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fecha publicación: 19/07/2004
   
 

"El epílogo galeato de Luis Astrana Marín."

   
   
Dr. D. Emilio Sola
Universidad de Alcalá -España
     

ESTE ÚLTIMO VOLUMEN DE LA Vida ejemplar y heroica
de Miguel de Cervantes Saavedra SE ACABÓ DE
IMPRIMIR, POR EL INSTITUTO EDITORIAL REUS, EL AÑO
DE NUESTRA SALVACIÓN MCMLVIII, A 7 DE
MARZO, DIA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO,

LAUS DEO.

En 1958 apareció el volumen 7º de la Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, de Luis Astrana Marín, cuyo primer tomo había aparecido en 1948, diez años antes por lo tanto. El anuncio que había hecho en el subtítulo mismo del primer tomo en 1948 --con mil documentos hasta ahora inéditos y numerosas ilustraciones y grabados de época-- lo había cumplido plenamente, y aún sobrepasado, como se encarga el propio autor de proclamarlo diez años después, al final del trabajo: eran 1.410 los nuevos documentos aportados para el cervantismo. Suponía la culminación de uno de los esfuerzos mayores de la erudición hispana --movilizada desde hacía dos siglos ya, mediado el siglo XVIII-- para esclarecer la figura histórica del ya considerado autor mayor de la lengua castellana, Cervantes.

Pero al tiempo que esfuerzo erudito muy valioso aún hoy para los cervantistas, Luis Astrana Marín logró un libro apasionado de rara intensidad, desbordante en todos los sentidos, reiterativo y casi inagotable en ocasiones, desmesurado en fin. Y quiso terminarlo con uno de los textos más virulentos que uno puede recordar del hispanismo literario, en donde se transluce ira o rabia contenida, resentimiento o desdén, todo expresado con una maledicencia extrema que llega hasta el insulto más políticamente incorrecto hoy y hasta malhablado. Justifica el tono evocando las dificultades que había tenido para llevar a buen fin su magna investigación, provocadas muchas de ellas por el propio mundo académico y de la investigación hispanos del momento, mediado el siglo XX, en plena época franquista en España. Un texto que puede parecer casticista hasta lo maníaco en ocasiones, moralmente inquisitorial, fanático en su tono, casi de humor negro en ocasiones, y por ello medido en su desmesura, sugerente en su verosimilitud, espléndido en su expresividad, poemático desde el punto de vista literario. Es el EPILOGO GALEATO.

Lo reproducimos en la forma versicular acostumbrada, con su puntuación, en ocasiones algo antañona, y sólo sustituimos los paréntesis por guiones. Lo inicia con una cita del final del Quijote, en boca del autor Cide Hamete cuando cuelga su pluma como remate final de la historia terminada de narrar --la vida de don Quijote--, comparando esa pluma con la que él ha usado para terminar la Vida de Cervantes tras veinte años de investigación solitaria y escritura:
"¡ Tatet, tate, folloncicos!
De ninguno sea tocada..."


¿Y ahora qué?
¿ Se publicó nuestra obra?

Yo podría también dejar colgada mi pluma
de una espetera y de un hilo de alambre,
y --recordando el "¡Tate, tate, folloncicos!"--
parodiar el "Para mi sola nació Don Quijote, y yo para él",

diciendo: Para mi sola nació esta Vida, y yo para ella,
a despecho, tortura terrible y pesar
de los envidiosos, malandrines y follones de poco recaudo,
que pretendieron impedir que saliera a luz.

Y pues la hemos escrito sin equipo ni ayuda de nadie,
mal día para el fantasmón o fantasmones
que no pueden escribir sino "de consuno" y con auxilio de todos,
y firman lo que otros conciben;

mal día para el literato fallido
que necesita acogerse al hospital de la enseñanza;

mal día para el camueso de la crítica "en función de",
y para el camueso de la pintura, que no sabe pintar;

malo para el periodista lacayo y galeote,
y para todo aquel que actúa al dictado;

para el hijo del Sastre del Campillo, el Nalgas,
que pone el hilo, y dice que es profesor,
y es un hediondo homosexual;

para el académico chirle,
y para el que habla por boca de ganso
y se corcuse en los calcetines "De la Real...";

para el renacuajo de fragua,
" que él se lo fuella y él se lo macha";

para el estropajoso y plagiario historiador chueta
ad usum delphinis;

para el monipodista de las "versiones libres";

para los que no saben componer una obra trabada y orgánica,
ni salen de retazos, y se andan con prologuillos sueltos,
cominerías gramaticales, pestilencias filológicas,
bibliografías vacuas
y tiraditas aparte en revistejas que nadie lee;

mal día et amara valde
para el espantapájaros romancerista y coplero remendón,
y para quienes se morirían de hambre
si tuvieran que vivir de sus libros,
y no lapados (asidos como lapas) a la teta comunal;

para aquellos que, por no poder decir nada nuevo,
han de emplear siempre materiales de derribo;

para los pedantones de la dolencia
y de la vagamundancia y vagainmundicia,
y para la abundosa secta de los bardajes;

para el poetilla cursi y llorón,
con sus desmayos y hojas mustias;

y para el otro imbécil del trasnochado gongorismo;

malísimo día, en fin, para aquel que, incapaz
de escribir nada, borrona novelas;

para el prosista hiposo y asmático,
para el barbián tremebundo y escatológico,
para el palomino mahomético y para el ensayista,
del que no vendrá nunca la hora de la función;

para el que fusila lexicones de otros;
para el catedrático sin más letras
que las gordas de su diploma de piel de burro;
para el nuevo fariseo,
y para "el que al ajeno arbitrio está atenido".

Todas estas sabandijas y algunas otras,
previendo el alud que se les venía encima
--pues no ignoraban mis veinte años de investigaciones,
mientras ellos, eternos proyectistas impotentes,
pasaron el tiempo murmurando y tomando el sol--,

predicaban desde sus cubículos
ser imposible escribir a estas alturas
una biografía de CERVANTES con mil documentos inéditos (1).

Exageración de la propaganda, bluff,
engaño que debía advertirse.
Porque el libro no se publicaría, o en todo caso,
tan sólo saldría un volumen por el qué dirán.

Pendejillos de un lamentable cientopiés
hacían correr estas voces por Madrid,
por Cabra, por Córdoba, por Sevilla,
por aquellas partes adonde viajaban
con ánimo de recoger sin escrúpulo
las copias de la documentación descubierta por mí.

Al no conseguirlo, propusieron al editor, Rafael M. Reus,
la adquisición de mis documentos, desglosados de la obra.

La cuestión era inutilizarla,
y publicarlos sueltos como investigación a ellos debida.

Ante su fracaso, por la entereza y repugnancia de Rafael M. Reus
--este español honrado y benemérito,
que exponía su fortuna, como la expuso,
ansioso siempre de exaltar la cultura de nuestra patria--,
intentaron sustraerlos de la imprenta
en que se componía ya el primer volumen.

Todo se ensayó para que no viera la luz,
porque no procedía de ellos, ni se les había ofrecido firmarlo.

Y en verdad, no procedía de las espeluncas que antes manejaran
e instituciones ya desaparecidas.
Ahora camaleones disfrazados omnímodos, usurpaban otras,
que al fin hubieron de barrerse o debilitarse.

Cuando se publicó el primer tomo, redoblaron su campaña.
No había que esperar más.
Cuando salió el segundo, y luego el tercero,
se acercaron recelosos a los escaparates de las librerías
y movían las orejas,
alargándolas y sacudiéndolas, de un modo significativo.

En resumen, como algunas de estas cosas
no pertenecen al dominio público, y otras
son más para decirlas al oído que para estamparlas,
quédese esto así,
y sirva de escarmiento a quienes perdieron la voz
de tanto ladrar
y han quedado afónicos para siempre.
Que bien que yo no hubiera tenido que decir nada contra ellos,
siempre habría podido decir que no era como ellos.

Y poco más.

Según en el "Proemio" se indica, principié esta obra
--que concluyo con la pena de aquel que deja
la grata compañía de un buen amigo--
teniendo que hacer tabla rasa de infinitos puntos
referentes a CERVANTES.

Su vida, entonces chica y breve,
estaba llena de conjeturas patrañosas,
que todavía durarán algún tiempo, mientras no desaparezcan
las reseñas manuales de carácter primario,
las biografías noveladas y demás esperpentos de surtido,
reproducción de librillos de antigüedad cochambre,
obra de literatuelos o aficionados,
colecta de diccionarios y enciclopedias, siempre irresponsables,
donde se abrevan, más que se inspiran,
cuantos no se preocupan de consultar libros modernos.

Hay aversión a todo aquello que rectifica
o abre nuevas vías de conocimiento
merced a las conquistas de la investigación docta.

Tendencia a retroceder.
Equivale a estudiar Física o Química
en textos, ya arrumbados, del siglo XIX.

Es bueno un vino viejo y un amigo viejo;
pero no siempre es bueno un libro viejo,
en el sentido a que se alude.

Todavía suelen hablar libros y periódicos
--nuevos, pero tomado de los viejos--
de la Cueva de Medrano,
arreglada hace poco por un inconsciente;
de Argamasilla de Alba,
confundiéndola con Argamasilla de Calatrava;
de la segunda prisión de CERVANTES en Sevilla;
de la pretensa Dulcinea del Toboso, Ana Zarco;
de la "dama portuguesa", Ana Franca,
y de otras mil patrañas, fruto de incultura
o de espíritu local ignaro, y por ello difíciles de desarraigar.

Al emprender nuestra obra,
aún la genealogía de CERVANTES aparecía falsa y embrollada;
sobre su venida al mundo,
ni siquiera los vecinos de Alcalá de Henares
conocían su casa natal --después de conocerla,
unos infelices la destruyeron,
como si les avergonzara haberla conservado
hasta que yo la descubrí--;
incluso la fecha de su muerte corría errónea.
Y no digamos la datación de sus composiciones, sus influjos,
el ambiente, las costumbres; la época, en una palabra,
con sus grandezas y sus miserias;
el accidente minúsculo diario... ¿A qué continuar?


Hemos visto la VIDA EJEMPLAR Y HEROICA
de un hombre cuya vida fue heroica y ejemplar;
de un hombre que, sin ser un santo,
con las manchas comunes a todos, que constituyen
la herencia de la carne, se esforzó
en seguir la senda de la virtud.

Su espíritu abierto y sincero rebelábase contra la hipocresía.
Derramó su sangre por la Patria,
arriesgó muchas veces su vida por dar a otros la libertad
y puso su ingenio y su pluma al servicio de los humildes.

Defendió las empresas nobles e ideales.
Fue recto, generoso, de naturaleza franca y libre,
amigable, servicial y agradecido.

No se le insinuó la codicia.
Y si tuvo ambición, fue principalmente de gloria,
pues se contentaba con lo poco que tenía.

Amó mucho, amó a las mujeres;
amó el bien y a los hombres de bien,
de quienes --de ellas y ellos-- a su vez fue amado.

No sintió la envidia.
No abrigó nunca su corazón el odio.
Con la sonrisa en los labios, con la gracia, el donaire
y la alegría que Dios le prodigara a manos llenas,
perdonó y disculpó a sus semejantes.

Fue un hombre cabal, o todo un hombre,
y un hombre en todo, valeroso y prudente,
buen padre, buen esposo, buen amigo, buen compañero.

Desconoció la adulación y la flaqueza de ánimo.
Profesó verdad y abominó de la esclavitud,
de la iniquidad, de la opresión, de la injusticia y de la mentira.
Tuvo la sencillez por norma y pudo vanagloriarse
de honesto, de limpio y de honrado.
La serenidad y naturalidad nacieron para vincularse en él.

Todo lo vio con optimismo y sin hiel,
porque, a través de su fina ironía, en su bondad innata,
todo lo vio con ojos de amor.

Apetecía la soledad, el silencio, y, aún frugal,
la mesa bien abastada;
las delicias del campo, las flores, la poesía y la música.

No dejó de ser afectado algunas veces
por la tristeza y la melancolía;
porque ninguna emoción ni espectáculo le fue ajeno.

Curioso, observador, estudioso, muy religioso desde joven
y lleno de fervor por la Virgen Nuestra Señora,
nunca desatendió sus deberes.

Fue también sabio,
con absoluta conciencia de que lo era,
de enorme cultura, y, más que nada,
artista.

Llevó una existencia a menudo acosada de azares.
Vivió sin fortuna, aliado a la "dádiva santa mal agradecida",
y careció de suerte, con todo y ser tan discreto.

No debe calificársele de fracasado genial,
porque triunfó plenamente en lo que importaba,
no en lo que relucía.

Sufrió, padeció y tuvo al dolor por maestro.
Y esa fue su gloria.

De él puede decirse lo que San Pablo de Jesucristo
--y he citado otra vez sus palabras--:
aprendió de lo que padeció.

Mas todo hubo de acogerlo resignado y paciente,
como si una voz imperceptible le dijera que todo
se encaminaba a su bien,
que todo era tránsito para su inmortal seguro.

Que su vida, pues, como ejemplar, nos sirva de ejemplo;
y como heroica, nos incline al heroísmo.
Que su obra, milagro del idioma divino de Castilla,
instruya, mejore y deleite sin cesar
a las generaciones de los veinte países que alientan con su voz.
Y, en fin, que nazcan mundos que ocupen su fama.

Tal es el deseo de este español y castellano,
que escribió con gozo --y en ilustrarla invirtió cuatro lustros--
la VIDA del Castellano y Español por excelencia
e ingenio más grande, original y profundo de todos los tiempos.

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No hacen falta comentarios para este texto --ya histórico él mismo-- del cervantismo hispano clásico, en honor a este IV Centenario que va a comenzar en breve, y que tal vez convenga recordar en su plena expresividad, tan políticamente incorrecta hoy; eran tiempos difíciles y de extremada expresión en todos los sentidos --en lo político, en lo sexual, en lo religioso, en lo científico--, siempre interesantes por lo modélicos al fin, para un siempre cambiante "hombre contemporáneo".

(Versión y juego de E.Sola,
dedicado al eficaz equipo de Hazhistoria).

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[1] Así consta en la portada, pues cuando la obra comenzó a redactarse, mi investigación sólo se componía de MIL documentos inéditos; pero la suerte siguió favoreciéndome con tantos hallazgos, que rebasan en casi otra mitad aquella cifra. Salvo error de cuenta --antes más que menos--, en el volumen I insértanse 84 documentos desconocidos; en el II, 106; en el III, 204; en el IV, 121; en el V, 273; en el VI, 172, y en el presente o VII, 450, los cuales suman un total de MIL CUATROCIENTOS DIEZ (1.410) DOCUMENTOS HASTA AHORA INÉDITOS; esfuerzo de investigación literaria que, acháquese o no a orgullo o vanagloria el confesarlo, jamás se había realizado en nación alguna para ilustrar la biografía de un clásico de la talla de CERVANTES.

 



 

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