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fecha publicación: 17/03/2004
   
 

"La personalidad “Ocultista” de Felipe II "

   
   
Áurea Izquierdo Zamora
Estudiante de la Universidad de Alcalá
España
     

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RELATO DE FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA


(12): Sobre la construcción de El Escorial

[...] (del Templo de Salomón) “Aquellas piedras, maderas y multitud sin número de vasos e instrumentos sacros se labraron primero en el monte Líbano, en sus canteras y en sus selvas, y en las riberas del Jordán, donde se halló buena tierra para hacer las fundiciones Jirán, y todo con tanto primor, tan ajustado, tan liso, bruñido, limado, pulido y reparado, que no fue menester al tiempo del asentarlo y poner cada pieza en su lugar ningún género de golpe de martillo, ni de otra herramienta, ni hacer ruido, que lo ponderó mucho la Escritura, no tanto por la historia cuanto por el misterio. Y así fue menester lo trajesen todo después de labrado, no sólo en hombros mas en palmas y como si fueran ángeles los que lo llevaban y asentaban, y así es ello ahora, con condición que nos dejemos labrar primero. ¡Qué de piezas se quebrarían al tiempo de arrancarlas de aquellas canteras y cuando las labraban, y se quedarían perdidas y desechadas en aquel desierto, y qué hay de esto ahora por nuestros pecados! No tratemos de esto, quédense estas lástimas para otro lugar. De suerte que estando tan lejos, que desde el Líbano se llevaban a embarcar y venían desde Tiro hasta Ascalón o Jope por el agua, y tornándola a desembarcar otra vez, la llevaban de allí a Jerusalén, por montes y cerros y valles fragosos, mucha infinidad de gente era menester y más de la que pudiéramos imaginar si no nos lo dijera la Santa Escritura.

De aquí se ve ya lo postrero de mi intento y mi promesa, declarar cómo esta fábrica ha costado tan poco o tan nada en respecto de aquélla, no siendo menos que ella. Lo primero podemos afirmar muy seguros, que solas las tijeras de despabilar de aquellos candeleros valían sin comparación ninguna más que todo el oro y plata que hay en esta casa, porque dejado aparte eran todas de oro, eran en gran número las tinajas y despabiladeras de oro, que para tantos candeleros como había era menester. Miren qué buena comparación es ésta para lo que resta de tantas piezas y tan grandes de puro oro como había, y aquí no se han gastado cuatro blancas de oro: un cáliz, una custodia, dos portapaces y no sé qué otras menudencias” [...].


[fray José de Sigüenza]

 

(12): éste es apasionante de leer, aunque muy extenso. Son fuentes originales recopiladas. Está en la biblioteca de Filosofía de Alcalá de Henares: SIGÜENZA, José de: Historia de la Orden de San Jerónimo (vol. II); Junta de Castilla y León. Consejería de Educación y Ciencia (2000).

 

 

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