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fecha publicación: 17/03/2004
   
 

"La personalidad “Ocultista” de Felipe II "

   
   
Áurea Izquierdo Zamora
Estudiante de la Universidad de Alcalá
España
     

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COMENTARIO DE ALGUNOS DE LOS FRESCOS DE LA BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL

LOS SACERDOTES EGIPCIOS ( GEOMETRÍA; LADO OESTE)

Desde tiempos de Heródoto se cuenta que los filósofos del antiguo Egipto, que eran también los sacerdotes del país, utilizaban los métodos geométricos para medir las tierras que bordeaban el Nilo una vez que las inundaciones cedían; de este modo se aseguraban la permanencia de los derechos de propiedad. En el fresco se hace alusión a esto, pero a la vez encierra referencias a la sabiduría arcana y a las prácticas mágicas del sacerdocio egipcio. Es bastante evidente este carácter en el fresco: tanto Juan de Herrera como Felipe II tenían sendos ejemplares del Asclepio; en este libro de Hermes Trimegisto, el más eminente de los sacerdotes egipcios, se relata algunas de las prácticas mágicas nombradas; además, en la biblioteca del Monasterio, Herrera conservaba varios ejemplares del De mysteriis, de Jamblico, y de su versión abreviada hecha por Marsilio Ficino, donde se trata de la religión de los antiguos egipcios.

Podemos recalcar el gusto de los humanistas por Egipto, considerado gran depósito de la sabiduría antigua, donde todos los insignes sabios de la Antigüedad habían ido en algún momento de su vida a estudiar y aprender de sus sacerdotes. Hay episodios, aunque no muy bien justificados, que relatan la presencia de Arquímedes, o de Dionisio el Areopagita; también hay un capítulo que cuenta que Jesucristo siendo niño fue llevado con los doctores al Templo, y supo confundirles gracias a su sabiduría “divina”.

LA REINA DE SABA INTERROGANDO A SALOMÓN (ARITMÉTICA; LADO OESTE)



Solamente con la presencia de Salomón, el Mago, se puede asociar el fresco a todo lo relacionado con el conocimiento arcano. Salomón era especialmente considerado maestro de la cabalística, ya que fue un vínculo importante en la transmisión de esta sabiduría oral, primeramente revelada por Dios a Moisés en el Monte Sinaí. La inscripción del fresco está en hebreo, y podemos leer en el tapete, traduciendo al latín, la famosa cita del Libro de la Sabiduría XI, 22: “Omnia in numero, pondere et mensura”; escrita en hebreo precisamente por ser más propicios para la cábala sus caracteres. Esto también lo acentúan humanistas de la época; Pico della Mirándola en Conclusiones cabalistae y en Heptaplus. Además, la numerología pitagórica aparece en la tabla que señala Salomón. Así podemos observar el vínculo entre la Década Pitagórica y los diez Séfirot cabalísticos.

ORFEO Y EURÍDICE (MÚSICA; LADO ESTE)



En este fresco, de nuevo escondiendo “verdades” bajo fábulas de la mitología clásica, en seguida se ven referenciados los himnos órficos, que también pasaban por ser preciosos depósitos de sabiduría arcana. Orfeo siempre ha estado relacionado popularmente con determinadas prácticas religiosas y teológicas, pero también se le atribuyen conocimientos de magia y realización de milagros; todo ello extraído del poder de la música, reducida a la forma de la lira. El gusto por de Felipe II por los himnos órficos lo atestiguan las copias de algunos de ellos que se conservan en El Escorial, así como de la Argonautica, también atribuida a Orfeo.

LA TORRE DE BABEL (GRAMÁTICA; LADO OESTE)



Igualmente que se incluya la Torre de Babel como tema principal de uno de estos frescos pone de manifiesto de nuevo el gusto por la mitología antigua y bíblica. Es bien conocido todo lo que representa este elemento, el Caos; el intento fallido de esa “coeusio linguaru”; la falta del orden universal por el que todo debe regirse; y las causas, que vencieran la impietas y la superbia de unos contra otros. Por ello se busca ese concierto universal de entendimiento; ese ejemplo de Ciudad Celestial ordenada que podemos ver en el Templo de Jerusalén. Y frente a ello, las torres, que pese a su empeño de construcción, como vemos en el fresco, siempre caen, debido a que prefiguran el reino infernal: Nino, Semíramis, Nimrod, y por supuesto, Babel. De nuevo encontramos la referencia del Templo salomónico en El Escorial.


HÉRCULES GÁLICO (RETÓRICA; LADO ESTE)



Hércules arrastra a los demás con la magia de su hablar con unas cadenas que salen de su boca hacia sus oídos; aquí Hércules se puede identificar con la contradicción tan recurrente de la mitología clásica representada por Mercurio, el mensajero, el elocuente, adorador de los dioses; que a su vez es Hermes, el hermético, paradójico espíritu del silencio, guardián del secreto divino. Es el mismo Hermes Trimegisto de los egipcios, que les dio sus leyes y sus letras para el bien hacer y la seguridad de las palabras de los dioses. También en el siglo XVI se protegían las “verdades divinas” ocultándolas bajo mitos y parábolas; desde la Antigüedad, esta convicción pasó por San Agustín y tomó las formas modernas en ejemplos como éstos que estamos viendo.

DIONISIO AREOPAGITA OBSERVANDO ECLIPSE SOLAR (ASTROLOGÍA; LADO OESTE)



Durante los siglos XV y XVI se creyó que Dionisio el Areopagita era el autor de algunos libros que interesaban mucho a los cabalistas y hermetistas de la época. Empezaron a fijarse en él y erróneamente creyeron que Dionisio y su compañero Apolofanes estuvieron en Egipto estudiando los arcanos saberes, y que estando allí vieron sucederse la Pasión y la Muerte que sufrió Jesucristo. Suficiente para representar en el templo del monarca eminentemente católico, Felipe II, a Dionisio; y añadiéndole su carácter astrológico, observando el eclipse solar que tuvo lugar tras la muerte de Cristo.

 

 

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