústico,
pero Clori le tranquiliza con sus palabras, al no tener
en cuenta su rusticidad:
"Calla, que para aquello que me sirves,
más vales que trescientos Salomones" (1152-1153).
E insinúa que Lauso y Corinto, con todo su ingenio,
no son capaces de regalarle al día siguiente "una
patena y unos ricos corales", como de Rústico
espera, al cual regalo el ricachón pastor promete
añadir "dos sartas de perlas hermosísimas".
Ante aquella promesa de rico regalo, Clori exclama encantada:
"¿Compárase con esto algún soneto,
Lauso? Y dime, Corinto: ¿habrá sonada,
aunque se cante a tres, ni aún a trescientos,
que a la patena y sartas se compare? (1161-1164).
Los pastores enamorados y pobres, Lauso y Corinto, achacan
ese comportamiento de Clori a su ser mujer:
"Eres mujer y sigues tu costumbre".
A lo que Clori contesta rotunda:
"Sigo lo que es razón."
Y el pobre pastor se ratifica en lo dicho:
"Será milagro
hallarla (la razón) en las mujeres".
Clori, desdeñosa a su vez, remata diciendo que
quien no tiene razones que decir es "la lengua que
se mueve guiada del desdén y de los celos",
como la de los dos pastores pobres e ingeniosos.
15.
La bella Angélica irrumpe entonces en el espacio
escénico del bosque en el que están los pastores,
huyendo de sus perseguidores enamorados, los caballeros
franceses, "dos bravos enemigos", según
sus palabras de mujer acosada. Cuando le responden los
pastores que ellos son tres hombres, ella responde aterrada:
"Ni aún a tres mil no temerán los otros.
Llevadme a vuestras chozas,
mudadme este vestido;
amigos, escondedme" (1196-1199).
Al pánico de la bella princesa de Catay, el pastor
enamorado y pobre que es Lauso le dice que no se preocupe,
que está en un mundo --no olvidemos que pastoril,
arcádico-- en el que hasta a los más temibles
gigantes, como "Montalbanes y Aglantes, se tienen
aquí en nada", pues es fácil "que
los compre a dinero" (1206), en una nueva insistencia
cervantina sobre la venalidad generalizada.
Cuando Lauso lleva consigo a la bella Angélica
hacia las chozas de los pastores para esconderla y disfrazarla,
el trío de Rústico, Clori y Corinto se dicen
algunas indirectas o puyas --sobre todo Corinto a Clori,
quien termina diciéndole: "Siempre tus burlas
para mí son buenas" (1221)--, que pueden hacer
pensar en ese clásico de la comedia italiana de
Pantalón, Arlequín y Colombina como perfil
reconocible.
16.
El bosque / escena vuelve a ser ocupado por los personajes
caballerescos y la maquinaria teatral de Cervantes vuelve
a tornarse compleja, casi cinematográfica, con vuelos
al mundo del sueño, la mitología, el más
allá o lo explícitamente simbólico,
lo que él llama las "figuras morales".
Sale Reinaldos primero, en una escala más de su
persecución "a la bella fugitiva", por
aquellas
"¡Oh selvas de encantos llenas,
do jamás se ha visto apenas
cosa en su ser verdadero..." (1128-1130).
Y una prodigiosa aparición comienza a manifestarse
con "crujidos de cadenas, ayes y suspiros dentro",
ante el susto de Reinaldos:
"¿Estoy despierto o dormido?
¿
Engáñome o no me engaño?" (1245-1246).
Por la boca de una serpiente --"Acógeme allá en
tu centro, porque por tus ruegos entro a tu estómago
de azufre", le recita el caballero Reinaldos--, aparece
el mago Malgesí, hermano y protector del caballero
francés, empeñado en sacarle de su locura
causada por los celos. Malgesí quiere sanar a Reinaldos
desplegándole una especie de "auto sacramental" de
la "cueva de los celos" --podría titularse
así--, en el que personifica y presenta al Horror,
el Temor, la Sospecha, la Curiosidad, la Desesperación
y los Celos.
17.
Habría que estudiar con detalle el plantel de símbolos
que pudiera encerrar la elección de personalizaciones
escénicas tales como "el embajador de los Celos",
el Horror, y portero de la cueva de los Celos, el "Temor
sospechoso que enjendra ajeno interés", "la
infame Sospecha,
de los celos muy parienta,
toda de contrarios hecha,
siempre de saber sedienta
lo que menos le aprovecha" (1294-1297).
O "la vana Curiosidad"
"hija de la Liviandad,
con cien ojos en la frente
y los más con ceguedad"
que "hace guardia a una puerta de muy difícil
salida". O la "espantosa figura" que es
la Desesperación, presentada "con una soga
a la garganta y una daga desenvainada en la mano".
La figura central, que culmina la simbología, son
los Celos, presentada su figura "con una tunicela
azul, pintada en ella sierpes y lagartos, con una cabellera
blanca, negra y azul", todo ello amenaza de mala suerte,
pesares "y, al fin, desdichada muerte". Si te
alcanzan los celos, quedas en un estado "diferente
del que estás", de tal manera "que no
puedas ni quieras ya querer más".
Sería interesante comparar estas formulaciones
simbólicas con las formulaciones de la emblemática
o de los no escasos idearios políticos del momento,
para sopesar su posible alcance crítico o expositivo.
El mago Malgesi, artífice de aquel discurso moral
ilustrado con figuras, se muestra contrariado con el resultado
de la prueba a la que ha sometido a su protegido Reinaldos,
y es entonces cuando el mago Merlín le expulsa de
la escena para que lo deje a él iniciar un nuevo
ensayo de "auto sacramental" peculiar, esta vez
con dioses del Olimpo antiguo.
18.
En un carro de fuego tirado por leones de la montaña
--tal la fuente de la Cibeles, que es lástima que
no estuviera ya en la época de Cervantes--, sale
a escena la diosa Venus. Acude convocada por el mago Merlín
para ayudar al caballero Reinaldos en su desvarío
amoroso.
La diosa Venus se lamenta, sin embargo, de que no haya
convocado también a su hijo el Amor, pues sin él
será difícil la misión; la imprevisión
de Merlín, hace que la diosa critique su método:
"Merlín ha errado este lance,
que a veces yerra el saber" (1386-1387).
Venus parece que ha tenido que dejar la compañía
de Adonis, su amado, para acudir a la convocatoria de Merlín,
pero dice que le deja "casi de mi grado", pues
estaba algo desganado o frío Adonis, al parecer,
y la diosa Venus espera que al regreso a su lado "amor
resuelva tu brío, que no le alabo". El perfil
paródico es espléndido.
Así, pues, Venus reclama la presencia de su hijo
el Amor, y éste acude a la llamada de su madre para
ver qué quiere de él: "¿Qué quieres,
madre querida, que con tal priesa me llamas?" (1403-1404).
El Amor, acompañado de música de "chirimías",
sale a escena en una nube y en figura de un Cupido vestido
de cortesano y no desnudo, sin venda en los ojos y con
el arco y la aljaba de las flechas desarmados o desmontados,
deshechos.
19.
De entrada, la diosa y madre Venus no se interesa por
su apariencia nueva, por su "nueva imagen", y
le relata la misión que deben realizar: curar al
caballero Reinaldos, en la escena dormido en un aparte
todo este tiempo, pues tiene "en peligro la vida" a
causa de los celos, "que en opinión están
que tus hijos son". El Amor, como padre de los celos,
por lo tanto, debe resolver el problema del caballero enamorado
y devolverle / volverle "en su antigua libertad" (v.1415).
Los celos como cautiverio o esclavitud --lo mismo en la
mente de un ex-cautivo como Cervantes--, debe adquirir
su significado profundo.
Una droga que provoque el olvido o lo facilite es la única
solución, una agua mágica de una cálida
fuente encantada trocará el amor de Reinaldos por
Angélica en aborrecimiento de similar intensidad
y fuerza, hasta el punto de que
"si agora por vella muere,
ha de morir por no vella" (1426-1427).
Amor envía a Reinaldos en busca de su remedio,
aunque no quiere decirle que ha de pasar antes por trances "que
callarlos quiero, pues decillos no conviene". Y Reinaldos
abandona la escena reafirmándose en su mal:
"Aquel que celos no tiene,
no tiene amor verdadero" (1436-1437).
20.
Una vez ido Reinaldos, la diosa y madre Venus, ahora ya
sí, se encara con la pinta de su hijo el Amor, ese "andar
en un traje no usado y el arco roto y deshecho". Le
recrimina maternalmente:
"¿Quién te lo rompió? ¿Y
quién pudo
cubrir tu cuerpo desnudo,
que su libertad mostraba?
¿
Quién te ha quitado el aljaba
y la venda? Dí: ¿estás mudo?" (1443-1447).
A la pregunta de su madre, el dios Amor elabora un discurso
en verso que no tiene desperdicio, sobre la nueva concepción
del amor que se lleva en la "Corte donde he estado",
a remolque del interés y del dinero, esta vez con
una lectura posible claramente política ya, en la
onda quevediana pero más sutil aún, menos
burda que las de los delirios de Quevedo.
"Has de saber, madre mía,
que en la corte donde he estado
no hay amor sin granjería,
y el interés se ha usurpado
mi reino y mi monarquía..
Yo, viendo que mi poder
poco me podía valer,
usé de astucia y vestíme,
y con él entremetíme,
y todo fue menester.
Quité a mis alas el pelo,
y en su lugar me dispuse,
a volar con terciopelo;
y, al instante que lo puse,
sentí aligerar mi vuelo.
Del carcaj hice bolsón,
y del dorado harpón
de cada flecha un escudo;
y con esto, y no ir desnudo,
alcancé mi pretensión.
Hallé entradas en los pechos
que a la vista parecían
de acero o de mármol hechos;
pero luego se rendían
al golpe de mis provechos.
No valen en nuestros días
las antiguas bizarrías
de Heros ni de Leandros,
y valen dos Alejandros
más que doscientos Macías" (1448-1477).
El triunfo del dinero, que hace al dios Amor disfrazarse
con otras galas de mayor apariencia y más ricas,
así como fundir las puntas de sus flechas para hacer
monedas de oro, el triunfo del interés económico
sobre los sentimientos platónicos y las "bizarrías" caballerescas,
hace que el enamorado y poeta Macías no valgo ni
el uno por ciento que un hombre de acción como el
conquistador Alejandro.
21.
El discurso sobre el amor y el dinero --o el interés
/ ganancia-- sigue siendo el protagonista principal de
esta Segunda Jornada, y sigue la continuidad con la irrupción
en escena de los pastores Lauso, Corinto, Rústico
y Clori, así como Angélica en traje de pastora.
Mayor continuidad, incluso, al enlazar con la escena del
papagayo real. Rústico, el más gracioso del
grupo, confunde al dios Amor vestido de cortesano con otro
papagayo, o al menos con un "paxaro pinto", y
entra en escena el primero:
"Lauso, acude; y tú, Corinto,
acude, que, a lo que creo,
otro papagayo veo,
o si no, pájaro pinto" (1478-1481).
Lauso reconoce al dios Amor, y Rústico se disculpa:
"Como con alas le vi
entendí que era alcotán".
Corinto, más refinado y discreto, como Lauso, aparta
al bruto de Rústico para reverenciar al dios niño,
y Rústico se asombra de que diga que es niño: "¿Niño
es éste?" "Y es gigante", añade
Corinto, aunque Rústico insiste en su asombro:
"Niñazo le llamo yo,
pues ya le apunta el bigote" (1498-1499).
El dios Amor, animado por su madre Venus, les agradece
a los pastores la voluntad que le muestran, pero les ruega
que no le reverencien y les promete decir "la ventura
que os espera", o sea, adivinarles el porvenir, con
la intención, dictada por Venus, de "que den
vado a sus penas". La adivinación de Amor para
Lauso es que "jamás serás desechado
ni admitido"; para Corinto, que olvidará su
pretensión "desde hoy más"; para
Rústico, que "mientras tuviere riquezas, tendrá contento";
para Clori, que el bien que poseyere "mudará cada
momento". Todas, previsiones de gran ambigüedad.
Para la pastora disfrazada, o sea, para Angélica,
prevee que "suplicará a quien la ruega",
que es lo mismo que decir que se convertirá en perseguidora
despechada del caballero que hoy la persigue enamorado.
Con ello, el dios Amor da por terminada la "jornada" de
su montaje teatral particular y, mientras se van retirando
las máquinas y tramoyas del carro tirado por leones
de Venus y la nube de Amor, cantan los pastores una canción
en honor del dios que los ha visitado,
"venga norabuena
Cupido a nuestras selvas,
norabuena venga" (1530-1532).
Lauso al final, antes de salir de escena todos, remata
al decir que si lo pronosticado por Cupido --que es que
se queden más o menos como están-- no satisface
plenamente sus anhelos, tampoco pasa nada:
"!Y si aquello que desea
cada cual no ha sucedido,
pues el Amor lo ha querido,
decid: ¡Norabuena sea!" (1551-1554).
22.
Una vez más, el escenario / selva vuelve a poblarse
de personajes caballerescos. Entran Bernardo del Carpio
y su escudero, que en esta ocasión ya parece haber
olvidado su condición de vizcaíno y gracioso,
y se expresa ya correctamente. Comenta el valor y la fama
de Marfisa, que se ha rezagado, decidida a ir a París
para retar a los Doce Pares de Francia, y a la que Bernardo
ha prometido acompañar, deseoso de aventuras y también
para ver "do llegar puede el valor de aquesta dama".
El escudero también da noticias de Ferraguto, que
anda por otro lugar del bosque, con tintes admirativos:
"Siempre, en cuando hacía aquel moro,
le vi guardar un decoro
arrojado y resoluto.
Después que mató a Argalia,
y en el río le arrojó,
al momento se partió" (1580-1585).
Para Bernardo, sin embargo, Ferraguto "tiene loca
fantasía".
23.
La llegada de un Roldán agobiado por sus ansias
de amor --"¡Qué pensativo que viene!",
comenta Bernardo--, anima la escena. El escudero de Bernardo
lo explica:
"Todo el sentido le ofusca
amor que en el pecho tiene".
Roldán, obsesionado por su amada fugitiva --"¡Oh
Angélica!, ¿dónde estás?"--,
ni siquiera reconoce a Bernardo cuando éste le llama,
y el escudero aprovecha para teorizar sobre el amor que
aprisiona y que hace perder la identidad del yo, tal la
locura:
"Él es de amor prisionero.
Haré yo una buena puesta
que está puesto en tal abismo,
que no sabe de si mismo (1610-1613).
Cuando Bernardo le pregunta: "¿No eres Roldán?",
el caballero francés le responde: "Creo que
sí", y eso confirma al escudero en su sospecha:
"En 'creo' pone si es él;
¡
cuál le tiene Amor esquivo!" (1619-1620).
Al no reaccionar Roldán, a causa del amor "desdicha" y "extraño
embelesamiento", del amor "tormento", el
escudero sugiere a Bernardo que le desafíe, aunque
el caballero español prefiere en esas circunstancias
buscarle algún remedio.
24.
Nuevos encantamientos provocados por Malgesi van a dar
lugar a la aparición en escena de la Mala Fama en
primer lugar, y luego de la Buena Fama, para intentar curar
del mal de amores a Roldán.
Por la tramoya giratoria aparece primero Angélica,
que hace decir a Roldán palabras encendidas --"¿No
es aquel mi cielo, cielos? El es; pero ya se encubre"--,
antes de desaparecer de nuevo y dejar en su lugar a la
Mala Fama, vestida "con una tunicela negra, una trompeta
negra en la mano, y alas negras y cabellera negra".
La Mala Fama recrimina a Roldán su "proceder
liviano" que le hará perder su buena fama --"tu
clara fama para siempre obscura"-- y que le hará figurar
en un libro negro, en donde apunta "las torpezas de
excelentes hombres... cuando de amor la vana ley siguieron",
de manera que condenan a "perpetua afrenta y a viva
muerte sus subidos nombres". Y le pone ejemplos notables
como a Alcides, mujeril hilando a los pies de Dayanira,
al rey Salomón o a aquel triunviro (Marco Antonio)
entregado a "la nueva Angélica egipciana" (Cleopatra).
Finalmente, le dice que aunque tiene el libro abarrotado
de "renglones tan estrechos" en sus negras hojas
de aquellos "que su nombre y fama atierran",
hará espacio para escribir el de Roldán para
que, así, "en infamia eterna viva". Tras
el parlamento, la Mala Fama desaparece al girar la tramoya.
25.
Roldán, de momento, parece curado:
"Yo mudaré parecer,
a pesar de lo que quiero" (1695-1696).
Y hasta parece reconocer a Bernardo:
"¿Pues no os he de reconocer?
Bien sé que sois español
y que Bernardo os llamáis."
Roldán explica su esfuerzo por curarse en términos
de honra:
"siendo una joya la honra
que no se puede estimar".
Y Bernardo le puntualiza el razonamiento:
"Verdad es; mas por amar
no se adquiere la deshonra"
Roldán, a pesar de que va a mantener su deseo de "sanar" de
su "llaga", opina que
"No hay amador que no haga
mil disparates, si es fino" (1711-1712).
Amor como locura que saca al hombre de si mismo y le hace
disparatar, cual un quijote singular.
26.
La llegada de Marfisa, como siempre con su atuendo guerrero,
es un breve compás de espera --Marfisa le confiesa
a Bernardo, al reconocer a Roldán, su deseo de "probar
con él mi fuerza"-- para mostrar a Roldán
de nuevo dominado por su obsesión amorosa. Cuando
exclama:
"¡No hay, cual Angélica, alguna
en todo nuestro hemisferio!",
todos se dan cuenta de que "ha vuelto al tema",
y es el propio Roldán el que lo reconoce:
"Falsa fue aquella visión,
y de nuevo el corazón
parece que se me quema."
La recaída de Roldán justifica una nueva
aparición mágica por la tramoya, para que
el caballero cambie de actitud. Nuevamente es una figura
de Angélica la que sirve para atraer la atención
de Roldán, que se convierte en la figura de la Buena
Fama, "vestida de blanco, con una corona en la cabeza,
alas pintadas de varios colores y una trompeta". Todos
los presentes, Bernardo y su escudero, Marfisa y Roldán,
escuchan el discurso con atención.
"Pues temor de la infamia no ha podido
tus deseos volver a mejor parte,
vuélvalos el amor de ser tenido
en todo el orbe por segundo Marte" (1739-1742).
Comienza con halagos a Roldán , y le informa de
que en su libro de oro tiene escrito su nombre, al lado
de mil esforzados caballeros como "aquel gran caballero
Macabeo", amigo del pueblo de Dios, o el de aquel
otro
"...batallador que fue enemigo
de la pereza infame, del que, en suma,
puso en igual balanza lanza y pluma" (1752-1754),
en alusión a Garcilaso pudiera ser, si no en alusión
a Cervantes mismo, nuevo guiño cervantino.
La Buena Fama, pues, anima a Roldán a seguir a
Marte --que "a un nombre sin igual te llama"--
y dejar a Amor --que le lleva a un nombre "abatido"--,
le anima a dejar de seguir "al niño ciego,
la blandura y el regalo y dulce fuego", antes de augurarle
la muerte si no huye de Angélica.
27.
Roldán --"Bien sé que de Malgesí son
todas estas visiones"-- admite que no se cura:
"digo que no hay mar que baste
templar el fuego en que ardo" (1785-1786)
y continuará vagando por el bosque en persecución
de Angélica, mientras Marfisa, incrédula
ante lo que ha presenciado, Bernardo y su escudero se disponen
a continuar su camino hacia París. La Jornada Segunda
termina con Marfisa apiadada del caballero francés: "¡Pensativo
iba Roldán!"
28.
JORNADA TERCERA.
La escena, en el mismo bosque de las Ardenas, se vuelve
pastoril. Se inicia con un soneto, en boca de Lauso, que
comienza:
"En el silencio de la noche, cuando
ocupa el dulce sueño a los mortales..." (1803-1804),
de tono contenido y gesticulante aire romántico
al mismo tiempo, lamento a un "cielo sordo" y
una "Clori sin oídos" para el llanto y
los gemidos del pobre pastor enamorado.
Corinto, ya con "el corazón negro" por
los desdenes de Clori, dice al amigo Lauso que deje las
lamentaciones --"¿Para qué tantas endechas?"--
y que vaya con él a recibir a Clori y a Angélica,
que se acercan cantando. Pues,
"que tanto llorar es vicio
si bien lo consideramos" (1831-1832).
Con las dos chicas viene el pastor Rústico, a quien
Lauso envidia por ello --"¡Ah pastor afortunado!"--,
y Corinto convence a su amigo para que se quede y cante: "canta
por amor a mí".
29.
A la canción que viene cantando Clori, pues, responde
Lauso, respetando el estribillo:
"¡Bien haya quien hizo
cadenitas, cadenas,
bien haya quien hizo
cadenas de amor",
aunque con mensajes diferentes, pues en el de Clori se
incluye "el dinero" en el "amor verdadero" --y
ahí el "cadenitas, cadenas", que pudieran
ser de oro, podría sonar harto irónico--,
mientras Lauso arguye que quien mantiene constante su amor
a pesar de "vaivenes, iras y desdenes",
"Este se adelante
al rico mayor". (1857-1858).
Tras la música, una nueva escena jocosa. Rústico
se lamenta de no saber cantar, y Corinto inicia con él
una nueva broma que le deje en mal lugar ante las dos muchachas.
Primero le convence de que el no poder cantar --"ni
contralto ni tenor", se lamenta Rústico-- puede
ser a causa de que tenga "agallas". Rústico
se presta a que le mire dentro de la boca para comprobarlo,
lo que hace Corinto entre bromas e imprecaciones --"...mal
hayas tú y el padre que te enjendró"--,
y Corinto le dice que tiene agallas. Rústico le
pide que se las saque, si con ello puede cantar. Clori
se da cuenta de la burla, pero dice que le contenta:
"que, puesto que bien le quiero,
que le burlen me da gusto" (1877-1878).
Toda la escena será una ingeniosa burla; Corinto
le dice que elija entre "triple, contralto o tenor",
y Rústico elige "contrabajo", a lo que
comenta Corinto que "Ese no te ha de faltar / mientras
tratares conmigo". Rústico le presta su "ligapierna" para
que pueda sacarle las agallas, e incluso le da algunas
indicaciones como "hacia esta parte las siento",
y le promete pagarle bien, con "un novillo".
La broma llega a hacer daño a Rústico --"¡Que
me ahogas, enemigo!" o "¡Ladrón, ¿quiéresme
ahogar?"--, hasta que la misma Clori ruega que acabe
la burla: "¡Acabe, la burla baste!".
Corinto canta una copla con el estribillo
"Corrido va el abad
por el cañaveral" (1923-1924),
con el mensaje claro de que
"Confiado en que es muy rico,
no ha caído en que es borrico" (1932-1933)
en clara alusión a la rusticidad de Rústico.
Cuando Lauso está comentando que la broma fue "como
al sujeto conviene", la llegada de Reinaldos provoca
una nueva huida de Angélica, y con ella todo el
grupo salvo Corinto.
30.
La reacción de Angélica al ver a Reinaldos
a lo lejos, antes de huir, es de pánico:
"¡Otra vez mi muerte viene!
¡
Abrid, tierra, vuestros senos
y encerradme en ellos luego!" (1939-1941).
Tras ella salen todos los pastores menos Corinto, que
quiere saber quién es aquel "paladín
francés". Reinaldos recita un soneto bien construido
que comienza:
"O le falta al Amor conocimiento
o le sobra crueldad..." (1953ss.).
Corinto comprende que "de amor viene herido",
y se convierte en interlocutor de sus lamentos --"¿Has
visto, pastor, acaso..."-- de enamorado. El poema
que sigue es la pregunta al pastor si ha visto pasar "por
entre aquesta espesura / un milagro de hermosura",
que es Angélica. En dicho poema aparecen todos los
tópicos retóricos de la poesía amorosa
al uso: ojos como estrellas, cabellos de oro, frente de
perlas, labios de coral, garganta marmórea, pecho
de yelo y manos de marfil, en fin,
"un compuesto que es el blanco
do Amor despunta sus flechas" (1993-1994).
La belleza femenina expresada a la manera clásica
de la literatura caballeresca y pastoril, con la alusión
final a ese dios del Amor, Cupido, que antes había
presentado en escena vestido de cortesano, con cambio de
imagen y métodos de trabajo, pudiera decirse, es
una ironía que anuncia el discurso chusco y de contrapunto
gracioso / grosero que sigue, en boca de Corinto:
"¿Tiene, por dicha, señor,
ombligo aquesa quimera...
....
Porque, a decirte verdad,
no he visto en estas montañas
cosas tan ricas y extrañas
y de tanta calidad...
....
Que una espaciosa ribera,
dos estrellas y un tesoro
de cabellos, que son oro,
¿
dónde esconderse pudiera?
La burla se colma cuando le dice que ha hallado algo,
y ante el interés de Reinaldo le dice que ese algo
es
"Tres pies de puerco
y unas manos de carnero" (2018-2019).
Reinaldos se enfurece con el pastor ante la chusquez,
y Corinto tiene que salir corriendo de la escena, plenamente
grotesca toda en su sentido.
31.
Al quedarse Reinaldo solo, un nuevo espectáculo
de espectros y figuraciones producidas por la magia de
Malgesi se va a desarrollar; el hecho de no saber hasta
el final que son figuras mágicas puede también
confundir a los espectadores al principio, y hacerles pasar
--puro suspense cinematográfico-- por el trance
por el que pasa Reinaldos; sin saber que la muerte de Angélica
representada es figurada, está a punto de suicidarse
al no poder ir en su auxilio por no haber podido despegar
los pies del suelo, como en una pesadilla. Antes que aparezcan
los personajes en la escena, es la voz de Angélica
la que oye Reinaldos:
"¡Socorredme, Reinaldos, que me matan!
¡
Mira que soy la sin ventura Angélica!" (2023-2024).
Reinaldos se enreda en un parlamento en endecasílabos,
lleno de efectos retóricos y literarios --"La
triste barca del barquero horrendo pasaré por hallarte...",
o "¿Qué camino he de hacer, amada mía?"--,
ante la desesperación de Angélica que no
cesa de gritar: "¡Moriré si te tardas;
date prisa!".
Tras estas voces y recitativos, irrumpen en escena "dos
sátiros que traen a Angélica como arrastrando,
con un cordel a la garganta". Es el momento en el
que Reinaldos descubre que no puede despegar los pies de
la tierra y tiene que asistir sin poder actuar a la muerte
de Angélica a manos de los dos "sátiros
lascivos", entre lamentos y maldiciones del paladín
francés y las descripciones de lo que se está desarrollando
en la escena. Cuando al fin puede moverse y acercarse al
cadáver de Angélica, recita un largo lamento
con final de frenesí suicida:
"¿Es posible que ante mí
te mataron, dulce amiga?
¿
Y es posible que se diga
que yo no te socorrí? (2068-2071)
...
"
Otra sepultura esquiva
abriréis, daga, en mi pecho.
...
"
Ea, cobarde francés,
morid con bríos ufanos,
que no os ataron las manos
como os ligaron los pies." (2131).
32.
Dice la acotación escénica: "Vase a
dar Reinaldos con la daga, sale Malgesí en su misma
figura y detiénele el brazo diciendo:
"No hagas tal, hermano amado;
porque, en este desconcierto,
antes que no verte muerto
quiero verte enamorado." (2131-2135).
Luego le explica cómo todo era fingido y no la
realidad:
"Para volverte a tu ser,
hice aquesta semejanza;
que el amor sin esperanza
no suele permanecer."
Ante el enfado de Reinaldos por haberle tratado así,
el mago Malgesi le promete que "pondréte en
la mano a Angélica, y no fingida", con lo que
Reinaldos se pone muy contento y los dos abandonan la escena.
33. CORTE DE CARLOMAGNO,
PUEDE SER PALACIO DE PARÍS.
La escena vuelve a ser plenamente cortesana, pudiera ser
en el palacio de Carlomagno de nuevo, en donde se había
iniciado la pieza teatral. Un toque de trompeta lejana
inaugura la recta final de la acción con la entrada
en escena de Carlomagno y el cobarde Galaón, el
anti-héroe de la historia.
Carlomagno se lamenta de la desventura que predijera el
mago Malgesí en las escenas iniciales, cuando Angélica
había rendido enamorados a los dos mejores caballeros
de la Corte, predicción a la que no había
dado crédito y que se está confirmando. Un
paje anuncia la llegada, por San Dionís, de
"dos apuestos caballeros
que parecen forasteros,
pero de esfuerzo sobrado:
uno mayor y robusto,
otro mancebo y galán" (2173-2177).
Son Bernardo del Carpio y Marfisa, que llegan sin duda
para el desafío caballeresco a los Doce pares de
Francia, y Carlomagno se lamenta de la ausencia de Roldán,
aunque Galaón le dice que hay otros en la Corte
iguales en valor al ausente.
34.
Y Marfisa, la valerosa mujer que desea batirse con un
caballero francés, recita su desafío en un
romance de raigambre castellana, cuyo centro teórico
/ retórico es la formulación de una que pudiéramos
llamar "ley de la caballería" previa y
al margen de las "leyes" pagana, cristiana o
mahometana.
"Escuchadme, Carlomagno,
que yo hablaré como alcance
mi voz hasta tus orejas,
por más que estemos distantes;
y denme también oídos
tus famosos Doce Pares,
que yo les daré mis manos
cada y cuando que gustaren.
Una mujer soy que encierra
deseos en sí tan grandes,
que compiten con el cielo,
porque en la tierra no caben.
Soy más varón en las obras
que mujer en el semblante;
ciño espada y traigo escudo,
huigo a Venus, sigo a Marte;
poco me curo de Cristo;
de Mahoma no hay hablarme;
es mi dios mi brazo solo,
y mis obras, mis Penates.
Fama quiero y honra busco,
no entre bailes ni cantares,
sin entre acerados petos,
entre lanzas y entre alfanges.
Y es fama que las que vibran
y las que ciñen tus Pares,
vuelan y cortan más que otras
regidas de brazos tales.
Por probar si esto es verdad,
vivos deseos me traen,
y a todos los desafío,
pero a singular certamen;
y para que no se afrenten
de una mujer que esto hace,
mi nombre quiero decilles:
soy Marfisa, y esto baste" (2192-2227).
Bernardo completa el desafío diciendo el lugar,
en el padrón de Merlín, y el tiempo de espera,
tres días. En el caso en el que se presentaran muchos
caballeros, Bernardo se ofrece --"Soy caballero español
/ de prendas y de linaje"-- como ayudante de Marfisa
para aquel trance.
Marfisa recomienda a Carlomagno que haga volver a Roldán,
anulado como caballero por sus "amorosos disparates",
y se va de inmediato hacia el lugar de la cita, ya que
está algo lejos de allí, despidiéndose
con un displicente: "El Dios que adoráis os
guarde".
35.
Carlomagno se lamenta del abandono de París por
sus principales caballeros, a causa de Angélica,
a la que maldice:
"¡Oh, mal hubiese Angélica,
que tantos males me haces!
Colgados de tu hermosura,
todos mis valientes traes;
solo han dejado a París,
solo, por ir a buscarte" (2258-2263).
Galaón pide licencia para acudir él al desafío
y para ir a armarse de inmediato, licencia que Carlomagno
le dice que no necesita pedir puesto que es uno de los
Doce Pares de Francia.
36. BOSQUE O SELVA, PADRÓN DE MERLÍN.
La escena vuelve al bosque, de nuevo, y se van a suceder
diversos episodios autónomos que llegarán
en suspenso peculiar al final de la obra. Episodios en
ocasiones muy breves, como el que sigue, entre Roldán
y Ferraguto, "riñendo con las espadas desnudas",
a causa de la muerte del hermano de Angélica, Argalia.
Dice Roldán:
"Tú le mataste, y fue alevosamente,
moro español, sin fe y sin Dios nacido" (1272-1273).
Ferraguto se defiende también airado, y le dice
que no fue maldad su acto, pues
"...muy bien puede del vencido
hacer el vencedor lo que quisiere".
El deseo de pelear de los dos, sin embargo, no se puede
realizar por encantamientos que incapacitan a Ferraguto
para luchar:
"Por Mahoma te juro, y Trivigante,
que no sé quién me impele y me desvía
de tu presencia, ¡oh paladín gallardo!" (2284-2286).
En ese momento, ante el ataque de Roldán, Ferraguto
desaparece por la tramoya --ese padrón de Merlín,
en las proximidades del cual parece desarrollarse toda
la acción en el bosque-- y en su lugar aparece Angélica.
Roldán se echa a los pies de la bella, pero la tramoya
gira y vuelve a jugar una mala pasada al caballero al sustituir
la figura de Angélica por uno de los Sátiros,
a los pies del cual termina abrazado Roldán.
Roldán se lamenta de aquellos "milagros" y
engaños:
"De ámbar pensé, mas no es sino de
azufre
el olor que despiden estas plantas.
¿
Adonde tanto engaño, amor, se sufre,
o quién puede formar visiones tantas?"
37.
Cuando Roldán quiere atacar a la tramoya misma
con su espada, aparece en ella Malgesí en su "forma" y
da a entender a Roldán que todos los prodigios que
ha hecho son para "espantarle" y "enmendarle",
cosa que Roldán duda que pueda ser; pues aunque
su "ciencia" para estos encantamientos es manifiesta,
su "estilo" no puede convencer pues "ni
le cree ni le admite el hombre cuerdo" (2307).
Malgesí, que le llama "primo", como Roldán
a él, le promete que le dará nuevas "de
su bien, por su mal", es decir, que le llevará hasta
Angélica. Para hacer el encantamiento, le pide:
"Arrima las espaldas a la caña,
los ojos cierra, y de Jesús olvida",
"grave cosa", en opinión de Roldán,
aunque acepta la aventura y con un "Jesús me
valga, aunque jamás con esta empresa salga",
desaparece con el mago por la tramoya.
38.
La escena vuelve a ser ocupada por Bernardo y Marfisa,
pues es el lugar de la cita para el desafío hecho
a los caballeros franceses, junto al "padrón
de Merlín", por lo tanto. La trompeta anuncia
la llegada de algún caballero para la "refriega",
que resulta ser Galaón, armadao "con peto y
espaldar".
Su salutación,
"Sálveos Dios, copia dichosa,
tan bella como valiente" (2330-2331)
no gusta a Marfisa, que la considera "salutación
enfadosa", pues sólo desea que la "salve" su
brazo y su fuerza.
Tras las presentaciones pertinentes, con alguna alusión
de Galaón al género femenino --como ahora
se dice-- que hacen suponer que el cobarde Galaón
se ha ofrecido a acudir al desafío por esa razón,
Bernardo y Marfisa comentan la mala fama de aquel Par de
Francia. Dice Marfisa que "la fama por todo el mundo
derrama" que Galaón es "un saco de traiciones",
"malsín sobre los malsines,
mentiroso y desleal,
y, sobre todo, cobarde" (2370).
Galaón, para confirmar su mala fama, comienza ofreciendo
un trato de cobarde:
"...si queréis iros
sin comenzar esta empresa,
yo os juro y hago promesa
de eternamente serviros
y de no desenvainar
en contra vuestra mi espada" (2379).
Cobardía manifiesta al traicionar a los suyos para
no enfrentarse en combate con el contrario, lo que parece
poco caballeresco. Marfisa finge aceptar el pacto y, al
darle la mano para aceptarlo como amigo, se la aprieta
de tal manera que el dolorido y cobarde Galaón grita:
"¡Cuerpo de quien me parió,
que los huesos me quebrantas!"
Marfisa sigue apretando, entre bromas sobre el hecho de
que sea una mujer, además, y airadas protestas del "desdichado
francés" que termina por desmayarse de dolor,
pues, como dice Marfisa, "la mano le hice pedazos".
Una vez más, en esta pieza, se confirma uno de
sus perfiles claves: la imposibilidad de la acción
caballeresca en la pieza, por circunstancias normales o
encantamientos, de alguna manera, la imposibilidad de la
acción que protagonizaba la saga épica clásica
y que aquí queda reducida al deseo imposible de
esa acción heroica.
39.
Cuando Marfisa está intentando despojar de la armadura
al caballero francés desvanecido, para colgarla
de un árbol como trofeo, con "un mote que su
fama / descubra, como deseo" --o sea, con una publicación
de su cobardía--, el mago Malgesí desde dentro
les ofrece a Bernardo y a ella "los instrumentos" que
le faltaban para organizar el trofeo; ante el asombro de
ambos, unos sátiros se llevan el cuerpo de Galaón; éste,
a su vez, vuelto en sí, se queja a Malgesí --"Dí, ¿no
hallaste para mi / otro coche y otras andas?" (2424-2425)--
de lo poco honorable y habitual de aquella manera de quitarle
de enmedio, y confirmaba así su humillada dignidad
de caballero, todo desde una bufonesca puesta en escena.
Bernardo y Marfisa terminan de organizar su trofeo, cuyo
mote Bernardo lee a Marfisa:
"Estar tan limpio y terso aqueste acero,
con la entereza que por todo alcanza,
nos dice que es, y es dicho verdadero,
del señor de la casa de Maganza" (2430-2433).
Guenes, de la tradición francesa, Gano di Maganza
o Ganellone era traidor, frente a Roland, de los franceses,
y he aquí como Italo Calvino resume su función:
tras la paz con el rey Marsilio de Zaragoza, con la condición
de que los franceses abandonen España, el traidor
de la casa de Maganza "se pone de acuerdo con Marsilio
para que el ejército sarraceno viole la paz y Marsilio
se descargue en Roncesvalles sobre la retaguardia franca
conducida por Roland" (p.10). A ese representa Galaón
en el mundo caballeresco, al anti-héroe, al traidor.
Llegada la noche, Bernardo y Marfisa se echan a dormir
en aquel lugar del bosque, junto al padrón de Merlín,
con intención de quedarse allí los tres días
de plazo del desafío.
40.
Dormida la pareja caballeresca, cada uno por su lado,
comienza una nueva aparición, esta vez de la mismísima "Castilla,
con un león en una mano y en la otra un castillo".
En la primera parte de su discurso --que pudiera tildarse
de patriótico, pues le habla de su "amada patria"--,
se dirige a Bernardo: "¿Duermes, Bernardo amigo...?" Le
pide que vuelva a Castilla porque hay peligro
"de que un extraño dueño
tu amada patria sin razón herede" (2458-2459).
Su tío, el rey de Castilla, temeroso de que a su
muerte los moros conquisten Castilla --y sin tener en cuenta
el ánimo y la valentía que heredaron de Pelayo
ni la fortaleza del propio Bernardo del Carpio--,
"Quiere entregarme a Francia".
Castilla viene a ofrecerle a Bernardo del Carpio el traslado "al
patrio suelo", junto con su escudero --"por oculto
camino / del centro de la tierra", de manera mágica,
como lo hará--, para infundir "un nuevo corazón
en los pechos desmayados" y para curar la "dolencia" del
rey castellano que hace que tenga "vanos cuidados".
La razón es que Castilla considera que su entrega
a Francia es
"tan en deshonra mía,
que si tu no me acorres
y luego me socorres,
huiré la luz del sol, huiré del día,
y en noche eterna obscura
lloraré sin cesar mi desventura" (1487-2492).
El tono patético de la primera parte del discurso
de Castilla, en la segunda parte en el que se dirige a
Marfisa, cambia --"Y tú, sin par, que aspiras
a divina..."-- y aparece otro tono más chulesco
--o arrabalero, casi cheli en detalles-- que en una lectura
anterior me pareció un discurso dedicado a Francia,
más que a Marfisa, o tono de mujer celosa incluso,
como si Marfisa para Bernardo significara lo mismo que
Angélica para Roldán, una distracción
del cumplimiento de sus deberes caballerescos. Merece la
pena reproducirlo:
"Y tú, sin par, que aspiras a divina,
procura otras empresas
que es poco lo que en éstas interesas.
Nadie en esta querella
batallará contigo,
que tras sí se los lleva la hermosura
de Angélica la bella,
común fiero enemigo
de los que en esto ponen su ventura.
Y está cierta y segura
que dentro en pocos años
verás estrañas cosas,
amargas y gustosas,
engaños falsos, falsos desengaños.
Y, en tanto, en paz te queda,
y así cual lo deseo te suceda" (2503-2518).
Después de esto, "éntrase Castilla
con Bernardo por lo hueco del teatro".
41.
Marfisa sola, cuando despierta debe de estar el escenario
lleno de sombras y de efectos especiales, pues Marfisa
alucina mucho en el duermevela y así lo muestra
con un recitativo muy elocuente:
"Selvas de encantos llenas,
¿
qué es aquesto que veo?
¿
Qué figuras son éstas que se ofrecen?
¿
Son malas o son buenas?
Entre creo y no creo
me tienen estas sombras que parecen:
admiraciones crecen
en mi, no ningún miedo.
Lleváronme a Bernardo,
y aquí sin causa aguardo.
Ir quiero a do mostrar mi esfuerzo quiero.
Vuelto me he en un instante;
derecha voy al campo de Agramante" (2519.2541).
En unos versos de Marfisa:
"Lleváronme a Bernardo,
y aquí sin causa aguardo",
pudiera esconderse una historia de amor caballeresco,
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