El presente informe fue
enviado al embajador de España en Ankara en mayo
de 2003, como respuesta a la petición realizada
en dicha fecha al profesor Emilio Sola, con el objetivo
de justificar que Cervantes, a pesar de la rivalidad hispano-otomana
de los siglos XVI y XVII, también había manifestado
en sus obras cierta simpatía hacia la población
turca.
De este modo, se trataba de aportar documentación
que contribuyera a la finalización del litigio surgido
en Turquía, entre los partidarios de cambiar el nombre
al Instituto Cervantes, recién inaugurado allí,
y los que defendían la conservación de su denominación.
En virtud de la información solicitada por el Embajador
de España en Turquía, se expondrán a
continuación una serie de fragmentos extraídos
de obras cervantinas en las que nuestro genial escritor aborda
el tema de la convivencia y amistad entre turcos y cristianos,
en ese complejo ámbito de relaciones cristiano-turcas
que constituía la frontera mediterránea en
los siglos XVI y XVII.
Ya en el capítulo treinta y tres de la primera parte
de El Quijote, donde se narra la novela del Curioso
impertinente,
Miguel de Cervantes incluye una reflexión que está en
consonancia con el asunto que nos ocupa, pues plantea por
boca de Lotario la imposibilidad de la polémica religiosa,
fundamentándose en que el Islam y el Cristianismo
eran religiones con libros diferentes. Así hablaba
Lotario a Anselmo al respecto:
"
Paréceme ¡oh Anselmo! que tienes tú ahora
el ingenio como el que siempre tienen los moros, a los cuales
no se les puede dar a entender el error de su secta con las
acotaciones de la Santa Escritura, ni con razones que consistan
en especulación del entendimiento, ni que vayan fundadas
en artículos de fe, sino que se les han de traer ejemplos
palpables, fáciles, inteligibles, demonstrativos,
indubitables, con demostraciones matemáticas que no
se pueden negar, como cuando dicen: "Si de dos partes
iguales quitamos partes iguales, las que quedan también
son iguales"; y cuando esto no entiendan de palabra,
como en efeto, no lo entienden, háseles demostrar
con las manos, y ponérselo delante de los ojos, y,
aun con todo esto no basta nadie con ellos a persuadirles
las verdades de mi sacra religión".
Del mismo modo, en una de las Novelas
Ejemplares titulada El
amante liberal, Cervantes presenta a dos amigos,
Ricardo
y Mahamut, un cristiano y un renegado que, tras la toma
de Nicosia por los turcos en septiembre de 1570, se encontraban
encarcelados desde hacía dos años.
En esta obra, Cervantes describe con palabras
amables a Mahamut, pues dice que era "un turco,
mancebo de muy buena disposición
y gallardía" y, tanto este personaje como
el protagonista, utilizan en numerosas ocasiones a lo largo
de la obra para referirse el uno al otro el término "amigo",
que en nuestra opinión es usado como sinónimo
de "hermano". Como ejemplo, se puede señalar
el pasaje en el que Mahamut dice:
"
Ricardo, ora llegue tu dolor a tus palabras, ora ellas se
le aventajen, siempre has de hallar en mí un verdadero
amigo o para ayuda o para consejo".
A este ofrecimiento el protagonista responde:
"
Yo te agradezco, Mahamut, la amistad que me ofreces".
Esta misma idea se puede percibir en la pieza teatral
El gallardo español, pues un moro y un cristiano se despiden
así:
"
Tu Mahoma, Alí, te guarde"; "Tu Cristo vaya
contigo".
En nuestra opinión, todo ello es indicativo no sólo
de la tolerancia del escritor respecto a realidades distintas
a la suya, sino también del conocimiento que, en sus
años de cautiverio, pudo adquirir de los lazos de
amistad que estrechaban los hombres de ambos lados de la
frontera mediterránea.
En El amante liberal Cervantes deja constancia del
buen trato dado por los turcos y por la mujer del cadí, Halima,
a la bella Leonisa, de la que estaba enamorado Ricardo y
lo expresa en estos dos pasajes:
"
Ocho días estuvimos en la isla, guardándome
los turcos el mismo respecto que si fuera su hermana, y aun
más".
"
Recibióla bien la mora por verla tan aderezada y tan
hermosa".
La principal idea que se puede extraer de El
amante liberal es la tesis cervantina de que los corsarios
eran malvados,
con independencia de su ley, pues afirma que Mahamut
y Ricardo descubrieron un bajel y " temieron fuese de corsarios
cristianos, de los cuales ni los unos ni los otros podían
esperar buen suceso; porque, de serlo, se temía ser
los moros cautivos, y los cristianos, aunque quedasen con
libertad, quedarían desnudos y robados".
Hay que recordar que todas estas aventuras
tienen lugar en un marco cristiano-turco, en el que tanto
el cautiverio
como
el rescate eran muy frecuentes y, en este sentido,
la relevancia de la obra de Cervantes radica en que
el autor
supo presentar
de forma literaria las costumbres de los turcos y
los aspectos de la vida cotidiana de la frontera,
a un
público
español que, en su mayoría, los desconocería.
Así pues, introduciendo palabras como bajá,
cadí, arráez, leventes, cómitre, chauz,
zalá y jenízaros, y topónimos como Lampadosa,
Natolia, Mecina, Xío, Fabiana, Malta, Trápana,
Biserta y Pantanalea logró ambientar a la perfección
ese mundo turco-berberisco.
Por otro lado, cabe destacar que la obra
de Cervantes en la que se plasma con mayor claridad la
viabilidad
de la
relación
entre turcos y cristianos es La Gran Sultana. En dicha pieza
teatral, Cervantes presenta tres peculiares historias, las
cuales se hallan protagonizadas por Catalina de Oviedo, Lamberto
y Madrigal. La trama que resulta más interesante para
demostrar que Cervantes fue consciente de la posibilidad
de la convivencia de personas de distinta confesión
religiosa es la de Catalina.
Doña Catalina de Oviedo era una asturiana que había
sido cautivada de niña, junto a sus padres, por Morato
Arráez, quien luego la vendería en Tetuán
a un moro llamado Alí Izquierdo. Respecto al futuro
de sus progenitores, hay que decir que su padre fue enviado
a Argel, mientras que su madre falleció a
causa de la tristeza.
Los orígenes
de Catalina de Oviedo se recogen en este romance que Cervantes
introdujo en La
Gran Sultana :
" En un bajel de diez bancos,
de Málaga y en invierno,
se embarcó para ir a Orán
un tal Fulano de Oviedo,
hidalgo pero no rico:
maldición del siglo nuestro
que parece que el ser pobre
al ser hidalgo es anexo.
Su mujer y una hija suya,
niña y hermosa en extremo,
por convenirles así
con él también se partieron".
Cuatro años más tarde Morato, tras comprar
de nuevo a Catalina, la llevó a Constantinopla, ciudad
en la que el joven Sultán se enamoró de ella
y la hizo su esposa. A su vez, como Catalina, convertida
ya en Gran Sultana, quería seguir siendo cristiana,
el Gran Turco le permitió que continuara con su religión
y que vistiera al modo español, pues en la obra se
dice:" Vestidos ricos para la Sultana, que se viste
a la cristiana". También Cervantes señala
que: " Consiéntele su amor que en su ley cristiana
viva, y que se vista y se trate como cristiana a su gusto".
Si bien en esta primera trama el eje principal
es la integración
religiosa, en la historia de Lamberto, a nuestro parecer,
el problema de fondo es el de la identidad, en tanto que
el individuo masculino de la pareja formada por Lamberto
y Clara decide disfrazarse de mujer. Así pues, Clara
pasará a llamarse Zaida, mientras que Lamberto adoptará el
nombre de Zelinda.
La complicación surge cuando Zaida (Clara) se queda
embarazada y el Sultán elige, de entre las mujeres
del harén, a Zelinda (Lamberto) para tener a su heredero,
ante las presiones de la Corte otomana. Por ello, Zaida (Clara)
le cuenta toda la verdad a la Gran Sultana, la cual además
está celosa por la elección del Turco. Finalmente,
Catalina de Oviedo le comunica al Sultán que está esperando
un hijo con estas palabras:
" Si por dejar herederos
é ste y otros desafueros
haces, bien podré afirmar
que yo te los he de dar
y que han de ser los primeros,
pues tres faltas tengo ya
de la ordinaria dolencia
que a las mujeres les da".
Las últimas palabras del Turco en escena son:
" Ven, cristiana de mis ojos,
que te quiero dar de nuevo
de mi alma los despojos".
Del mismo modo, al acabar la obra Catalina de Oviedo
queda convencida de que es posible la convivencia
de dos leyes
contrapuestas en un mismo lecho, a pesar de
que antes había
afirmado:
" ¿ Dónde, señor, se habrá visto
que asistan dos en un lecho,
que el uno tenga en el pecho
a Mahoma, el otro a Cristo? ".
Por último es preciso señalar que Madrigal,
que es el protagonista de la tercera trama, se presenta como
un gracioso que dice lo que las demás personas no
se atreven a mencionar pues, además, es un extranjero.
Del mismo modo, Madrigal aparece como un autor-actor que,
al igual que Cervantes, desea relatar su experiencia en el
cautiverio y es el único personaje que vuelve de Constantinopla.
Por todo ello, pensamos que es viable lanzar la hipótesis
de la existencia de un paralelismo entre
Madrigal y Cervantes.
Como puede apreciarse en La Gran Sultana,
Miguel de Cervantes fue consciente de que
en el mundo
turco había unas
estructuras organizativas, lo cual difiere de la imagen que
tradicionalmente se ha tenido de los enemigos, a quienes
en las distintas civilizaciones, con frecuencia, se los ha
considerado bárbaros y portadores
de una cultura inferior.
Por el contrario, como venimos señalando, Cervantes
no sólo se percató de la existencia de una
jerarquía de poder en el Imperio Turco, sino que incluso
dio a conocer por medio de la literatura algunos aspectos
de la misma y de la cultura que acompaña a ésta.
Asimismo, es necesario añadir que en la época
de Cervantes el espionaje permitió la elaboración
de los avisos de Levante, los cuales surgieron gracias a
la dispersión de espías por la frontera mediterránea
y, del conocimiento de este tema, se serviría
para recrear dicho ambiente en sus obras.
Por último,
cabe recordar que Cervantes habría
conocido directamente ese mundo turco-berberisco
que plasma de manera brillante en algunas de sus novelas
y piezas teatrales,
pues en la Batalla de Lepanto, acaecida en
1571, quedó imposibilitado
de un brazo y, entre 1575 y 1580, esto es
desde que tenía
28 años hasta los 33, estuvo cautivo
en Argel.
En conclusión, consideramos oportuno afirmar que Cervantes,
tanto en La Gran Sultana y en El
amante liberal, como en
El gallardo español y en El
curioso impertinente,
no menosprecia la civilización turca, sino que se
vale de ella para forjar espléndidas obras al relacionarla
con la cultura española, en un ejercicio literario
(dotado en muchas ocasiones de tintes humorísticos)
que, como poco, es altamente innovador, pues no hay que olvidar
que, en esa época, los turcos y los cristianos se
tenían por enemigos mutuos.
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