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RELATO DE FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA
(12): Sobre la construcción
de El Escorial
[...] (del Templo de Salomón) “Aquellas
piedras, maderas y multitud sin número de vasos
e instrumentos sacros se labraron primero en el monte Líbano,
en sus canteras y en sus selvas, y en las riberas del Jordán,
donde se halló buena tierra para hacer las fundiciones
Jirán, y todo con tanto primor, tan ajustado, tan
liso, bruñido, limado, pulido y reparado, que no
fue menester al tiempo del asentarlo y poner cada pieza
en su lugar ningún género de golpe de martillo,
ni de otra herramienta, ni hacer ruido, que lo ponderó mucho
la Escritura, no tanto por la historia cuanto por el misterio.
Y así fue menester lo trajesen todo después
de labrado, no sólo en hombros mas en palmas y como
si fueran ángeles los que lo llevaban y asentaban,
y así es ello ahora, con condición que nos
dejemos labrar primero. ¡Qué de piezas se
quebrarían al tiempo de arrancarlas de aquellas
canteras y cuando las labraban, y se quedarían perdidas
y desechadas en aquel desierto, y qué hay de esto
ahora por nuestros pecados! No tratemos de esto, quédense
estas lástimas para otro lugar. De suerte que estando
tan lejos, que desde el Líbano se llevaban a embarcar
y venían desde Tiro hasta Ascalón o Jope
por el agua, y tornándola a desembarcar otra vez,
la llevaban de allí a Jerusalén, por montes
y cerros y valles fragosos, mucha infinidad de gente era
menester y más de la que pudiéramos imaginar
si no nos lo dijera la Santa Escritura.
De aquí se ve ya lo postrero de mi intento y mi
promesa, declarar cómo esta fábrica ha costado
tan poco o tan nada en respecto de aquélla, no siendo
menos que ella. Lo primero podemos afirmar muy seguros,
que solas las tijeras de despabilar de aquellos candeleros
valían sin comparación ninguna más
que todo el oro y plata que hay en esta casa, porque dejado
aparte eran todas de oro, eran en gran número las
tinajas y despabiladeras de oro, que para tantos candeleros
como había era menester. Miren qué buena
comparación es ésta para lo que resta de
tantas piezas y tan grandes de puro oro como había,
y aquí no se han gastado cuatro blancas de oro:
un cáliz, una custodia, dos portapaces y no sé qué otras
menudencias” [...].
[fray José de Sigüenza]
(12): éste
es apasionante de leer, aunque muy extenso. Son fuentes
originales recopiladas. Está en la biblioteca de
Filosofía de Alcalá de Henares: SIGÜENZA,
José de: Historia de la Orden de San Jerónimo
(vol. II); Junta de Castilla y León. Consejería
de Educación y Ciencia (2000).
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