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RAMÓN LLULL Y EL LULIANISMO
(11)
Llull es un hombre que vive bastante, desde 1235 hasta
1315, pero desarrolla su pensamiento sobre todo en el siglo
XIII. Dentro del panorama filosófico universal,
hay que considerarlo algo aparte. Hasta 1265 fue cortesano
con Jaime II, pero una supuesta visión le hizo dejarlo
y dedicarse por completo a la vida religiosa. Por tanto
su labor filosófica se centra en la evangelización.
Pretende luchar contra el averroísmo propagando
un mensaje evangélico aceptable para los tres grandes
bloques religiosos: judaísmo, cristianismo e Islam.
Intenta imaginar una síntesis mística y filosófica
en la que la palabra sea el único agente que vincule
a la “criatura” con Dios. En 1275 funda en
Palma de Mallorca, de donde él es, un colegio para
enseñar árabe; en París combate el
averroísmo, en África del norte evangeliza
a los musulmanes... En su Ars Magna se ven sus pretensiones
de adentrarse en los secretos del mundo y la filosofía
natural; el ars magna consiste en saber combinar determinado
predicados absolutos con otros relativos, y a su vez con
las cuestiones vitales y los sujetos elementales, y cuidando
de las virtudes y los vicios. El correcto conocimiento
y mezcla de estos términos permitirá alcanzar
las posible verdades naturales. Es el inicio de las artes
combinatorias, partiendo de términos simples para
alcanzar el descubrimiento de las ciencias de forma sintética.
Debido a estos estudios, consigue el título de “Doctor
Iluminado” y empieza a ser considerado autor de culto
para cabalistas y alquimistas. En 1270 compone El libro
del gentil y los tres sabios, en el que confronta los pensamientos
judío, cristiano y musulmán. Su visión
social la plasma en Blauquerna y en su largo poema El
desconsuelo.
El lulianismo se arraiga a partir del siglo XIV entre
los filósofos precisamente por estar muy relacionado
con las obsesiones de la época: el fenómeno
humano, el mundo de la Naturaleza, la Verdad Superior...
en realidad los mismos temas de toda la filosofía
occidental pero en este caso (no exclusivo) teñidos
de gran gusto por la cabalística hebrea y la alquimia,
aunque siempre debidamente cristianizado todo ello, por
supuesto. Al final estas aspiraciones acabaron por descartarse
en el siglo XVIII por utópicas, ya que toda ciencia,
a medida que avanza, construye su propia lógica
y disciplina de investigación. Por eso una ley universal
para aplicar a todas las ciencias no podía ser posible.
De todas formas, el concepto de arte combinatoria es muy
llamativo para el Humanismo renacentista; en España,
a partir del reinado de Isabel y Fernando, se elaboran
nuevas corrientes filosóficas-teológicas
que abordan, como siempre, lo trascendente, pero que intentan
divergir de las líneas de pensamiento tomistas,
que habían sido aceptadas por la Iglesia como únicas
para conocer la Verdad; a esto ayuda el lulianismo, aportando
alternativas de conocimiento. Efectivamente, el germen
de la ciencia como hoy la entendemos ya estaba arrojado.
(11): un manual clásico
de un filósofo bueno, para cuestiones filosóficas
extrañas: ABBAGNANO, Nicolás: Historia de
la Filosofía (vol. II); Hora, S.A. (Barcelona, 1982). |