Comentario crítico.
Si hubiese alguna manera simple de describir
en apenas una frase el contenido de esta obra, podría decirse,
aún a riesgo de simplificar demasiado, que Cervantes
y la Berbería (1)es
un vivo recorrido por la historia de la intensa interrelación que existió entre
ambos. Dividida en tres partes, la obra arranca desde el
formal marco histórico y cronológico que
nos describe la creación y evolución política
de Berbería (nombre con el que en siglo XVI se designa
al actual Magreb); desde los comienzos del siglo XVI con
los griegos Aruch y Jeredín Barbarroja -de la isla
de Mitilene, al igual que el sultán Solimán
el Magnífico-, hasta el último cuarto del
siglo con Hasán Veneciano; anticipo de los que van
a ser los gobernadores de esta Berbería en los comienzos
de la edad moderna: gentes de procedencia distinta, aventureros
con fortuna -la maktub- que medran gracias al esfuerzo
personal. El modelo de príncipe nuevo que señaló Maquiavelo.
Estos reyes de Argel, en términos de Antonio de
Sosa -aunque ya Jean Bodin en su Seis libros de la
República,
aparecida en 1576, nos habla también de los reinos
de Berbería- compañero de cautiverio de Miguel
de Cervantes, están recorridos por estos personajes
de fortuna, bastantes de ellos renegados-conversos, en
un ejemplo de la diversidad o mestizaje y de lo dinámico
y abierto de esta sociedad. Como ejemplos, el caso del
sardo Hasán Aga, del corso Ramadán, del calabrés
Euch Alí o de Hasán Veneciano, e incluso
del sultán Solimán el Magnífico, rey
de reyes, ollero o ceramista de origen genovés.
Será el antes citado Antonio de Sosa, junto con
Cervantes, el personaje más referido de la obra,
y uno de sus actores principales, puesto que a partir de
su Topographia e historia general de Argel y de su Diálogo
de los mártires de Argel, los autores de este estudio
-los profesores Sola y de la Peña- logran dar más
viveza al cuadro general de Berbería, al contar
con el testimonio de primera mano de alguien que vivió en
ese mundo de frontera.
Pero el origen de estos reyes no es sino reflejo del origen
de las gentes de este reino: un origen "popular" o "humilde",
mayoritario entre los nuevos llegados a Berbería,
y que constituirán una "burguesía" a
lo largo del siglo, enriquecidos con el corso y con el
comercio. Una sociedad abierta, bilingüista, -la lengua
franca de la que nos hablan Cervantes y Sosa- de mestizaje
cultural... de frontera. Una sociedad de gran movilidad
social o de posibilidad de ascenso social rápido
para alguien sin particulares virtudes, o al menos especialmente
sofisticadas, caracterizada a la vez por una permisividad
en lo sexual que escapaba a la comprensión y a los
modos de una sociedad como la cristiana-inquisitorial de
la España de la época. No es de extrañar
por tanto la fuerte impresión que produce este medio "cosmopolita" en
un cristiano, además eclesiástico, como Antonio
de Sosa, que no duda en considerar a esta sociedad sin "honra".
Pues bien, como señalábamos antes, al comienzo
de este comentario, éste es el punto de partida
de Cervantes y la Berbería, el marco histórico
y evolutivo del gobierno de Berbería, necesario
claro está, pero muy distinto de la intensidad que
alcanza la segunda parte, titulada Berbería en tiempos
de Cervantes. Lo narrado en este punto, y digo narración
más que análisis, porque por lo intenso e
interesante, o curioso cuando menos de lo tratado, uno
se siente rápidamente transportado por ese "intramundo" de
la política que se desarrolla en este apartado:
el de los servicios secretos y las complicadas negociaciones "bajo
la mesa" que se establecen entre dos mundos enfrentados
como son el español/cristiano y el turco/musulmán.
Un "intramundo" apenas visto, por otra parte,
en los libros o manuales al uso de historia.
El gran personaje vertebrador de este capítulo será Euch
Alí o Euchali -Alí Bajá en realidad,
pues el Euch o Aluch, que significa converso o renegado,
es el sobrenombre popular con el que se le conocería-
a quien podría considerarse el Jeredín Barbarroja
de los tiempos de Felipe II. Es ejemplo de ese príncipe
nuevo que decíamos al comienzo, o también
el paradigma mitificable de la cultura popular, al decir
de los autores del libro. Efectivamente, es un nuevo modelo
de personaje hecho a sí mismo, lo que ahora es dado
en llamarse según la expresión inglesa, a
self made man. Por este carácter arquetípico,
nos detendremos un momento en su figura. Calabrés
de origen, de nombre cristiano Dionisio Galea, fue capturado
en 1536 ó 1537, a la edad de 18 años. Hacia
el 1551 ó 1552, reniega de la religión cristiana
y se convierte en hombre de confianza de Dragut, comenzando
a partir de 1560 su imparable ascenso político que,
a partir de 1565, muerto Dragut, se acelerará, ascendiendo
al gobierno de Trípoli y ya en 1568, al de Argel.
Como hombre de destacada importancia, será objeto
de las atenciones de los servicios secretos españoles
quienes, a través de los hermanos Gasparo Corso,
Francisco y Andrea, establecerán negociaciones con él,
tendentes a atraerle al servicio de la Corona española.
Problemas de carácter interno en Argel, unidos a
la filtración de estas negociaciones, provocarán
su precipitada salida a Estambul, aunque aún desde
allí seguirá rigiendo los destinos de Argel,
a través de sus hombres de confianza. Participaría
en la batalla de Lepanto (1571) y sería el único
turco que saldría airoso de aquella jornada, lo
que le valdría ser nombrado gran almirante de la
armada otomana. Su influencia aún sería notable
hasta 1587, año en el que muere.
Acabamos apenas de referir a los servicios secretos españoles,
uno de los elementos que ya hemos indicado como de los
más interesantes de la obra. Los autores nos describen
un complicado mundo de intereses, agentes, y las más
insólitas situaciones (caso del fraile Cristóbal
Pérez) y negociaciones. Es efectivamente un vivísimo
relato de un mundo éste, el de los espías,
que puede sorprender y atraer la curiosidad de no pocos
lectores, desde luego cuando menos del que esto escribe.
Un complicado entramado de agentes como decía, presentes
en todos los lugares de interés para España,
cuyas figuras destacadas pudieran ser Giovanni Margliani,
negociador de las treguas que, a partir de 1578, se establecen
entre España y la corte de Estambul, o Aurelio Santa
Cruz, alias "Bautista Ferraro", hombre clave
de los negocios secretos del Rey de España en Estambul
durante veinte años (1564-1584). Pero existen muchos
más, como los anteriormente mencionados hermanos
Gasparo Corso, Juan o José Micas, Juan Barelli,
el griego Juan Cuvenzi, Jaime de Losada, Antón Avellano,
Francisco Peloso, Martín Vázquez de Acuña,
el luqués Morat Aga... etc. Un entramado que se
acercaba hasta el propio Sultán, como es el caso
de Hurem Bey (Urrem Bey u Orambey), intérprete mayor
de éste, y también al servicio de España.
Las acciones de estos agentes serán plenamente apoyadas
desde España, que no regateará dineros ni
esfuerzos pese a la crisis, intensificando aún más
su acción tras la batalla de Lepanto.
Aún el propio Cervantes realizará una sencilla
misión para estos servicios secretos, una vez puesto
fin a sus cinco años de cautiverio, cuando en 1581,
ante la tensa situación provocada por Euchali -llegada
a Argel desde Estambul con setenta galeras, en lo que parecía
una seria amenaza militar- acude a Orán a recabar
información (cartas del alcaide de Mostagán).
La parte tercera, titulada Cervantes y la Berbería,
nos describe, especialmente a través de su creación
literaria, la percepción que, del mundo berberisco,
obtiene nuestro célebre creador tras sus años
de cautiverio. A través de su obra literaria, nos
mostrará las diferentes gentes que conformaban la
Berbería, siendo en el Coloquio de los perros, donde
Cervantes aborde por primera vez la cuestión morisca,
grupo al que había conocido durante sus años
de cautiverio. En esta primera aproximación será en
donde con mayor acritud se aborde la descripción
de este grupo, señalando las características
de los mismos de manera muy negativa. De hecho, anticipándose
a la expulsión de 1609, defiende ya la posibilidad
de ésta. Cuando esta medida tenga lugar, será muy
alabada por Cervantes tanto en el Quijote como en el Persiles.
Los cinco años de cautiverio argelino de Cervantes,
le habían enseñado que el problema morisco
era uno de los telones de fondo del problema berberisco.
Sin embargo, el gran objeto de las críticas de Cervantes
será el renegado malo, aquellos que han cambiado
de "ley" y que actúan con mala fe contra
los de su sangre. Esas gentes, y no los moriscos, eran
los principales causantes de los males de las costas y
marinas españolas. El propio Cervantes, a entender
de Eisenberg, hubiera estado tentado de cambiar de ley,
para que se quedara en Berbería como turco de
profesión (musulmán nuevo). Una clara tentación, pues
podía ofrecerle a Cervantes un elemento vital para él
y que está presente en su obra: la libertad. Pero
sería una libertad del cuerpo, o libertad en esta
vida, más que una libertad del alma. Significaría
poder comer mejor, medrar económicamente, ascender
en la escala social (al modo de Euchali o el veneciano
Andreta, Hasán Veneciano a quien Cervantes conoce
y con quien se le "relaciona", como ahora veremos)
o una mayor permisividad sexual, en comparación
con lo encorsetado de la sociedad española. No sería
extraño que en alguna conversación, informal
o no, entre cautivos se abordase la cuestión. No
sería sino, en la mayoría de los casos, un
acto oportunista, con un carácter temporal. Es la
figura del renegado bueno cervantino, que recoge firmas
de cautivos que certifiquen su buena conducta y su arrepentimiento
para cuando llegue la ansiada ocasión de regresar
a su patria, volviendo a su "ley natural". Pero
Cervantes no podía quedarse en Berbería,
no era su lugar, no era su patria natural, no encontraba
el alimento espiritual e intelectual que necesitaba.
Tema éste, el de las posibles "tentaciones" que
hubiera podido sentir Cervantes, que ha dado lugar a la
polémica, especialmente en lo sexual. Como muestra,
los estudios de Rosa Rossi, que cuestiona la heterosexualidad
de Cervantes y que, de un modo humorístico, es rechazado
por el profesor Sola al decir que "mientras que
los biógrafos de Cervantes, del siglo XIX y primera
mitad del XX, se esforzaban en buscarle novias a Cervantes
(en Nápoles, Lisboa o Madrid), ahora parece que
los nuevos investigadores se empeñan en buscarle
novios, y no solamente en Argel". Cuestión ésta
la del sexo, que Cervantes utiliza como recurso literario
erótico-festivo, en la línea de lo percibido
por los medios populares. Sus dos grandes temas "serios" serían
la libertad -ya citada- y la pobreza. El sexo sería
para él algo secundario, subordinado a los temas
anteriores, y utilizado de forma distendida, con una mirada
quizás más abierta que otros autores de la época,
pues a fin de cuentas, él había podido conocer
otro mundo, con una manera de vivir la sexualidad diferente.
A modo de conclusión, insistir en esa idea de "viveza" del
relato, que consiguen los profesores Sola y de la Peña,
entre otros elementos al acercarnos un mundo complejo y
subterráneo como es el de los servicios secretos,
sin olvidar lo más importante: la aproximación
a la persona de Cervantes, más allá del Cervantes "histórico" mostrando
un retrato más cercano, más personal. También
debemos señalar como se adentra el libro en ese
mundo de "frontera" que es Berbería, zona
de roce de dos mundos, de mestizaje cultural y forjadora
de grandes personalidades que, partiendo del desarraigo,
se constituyen en sociedad fecunda y dinámica. Un
mundo como decimos, de desarraigados, de renegados-conversos,
que permanecerán en la frontera, también
una tierra de promisión para los moriscos, y un
mundo epatante para aquellos que provienen de la otra "ley",
y para los cuales ya nada podrá ser igual, no sólo
por las vivencias sufridas y la experiencia acumulada,
sino porque retornados a su patria natural, habrán
de sufrir las sospechas de sus "iguales". No
debía ser fácil la readaptación, tras
haber conocido una nueva sociedad con sus propias normas
culturales, tan distintas de los corsés sociales
y religiosos que atenazaban -¿o atenazan?- nuestro
país. En ese difícil marco hubo de manejarse
el célebre autor de -"nuestra"- Alcalá de
Henares, y es en ése mismo marco en el que esta
obra ha sabido también manejarse.
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[1] Cervantes
y la Berbería. Cervantes, mundo turco-berberisco
y servicios secretos en la época de Felipe
II. Emilio Sola y José F. de la Peña.
Fondo de Cultura Económica. Madrid, 1995.
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