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fecha publicación: 17/03/2004
   
 

"La personalidad “Ocultista” de Felipe II "

   
   
Áurea Izquierdo Zamora
Estudiante de la Universidad de Alcalá
España
     

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RAMÓN LLULL Y EL LULIANISMO (11)

Llull es un hombre que vive bastante, desde 1235 hasta 1315, pero desarrolla su pensamiento sobre todo en el siglo XIII. Dentro del panorama filosófico universal, hay que considerarlo algo aparte. Hasta 1265 fue cortesano con Jaime II, pero una supuesta visión le hizo dejarlo y dedicarse por completo a la vida religiosa. Por tanto su labor filosófica se centra en la evangelización. Pretende luchar contra el averroísmo propagando un mensaje evangélico aceptable para los tres grandes bloques religiosos: judaísmo, cristianismo e Islam. Intenta imaginar una síntesis mística y filosófica en la que la palabra sea el único agente que vincule a la “criatura” con Dios. En 1275 funda en Palma de Mallorca, de donde él es, un colegio para enseñar árabe; en París combate el averroísmo, en África del norte evangeliza a los musulmanes... En su Ars Magna se ven sus pretensiones de adentrarse en los secretos del mundo y la filosofía natural; el ars magna consiste en saber combinar determinado predicados absolutos con otros relativos, y a su vez con las cuestiones vitales y los sujetos elementales, y cuidando de las virtudes y los vicios. El correcto conocimiento y mezcla de estos términos permitirá alcanzar las posible verdades naturales. Es el inicio de las artes combinatorias, partiendo de términos simples para alcanzar el descubrimiento de las ciencias de forma sintética. Debido a estos estudios, consigue el título de “Doctor Iluminado” y empieza a ser considerado autor de culto para cabalistas y alquimistas. En 1270 compone El libro del gentil y los tres sabios, en el que confronta los pensamientos judío, cristiano y musulmán. Su visión social la plasma en Blauquerna y en su largo poema El desconsuelo.

El lulianismo se arraiga a partir del siglo XIV entre los filósofos precisamente por estar muy relacionado con las obsesiones de la época: el fenómeno humano, el mundo de la Naturaleza, la Verdad Superior... en realidad los mismos temas de toda la filosofía occidental pero en este caso (no exclusivo) teñidos de gran gusto por la cabalística hebrea y la alquimia, aunque siempre debidamente cristianizado todo ello, por supuesto. Al final estas aspiraciones acabaron por descartarse en el siglo XVIII por utópicas, ya que toda ciencia, a medida que avanza, construye su propia lógica y disciplina de investigación. Por eso una ley universal para aplicar a todas las ciencias no podía ser posible. De todas formas, el concepto de arte combinatoria es muy llamativo para el Humanismo renacentista; en España, a partir del reinado de Isabel y Fernando, se elaboran nuevas corrientes filosóficas-teológicas que abordan, como siempre, lo trascendente, pero que intentan divergir de las líneas de pensamiento tomistas, que habían sido aceptadas por la Iglesia como únicas para conocer la Verdad; a esto ayuda el lulianismo, aportando alternativas de conocimiento. Efectivamente, el germen de la ciencia como hoy la entendemos ya estaba arrojado.

(11): un manual clásico de un filósofo bueno, para cuestiones filosóficas extrañas: ABBAGNANO, Nicolás: Historia de la Filosofía (vol. II); Hora, S.A. (Barcelona, 1982).

 

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