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COMENTARIO DE ALGUNOS DE LOS FRESCOS DE
LA BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL
LOS SACERDOTES EGIPCIOS ( GEOMETRÍA;
LADO OESTE)
Desde tiempos de Heródoto se cuenta que los filósofos
del antiguo Egipto, que eran también los sacerdotes
del país, utilizaban los métodos geométricos
para medir las tierras que bordeaban el Nilo una vez que
las inundaciones cedían; de este modo se aseguraban
la permanencia de los derechos de propiedad. En el fresco
se hace alusión a esto, pero a la vez encierra referencias
a la sabiduría arcana y a las prácticas mágicas
del sacerdocio egipcio. Es bastante evidente este carácter
en el fresco: tanto Juan de Herrera como Felipe II tenían
sendos ejemplares del Asclepio; en este libro de Hermes
Trimegisto, el más eminente de los sacerdotes egipcios,
se relata algunas de las prácticas mágicas
nombradas; además, en la biblioteca del Monasterio,
Herrera conservaba varios ejemplares del De mysteriis,
de Jamblico, y de su versión abreviada hecha por
Marsilio Ficino, donde se trata de la religión de
los antiguos egipcios.
Podemos recalcar el gusto de los humanistas por Egipto,
considerado gran depósito de la sabiduría
antigua, donde todos los insignes sabios de la Antigüedad
habían ido en algún momento de su vida a
estudiar y aprender de sus sacerdotes. Hay episodios, aunque
no muy bien justificados, que relatan la presencia de Arquímedes,
o de Dionisio el Areopagita; también hay un capítulo
que cuenta que Jesucristo siendo niño fue llevado
con los doctores al Templo, y supo confundirles gracias
a su sabiduría “divina”.
LA REINA DE SABA INTERROGANDO A SALOMÓN (ARITMÉTICA;
LADO OESTE)
Solamente con la presencia de Salomón, el Mago, se puede asociar el
fresco a todo lo relacionado con el conocimiento arcano. Salomón era
especialmente considerado maestro de la cabalística, ya que fue un vínculo
importante en la transmisión de esta sabiduría oral, primeramente
revelada por Dios a Moisés en el Monte Sinaí. La inscripción
del fresco está en hebreo, y podemos leer en el tapete, traduciendo
al latín, la famosa cita del Libro de la Sabiduría XI, 22: “Omnia
in numero, pondere et mensura”; escrita en hebreo precisamente por ser
más propicios para la cábala sus caracteres. Esto también
lo acentúan humanistas de la época; Pico della Mirándola
en Conclusiones cabalistae y en Heptaplus. Además, la numerología
pitagórica aparece en la tabla que señala Salomón. Así podemos
observar el vínculo entre la Década Pitagórica y los diez
Séfirot cabalísticos.
ORFEO Y EURÍDICE (MÚSICA; LADO ESTE)
En este fresco, de nuevo escondiendo “verdades” bajo fábulas
de la mitología clásica, en seguida se ven referenciados los
himnos órficos, que también pasaban por ser preciosos depósitos
de sabiduría arcana. Orfeo siempre ha estado relacionado popularmente
con determinadas prácticas religiosas y teológicas, pero también
se le atribuyen conocimientos de magia y realización de milagros; todo
ello extraído del poder de la música, reducida a la forma de
la lira. El gusto por de Felipe II por los himnos órficos lo atestiguan
las copias de algunos de ellos que se conservan en El Escorial, así como
de la Argonautica, también atribuida a Orfeo.
LA TORRE DE BABEL (GRAMÁTICA; LADO OESTE)
Igualmente que se incluya la Torre de Babel como tema principal de uno de estos
frescos pone de manifiesto de nuevo el gusto por la mitología antigua
y bíblica. Es bien conocido todo lo que representa este elemento,
el Caos; el intento fallido de esa “coeusio linguaru”; la falta
del orden universal por el que todo debe regirse; y las causas, que vencieran
la impietas y la superbia de unos contra otros. Por ello se busca ese concierto
universal de entendimiento; ese ejemplo de Ciudad Celestial ordenada que
podemos ver en el Templo de Jerusalén. Y frente a ello, las torres,
que pese a su empeño de construcción, como vemos en el fresco,
siempre caen, debido a que prefiguran el reino infernal: Nino, Semíramis,
Nimrod, y por supuesto, Babel. De nuevo encontramos la referencia del Templo
salomónico en El Escorial.
HÉRCULES GÁLICO (RETÓRICA;
LADO ESTE)
Hércules arrastra a los demás con la magia de su hablar con unas
cadenas que salen de su boca hacia sus oídos; aquí Hércules
se puede identificar con la contradicción tan recurrente de la mitología
clásica representada por Mercurio, el mensajero, el elocuente, adorador
de los dioses; que a su vez es Hermes, el hermético, paradójico
espíritu del silencio, guardián del secreto divino. Es el mismo
Hermes Trimegisto de los egipcios, que les dio sus leyes y sus letras para
el bien hacer y la seguridad de las palabras de los dioses. También
en el siglo XVI se protegían las “verdades divinas” ocultándolas
bajo mitos y parábolas; desde la Antigüedad, esta convicción
pasó por San Agustín y tomó las formas modernas en ejemplos
como éstos que estamos viendo.
DIONISIO AREOPAGITA OBSERVANDO ECLIPSE SOLAR (ASTROLOGÍA;
LADO OESTE)
Durante los siglos XV y XVI se creyó que Dionisio el Areopagita era
el autor de algunos libros que interesaban mucho a los cabalistas y hermetistas
de la época. Empezaron a fijarse en él y erróneamente
creyeron que Dionisio y su compañero Apolofanes estuvieron en Egipto
estudiando los arcanos saberes, y que estando allí vieron sucederse
la Pasión y la Muerte que sufrió Jesucristo. Suficiente para
representar en el templo del monarca eminentemente católico, Felipe
II, a Dionisio; y añadiéndole su carácter astrológico,
observando el eclipse solar que tuvo lugar tras la muerte de Cristo.
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